Roy Berocay al Solís con “1930: Misión Futuro”: “Estamos metiendo todo lo que podemos”
El autor y líder de Ruperto Rocanrol encara su proyecto más ambicioso pero siempre apuntando a lograr “el pogo más pequeño del mundo”.
23.06.2026 16:28
Por Gastón González Napoli
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Desde los años 90 que “literatura infantil” en Uruguay es sinónimo con un par de nombres, y uno de ellos es Roy Berocay. Desde hace casi 20 años también lo es con "música infantil". Y ahora el creador del Sapo Ruperto, líder de Ruperto Rocanrol y autor de El abuelo más loco del mundo, de la trilogía de Pequeña ala o de Ernesto el Exterminador de seres monstruosos y otras porquerías, estrena su proyecto más ambicioso.
Un disco, un libro y un espectáculo teatral en el Solís. Todo ello bajo el paraguas de la búsqueda porque Uruguay vuelva a ser campeón en el Mundial de 2030. Se llama 1930: Misión Futuro y sobre él, sobre cómo ha cambiado el público infantil en Uruguay, y sobre Ray Bradbury conversamos en esta entrevista.
Las entradas para el show pueden comprarse acá.
Te prometo que vamos a hablar del espectáculo nuevo, pero primero me reconozco fan. Es más, te traigo, si me podés firmar después, Pateando lunas...
Cómo no.
Como verás, tiene una buena cantidad de años. ¿De cuándo es Pateando lunas, del noventa y…?
92... Sí, por ahí. Yo no soy lo de mucho de los años, ¿viste?
Tenés muchos libros lo que pasa, es difícil.
Claro, se me mezclan las fechas. Justo estuve hablando de Pateando lunas con uno de mis hijos, porque hay toda una polémica en México, una canción que hizo Julieta Venegas, se llama “La niña futbolista”.
La sacó poquitos días antes del Mundial.
Es una versión de una canción de Los Patita de Perro, una banda de rock para niños, que la grabaron hace como 20 años. Y el autor de esa canción me dijo hace mucho tiempo que se había inspirado en Pateando lunas. Es gracioso, porque a raíz de eso yo los conocí a ellos, y a su vez, nosotros, en Ruperto Rocanrol, tomamos algunos elementos que hacían ellos, entonces una cosa circular.
En los últimos 20 años mezclaste tus dos facetas, la literatura y la música. Este proyecto actual me parece lo más ambicioso: libro, música y teatro.
Es la primera vez que se confluyen los astros así. No es una cosa que digas: “Está pensado”. Se dio porque Ceibal me pidió escribir una novela que fuera un derivado de una saga que tiene.
La de 1930.
Yo agarré un poco para otro lado. Pero a la vez la idea era que hubiera un espectáculo relacionado con el libro. Y yo dije, “teatro no sé hacer. Puedo hacer canciones”. Entonces compuse una serie de canciones con la banda y armamos el espectáculo este, que se llama igual que el libro. Tiene un derivado, un hilo conductor, pero es otra cosa completamente diferente. Y, de paso, sacamos el disco con esas canciones. Siempre en los shows de vacaciones estrenamos pila de canciones que la gente conoce por primera vez ahí, esta es la primera vez que pudimos sacar el disco antes. Cosa que, cuando vayan, ya las conozcan.
A eso le sumás, que va a ser en el Solís, y entonces, fa, estamos metiendo todo lo que podemos.
La cancha grande.
Claro, es como jugar en el estadio. Estamos muy metidos ensayando, terminando videos, va a haber títeres, animaciones. Está Cynthia Patiño, actriz, que va a hacer los personajes. Tiene de todo. Aparte, aprovechando algunas de las cosas técnicas que nos permite el Solís, en cuanto a proyecciones, en cuanto a telones...
¿Notás alguna diferencia entre los públicos infantiles de hoy con los de ayer, o los de antes de ayer?
Ninguna. Honestamente, ninguna. De hecho, nos pasa que ahora viene gente… ya la banda debe estar por cumplir 18 años más o menos, y viene gente, parejas jóvenes, que traen a sus niños de cuatro o cinco años y nos dicen que ellos nos veían tocar cuando ellos eran niños. Increíble. Y sus hijos hacen lo mismo que hacían ellos: ir para adelante, saltar, agitar. Porque la respuesta sigue siendo la misma, no sé si tiene que ver con lo que planteamos nosotros o qué, de divertirse, soltarse, se sientan muy libres los gurises. Nosotros le damos la idea de que pueden saltar, pararse de cabeza, y, bueno, muchas veces terminan todos arriba del escenario.
Es un show de punk.
Nosotros embromamos con “el pogo más pequeño del mundo” [se ríe]. Pero desde que arrancamos hasta ahora, no he notado ningún cambio en ese sentido. Al contrario, capaz que ahora se sueltan más todavía.
El mundo de la música infantil está muy competitivo, hay un montón de oferta y los niños están bombardeados, en el buen sentido. ¿Cómo se diferencian?
Nosotros hemos mantenido un perfil. Se llama Ruperto Rocanrol por una razón, nunca bajamos la apuesta y la intensidad, y creemos que los niños pueden bancar determinado tipo de cosas. Y nos sorprenden mucho los niños más pequeños, cómo reaccionan a los temas más fuertes. Esa cosa del ritmo, gurises de jardinera, vos lo ves saltando y bailando y divirtiéndose. Entonces, hay mucha oferta, pero no tanto en lo que hacemos nosotros.
Me decías como que vos no sabés hacer teatro, que esto era nuevo. Has ganado Florencios, has hecho espectáculos infantiles. ¿Qué es lo distinto ahora?
He escrito obras de teatro, pero armar nosotros una obra de teatro no.
Ahí sos más guionista y acá…
Por ahí escribiste la obra, el guion, pero eso lo agarra el director o la directora, y va con los actores, y vos la ves más de afuera.
Acá estás metido en todo.
Compuse las canciones junto con la banda, escribí el guion, el otro día estábamos grabando títeres. Ahora voy a editar las voces. Hablando con el de escenografía, también sos un poco -si bien tenemos una productora, Melissa Correa- pero en todo lo que tiene que ver con la parte artística lo producimos nosotros. Y después subís y tocás y actuás.
No es que te sentás en la sillita a mirar.
No es que la ves de afuera después.
¿Físicamente te lleva, te pasa factura? Porque con los nenes hay que estar…
Te lleva. El año pasado que hicimos la Zitarrosa fueron diez funciones en cinco días, y ahora tenemos 16 en ocho.
Doble función diaria…
Y, bueno, yo tengo 71 años. Pero salimos a caminar todos los días con mi señora, me cuido, y tenés que ir previendo porque es un desgaste grande. Lo que suele pasar es que los primeros dos, tres días termino fundido, y vas agarrando, vas agarrando, y termino generalmente mejor de lo que empecé.
Los Rolling están por sacar un disco nuevo, o sea que el rock no tiene edad.
Yo cada vez que me siento medio… digo, ah, mirá a Mick Jagger, que tiene como 12 o 13 años más que yo.
¿Se valora acá la literatura infantil? ¿Vos te sentís bien considerado en Uruguay, a nivel de crítica?
Mirá, depende por dónde. A nivel de público, el cariño de la gente, ni que hablar. El reconocimiento: vas al supermercado, vas acá, vas allá, a todos lados, lo que te dicen, lo que te escriben, eso sin duda. Después, en lo otro, es como que jugás en una categoría inferior. Es como la B de la literatura, como que no se le da la misma trascendencia que alguien que saca una novela para adultos. Pero ahora no me preocupa. Lo que importa es la respuesta de la gente. Aparte, una cosa que aprendí con el tiempo es que la crítica incide muy poco. Primero porque hay poca gente que lee las críticas. Entonces dejé de prestarle atención. Hace mil años me hacían notas cuando sacaba un libro nuevo. Ahora ya por un libro nuevo no, no es una cosa que se registre mucho.
Capaz es una cosa de “nos acostumbramos a Roy Berocay”.
Puede ser. En realidad tengo mi zafra anual de notas, que es previo a las vacaciones, como estoy haciendo ahora [se ríe]. Ahí aprovechan y hablamos de todo, y después, hasta el año que viene. Simplemente es una constatación. Lo mismo con los premios. A mí, no me acuerdo cuándo, hace mil años que me dieron el premio a la trayectoria, y después nunca más gané un Bartolomé Hidalgo. Y, es más, creo que ni siquiera estuve vuelto a nominar con nada. Es como que, “bueno, ya está, a Berocay ya le dimos este”.
Ya cumplimos.
Que tampoco me preocupa, te aclaro, pero como que se da.
Hablando de esto, el de 1930 no es tu único libro nuevo.
Sí, quiero avisar también que hay un libro nuevo del Sapo Ruperto, salió hace poco, que se llama Ruperto y el Rey del Arroyo.
Me quedé pensando que, si bien sacás libros rutinariamente, te has centrado más en lo infantil. Lo juvenil, que en otras épocas tenías más, ya hace un tiempo que no, ¿no?
Bueno, el penúltimo libro que saqué, que se llama Reginaldo y Fiamma: una historia de fantasmas y vampiros, es ahí, preadolescente, adolescente. Pero pasó medio desapercibido también. Y después tenés el Sapo Ruperto, cada tanto reaparece. Ahora, esta novela 1930, que ya está en la Biblioteca País…
Tiene un aspecto policial.
Es una mezcla de cosas: ciencia ficción, viajes en el tiempo, suspenso.
En el video promocional aparecés vos lookeado como detective de los años 40.
El video está muy bueno. Tiene como una cosa de suspenso, pero es una mezcla: hay cosas de la vida real, cosas inventadas, tiene que ver con el fútbol, con la vida. Y mucho humor, como siempre. No puedo escribir cosas sin humor.
Como decías, 1930: Misión futuro entra dentro de esta saga que está haciendo Ceibal, que ya venía haciendo novelas transmedia.
Este tiene más que ver con el 2030 que con el 1930. Yo creo que está divertida, espero que la gente lo descubra.
Es la primera vez que te toca entrar en una saga.
Sí, sí, al principio, cuando te dicen, “escribí un libro para algo que inventó otra persona”… pero después dije, es como un derivado, como lo que llaman spin-off. Agarré para para otros lados y me sentí en la libertad total de hacer y deshacer lo que me parecía.
Esto que decías del futuro, es porque tiene que ver con el Mundial del 2030.
Todo apunta a eso, y el espectáculo también tiene que ver con eso.
Con cómo volver a lograr que Uruguay vuelva a ser campeón.
Exactamente.
Ahora en 2026 no le te tenés fe, entonces.
Ahora salen campeones y me arruinan la historia, pero ojalá. Te cambiaría la historia, no tendría ningún problema [se ríe].
Puede ser bicampeón Uruguay…
Sí, obvio. La idea en el libro es que hay un instituto del futuro, hay un gurí -que es en el 2014 que se desarrolla la acción- que es muy bueno en el baby fútbol, juega muy bien, y va a ser la gran figura de la final en el 2030. Entonces, hay una agencia de malos, digamos, que quieren impedir que eso ocurra. Y están los buenos que vienen a tratar de ayudar y enfrentar a los malos para para que este gurí salga adelante. A su vez, hay una historia con un violín que perteneció a Andrade…
Leandro Andrade, “la Maravilla Negra”.
Un personaje de película.
Es espectacular.
Yo ya había escrito sobre él para el Bicentenario, e investigando descubrí que, no sé si es el padre o el abuelo, pero un tipo que vivió como 98 años, era experto en brujería, hechicería africana. El tipo era músico, tocaba el violín, la guitarra, qué sé yo, y tiene que ver con esta historia también. Pero no voy a decir más, porque si no...
Aparece el componente ciencia ficción. Viajes en el tiempo.
Claro, yo siempre fui muy fan de [el escritor estadounidense Ray] Bradbury. Hay un robot también, una especie de Terminator, pero totalmente torpe, nada que ver.
¿Ves una influencia de Bradbury en lo que escribís?
En la adolescencia descubrí a Bradbury y a Hermann Hesse, ellos me motivaron a que yo quisiera ser escritor. Y siempre admiré la capacidad de Bradbury, que podía escribir un cuento sobre un clavo tirado en la vereda y resultarte superapasionante y emocionante. Y vos decís: “¡Pero es un clavo!”. Nunca entendí cómo podía hacer eso, siempre lo admiré mucho.
Con Herman Hesse no veo tanto la similitud con tu trayectoria...
No, pero a mí El lobo estepario me marcó muchísimo. Después leí todo lo de Hesse; muchas veces, además. Siempre fui re fanático. Me marcó humanamente.
El espectáculo va a estar del sábado 27 de junio al 5 de julio. Funciones dobles, 14 y 16 horas en el Solís.
En la sala grande. Hay bastante espacio ahí para agitar y saltar y divertirse.
Por Gastón González Napoli
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