La música ha sido el eje de la carrera de Francisco López, Patuco para los conocidos. Pero nunca se limitó a una única forma de hacerla. Desde sus propios discos hasta la composición para obras de teatro y danza, el artista ha construido un recorrido atravesado por distintas disciplinas y por la convicción de que el intercambio entre ellas también transforma la manera de crear.

Colaboró con figuras nacionales como Sebastián Teysera, Fattoruso o Martín Ibarburu, pero siempre con una mirada interdisciplinaria. Su experiencia junto a actores, bailarines y otros músicos se convirtió en una fuente constante de aprendizaje, mientras que sus estudios y experiencias fuera de Uruguay ampliaron una perspectiva que también vuelve, inevitablemente, sobre la escena local y sus propias raíces.

Sobre su recorrido entre distintas disciplinas, su último disco, Cubo del sur (2025), y la actualidad de la música uruguaya, Patuco López conversó con LatidoBEAT. 

Si bien siempre te dedicaste a la música, lo has hecho desde varias aristas muy distintas, desde sacar tus propios discos hasta componer música para teatro y danza. ¿Cómo se fue dando eso? ¿Qué te ha permitido?

Creo que un poco es por herencia, en mi familia hay varias personas que se dedican a las artes. Tengo una prima que es actriz y hemos compartido varios trabajos con ella. Compartimos generación en la EMAD. Yo, en realidad, no estudié ahí, pero hice unas materias electivas, y siempre me gustó. Empecé bastante temprano, tengo amigos actores también, entonces cuando arranqué a componer medio que ya me invitaron a hacer la música por una obra, esa la enganché con otra, y con otra, y con otra. Sobre todo en teatro. En danza también he laburado un poco, pero no tanto como en teatro. La verdad es que siempre se aprende muchísimo, porque la música no deja de ser un arte escénico. Entonces, a mí siempre me ha nutrido mucho trabajar viendo cómo se monta una puesta en escena, cómo interpretan actores y actrices. Siempre concebí el arte de manera interdisciplinaria. Siento que cuanto más te nutrís de otras ramas, también en tu propia rama podés ser mejor. Considero que un actor que domina el arte de la música es mejor actor y al revés también, y así con todas las artes y las ramas artísticas.

De tu experiencia, ¿has disfrutado más la parte de poner la cara en un escenario y tocar tus canciones, o trabajar para otro proyecto, quizás desde un lugar más anónimo?

Creo que lo que más me gusta siempre es componer y salir a tocar mi música, eso es lo que más disfruto. La parte de trabajar para teatro y danza me gusta mucho y siempre lo tomo como un laburo adicional. Muchas veces, además, en el rubro musical de composición, hay que dedicarle mucho tiempo, muchas horas, y hay una gran parte del laburo que no es remunerado, entonces también, obviamente, viene muy bien cuando aparece una invitación a hacer la música de una obra. Ahí ya sabés que vas a cobrar tanto, te repartís. Te invitan a componer, básicamente. Me lo tomo a modo de laburo. En un tiempo agarraba esos trabajos por más que no hubiera plata, me lo tomaba como aprendizaje. Y ahora por suerte ya hace tiempo que exclusivamente lo agarro como laburo. Pero sí, lo que disfruto más es hacer mi música.

También has trabajado con referentes nacionales como Sebastián Teysera, Fattoruso, Martín Ibarburu. Al mismo tiempo estudiaste afuera, en La Habana, que debe ser un mundo muy distinto musicalmente. Con esa perspectiva que has tenido, ¿cómo ves al músico uruguayo y la industria nacional?

Es una pregunta interesante, porque creo que me resultaría más fácil describirte, por ejemplo, cómo percibí la música en La Habana, ponele, ya que realmente fue muy impresionante la sensación de la gente. Como todo el mundo es músico en cierto punto, escuchás a la gente en la calle. Así como acá tenemos el candombe, allá tienen la rumba cubana. También hay otros ritmos como el son, y realmente están en la calle todo el tiempo bailando y tocando. Los músicos incluso tienen una formación muy buena, pero esto lo digo porque a veces es muy difícil describir la propia cultura. De todas formas, siento que está en un momento muy lindo, conectando de nuevo con las propias raíces, se le está dando bola a eso, y es interesante. Hay una cantidad de músicos y músicas que es realmente sorprendente para la cantidad de gente que hay. La verdad es que es un desafío; ahora, por ejemplo, tengo una fecha en la Sala Rondeau y la cantidad de fechas y propuestas que hay en torno a esa fecha es increíble. La gente tiene que ir a ver varios conciertos para que todos los artistas estemos acompañados. En Argentina, como hay mucha más gente, no pasa tanto.

A lo largo de tus discos has construido un lenguaje sonoro bastante propio, sobre todo en el último. ¿Cuáles fueron las cosas que más te han aportado a diferenciarte o a forjar tu seña de identidad en tu sonido?

Yo creo que el sonido viene detrás del mensaje o de la canción. Creo que siempre el arreglo de una canción y los sonidos que utilizás para tocar tienen que venir de una sensibilidad con la canción y con lo que se está queriendo decir. Siento que es una cosa que se va a ir construyendo siempre, en el mejor de los casos. Lo que sí es verdad es que el último disco tiene una sonoridad si se quiere más internacional, incluso porque en la última parte del proceso de la creación de un disco, de la masterización e incluso la mezcla, que es el paso previo, ahí tuve la suerte de trabajar con Mario Breuer, que es un ingeniero de sonido muy prestigioso de Argentina, y le dio realmente un brillo final que queda destacado. Pero, previamente, ya estaba cocinado con la banda, con Juan Pablo Chapital en la guitarra, el Chachi Bancheta en la batería, el Nico Román en el bajo. Todo ese disco lo grabamos en vivo, y ya desde ahí había una búsqueda de sonido de la banda. A diferencia del disco anterior, que es un disco que lo produje a solas, como un disco de home studio. También creo que hay similitudes y hay cosas que son totalmente antagónicas. Pero como te digo, como viene todo desde la canción y desde el mensaje, creo que es una cosa que se va buscando siempre.

En tu disco Mario hay mucha referencia a lo cinematográfico, y también viajás a los 50. ¿Cómo han influido en vos otras ramas del arte en ese sentido?

Es un poco eso de estar en ensayos de teatro, que muchas veces cuando hacés la música para una obra de teatro tenés mucho tiempo muerto donde no podés estar tocando nada ni componiendo nada, y simplemente tenés que estar observando el ensayo. Cómo se desarrolla, cómo va trabajando determinada escena, determinada actuación, cosas muy concretas. Todos esos son insumos de aprendizaje para hasta, incluso te diré, que ponerte a mirar una película, después tenés herramientas para apreciar la actuación de determinado personaje en una película. Eso que nombrabas vos es un concierto en vivo de un blusero, que es lo que tomé como referencia para el disco Mario. Un blusero de la década del 50 que está filmado en un programa de televisión de Suiza, está el loco solo con la guitarra y hay un contrabajista que lo acompaña que claramente es suizo. Es la primera vez que toca un blues. Y entonces pasan muchas cosas que me resultaron muy interesantes, y sobre todo yo creo que lo que me gustaba era el despojo y la crudeza.

Yo ahí venía de grabar el segundo disco con Salandrú y estábamos un poco cansados de la dinámica grupal democrática del grupo. Un poco por necesidad, quise hacer un disco a solas, y en eso veníamos trabajando con el Nico Román y lo invité a que se sumara con el contrabajo, como jugando en esta estética. Ahí hubo un trabajo conceptual para mí que fue el juego, redescubrir la música y el arte desde lo lúdico, como juegan los niños, que de repente hay dos nenes y uno dice jugar a ser animales. De un instante para el otro, están verdaderamente interpretando esos dos papeles con las reglas que tengan en el juego. Pero fue permitirme un poco eso y dejarme llevar por esa premisa de ponerme en situación hasta de una película western. Sin cuestionar mucho el porqué de esa selección, sino jugar a lo que se me ocurrió. Y siento que eso está bueno porque fuerza un poco la maquinaria para que salga algo que es tuyo. No es que vas a estar imitando nada, sino que en ese juego te podés empezar a manejar bajo esas reglas.