Juan Pablo Chapital llega a la entrevista con un estuche de guitarra pequeño: anda con una Steinberger, un modelo minimalista y sin clavijero en el extremo superior del mástil, que saca y muestra tocando rápido. Casi como si la guitarra fuera otro miembro de su cuerpo.
Es uno de los guitarristas más reputados del medio local, director musical de la banda de Laura Canoura, ladero con sus seis cuerdas de otros artistas que se paran en el centro de los focos, pero también graba como solista: tiene ya cuatro discos, Fotografía silenciosa (2010), el acústico Amanecer en Tandil (2017), Cerca (2020) y el más reciente, Móvil (2024), que eligió no subir a Spotify.
Una vez al año, él mismo da el paso bajo las luces: con su Chapital en concierto, que tendrá una nueva edición el próximo 27 de setiembre en la Sala Zitarrosa. Aprovechamos la ocasión para conversar con él sobre guitarras y guitarristas, sobre Opa y Fernando Cabrera, sobre blues y jazz y candombe.
Las entradas para el recital pueden encontrarse en este link.
¿Qué dirías vos que hace a un buen guitarrista?
Que tenga personalidad, que tenga buen sonido… pero sobre todo que tenga personalidad. Que sea diferente, que sea único. Así como cada cual tiene un sonido en la voz —vos reconocés a un amigo por la voz—, bueno, lo mismo debería pasar con la guitarra y no siempre pasa. Los guitarristas que me gustan a mí, todos los guitarristas medio consagrados, todos tienen su personalidad. Pienso en uno que me gusta mucho que es Jeff Beck, que ya murió, que lo escuchás y decís: “Es Jeff Beck”. BB King hace así una nota: es BB King. Clapton es Clapton. Clapton quizás sea un poco más híbrido, pero… no sé, Santana, por ejemplo, lo escuchás y ya sabés qué es. Siempre menciono esos más del rock, pero hay del jazz también. Está Pat Metheny lo escuchás y… John Scofield lo escuchás y sabés que es él. Te puedo nombrar pila. Y me parece que eso es un atributo, porque es como más allá de lo que tocan, es lo que emiten cuando tocan. Eso también me parece un atributo de un guitarrista, lo que me transmite cuando toca con su sonido, con su manera de tocar o de hacer un bending.
Vos tocás de todo. ¿Hay algún género que digas: “Este yo lo vivo”?
Me pasa con mi música, que es una mezcla de todo eso. Ahí es en donde más lo vivo, que no es un estilo, es mi estilo producto de todos los estilos. La fusión de todo lo que a mí me gusta, que tiene que ver con el jazz, tiene que ver con el rock, tiene que ver con el blues, tiene que ver con la música uruguaya, más la parte rítmica, digamos.
“Más la parte rítmica” qué decís, ¿tipo candombe?
Ahí va, por ejemplo.
Más en la parte rítmica de la canción…
O de lo que elijas para improvisar. Acordate que el solo es melódico, pero es rítmico también. Y así como hoy hablamos de la individualidad, el ritmo que vos tengas también es único. Que no quiere decir que sea mejor ni peor que nadie, es tuyo. Es lo que vos quieras emitir rítmicamente también. Capaz es medio complejo lo que digo, medio rebuscado.
Creo que te sigo. ¿Hay una manera específica de tocar la guitarra en el candombe? Porque en la murga está la marcha camión, en el candombe no lo sé...
Sí, hay sí. Los primeros candomberos, las grabaciones de Pedro Ferreira y eso, o las grabaciones viejas, tipo Alberto Castillo, las guitarras tocan como la clave. [Tararea] Cha, cha, cha, chachá. Después ya se empezó a poner a fusionar: si vos escuchás un disco de Jorginho Gularte, escuchás una llevada medio abrasilerada del candombe. Escuchás al Ale Luzardo, que es el de La Candombera, se dedicó a eso, y él tiene una cosa medio latin también para tocar. Medio que viene como de Cuba, y de la salsa, pero es re candombero, es jazzero y rítmicamente tiene una cosa increíble. [Leonardo] Amuedo también. Así que hay una manera candombera de tocar candombe. Es como dice Hugo Fattoruso: “El candombe es un ritmo, son los tres tambores. Nosotros nos subimos arriba de eso”.
Me pasó hablando de tus adaptaciones a distintos géneros, escuchando tu último disco, que hay un tema que se llama “Jungle” que se pone medio psicodélico... Es bien muestra de que recorrés un montón de cosas, tus discos no son categorizables.
Son difíciles de etiquetar. Eso es real. En un momento yo toqué bastante blues acá, y para los bluseros sos como un jazzero y para los jazzeros sos como un blusero. Porque capaz que en el blues también podés meter otras cosas que se meten más en el jazz y en el jazz podés meter cosas más del blues, y blablá. Pero lo de los discos es así. No lo digo ni bueno ni malo: cuando tengo diez temas que me salen, voy y los grabo. No pienso estilísticamente, “ah, este disco tiene que ser así”. O como hacen bandas que tienen productores, que el productor les dice: “Bueno, traeme 30 temas que vamos a elegir 10”. ¡No, el laburo que es hacer 10 temas! ¿Hacer 30 para descartar 20? No, no puedo. O sea, a cada tema para mí es algo nuevo que nace y que le quiero dar forma.
En las grabaciones, ¿hay espacio para la improvisación?
Sí, claro. Jamás armé un solo. Nunca. Para ningún proyecto en el que toqué. Tampoco quiere decir nada, solamente que, que me gusta ese momento de poder improvisar y de elegir y de meterte en el brete de decir: “Ah, me gustó este pedacito, pero dejame grabar desde acá de nuevo para seguir esta idea”. No sé, como que me gusta. Por lo general, elijo un solo entero y no lo trato de cortar y arreglar.
No tomás de varias tomas.
Exacto. Porque por lo general podés decir: “Ta, me gustó esta parte de esta toma, esta parte de esta, esta parte de esta, esta parte”, y armar un rompecabezas. Pero, si bien los tocaste vos, no es lo que vos dijiste en el momento. El elemento improvisación en vivo está mucho, y sobre todo en los shows.
Le das espacio a los otros también.
Claro, además, no sé, [el tecladista] Nacho Labrada improvisa increíble. Él es un jazzero que se adapta a cuando tiene que tocar más blusero o cuando… me encanta eso.
Tiene un muy buen solo en “Jungle”, justamente…
Sí, ese va al carajo. Toca unas cosas ahí que... Y me parece buenísimo. Tengo muchas referencias de cosas viejas de Santana, que siempre los músicos que lo acompañan manejan esa estética. Como jazzera, sinte, Rhodes, Hammond. Jeff Beck también. Siempre tenía un tecladista que se tocaba todo. Hay una banda que a mí me encanta, de un violero que es un capo que se llama Derek Trucks, la Tedeschi Trucks Band, que hay tremendos solos de viento. El violero es como el frontman, pero después le da espacio a todo el mundo y tocan y está buenísimo. Son momentos como de jam, ¿viste?, que crece la energía. Está bárbaro.
El show entonces es muy fusión.
Sí, son todos los temas de mis discos, más las versiones que hago: siempre hago versiones… hay un tema de Rada y Fatorusso, que lo mezclo con uno de Santana, porque el tema se llama “Santanita”. Entonces, primero hago una intro de Santana y después entra en el tema de Rada. Y en el medio toco un pedacito de un tema de Fatorusso. Después hago una versión que la grabé en el 2014 de “Milonga de pelo largo”, que la grabé con Cabrera en mi segundo disco. A veces hago una versión de un tema de los Beatles mezclado con uno de Opa, que eso está bueno. Porque son temas más o menos de la misma época.
Me puse a escuchar Opa después de la muerte de Rada y… un delirio.
No se puede creer. Para mi generación son nuestros referentes. De hecho, hay un tema mío que se llama “Opi”, de mi primer disco, y lo grabé con Hugo y con Urbano [Moraes]. Los invité a grabar. Para nosotros eso es alucinante y superactual, vigente. Los locos tocaban en Estados Unidos en un boliche de martes a domingo y toda la crema del jazz de Estados Unidos cuando terminaban de tocar iban al boliche para escucharlos a ellos. Hay unas historias ahí muy tremendas. Y todavía después se suma Rada en su mejor momento vocal. O sea, increíble. Opa, lo más grande que hay.
¿Pensás hacer un hincapié más en Rada esta vez?
Puede ser, puede ser. Se había ocurrido hacer algo, alguna versión. Había pensado en el “Rock de la calle”, que hay un disco que se llama La cosa se pone negra, que es en vivo en Obras, cuando vivía en Argentina, y me encanta cómo arranca. El show arranca con una cuerda de tambores y terminan y empieza el “Rock de la calle”, que es un rock and roll [canta el estribillo]. Es alucinante. Así que, si dan los tiempos, capaz que hago esa.
Muchas veces vos no sos el protagonista. Cuando estás con Canoura, por ejemplo. ¿Te cuesta moverte en un rol más protagónico o te sale natural?
No, yo pasé mucho tiempo acompañando gente también, muchos años. Y entonces, cuando empecé a tocar mi música sentí que empezó a ser una necesidad cada vez mayor, que tipo: “Tengo que darle más bola a lo mío, y prioridad”. Eso no quiere decir que cuando toco con Canoura —que ella también me da un rol a mí, que es la dirección musical— yo no ponga todo ahí. O sea, yo estoy superagradecido y me encanta, y cada vez que toco, toco, chau. No es que digo: “Ta, acá toco menos porque no sé qué”. No, al contrario, trato de poner todo ahí. Pero sí entiendo que cuando es mi música, que tengo que hablar y no sé qué, es otra cosa. Pasan otras cosas. Es otro rol el de…
Vos sos un maestro de ceremonias.
Claro. Tengo que hablar, yo cuento las historias de los temas, siempre digo algún bolazo.
¿Cuál es la idea con Cabrera en el show? Que va a estar de invitado.
Lo invito a los últimos tres temas, dos temas que yo elegí, que yo hacía con él, cuando tocaba en la banda de él, y el bis, que siempre que hago un concierto, el bis es un tema del invitado. Una vez hicimos “Cuerpo y alma” de Mateo, el año pasado que fueron Mandrake y Martín Buscaglia. Pero esta vez vamos a hacer un tema de Cabrera también como para cerrar. Elegí dos temas que no son tan taquilleros, digamos, pero que me encantan. Me encanta la letra y la música. Y después uno más conocido para cerrar.
Te leí decir algo interesante sobre Cabrera: que cada vez toca menos notas. ¿Podés profundizar en eso?
Sí, hace un tiempo que él tiene como esa búsqueda. Lo que hablaba hoy de los guitarristas, Cabrera para mí también es tremendo guitarrista, además de tremendo compositor y cantautor. Me parece que su manera de tocar la guitarra es única, y es cada vez más despojada.
¿Te referís con las canciones nuevas o que reversiona las anteriores también de esa forma?
Cuando él toca solo con la guitarra, él siempre lo que elige es menos. Menos, menos, menos. Y era difícil. Al principio yo toqué a dúo unos shows con él en Guambia. En la banda había piano, bajo, batería, dos guitarras: o sea, mucha armonía había. Entonces, por ahí había que tocar nada, ¿viste? Y cada vez menos. O por momentos no, o esta melodía sí y esto no.
¿Le seguiste la cabeza o te costaba un montón?
Al principio costaba, pero le re seguí la cabeza. También tiene un manejo de la dinámica del show y de los volúmenes que… Eso hay que estar despierto ahí. Que eso también es medio como del jazz, la comunión entre los músicos. Y si no estás escuchando lo que pasa con los demás, no podés. Entonces, es un gran maestro Cabrera.