“Es un plan perfecto”, gritó una voz femenina del público sobre el final del show que Mandrake y los Druidas dieron el viernes pasado en La Trastienda para presentar su cuarto disco, titulado justamente Un plan perfecto. Aunque jugaban de locales y no tenían que convencer a nadie, para esa hora la banda “nueva” de Alberto Mandrake Wolf ya tenía a la audiencia totalmente metida en su bolsillo de blues pesadito espolvoreado con candombe. Igual vino bien que ella lo remarcara: si uno quiere ver rocanrol vieja escuela por estos lares, hay pocos planes mejores.
Mientras el batero (y ocasional armoniquista) Federico Anastasiadis, el bajista Ignacio Echeverría y el guitarrista Nacho Iturria prendían los motores en el escenario, Wolf entró caminando entre la gente desde el fondo de La Trastienda, dos maracas en mano, junto con percusionista Walter Nego Haedo. Todo bajo una luz tan azulada como la de la tapa del disco, que se mantendría constante en la noche.
El repertorio tuvo mucho del disco nuevo, un poco más liviano, y del primero, el homónimo de 2017, más pesadito. Hubo espacio para destacar joyas de los dos álbumes del medio, como “Están pasando los días” y “Hay una bruja en el bosque” del Sortilegio (2020) o “Lovecraft escucha la lluvia” de La Suite de Raymundo (2023). Pero los dos picos máximos fueron de más acá y de más allá: “Buen viaje, capitán”, canción que cierra Un plan perfecto, dedicada al pescador rochense Óscar Calimares, personaje conocido del Cabo Polonio que falleció este verano, una balada para cantar a coro que contó con gran performance del carismatiquísimo Nego (que cada vez que estuvo, pues entró y salió, se robó las miradas y arrancó un olé olé). La otra, la última: una brutal “Si no me hubieses conocido, nena”, del debut, que nos mandó a todos a casa con los oídos zumbando y una sonrisa pintada.
“Decime algo que no tenga que ver con el blues que valga la pena”, le decía en la previa al show Mandrake a LatidoBEAT. Eso.