Nicolás Ibarburu es de esos nombres que se quedan como eco omnipresente en la música uruguaya. De esas personas que forman parte de todo lo interesante que ocurre en determinado ámbito, en este caso la cultura. Su nombre siempre está ahí, entre los grandes, ya sea como productor, compositor o sesionista, y llegó a trabajar con figuras del exterior como Luis Alberto Spinetta. 

Detrás de ese recorrido, siempre estuvo insistiendo con vehemencia en su búsqueda personal de desarrollar su propia música y darle espacio a sus canciones. Para él, convertirse en un referente musical no depende únicamente del reconocimiento o de los logros acumulados, sino, sobre todo, de la constancia y la convicción para sostener una búsqueda artística a pesar de las frustraciones. Una filosofía que también atraviesa su propio camino, en el que el trabajo junto a otros artistas ha convivido con el deseo de seguir construyendo una identidad como solista.

Hoy, con tres nominaciones a los Premios Graffiti y la posibilidad de tocar su música más que nunca, atraviesa un momento de especial satisfacción artística. Lanzó La ruta de la seda en 2025, su último disco, en el que mezcla géneros de todo tipo y canta junto a los artistas que más admira. Entre los proyectos compartidos y las próximas presentaciones en Uruguay y Argentina, el músico reflexiona sobre el valor de perseverar y la importancia de mantenerse fiel a las propias inquietudes.

Se presenta este 1º de noviembre en el festival Música de la Tierra, junto a Carlos Aguirre. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí.  

Más allá de tu proyecto de solista, siempre te tienen en cuenta como productor o como compositor para que formes parte de muchos proyectos musicales de otros. Has trabajado con artistas destacados de acá, pero también figuras de Argentina, como Luis Alberto Spinetta. Teniendo en cuenta que trabajaste con tantos referentes, ¿qué hace que un músico sea, justamente, un referente?

Está bien, es una buena pregunta. Me parece que tiene más que ver con la constancia, con no renunciar. Porque es un camino difícil la música. En general, cuando uno hace un repaso siempre ve las cosas buenas y los logros, pero también eso está mezclado con desazones y frustraciones también. Lo digo pensando en las personas que son referentes para mí, que es eso: gente que no se ha dado por vencida y que ha seguido en su búsqueda. Obviamente, uno se va reinventando y haciendo cosas nuevas, pero mantener cierta coherencia también con lo que uno siente y cómo uno vive la música. Me parece que tiene que ver con eso, y también con el trabajo y el alcance del trabajo, que es lo más evidente. Pero me parece que a la larga tiene más que ver con eso que te digo, con la constancia y la convicción.

Desde que empezaste a hacer música no has tenido problema en mezclar géneros musicales y trabajar con cosas muy distintas. Hoy es algo que está muy de moda, pero cuando vos empezaste a hacerlo no era tan frecuente. ¿Cómo ves hoy en día a la música en ese sentido de exploración de géneros, teniendo en cuenta que fuiste un pionero en Uruguay de esas tendencias?

Sí, muy linda pregunta. En nuestro caso —digo “en nuestro caso” por mis hermanos, por Martín, más que nada, que hemos compartido mucho en el camino— siempre nos sedujo la diversidad estilística y todo eso de explorar la música en todas sus manifestaciones y estilos. Pero claro, cuando nosotros empezamos, como vos decís, estaba más sectorizada la música acá. Estaban los rockeros, los jazzeros, el candombe. Y todo también tenía cierto resquemor. Por ejemplo, había una jam que era el Hot Club, por ejemplo, pero ahí si no tocabas jazz no te dejaban entrar. O estaba la jam de blues, y creo que ahora la jam me parece un buen termómetro de la comunidad musical. Vos te podés encontrar en la misma jam a gente tocando instrumental, souleando, con un concepto jazzero, y de repente cantan una canción uruguaya, después también una canción en inglés. Se disolvieron un poco esas fronteras o barreras que en realidad siempre fueron ficticias, pero la escena ahora está bastante saludable en ese sentido. Lo veo mucho mejor, y creo que los dos caminos son válidos. También alguien que se copa solo con un estilo y lo quiere vivir a pleno. Pero a mí lo que pasa es que me gustan muchos tipos de música. Me parece que ahí también está la riqueza, en el poder nutrirse de muchas cosas. Cuando vas a proponer, terminás siendo un mosaico de todas esas influencias. A mí me gusta la música diversa y rica, pero también respeto a los que eligen el camino más purista.

¿Y en ese momento sentiste dificultades a la hora de querer mezclar cosas dentro de la industria?

Y sí, pasaba un poco. Te encontrás a veces con un poco de prejuicio. Para los rockeros éramos unos jazzeros, despectivamente, y para los jazzeros éramos unos rockeros. Ahora me parece que está mucho más aceptado todo el matiz que hay en el medio. Por más que la música siempre se haya fusionado y todo, creo que tiene que ver con eso que te decía recién de que hay menos prejuicios ahora en ese sentido. Está más liberada la mezcla de las músicas, y creo que ahí está la riqueza en realidad. Si las músicas se mantuvieran como piezas de museo y no se mezclaran, no se resignificaran, no estaría viva la música. Justamente lo que hace que esté viva es eso. Hay que respetarla y saber de dónde vienen las raíces, pero no hay que pasarse de respeto tampoco, porque si no no evoluciona, no vibra, no está viva.

Tu último disco, La ruta de la seda, a nivel de sonido es muy impredecible. Las canciones son bastante distintas entre sí, hay varios cambios en el sonido. ¿Cuál fue tu búsqueda principal?

El hilo conductor de ese disco está en que grabamos todos juntos en PeloLoco, con Martín, mi hermano en la batería, el Pomo Vera en el bajo y Manu Contreras. Ese cuarteto fue con el que grabamos todas las bases, y ese es el hilo conductor en el sonido. Pero después el revestimiento que le hicimos a cada tema fue tan distinto que terminó pasando lo que vos decís, que hay temas bien distintos en la sonoridad. También me di muchos gustos de invitar cantantes que admiro mucho, entonces también las voces varían bastante. Pero en realidad somos un cuarteto tocando los temas. También pasa eso, que a la hora de componer, más allá de que en general tiendo al candombe funk, también me gusta abordar otras cosas. Por ejemplo, en este disco, La ruta de la seda, por primera vez hice un huayno, que nunca había hecho. También hay una canción más murguera, hay milonga. En realidad la temática es bastante de la región, y después también se mezcla con otras cosas de funk, de rock o de jazz.

Comentás sobre el sonido del candombe, que está muy presente en el disco, y es verdad que hoy en día se lo está retomando bastante. Desde Taracá (2026) de Drexler hasta muchos músicos jóvenes. ¿Qué tiene el sonido del candombe que lo hace tan atractivo?

Es nuestra identidad, a nivel estilístico el candombe siempre tuvo tremenda fuerza. Siempre estuvo presente, pero claro, hoy se está resignificando y se le está haciendo más justicia también, porque que Jorge haya hecho ese disco fue importantísimo, que la Rueda de Candombe haga esa juntada de los lunes también. Me parece que había públicos candomberos que estaban más separados y que se están congregando, entonces está pasando algo. Se está armando una movida candombera más fuerte y más grande, y eso está alucinante, porque es nuestra música. Creo que es lo que más nos diferencia, porque después hay otros géneros que compartimos también, como el tango con Argentina, la milonga también se toca mucho en Argentina, pero el candombe como se toca acá es único en el mundo. Más allá de que en otros lados puedan hacer candombe, acá es la cuna y siempre será. Entonces se está haciendo un poco de justicia, me parece, por el género, que en un momento había quedado un poco de lado. Siempre estuvo ahí, siempre tuvo la fuerza, pero no tenía tanta visibilidad o no era tan masivo el alcance, y ahora está pasando eso, así que es una alegría. También han aparecido referentes nuevos como el Facu Balta, que está aggiornando el género con los lenguajes de la música urbana y otras cosas, entonces eso, está más vivo que nunca. Es hermoso.

Has construido como una identidad muy fuerte como guitarrista, te tienen muy en cuenta en ese sentido, estuviste tocando con Illya Kuryaki en esta última gira. ¿Cómo te identificás con eso?

Repasando un poco todos los años de haber estado en la música, mi camino lo hice desde el instrumento. Siempre fue el factor común de todos estos años. Yo primero me enamoré de la guitarra, fue lo primero que me pasó. Por mi viejo, que tocaba hermosamente la viola. Mis primos también, fueron los que me transmitieron ese amor por la música y por la guitarra. Después fui explorando diferentes facetas. Nuestra primera banda era instrumental y hacíamos más tipo jazz fusión. Y después me empezó a seducir también la canción, desde muy chico, que es una tercera disciplina. Porque por un lado está la música, por otro lado está el texto, y la canción es como una tercera forma artística que también me sedujo mucho.

Ya había hecho unos experimentos por mi cuenta, pero cuando escuché Homeworks (1997) de Hugo Fattoruso se me voló la cabeza. Hugo para mí era un referente como instrumentista y también había hecho canción, pero en ese momento hizo un disco de canciones maravilloso que quedó para la historia que a mí me cambió la vida. Ahí empecé a abordar más la faceta de compositor, de autor también. Y me gusta hacer otras cosas con la música, pero creo que lo que siempre me ha mantenido mi eje ha sido eso, la guitarra. Ha sido lo que más me ha permitido hacer colaboraciones con otra gente, compartir la música, que es también una de las cosas más lindas, porque de repente hay otras disciplinas artísticas que son más solitarias. El escritor o el pintor están más a su aire, y con la música tenemos la posibilidad de interactuar y nutrirnos también, inspirarnos. Como en la danza, el teatro también.

Volviendo a esto que comentás de las colaboraciones y esta cuestión de que muchos artistas se interesan por colaborar contigo, te pregunto a vos: ¿qué tiene que tener un artista para que vos quieras colaborar con él?

Linda pregunta. A mí me parece que tiene mucho que ver con lo que transmite. Más allá de la perfección de la interpretación o no, o un tema de derroche técnico impresionante. Más que eso lo que tiene que ser es alguien que se comprometa con la música y que pueda agarrar tu canción, si vos lo vas a llamar a colaborar contigo, y hacerla suya. Ponerle todo el cuore a eso, alguien que pueda involucrarse, aportar y embellecer. A veces lo hace mejor alguien más imperfecto pero que tiene eso. Yo pienso en eso cuando invito amigos a tocar conmigo o grabar conmigo.

Tenés tres nominaciones a los Premios Graffiti. ¿Cómo te lo tomaste?

Me acabo de enterar, una alegría. La verdad es que es muy hermoso, porque uno siempre está con ese sistema de autodefensa de pensar que esas cosas no son importantes, porque uno se puede ilusionar y frustrarse también. Pero cuando pasa es muy hermoso y sentís que te están reconociendo todo un montón de laburo y de esfuerzo por seguir haciendo cosas. La verdad que es una alegría y me da tremenda fuerza como para seguir. También me pasa eso, que había estado haciendo muchas cosas en Buenos Aires. Un disco mío salió por un sello argentino y ahora este disco, La ruta de la seda, lo saqué por Little Butterfly, que es un sello que me re identifica de acá. Yo quería estar acá en Montevideo, compartiendo con la comunidad, y esto fue también una prueba de que fue acertada esa decisión de estar más acá en la movida.

Tu próxima presentación en vivo va a ser en el festival Música de la Tierra. ¿Cómo va a ser?

Tengo varias fechas, mañana justo me voy a Treinta y Tres, pero el festival Música de la Tierra se vuelve a hacer y es una cosa muy linda. Es este 31 de octubre y 1 de noviembre, que me puedo jactar de decir que estuve en todos los Festivales de la Tierra, que creo que fueron 15 ediciones. Hace 15 años que participo, así que es un honor y una alegría también que se continúe esa veta tan linda de rescatar las músicas de las regiones y también un perfil selecto de lo íntimo, de lo delicado también, que a veces esas propuestas quedan por fuera de festivales más masivos. Este festival me parece que cumple una función importantísima, y es una alegría poder estar ahí de nuevo. Aparte con el Negro Aguirre, que es un músico increíble que admiro pila.

Yo tengo la suerte de que disfrutamos mucho tocando juntos y hacemos muchos toques a dúo, es uno de los toques más lindos que vienen ahora por delante. Pero después me voy también a Argentina a girar tocando mis temas, el 15 en Buenos Aires, el 18 en Rosario, hay varias fechas ahí. También contento porque estoy tocando mi música más que nunca, porque como vos me decías, siempre estuve en la faceta más de sesionista, de tocar en proyectos de otros, que es lo que más he hecho en realidad en mi vida. Es lo que me ha formado, o sea que me encanta también hacerlo y lo sigo haciendo, pero creo que hoy en día estoy tocando más mi música que nunca y eso me pone muy contento también, porque nunca renuncié a esos sueños de seguir haciendo mi música y mis canciones, y todavía con estas nominaciones la verdad que una alegría.