Por Catalina Zabala
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Diario íntimo, bloc de notas, también notas de audio y lectura en familia: así se gestó un proyecto muy íntimo, muy confesional, que terminó casi sin quererlo escabulléndose desde el escenario en las cabezas de quienes se sintieron identificadas cada una desde su lugar, tan difícil como pueda sonar esto.
Josefina Trías cuenta que el motor creativo para escribir Terrorismo emocional (2018) fue una ruptura amorosa, pero no para mostrarse a ella, sino para mostrar a Clara. Un personaje que nació con el proyecto mismo y que le puso carne y hueso al torbellino que atravesaba la cabeza de una Josefina postruptura.
Para ella la obra fue una tabla de salvación, no tanto por su dolor personal, sino de su impulso creativo. Cuenta que le permitió experimentar cosas y habitar lugares nuevos, que quizás de otra forma no habría conocido. Y sin quererlo, o más bien sin buscarlo, desde lo personal escribió algo universal. Josefina contó que ninguno calibraba todo lo que pasaría luego de lanzarla. En sus palabras, arrasó con todos.
Terrorismo emocional se encuentra en cartelera una vez más, a ocho años de su estreno. Dirigida por Bruno Contenti y con música en escena de Leandro Aquistapacie, está disponible en la Sala Verdi los jueves de junio. Las entradas pueden adquirirse aquí.
Foto: Brian Ojeda
La obra ya tiene ocho años, y has contado que tu vida personal fue un motor importante de la escritura. ¿Cómo revisitás esas experiencias pasadas años después? ¿Perdió sentido para vos de alguna forma?
Me pasa algo con la obra, y es que la estoy haciendo desde un lugar obviamente más maduro y con perspectiva del 2018, que fue cuando la estrené, e incluso del momento de la escritura. Yo escribí a partir de un momento creo que más importante que la separación en sí, que fue el momento después. Me separé y empecé a estar muy conectada con investigar lo que me pasaba y muy copada con observar al mundo y a los que me rodeaban, y eso hizo que yo estuviera muy despierta. Obvio que inconscientemente fue un gran canalizador, pero empecé a coparme muy rápidamente con la aparición de este personaje, que es Clara, que le pasan cosas que cuenta en la obra que a mí ni por asomo me pasaron.
Para mí eso fue lo más revelador. Lo que encontré separada fue un mundo al rededor de Clara en el que ahí sí, coincidiendo con el personaje, fue tremenda tabla de salvación. No es que me estuviera muriendo ni nada, y siempre lo digo también. Mi separación no fue nada trágico ni dramático y quedó todo más que bien, porque del otro lado había una gran persona, y me acompañó. Fue un año de creación donde yo me sentí acompañada por ese proceso de escribir todo lo que pensaba. Fue un gran diario íntimo que escribí durante mucho tiempo y en muchos formatos; bloc de notas, Word, libretas, notas de audio del celular, ese año fue como muy caótico y a la vez prolífico, y así salió Terrorismo emocional.
El amor es uno de los temas más abordados por el arte, y vos lo trabajaste de manera muy confesional. ¿Te planteaste cómo enfocar un tema tan habitado de una manera diferente, o no pensaste en eso a la hora de escribir?
Es que yo creo que, sumado a esto que te decía de mi copadera de refugiarme en la escritura, lo que en seguida apareció también fue darme cuenta de que ni ahí estaba creando algo nuevo, pero sí estaba creando una forma de decir que me era nueva a mí. Algo novedoso para mí y ciertamente como inaugural de mi forma de escritura. Para mí fue muy potente eso, porque yo sentía que se estaban combinando muchas cosas, como la honestidad desde donde yo lo estaba encarando. No porque fuera realidad, sino porque estaba muy comprometida con lo que estaba queriendo decir a través de esas preguntas que Clara se hace después, sobre su cuerpo, sobre los vínculos, sobre el arte y el teatro. Estaba copada con elaborar esas preguntas a través de este personaje.
Foto: Brian Ojeda
Por un lado comentás que partiste casi de un diario íntimo, pero por otro lado hay cosas agregadas para la ficción que no tienen que ver contigo. ¿Cómo fue la construcción de Clara como personaje? ¿Qué cosas sentís que faltaban en la realidad que había que agregar a favor de la ficción?
Te diría que yo empecé a escribir muy rápidamente. A mí lo que me hizo escribir a Clara finalmente fue mi formación actoral. Yo hice la IAM [Instituto de Actuación de Montevideo], y ahí te formás también en improvisación. Improvisás mucho y, más allá de la técnica, el actor la usa como un entrenamiento. Yo la uso mucho como docente también en mis clases y creo que jugué a improvisar, solo que esta vez decidí escribirlo. Eso es lo que realmente siento, que escribí desde ahí sin saber que esto iba a ser un monólogo. Estaba copada con escribir y generar una sonrisa o recibir un feedback muy en la interna de mi casa, pero fue muy fluido. Para mí Clara emergió muy rápidamente como una entidad, como un personaje. La encontré muy rápido, y ella me permitió ponerle todos estos delirios: el ginecólogo, Tinder, la depiladora, la gata, nada de eso ocurrió.
Estos elementos más mundanos materializan la historia, hacen que se vuelva real. ¿Los pensaste como herramientas para que el espectador pueda sentirse más identificado?
Te soy súper honesta diciendo esto: en eso sí que yo no estaba pensando. Yo no era consciente, ni por asomo, ni tampoco busqué generar lo que Terrorismo emocional generó. 15.000 espectadores, estar haciéndola después de ocho años, recibir todo el tiempo mensajes de personas que no conozco que me cuentan que haber visto la obra los ayudó a superar relaciones o separaciones. Muchos mensajes y conversaciones que han sido tremendos mimos, pero yo nunca pensé en escribir algo universal. Yo estaba cerrando mi propia llaga y descubriendo este mundo fascinante de la escritura, y recién cuando pasó un año y tuve eso escrito me pareció que podía ser un monólogo. Al año de la escritura arrancó esto de sentarme con Bruno, el director, proponerle leerlo juntos, que me dijera que estaba de acuerdo para dirigirlo. Yo se lo leía a mi hermano, a mi cuñada, a mis amigas, y yo veía que pasaban cosas lindas y quedaba por ahí. Después finalmente pasó todo lo que pasó.
¿Por qué creés que tuvo tanto movimiento? ¿Has pensado en qué fibra tocó?
Sí, estas últimas semanas lo he pensado por preguntas que me han hecho. Todos estos años decíamos que había una historia universal ahí que obviamente toca esa fibra que decís. El primer año de un duelo siempre es muy duro, y como espectador creo que Clara te permite acompañarla durante un año. De alguna manera si estás pasando por algo parecido podés viajar, hay como una invitación a viajar con ella todo ese año. La forma en que está encarada la escritura y la dramaturgia llegó mucho por esta forma súper contemporánea que tiene, fragmentaria, errática, sin pudor y honestamente brutal, y creo que la música es fundamental. Lo que sucede con Leandro Aquistapacie es por momentos muy cinematográfico, porque la conjunción entre la actuación, el texto y la música también lleva todo a un nivel más alto en términos de la emoción, de lo que sea. Todo se potencia con la música de Leandro, no hay obra sin él. Es una música que crearon con Bruno a medias, y después en conjunto los tres fuimos muy artesanalmente eligiendo los momentos en donde aparecía el sonido, en los que no, dónde tenía que ser de esta manera o de esta otra, acá silencio. Es de relojería todo el trabajo.
Foto: Brian Ojeda
¿Cómo se formó el equipo de Bruno Contenti y Leandro Aquistapacie?
Con Bruno hicimos el primer año de la IAM juntos, después él se fue. Yo terminé la carrera y él hizo la EMAD, nos reencontramos después. Ya en el primer año de la IAM tuvimos un crush de director- actriz, nos hicimos muy amigos, fue amor a primera vista muy fraterno. Después él se fue y nos dejamos de ver por 10 años. En 2016 él me vio cantando en un toque en un cumpleaños de una amiga en común, terminó el toque y se acercó a decirme que tenía una obra que le gustaría que yo interpretara. Concretamente el personaje de Anita, que es medio la que lleva el curso de la obra. Son cuatro personajes jóvenes. Estrenamos Subterránea en 2016 y nos reencontramos en el escenario, él dirigiéndome. Fue un proceso muy gozoso, a la obra le fue muy bien y ese reencuentro hizo que yo me sintiera con la fuerza de decirle que tenía mi texto, si nos podíamos juntar a leerlo. Por suerte él aceptó, y ahí arrancó todo. Después él llamó a Leandro, porque también lo había visto en un recital.
¿Cómo fue partir de una historia tan íntima y entregarte a que te dirigiera otro? ¿Cómo se pusieron de acuerdo para cuidar esa vivencia emocional que fue motor de la obra?
Bruno es dramaturgo también, y hubo desde el primer momento un gran respeto al texto, además de que le gusta mucho. Hay algo de su parte y de mutuo acuerdo de defender este texto, respetarlo y decirlo como es. Ha sido muy poco modificado desde que lo estrenamos en 2018, realmente son pocas las cosas que se han agregado a nivel textual. Y para mí nunca fue un texto personal, capaz que no es la palabra. No es un texto biográfico para mí, nunca lo fue. Para mí siempre fue una obra de teatro, desde el momento en que le dije a Bruno que la dirigiera. Tenía obviamente un vínculo personal conmigo, pero siempre fue una obra de teatro y yo, en esta cosa de que soy actriz antes que nada, siempre me coloqué en ese lugar de laburar para que esta obra fuera solo una obra de teatro. No es una autoficción, es un personaje, se llama Clara. El personaje no es Josefina, y vamos a crear la historia de esta mujer, y todo al servicio de eso.
Supongo que por formación profesional yo me desdoblé, seguía la dramaturga presente. Pero ahora lo que estaba en primer lugar era construir la obra, y entonces todo estaba supeditado a ese nuevo objetivo que era una obra de teatro, ya sin importar mucho de donde había salido. Si era verdad o mentira. Nunca nos importó eso, y tampoco fue parte de la promoción de la obra ni del morbo. Eso ha sido hermoso y habla también de Uruguay. Más allá de que yo me esfuerzo cuando sale esta pregunta de decirlo, digo que es un homenaje a un gran amor. Él era un gran tipo pero nunca fue importante eso, porque queda muy claro que lo importante de la obra es esto. Cómo una reconstruye y sana ese dolor. En el medio de la vida aparece una obra de teatro, y el dolor se puede transformar en creación.
Esta universalidad propia de la historia la llevó a ser traducida en muchos países. ¿Hubo que adaptarlas demasiado a públicos distintos? ¿Cómo fue ese trabajo?
La semana pasada me llegó la antología de teatro uruguayo de Londres, que tiene varias obras; una de Gabriel [Calderón], otra de Marianella [Morena], otra de Leonor [Courtouisie], y está Terrorismo emocional. Es una edición preciosa que ya está a la venta, y sí, con Sophie Stevens, que es la traductora de Terrorismo emocional, hicimos un laburo en colaboración. Obviamente que la mayor parte del laburo es de ella; vio la obra en 2019, le gustó, me escribió y ahí empezamos a trabajar. Después vio la obra muchas veces más por video y hubo también mucho trabajo en conjunto. Yo viajé hace un par de años a trabajar con ella más en el texto, se hizo un montaje con una actriz de allá, y es una locura, pero sí. La obra como texto traducido tiene sus diferencias, pero lo que yo noté cuando fui a Londres hace un par de años y la vi interpretada en inglés, fue que me resultó muy hermoso ver en las caras de los espectadores que sucedía lo mismo que sucede acá. Con otra idiosincrasia, obvio, pero la emoción y la risa aparecían, te diría que casi en los mismos momentos. Hizo un gran laburo Sophie.
Se trata de un monólogo, género que no habías explorado antes. ¿Cuáles fueron las dificultades más grandes a la hora de encararlo?
Sí, estas últimas semanas he pensado también en eso, que nunca fue algo que yo tuviera ganas de explorar. No quería pasar por un monólogo. Me fue llevando esta propia creación, Terrorismo emocional nos arrasó a todos los que formamos parte. Pero a la vez ha sido el espectáculo, y lo tengo que decir, con el que yo más crecí. Ni que hablar de lo que pasó con la obra en términos de su resonancia en la gente y los años, el libro, la adaptación en España y en Londres. Pero sí, ha sido una escuela para mí de actuación, porque ahora el jueves vamos a hacer la función 124 y no la hemos hecho solo en teatro; la hemos hecho en casas abandonadas, en salones comunales, en teatros para 800 personas o para 20, para 90, para 500. Con mucha y poca luz. Ha sido una locura, un regalo absoluto para que yo pudiera seguir aprendiendo, esto de estar en el escenario sola es una situación súper abismal que te obliga a estar muy presente. Y como toda situación abismal, da mucho miedo; yo llego muy nerviosa todos los jueves como si fuera el primer mes de funciones, es bravo.
¿Volverías a hacer otro monólogo?
No sé, por momentos pienso que sí. Estoy muy copada de trabajar con compañeros en escena, disfruto mucho, hay algo de la soledad del monólogo que es bastante apabullante. Ojalá no, es una realidad que esta primera persona me es muy cómoda, pero la idea es empujar el diálogo con otros.
Por Catalina Zabala
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