Por Gustavo Kreiman | @guskreiman

Marzo de 2024. Faltaba un mes para que saliera Por cesárea, el segundo disco de Dillom, y se presentaba “Cabezas cromadas”, una canción que habían hecho junto con Wos para su disco Descartable. Ahí Dillom ya cantaba: “Estoy en busca de una nueva violencia”.

Tenía esa línea anotada entre sus notas porque resumía lo que quería abordar en su próximo disco. “El proceso de Por cesárea para mí fue muy arduo, entonces, a lo último, ya estaba podrido. Necesitaba algo nuevo en lo que trabajar y dónde poner mi mente”, dice desde Buenos Aires, a LatidoBEAT.

Por cesárea fue una exploración de las profundidades de sí mismo, en clave de película de terror. Su primer álbum, Post mortem (2021), se desarrolló durante la pandemia y tenía algo de comedia negra. Fue imaginado como un disco póstumo hecho en vida, desde las ganas de hacer al menos un buen álbum antes de morir. Pero en Por cesárea se puso más serio. Las referencias cinematográficas fueron pelis que no hacen reír tanto (Psicosis, Donnie Darko, Beau tiene miedo). El ejercicio de pensar en sí mismo desde ese tono lo cansó. Le vinieron ganas de mirar el mundo más desde afuera, no tanto desde adentro, y de hacer algo más divertido. Y en ese ejercicio se encontró con que la parodia podría ser el lenguaje que mejor define a estos tiempos.

“Nadie habla en serio”, dice Dillom. Hoy, quien habla en serio, aunque sea por un rato, es juzgado de intenso. Estamos todos hablando en joda y tratando de ver si el otro pica con lo que decimos. La realidad política y social es caricaturesca. Los referentes de ultraderecha parecen villanos de una película de clase B y la contracultura parece estar haciendo cosplay de personajes barriales o revolucionarios dentro de la misma película. Dillom quería hablar de eso sin bajar línea ni que el disco se volviera vigilante, porque sabe que es víctima del sistema, pero también parte de él, y desde ahí observa cómo casi todos retroalimentamos esos dispositivos para hacernos ver y pasarla bien, cómo no soportamos la idea de quedarnos afuera de lo que nos oprime con tal de seguir entretenidos y ser vistos.

“No estoy muy a favor de la ignorancia”, dice. “Para mí hoy la rebeldía está en aprender”. Desde esa lucidez y autoconciencia emerge La nueva violencia. Un disco bailable y filoso, picante y gracioso, vehemente y vulnerable a la vez, en el que la ironía es una forma de la inteligencia y no solo un mecanismo defensivo que se utiliza porque pensar cansa. En el disco, el juego no se pelea con el rigor estético: entre chistes internos, asociaciones libres y tomas imperfectas, Dillom retrata con nitidez el espíritu de esta época y lo hace con una belleza híbrida entre el punk, el pospunk, el rap, la electrónica y el rock.

El artista vuelve con su banda de amigos a Montevideo el 14 de noviembre a presentar La nueva violencia en la Rural del Prado, en el marco de La Gira Violenta, con la que está recorriendo Argentina, México, Chile y Uruguay. La última vez que estuvo en Montevideo dio el show con fiebre y con la espalda dura. Esta fecha se perfila como una revancha. Todavía quedan algunas entradas y pueden adquirirse aquí.

En la canción “Souvenir” hay algo de la ironía que dialoga con la ternura. La frase “Es la impotencia que me da no ser tan trola como vos” es una de las formas más filosas y picantes de hablar de la nueva violencia que aparece en el disco. ¿En qué medida dirías que nuestra estupidez está hecha de esa impotencia?

La verdad es que esa letra es una cuestión más personal. Después, te podés sentir identificado con eso o no. O psicológicamente se le puede dar una explicación por ese lado, con relación a en qué transforma uno esa impotencia. Pero lo que yo traté de retratar en esa letra no es decirle ‘puta de mierda’ a una mina, sino decir que el boludo soy yo en realidad, que me amargo porque no me da para disfrutar tan libremente. Y eso es culpa mía y de nadie más. Nunca es culpa del otro ni de la otra que uno no pueda disfrutar con libertad. Lo aclaro por si hay algún incel ahí del otro lado que se sintió identificado y se siente bien con decirle a una mina que es trola.

A mí la ternura me cuesta. Sale por momentos, pero es verdad que sale a relucir en varias canciones, como esa. Yo creo que la ternura y la ironía en mi caso son como un ir y venir constante. Un equilibrio para no irse para la pavada total, pero cuando me voy un poco para lo cursi o la ternura, en el medio tengo que encajar un chiste o algo para cortar un poco.