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Pop melodramático

María Eugenia y Agustina Trías Frugoni: “Chica Almodóvar” y su juego desde la hermandad

Las hermanas del teatro conversan sobre el proceso creativo de su serie teatral de tres obras que presentan en el Teatro Stella D’Italia.

14.10.2026 13:16

Lectura: 23'

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Por Gustavo Kreiman | @guskreiman

Para María Eugenia y Agustina Trías Frugoni, ser hermanas tiene que ver con compartir el entusiasmo y también la desilusión.

Cuando habla de Maru, Agus expresa su admiración sin reservas. Recuerda que cuando eran chicas Maru era tremenda deportista, y que una vez jugó un partido de fútbol contra un equipo donde estaban todas las chicas populares, y su hermana corrió por toda la cancha, metió goles, atajó y ganaron el partido. “Fue una victoria para nosotras, que no teníamos tantos amigos”, dice, “Maru siempre supo cómo hacer justicias poéticas”.

Cuando habla de Agus, a Maru la mirada se le pone distinta a cuando habla del mundo. Cuando habla de lo complicada que es la existencia, algo se seca en sus ojos y también en el tono de voz. Para contar que cuando empieza a escribir un personaje nuevo casi siempre se lo imagina con el cuerpo y la voz de su hermana, la voz se ablanda y los ojos se le achinan con brillo.

Maru tiene 35 y es la mayor. Agus tiene 32 y es la del medio. Son hermanas también de Alejo, que tiene 29. Crecieron en Las Piedras y dicen que padecieron los males de tener una familia funcional. Agus cuenta que cuando era chica le sacaron un riñón, y que con eso niveló la falta de atención que podría haber sufrido por ser la hermana del medio.

Leían juntas antes de dormir y representaban escenas de lo que leían jugando. Pasó el tiempo y las cosas no cambiaron tanto. Maru encontró fuerza y seguridad en el trabajo con el lenguaje: se recibió de psicóloga, hizo la Tecnicatura Universitaria en Dramaturgia, y publicó dos novelas, Nuestra Manhattan (2021) y La única parte del mundo (2025). Agus desde adolescente entrenó para ser actriz, primero en la Escuela de Comedia Musical, después en la EMAD. Dice que quería ser una popstar pero que fue encontrando el gusto en juntarse con amigas y hacer obras sin un peso, y aunque dice que no canta tan bien, la forma en la que canta en “Donde vas” (el tema de Mateo Altez, de su disco Portada) convierte a esa canción en un tesoro oculto de la canción popular uruguaya contemporánea.

Durante la pandemia, Agus había egresado de la EMAD y se encontraba perdida y sin saber qué hacer con otra amiga/hermana, Jesica Maiori Assad. Maru estaba por publicar su primer libro, y se juntaron para inventar algún tipo de performance para la presentación. La pasaron bien, y se les ocurrió hacer una obra parecida a lo que estaban sintiendo.

Así nació, en 2023, Chica Almodóvar o la increíble fortuna de nuestra esperanza, dirigida por Irene Brusoni y escrita por Maru. La obra fue bien recibida, y ellas se encariñaron con los personajes y la forma que tomó el proceso de trabajo. Entonces decidieron convertirla en una serie teatral, para poder seguir imaginando qué les pasaba a esos personajes a través del tiempo. En 2024 estrenaron Chica Almodóvar y el misterio del ángel caído, sumando a Irene Brusoni en la escena, y dirigidas esta vez por Jesica. Y repitieron ese esquema de trabajo en la tercera parte, en 2025, con Chica Almodóvar: la sentimental ruta del policía Smog.

La saga teatral cruza comedia absurda y melodrama para explorar las ilusiones de fama, los conflictos afectivos y el deseo de encontrar un lugar en el mundo. Tiene funciones los viernes y sábados de octubre en el Teatro Stella D’Italia y las entradas pueden adquirirse aquí.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

¿Qué significa para ustedes tener una hermana? ¿Cómo definirían el vínculo?

María Eugenia Trías Frugoni (M.E.T.F.): Es casi una parte de una misma. Yo tenía mucho miedo de chica, y Agus también y Alejo también. Entonces teníamos que estar todos juntos en la casa. Si una quería ir al baño, la otra tenía que esperar afuera. Si una quería bajar, teníamos que bajar juntas. Incluso yo junté las camas para dormir juntas y las fui separando hasta la distancia de la mano. Teníamos que dormir de la mano.

Agustina Trías Frugoni (A.T.F.): Para mí la hermandad es lo más importante. Es todo. Escénicamente yo uso mucho la hermandad. Me coloca en un lugar como de mucho miedo que me sirve para actuar. Miedo de perderla, es como tu par absoluto.

M.E.T.F.: Para mí escribir para mi hermana es como escribir para una parte de mí misma. Y que ella actúe es como también estar un poco en escena.

A.T.F.: Los hermanos son lo mejor de la familia. Yo siempre pienso que si tengo un hijo, tengo dos. No existe tener un hijo solo para mí. Un hermano es el mejor regalo para toda la vida que le podés hacer a un hijo. Puede ser que en algunos casos no pase, pero para mí es así. Si pienso en algo que me emociona y me pone sensible, es la hermandad.

M.E.T.F.: Y genera una unidad que si uno falta sería muy destructiva. Si tengo que pensar en las muertes que más me dolerían serían las de mis hermanos. Me parece de las cosas más insoportables.

A.T.F.: Yo también pienso pila en eso.

¿Pueden recordar algún momento de infancia o de adolescencia en el que hayan jugado de una manera parecida a como juegan en el proyecto Chica Almodóvar?

A.T.F.: Nosotras jugábamos pila a las princesas, ¿te acordás? Y leíamos mucho también. Y vos me leías mucho a mí, antes de dormir.

M.E.T.F.: De lo de las princesas no me acuerdo. Lo que sí me acuerdo es que leíamos y después actuábamos lo que leíamos. Es verdad que desde chicas jugábamos parecido a cómo fue la construcción de la obra. Porque fue algo muy íntimo, muy íntimo. Agus y Jesi empezaron a venir para armar conmigo la presentación de uno de mis libros. Y al principio era leer en voz alta, jugar, charlar de la vida a partir de esos juegos.

A.T.F.: Sí, también me pasa que mi vínculo con Jesi es muy de hermandad. Me puse a pensar en eso, me parece que yo busco la hermandad en todos lados. Jesi es la hermana mayor y es muy hermana de sus hermanos. Y yo tengo un vínculo muy de hermana con ella porque hicimos toda la EMAD juntas. La construcción de la primera obra renació en un lugar muy íntimo que tiene mucho que ver con la hermandad. Compartir la ilusión, la frustración. Van buscando algo que las entusiasme y si eso se pierde, buscan otra cosa. Eso que hacen los hermanos es lo que hacen estas chicas, los personajes.

Maru, vos hacías teatro de chica también y jugabas al handball, pero después te fuiste más hacia la literatura, al mundo del lenguaje.

M.E.T.F.: Sí, hice teatro hasta bastante grande. Mi primer trabajo profesional fue actuar de niña en una obra de Ana María Bosco en Las Piedras. Con esa plata me compré una cámara de fotos. Pero también siempre me gustó escribir. Me acuerdo de que en segundo del liceo ya empecé a escribir poemas. Y a partir de esa época fue como que el teatro me empezó a costar. Creo que me empezó a costar todo lo que era la exposición física en un momento. El handball también. Me costaba más meterle el pecho a una compañera, entrar en el área. Y ahí me fui encontrando más con la literatura.

Y vos, Agus, ¿actuabas y cantabas desde chica también?

A.T.F.: Yo siempre quise ser una superstar. Una popstar absoluta. Era fan de Lali Espósito, de High School Musical, todo eso marcó mi vida de una forma muy fuerte. Entonces yo cantaba, bailaba, actuaba, quería hacer todo. Hice ballet y expresión corporal. Y después empecé a cantar. Yo no canto muy bien, la verdad, siempre fue como mi falencia. Pero a todo lo que es el pop yo lo amo. Entré a la escuela para ser una popstar, pero después empecé a ver otras cosas y entender otras cosas, me empezó a gustar más el teatro, la grupalidad del teatro, lo que implica hacer todos juntos una obra sin un peso. Igual para mí lo que estamos haciendo ahora con Chica Almodóvar tiene algo de pop, algo de lo melodramático del pop, de las novelas.

Los personajes de la obra juegan con la idea de fama y estrellato, ¿qué es lo divertido de jugar a eso en una obra de teatro independiente?

M.E.T.F.: De lo que más me gusta de la obra tiene que ver con simular que hay fama donde no la hay. Creernos que estamos superbien cuando capaz que no. Los personajes creen que son actrices famosas y simulan algo de ese acontecimiento, de lo maravilloso del reconocimiento, aunque no exista. Ellas cuentan que les querían sacar fotos, que las fans se les tiraban arriba, que les traían flores. Pero es toda una idealización. Es lindo jugar a que uno tiene fama, es divertido.

A.T.F.: Después, evidentemente, en la vida real, no nos interesa la fama. Si nos interesara la hubiéramos buscado. Nos gusta estar donde estamos. Hacemos teatro entre amigas, entre hermanas. Amamos y construimos eso sabiendo que estamos en el lugar donde queremos estar. Algo de lo lindo del teatro tiene que ver con hacer personajes para jugar a lo que te gusta jugar.

M.E.T.F.: También cuando una crece va descubriendo que hay lugares que en realidad no existen. O que son destructivos. Creerse la fama sería peligroso. ¿Qué tenés que hacer para tenerla? Si entrás en esa, perdés. Haciendo teatro entre amigas, entre hermanas, no hay manera de perder.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

¿Y qué dirían que fue lo que las llevó a jugar juntas, pero Maru más desde el lenguaje y Agus más desde el cuerpo?

A.T.F.: A mí me costó mucho el sistema educativo, y cuando empecé a hacer teatro me di cuenta de que podía ser inteligente en algo. Yo era una burra total, o sea, no sé si burra, pero padecía horrible. Siempre fui muy vaga, nada me apasionaba. Y tengo una personalidad bastante apasionada, entonces me daba cuenta de que no era un problema en mí sino que lo que me proponían con el sistema educativo no me enganchaba. Y cuando empecé a hacer teatro sentí que podía ser inteligente en algo y eso se sintió muy bien. Empecé con Angie Oña, maestra absoluta, en la Escuela de Comedia Musical. Por eso como docente le intento explicar a mis alumnos que es re importante que aprovechen la educación artística, porque yo no la tuve y la padecí. Tuve que ir a buscarla por afuera. A mí el teatro me cambió la vida. Como a todo el que hace arte capaz, te cambia. El arte te cambia la forma de pensar, la forma de relacionarte, de ver el mundo. Te da herramientas para aceptar las miserias, para trabajar la grupalidad, vincularte con los otros.

M.E.T.F.: Yo leía mucho Harry Potter de chica. Todo lo que es la creación literaria de un mundo me hacía sentir que me salvaba del mundo. Para mí hay algo de eso en la literatura, es como que construye un refugio. Y es un refugio portátil, te lo podés llevar a donde quieras. Podés pasar todo el día leyendo un libro protegida del mundo real, para mí eso siempre fue importante. Y escribir también tiene que ver con eso. La literatura para mí es coral, en el sentido de que se hace escuchando. Una escucha algo ahí, y lo pone, o leíste algo y lo pones en lo que estás escribiendo, estás dialogando con un coro mucho más grande que vos. Escribir teatro también es muy así, porque escribís cómo la gente habla, entonces escribís a partir de lo que vas leyendo y escuchando. En el teatro es en donde me siento más libre para poder crear escribiendo un mundo que no existe.

¿Y cómo piensan su vínculo como hermanas desde esa diferencia entre cuerpo y lenguaje?

M.E.T.F.: También es una forma de complementarnos. Es un lugar cómodo para las dos para crear juntas. Ahora estoy con ganas de escribir una obra sobre nuestra abuela, a partir de un taller de Biodrama que hice con Vivi Tellas en la Tecnicatura Universitaria de Dramaturgia, y no se me ocurre otra actriz que Agus para que lo haga. Estoy de vuelta escribiendo para ella.

A.T.F.: A mí me da mucho alivio que Maru exista. Yo no sé escribir nada. El miedo más grande que tengo como actriz es no tener nada para hacer. Porque como actriz tengo cosas para decir, pero no sé cómo bajarlo a palabras. No es sencillo poder decir algo. Por eso que exista Maru, que a la vez es mi hermana, para mí es increíble. Ser actriz tiene algo de eso medio ingrato: vos tenés un oficio, sabés hacer algo, pero si no te llaman o no surge un contexto donde hacerlo, medio que te quedás esperando a que te llamen. Me parece que Chica Almodóvar 1 nace de eso. De esa ilusión de hacer algo juntas porque si no nadie nos iba a llamar. Tiene algo de esa ilusión de “¿A dónde voy? ¿A dónde voy a presentarme?”, y eso se cuela en los personajes también. Como actriz todo el tiempo tenés miedo a no actuar. Y es re feo.

¿Cuál es el vínculo que encuentran en sus obras con la poética de Almodóvar?

M.E.T.F.: Todas las actrices quieren ser Chicas Almodóvar. Jugamos con eso, con la Chica Almodóvar como un arquetipo. Yo creo que a vos Agus alguien alguna vez te dijo que si Almodóvar te conociera serías una Chica Almodóvar, y empezamos a boludear con eso.

A.T.F.: Es una estupidez, nunca lo creería. Pero está bueno para jugarlo. Algunos monólogos de la obra empezaron así, tipo “la gente piensa que soy una Chica Almodóvar”.

M.T.F.: Las Chicas Almodóvar son como unas superheroínas. El lugar a donde llegaron, esa idea del éxito en todos los sentidos. Y el amor, las estrellas. Toda esa cosa bizarra que tienen. A mí igual, más allá de todo eso espectacular, lo que más me interesa es que son mujeres que se meten de lleno en la miseria humana. Almodóvar es un ser que sabe construir muy bien lo que viven las mujeres en relación con su miseria. Lo que más me interesa es que en sus películas las personas matan sin querer. Es como “maté alguien y no pasa nada, lo maté porque estaba ahí, pero bueno, sigo mi vida”.

A.T.F.: ¿Cuál es el miedo más grande que tiene una? Matar a alguien, matar a alguien sin querer. En Chica Almodóvar, la obra, matan alguien porque cinchan su cuerpo. En sus películas a veces matan porque tienen que salvar su vida, pero acá aparece un poco esa cosa de la muerte por accidente. Creo que Almodóvar también tiene algo que nos llama la atención que es el efecto sorpresa. Madres paralelas (2021) lo tiene bien claro, esta cosa de cambiarse los hijos y enterarte después de repente. Eso es re del culebrón también, de la telenovela. Cosas tipo la niña que mata a su papá, pero que no es su papá. O Volver (2006), la madre que está muerta, pero al final no está muerta. Y hay algo de eso que no es tan distinto a la vida, esas cosas pasan.

M.E.T.F.: Ahora estoy haciendo una maestría, y mi investigación es sobre cómo se representa el amor en las obras de teatro. El melodrama es un género muy sentimental, y también muy menospreciado. El culebrón es popular, y a veces se cree que lo popular es simple, es básico, pero al fin y al cabo tiene una manera muy contundente de narrar la humanidad desde sus pasiones. El melodrama es algo importante en la vida.

A.T.F.: Sí, porque como espectadora podés decir: “A mí también me pasa”. Si no, a veces sentís que tus problemas son banales. Y los problemas de la humanidad no son banales. Es importante el amor. Sentir que la historia principal es la historia de amor. O la historia de la desilusión del amor y nada más.

M.E.T.F.: Exacto. No hay más que eso. Personas que quieren algo, no lo tienen y lo buscan.

En otra entrevista, sus compañeras, Irene y Jesica, hablaban de que Almodóvar aparecía desde la intensidad emocional y el desborde. ¿Cómo les parece que dialoga esa intensidad con la idiosincrasia uruguaya?

A.T.F.: Ellas son uruguayas. Absurdamente uruguayas. Son bastante absurdas ellas, y eso es muy nuestro.

M.E.T.F.: Sí, se mueven en un paréntesis igual. Como que habitan un mundo que no existe. Se sienten perseguidas por la policía, por ejemplo. Ser perseguidas por la policía es como ser una estrella también.

A.T.F.: Después también está esta cosa absurda de la incomprensión. En la 1 se piensan que están cuidando a alguien y al público le dejan ver que en realidad quizá lo secuestraron. Pero en sus ojos ellas ven que está todo bien. Ahí también se arma un debate que podría tener algo de lo que hace Almodóvar en sus películas, pero acá.

M.E.T.F.: A mí me gusta esto de ser malo sin querer ser malo. Ser malo creyendo que soy bueno.

A.T.F.: Porque ellas realmente le dan la mejor vida. Al público le dicen que él está bien, y él está bien. Le cambiaron la vida. El personaje que cuidan o secuestran es ciego, entonces también está ese lugar de abuso al ciego que es bastante irreverente también.

M.E.T.F.: Sí, ellas son incorrectas. No hay una idea fija de lo que está mal o lo que está bien.

A.T.F.: Y me parece que lo más lindo de eso es que ellas aman. Se aman entre ellas, aman al ciego que salvan y secuestran, lo aman con su alma. Ese desborde que tienen viene de las ganas de amar. Que me parece propio del ser humano.

M.E.T.F.: Ellas quieren convertirse en un mito. Y están dispuestas a cualquier cosa por ser ese mito. Por eso su amor es tan fuerte y su sentido de la corrección puede ser tan raro. La obra es la historia de cómo se construye ese mito. Y ese mito es pura ilusión. El desborde viene las ganas de buscar algo que finalmente te salve. Y de ser importante. De que te vean. ¿Viste que a veces uno siente que si no lo ven no existe? Hay algo de la película Birdman (2014), que tomamos para la obra también, que es que él quería ser el personaje principal de la obra de teatro. Siempre quiere ser el personaje principal y la hija le dice: “Vos querés ser el personaje principal y no te das cuenta de que afuera hay un mundo de gente queriendo ser importante y relevante para la existencia”. Y en realidad la cuestión al final es que todos afuera quieren ser tan importantes como uno.

A.T.F.: Que ahora que pienso, el mundo mismo te empuja a eso. El mundo quiere que vos quieras ser importante. Lo estoy reflexionando ahora por todo esto que conversamos sobre el brillo y las divas. El mundo quiere que vos quieras ser así. La pregunta es: ¿a qué costo?

¿En qué medida para ustedes el teatro es algo artesanal y cómo tenés presente esto, Maru, a la hora de escribir los textos?

M.E.T.F.: Sí, me parece que es artesanal, y en lo que hacemos nosotros todo es muy artesanal. Es una construcción tan dificultosa hacer una obra, que la hacemos nosotras como podemos. En la primera obra no hay una escritura pensada para la escena. En la 2 sí, porque está el telón y hay como una obra adentro de la obra. Eso sí surgió de una idea previa, más teatral.

A.T.F.: Pero también es artesanal porque no queda otra. Es teatro pobre. Nosotras nos presentamos a los fondos de COFONTE, la última obra nos salió un montón de plata y obviamente el fondo no llega a cubrir todo, tuvimos que poner plata nuestra. Y también está esta cosa de “somos las que estamos”. Tenemos que hacer todo. Hacer las mudanzas, montar, desmontar. Y al principio era una obra para dos actrices, con sus monólogos, y el texto planteaba personajes que no estaban, entonces el desafío siempre era “¿Cómo levantamos esos otros personajes?”. Y así se fueron tomando decisiones estéticas, tipo, “Susana es una luz”, y hablamos con la luz como si fuera otro personaje.

M.E.T.F.: Sofi Cantarini, una amiga que estaba cerca del proceso, fue la que tiró la idea del maniquí. Porque no sabíamos como hacer a Aaron, el ciego, y ella tiró la idea, junto a una devolución dramatúrgica que estuvo buenísima porque me dijo “Rompé el texto. Te estás respetando mucho a vos misma, a la estructura que armaste, estás siendo demasiado fiel a eso”. Y a partir de eso empezaron a pasar otras cosas, apareció el maniquí, aparecieron otras chucherías, tipo los perros, el personaje de “La Peque”, todas situaciones que fuimos resolviendo de maneras muy artesanales. Toda la obra tiene algo de eso del “teatro chiquito que armas como podés”, y eso estéticamente es lindo también.

A.T.F.: Para mí no hay nada más lindo que poder hacer lo que se te cante. Lo digo como actriz, como artista, lo siento de verdad. Sobre todo nosotros que somos uruguayos, no es que con esto re ganás guita. Lo hacés porque se te va la vida en esto, porque le da sentido a tu vida.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

Parte de la potencia de la obra para mí tiene que ver con que por momentos parece un juego entre amigas que están pasándola bien. ¿En qué medida esta idea de juego fue parte de su proceso creativo?

A.T.F.: Fue parte de todo. Esta obra es como es porque somos amigas. La identidad del grupo a nivel artístico es nuestro vínculo en la vida. Surgió en un año donde estábamos muy frustradas, porque habíamos egresado, había venido la pandemia, sentíamos que todo el mundo tenía proyectos menos nosotras.

M.E.T.F.: También esto de sentir que hay algo que uno no tiene y que los demás sí tienen. Siento que re sentimos eso de "Ay, a los demás les pasan cosas que a mí no me pasan". Y después te das cuenta de que a todos nos pasan las mismas cosas. Cuando vas a talleres o charlás con otros grupos, te das cuenta de que a todos nos pasan cosas parecidas y estamos bastante en la misma.

A.T.F.: Todo el proceso creativo surge de esa sensación de frustración y lo que nos pasaba en esa época. Cuando recién te egresás no entendés nada. O sea, ahora tampoco entiendo nada, pero imagináte cuando recién egresaba. No teníamos ni idea. Cuando estrenamos la primera de Chica Almodóvar no teníamos ni idea qué estábamos haciendo. No sabíamos si estaba bueno. Me acuerdo de estar sentada y preguntarles a ellas, “¿Ustedes dicen que está bueno esto?”, y sentir tremenda inseguridad. En un momento te pasa que decís “Esto ya no es teatro para los amigos, hoy en la sala no hay ningún amigo”, y el miedo es tremendo.

¿Y ahora cómo se sienten?

M.E.T.F.: El proyecto ya tiene tres obras, tiene un camino recorrido. Es lo que es, también. Nos sinceramos con eso. Hasta acá llegamos, con esta construcción.

A.T.F.: Sí, pero a mí me pasa por lo menos que la puedo defender con otra seguridad. Amo la estética que tiene. Me pongo a pensar que yo cuando era chica quería ser una popstar, y ahora, para mí, ponerme el vestuario de Chica Almodóvar tiene que ver con eso. Ya cumplí. Era eso lo que yo quería hacer. No me importa tanto que nos vea todo el mundo, lo que diga la crítica, qué se yo. Yo estoy actuando con mi amiga, nos pusimos esta ropa y actuamos esta cosa que nos gusta. Para mí eso es un montón.

¿Cómo dirían que las tres obras dialogan con una forma de sentir de estos tiempos?

M.E.T.F.: La obra muestra personas que buscan desesperadamente todo el tiempo algo que van perdiendo. Hay algo del mundo que sufrimos mucho que es la insatisfacción como constante y eso en la obra está. Llenarnos de ilusiones y que esas ilusiones al final nos decepcionen, entonces buscamos otra ilusión para tener otra decepción. Hay algo también de lo rápido que está pasando todo, de la hipervelocidad. Ellas van, están en Uruguay, después se van a Buenos Aires, después se esconden en Estados Unidos. Hay una especie de no encontrar nada en ningún lugar que es muy de la contemporaneidad y de lo superfluo de estos tiempos en algún sentido.

A.T.F.: Y creo que nuestro proyecto también hace mucho hincapié en algo lindo, que es lo de ser amigas. Al final lo único que no las insatisface a ellas es su amistad. Todo el tiempo buscan juntas. No existe para ellas buscar las cosas cada una por su lado.

M.E.T.F.: Y en la dramaturgia hubo momentos en los que intentamos meter algo de la realidad del mundo. Por ejemplo, en un momento dice “Los gringos me miraban. A los gringos les gusta vernos bailar, a los gringos les gusta vernos llorar”, que es un momento donde ella se gastó toda la plata y está tirada en la pista de baile y los gringos la rodean. Y también hay algo de que el mundo se va a acabar por aburrimiento. Todo se está quemando.

A.T.F.: Y en la 3 también hay algo instalado que es que el mundo es un lugar peligroso solo que nosotros no lo veíamos. Como que hay una cosa donde ellas se vuelven más peligrosas también. Y es gracioso. Se les va la moto en su búsqueda pero porque el mundo las está empujando a eso. Como que siempre están un poco corridas. Creo que en la tercera parte nos permitimos estar más cerca de esa peligrosidad.

M.E.T.F.: Sí. De saber que nos estamos muriendo todo el tiempo.

A.T.F.: La obra se pregunta un poco lo que nos pasa. ¿Cómo que todo es mentira? No puede ser. ¿Dónde estamos viviendo? Es destructivo pensar que capaz de alguna forma vos no sos verdad, sos un dato nomás. No está bueno. Te hace decirte, ¿entonces qué estoy haciendo acá? Dentro de un par de días todos vamos a estar con unos lentes viviendo a partir de eso. Y es real.

M.E.T.F.: Por eso me parece que lo más interesante es cuando uno puede construir personajes complejos, que viven cosas complejas. Saber que no sos tan bueno, que nadie es tan bueno. Ni tampoco sos malo del todo. Sino que convivís con tu parte buena y con tu parte mala, y eso te hace entrañable. Es lo que te hace humano.

A.T.F.: A mí me encanta la serie Fleabag por eso, y fue una referencia para Chica Almodóvar. Es espectacular porque vos la ves a ella que es totalmente irresponsable. Y también se hace cargo de un montón de cosas. Cuando al final de la serie ella se va y te saluda vos decís “Por favor, no te vayas”, porque vos me hacés sentir que yo no estoy tan desencajada de este mundo. Que no estoy tan cualquiera en este mundo que moralmente te pide algo que no se puede sostener.