Por Diego Paseyro | @dpaseyro

A veces la memoria musical de una ciudad queda latente en el lugar exacto donde la dejamos, esperando el momento para volver a sonar. A principios de los años 2000, Zapping irrumpió en la escena local como una ráfaga de punk rock acelerado, fresco y pegadizo que supo colarse en las radios y los livings. Hoy, dos décadas después de aquel impacto inicial, la banda que tiene en la voz principal a Javier Figueredo vuelve a levantar la cortina para demostrar que la fábrica de canciones no se detuvo. Porque Zapping no es un proyecto que nace hoy; Zapping no viene, vuelve.

El insomnio de la pantalla chica

Si retrocedemos al año 2005, el ecosistema montevideano era otro. El rock nacional vivía un auge explosivo poscrisis, las bandas emergían de concursos como el recordado Pepsi Bandplugged —donde Zapping sacó un nada despreciable quinto puesto en la misma edición que Doberman obtuvo el primero— y había un circuito inagotable de toques: los escenarios de la intendencia, el Rock en Ruedas de Cutcsa, La Barraca, BJ, Amarcord.

En ese contexto, Zapping editó su disco Más estúpido imposible. De ahí se desprendió “Yo soy quien soy”, que rápidamente se convirtió en la cortina musical de La culpa es nuestra, el programa de Canal 10 conducido por Gonzalo Cammarota y Jorge Piñeyrúa.

“Salía de lunes a viernes en aquellas noches, o sea, Zapping sonaba todos los días hábiles en la tele”, recuerda Javier, todavía con cierto asombro. “La primera semana que me escuché en la tele de 14 pulgadas que tenía en mi cuarto, me costó dormir. La banda me trajo trastornos del sueño”.

Las tres reglas de la música

La semilla del regreso siempre estuvo ahí. Zapping, antes que una banda, es un grupo de amigos. Javier y el baterista, Marcelo Luque, se conocen desde el jardín de infantes. Luego se sumaron los Nachos: Lombardi en la guitarra en el ‘99 y Sarotto en el bajo en 2001. A este último lo apodaron Popey por una cuestión de estricta supervivencia en los ensayos: evitar que los dos Nachos se dieran vuelta al mismo tiempo cuando alguien los llamaba.

Esa química, forjada a base de amistad y tardes jugando al Tony Hawk Pro Skater (cuyo soundtrack de skate-punk californiano les partió la cabeza), nunca desapareció. Y hace unos años, revisando su computadora, Javier se encontró con un arsenal de maquetas acumuladas.

¿Qué fue lo que activó las ganas de volver al estudio? Javier lo resume con un dicho de Daniel Bonjour, el gaitero que suele acompañarlos en vivo: que la música tiene tres reglas. “La primera: divertirse. La segunda: tocar bien. Y la tercera, levantando la jarra de cerveza: ¡divertirse!”, cuenta Javier. “Como nosotros cumplimos con la primera y la tercera, un día dijimos: ‘Vamo' a grabar esos temas’”.

El disco de la vida misma: Inéditos

Ese impulso se materializó el 8 de octubre, cuando el segundo disco de la banda, Inéditos, aterrizó en Spotify, YouTube y todas las plataformas.

Grabar este material implicó encerrarse en Inzen Studios con Javier Longhi. “Tuvo la hidalguía de aguantarnos con temple de acero, siempre con una sonrisa ante todas nuestras exigencias; no somos fáciles”, confiesa el cantante. Aunque bromea con que les hubiera gustado sonar como Sum 41 o Blink 182 pero no les dio el presupuesto, asegura que el resultado superó ampliamente sus expectativas.

El disco es, en esencia, un viaje en el tiempo. Las canciones operan como un archivo fotográfico de los últimos 27 años de la banda. Hay temas compuestos en 1999 (como “Desconfiás”, que quedó afuera del primer disco) y otros escritos en 2026, la noche anterior a entrar al estudio, como “¿Cuánto amor hay que aguantar?”. El hilo conductor es la vida misma: nostalgias (“Mil imágenes”), conflictos adolescentes, amores beatleros (“A tu lado estaré”), dilemas de pareja (“Entre el bien y el mal”) y hasta postales del barrio que los vio crecer, en la canción “Malvín”, la favorita del baterista.

Todo este abanico temático está envuelto en el clásico sonido punk californiano de los 90 (Green Day, NOFX, The Offspring) y el punk rioplatense (Attaque 77, 2 Minutos, Trotsky Vengarán), pero aderezado con inesperados arreglos vocales a tres voces, herencia directa de los vinilos de los Beatles y los Beach Boys que la madre de Javier hacía sonar en su infancia.

Un sueño punk cumplido

Ese insomnio que a Javier le provocaba escucharse en Canal 10 en 2005 volvió a atacarlo hace muy poco, pero por un motivo mucho más grande. Inéditos cuenta con una colaboración de peso pesado: Mariano Martínez, la inconfundible voz y guitarra de Attaque 77, participa en “Mil imágenes” (cuyo corte y video ya están disponibles).

El cruce se dio gracias a su mánager, Diego Sorondo. Mariano grabó en el estudio Wannaclap junto con Agustín Ferreyra. “Fue un sueño cumplido. Yo escucho Attaque desde mi adolescencia y canto sus canciones con la criolla en los asados”, cuenta Javier emocionado. La experiencia en el estudio fue invaluable: Mariano aportó su impronta, escuchó las propuestas de arreglos de Zapping y hasta su pareja, Valeria Lynch, estuvo presente en la sesión aportando alguna puntualización clave para la interpretación vocal. “El resultado traspasó lo imaginado. Quedó mucho mejor de lo que esperábamos y, lógicamente, fue complicado irse a dormir esa misma noche”.

Zapping. Crédito: Fiorella Santostefano

Zapping. Crédito: Fiorella Santostefano

La música como terapia

Hoy, la escena montevideana mutó, pero para Javier sigue vibrando: “La gente sigue haciendo arte, Montevideo se mueve lindo. Todo suena bien y hay mucha creatividad en la vuelta; es solo salir y encontrarse, con una cervecita en la mano, obvio”.

Mantener vivo el fuego de la banda en medio de la vorágine de la vida adulta, los trabajos y las rutinas no es tarea sencilla, pero es vital. Para Javier, es una terapia. “Dicen que una manera de resolver conflictos es escribiendo, pero si le agregás música y lo repetís incansablemente en los ensayos, la resolución es abrumadora. La creatividad te asalta en cualquier situación. En mi caso, salgo de la ducha, me seco a las apuradas y me grabo un audio en el celular con lo que se me haya ocurrido, como si fuera Arquímedes cuando dijo ‘eureka’”.

Zapping está de regreso sin pretensiones mesiánicas, pero con la pasión intacta de cuatro amigos que no aspiran a otra cosa más que a la diversión sincera. Mientras terminan de delinear la fecha y el lugar para la presentación oficial en vivo (que anunciarán próximamente en su Instagram @zapping_oficial y en su Facebook Zapping Uruguay), el ritual está completo. El punk rock montevideano recupera a una de sus voces más auténticas para sumar un nuevo y esperado capítulo a su historia.