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Teatro
Complejidad rebelde

Fernando Amaral en misión para atraer adolescentes al teatro: “Es educativo”

El actor y director conversó con LatidoBEAT en torno a "El primer hombre en la Luna", obra que presenta en el Teatro Alianza.

21.06.2026 15:16

Lectura: 13'

2026-06-21T15:16:00-03:00
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Por Catalina Zabala
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Para Fernando Amaral, actor, director y fundador de La Cretina, la coyuntura actual presenta obstáculos. Su amplia experiencia en la interpretación lo lleva a hablar desde su rubro, obvio, el mundo del escenario. Un ambiente histriónico en el que lo corporal y el sentido de lo momentáneo reinan desde su propia esencia. Con preocupación, Amaral explica que eso no logra hacer conectar con la adolescencia actual. Un sector del público que se encuentra constantemente seducido por agentes que compiten de manera directa con el teatro. El principal, las redes sociales. 

El primer hombre en la luna (2026) nace como una iniciativa de la Alianza Cultural Uruguay-Estados Unidos, con guion de Gonzalo Palermo. Un intento de conectar a los adolescentes uruguayos con la historia estadounidense y acercar las culturas. La dirección estuvo a cargo de Amaral, que trabajó en una propuesta inmersiva.

Butacas que vibran con el sonido, pantallas a los costados de la sala que extienden la puesta en escena, naves espaciales, tableros con luces. La propuesta acerca la historia del alunizaje a cargo de Neil Armstrong al público más joven de una manera novedosa y atractiva. En conversación con LatidoBEAT, Fernando Amaral contó cómo fue la producción de la obra, cuál fue la motivación principal y qué factores entiende que juegan en contra a la hora de promover el teatro en la juventud.

La obra tendrá su estreno este sábado 27 de junio en el Teatro Alianza y las entradas pueden adquirirse aquí

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

El primer hombre en la luna está construida a partir de una propuesta inmersiva distinta de lo usual. ¿De qué se trata?

Esta es una propuesta de la Alianza Cultural Uruguay-Estados Unidos, que contó con la financiación de la Embajada de Estados Unidos en el marco del festejo de los 250 años de la independencia estadounidense. Hace tiempo que la Alianza también estaba buscando un proyecto pensado para adolescentes y no tanto para niños. La mayoría de las propuestas, si vos mirás la cartelera teatral de vacaciones de julio, son para niños más chicos, está enfocado en eso. Las propuestas para adolescentes son una cosa que yo como actor o director también siento que siempre falta.

Hace unos años hice Romeo y Julieta de bolsillo (2023), que también fue una propuesta enfocada en eso, y que me parece que el teatro nacional en general tiene que empezar a pensar un poco más. Es cierto que uno está peleando siempre con otro tipo de propuestas tecnológicas, que son la competencia más fuerte que puede tener un adolescente. Básicamente su celular ya tiene todo un montón de cosas que tal vez sean más interesantes que ir al teatro. Es una edad donde uno está muy enfocado, está dejando determinadas cosas y tiene que estar adquiriendo otras. Es una edad de conflicto en la que te preguntás qué te gusta, qué tenés ganas de hacer, y el teatro ahí compite mucho con las pantallas; el celular, las plataformas a demanda.

¿De qué manera concreta lograron cubrir esa necesidad en el diseño de esta obra?

Este proyecto fue pensado desde ese punto de vista de atraer a ese público. Está pensado para toda la familia, pero queríamos enfocarnos mucho ahí. Por eso se nos ocurrió que hay un tema de tecnología que tenía que pesar en esto. Que cuando vinieran a ver el espectáculo vieran que estaba lleno de pantallas, no solamente la del fondo. También vamos a tener pantallas a los costados, la idea es generar que el escenario se transforme en la casa de Neil Armstrong al principio; también hay un momento en el que vuela con el padre por primera vez, entonces se ve el cielo con los pájaros y él está volando. Se va a poder ver todo lo que tiene que ver con el viaje en sí mismo al espacio. Hay una nave espacial que entra en escena que tiene todos los tableros con luces cuando ellos están trabajando.

A su vez, todo el escenario se transforma en el espacio exterior, y esa es la idea: que no sea solamente teatro, sino que podamos meter otras cosas. El público además va a sentir la vibración incluso que viene del sonido, que va a hacer vibrar hasta las butacas. Es algo que venimos trabajando mucho, y es la primera vez que me toca hacer algo así. Fue difícil, es complejo porque uno hace teatro y no está acostumbrado a otras cosas, y de golpe tenés que hacer dialogar al actor con una pantalla. Para el actor también es raro esto de estar dialogando con una pantalla, pero a la vez lo hace interesante y es un desafío.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

La obra fue escrita por Gonzalo Palermo, aunque la iniciativa fue de la embajada. ¿Cómo nace esta conexión? ¿Cómo llegan a él?

La embajada quería tener un proyecto dedicado a los adolescentes, y ahí lo que Gonzalo buscó fue el tema. Se puso a pensar de qué queríamos hablar que fuera interesante para esta edad, y ahí se le ocurrió que lo del primer viaje a la luna, con la historia de Neil Armstrong detrás y lo que significó para los Estados Unidos esta iniciativa. Por eso se empezó a trabajar con eso, Gonzalo primero escribió el texto. Cuando me lo dio estuvo bueno porque me dijo que era mío también, del elenco. La verdad es que trabajamos divirtiéndonos mucho, y siento que el texto creció también a raíz de este trabajo que hicimos con los actores. Gonzalo fue muy generoso en ese sentido, y nos permitió jugar con él. Tenemos momentos re divertidos que la verdad a mí me hacen reír mucho hasta el día de hoy. Estamos por estrenar y yo me río como el primer día que lo hicimos.

Comentaste cierta dificultad de llevar al público adolescente al teatro. Vos llevás muchos años en la dramaturgia, ¿dirías que el diseño de este formato inmersivo tuvo que ver con un intento de mantenerlos atentos durante toda la obra?

Sí, porque todos fuimos adolescentes y estuvimos en una etapa de rebeldía y de descubrimiento de un montón de cosas que nos hacían dudar. Está también esta presión de qué vas a ser cuando seas grande, que cuando sos chico ya te la empiezan a inculcar, pero cuando sos adolescente esta mucho más presente. ¿Qué vas a hacer de tu vida? Y eso para mí genera en el adolescente también esta cosa de que tiene que tomar una decisión, pero no dejó de ser niño todavía. Yo siempre digo que eso genera también un poco de rebeldía, y ahí empiezan los conflictos con los padres. Es una edad compleja en sí misma, más allá de lo que te esté pasando en la realidad económica o no de tu casa, en sí misma la adolescencia es una edad muy compleja.

Hay algunos a los que por suerte les encanta el teatro, pero después hay otros a los que no y que se rebelan un poco contra eso. Pero también es por desconocimiento y porque no tienen la costumbre. Por eso yo soy de los que creen que tanto en las escuelas como en los liceos se tiene que trabajar mucho más lo que se llama la extensión cultural. Traer a los niños y adolescentes al teatro, porque también el teatro tendría que ser parte de la educación. Por suerte se está dando que hay profesores de teatro o de expresión corporal, de cosas así que se están implementando en las escuelas y en los liceos. Más allá de que después el chiquilín quiera o no hacer teatro, siempre digo que eso es secundario.

Es necesario para crecer con la mente abierta, y no va a generar violencia y un montón de cosas que nosotros estamos viendo al día de hoy y que nos preguntamos por qué pasan: vienen de la educación. El teatro es educativo y tenemos que traer a la gente. Es difícil a veces en esta edad de la adolescencia encontrar el producto que los haga venir al teatro, competimos con el cine. Ahí hay muchas mayores propuestas, es más amplio en ese sentido. En el teatro es más complejo, y a veces entiendo que los actores, directores o productores se pueden desmoronar un poco. Apostás y la gente no viene. No es un público fácil de traer, pero me parece que hay que seguir peleando y buscando propuestas para lograrlo.

Hay bastante prejuicio hacia el teatro en esas edades, por el contrario otras ramas del arte están mucho más al alcance de la mano. Una película te la pasan en la tele, para escuchar música abrís YouTube y la tenés. Para el teatro, en cambio,  tenés que trasladar a una persona a otro lugar necesariamente.

Todo está a la mano ahora, y el teatro no. Es cierto. La tecnología ayudó al teatro capaz en la propuesta, pero no tuvo nada que ver con el proceso de cómo llegás a una obra de teatro. Necesitás un tiempo, hay un montón de cosas que se tratan de el ser humano trabajando el cuerpo del actor, el director pensando, todo eso es muy humano y no está. Tenemos que buscar que esté más a la mano. ¿En dónde? En el liceo. Es la idea; la escuela, que los traigan. Pero ahí también hay un tema de plata, de costos.

Yo digo que todos tendrían que venir al teatro pero tienen que pagar la entrada, porque gratis los actores no trabajan. Vivimos de esto y también tenemos que cobrar nuestro sueldo. Los tienen que traer, o sea que tiene que haber un ómnibus, hay un montón de logística en el medio que hace que también sea difícil para la escuela o el liceo traerlos. Y para eso también se necesitan fondos, necesitamos que las escuelas dispongan del dinero para poder hacerlo, y al día de hoy eso es secundario. No está en la tapa del libro que las escuelas tengan un presupuesto para ir al teatro. Debería ser así, pero al día de hoy es con base a mucho esfuerzo y podrán ir a ver una obra capaz en un año.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

¿Tuvieron en cuenta estas dificultades para llegar al público adolescente desde la propia difusión de la obra? ¿Cómo se llega a un público que difícilmente consuma notas de prensa, por ejemplo? 

Y bueno, ahí sí es cierto. Nos va a servir todo lo que se pueda pensar. Ahora tenemos todas las herramientas de Instagram, Facebook ya es obsoleto, son esas cosas. Yo soy de la generación de Facebook, tengo mi cuenta todavía y soy menos de Instagram por un tema generacional. Pero al día de hoy tendríamos que estar en TikTok, creo que es más moderno que Instagram incluso. Ahora en general las obras de teatro tienen una persona que se encarga de las redes sociales. Una cosa es la prensa y ahora otra cosa más que tenemos que poner en una producción teatral es quién maneja las redes, porque son necesarias para llegar a todo el mundo.

Para esta obra sin lugar a dudas vamos a tener que abrir un Instagram o TikTok. Yo no tengo TikTok, no es algo que consuma, no lo conozco para nada. Pero sé que existe y sé que es más fuerte a nivel de adolescentes. Yo he trabajado con gente muy joven en obras de teatro, actores nuevos con los que me ha tocado compartir, y todo el tiempo están haciendo tiktoks. Me hacían hacer coreografías, por ejemplo, y es divertido porque es el lenguaje que se maneja ahora. Los más veteranos tenemos que adaptarnos también a eso.

Tenés mucha experiencia también en cine, desde producciones como Norberto apenas tarde (2010) hasta El mejor infarto de mi vida (2025). ¿Cómo dialoga ese bagaje con tu trabajo en el teatro? ¿Qué herramientas se retroalimentaron desde ambos mundos y cómo las empleaste en este caso?

Yo creo que mi experiencia en el cine lo que más me dio para aplicar en el teatro fue algo que se llama "levantar imágenes". Se da como actor también, pero cuando sos director, cuando te atrevés a dirigir una obra de teatro, vos tenés que levantar imágenes. Es algo que siento que la modernidad trajo, no es solamente la obra de teatro y su texto, sino que ese texto y esa obra con ese actor a su vez puede levantar otra cosa, una imagen diferente a lo que quizás el autor imaginó en su momento. Y eso es algo que sí siento que me dio el cine y que aplico mucho cuando dirijo. El pensar en la imagen que quiero mostrar aparte del texto. Eso estoy seguro que fue lo que más me dio, porque después son lenguajes diferentes.

El lenguaje del teatro es abismalmente diferente al del cine, y he tenido la suerte de trabajar mucho en cine. Lo que me dio a mí fueron herramientas como actor para poder diferenciar una cosa de la otra, que a veces es difícil para los actores. A veces el actor se pelea con eso, entonces cuando lo metés a hacer cine no funciona tan bien porque tiene el chip del actor de teatro y tiene que arrancárselo. Es difícil, tenés que trabajar cosas que ahora por suerte en las escuelas de teatro se trabajan mucho.

Si vos vas a una escuela de teatro tenés clases de actuación frente a cámara, porque es totalmente diferente. En mi época no existía, yo tuve la suerte de que la primera película que me tocó hacer fue un protagónico, Norberto apenas tarde con Daniel Hendler. Me tiraron frente a la cámara y yo no sabía nada, pero tuve al lado mío a César Troncoso actuando, a Daniel Hendler, que también es actor, dirigiéndome, y pude entender todo. Fue como una clase rápida de cine, pero en realidad es difícil pasar de un lenguaje al otro, no es nada fácil.

¿Ese chip entonces es real? No es un simple prejuicio del cine hacia el teatro.

No, es real y el actor tiene que ser consciente de que hay un abismo entre una cosa y la otra. Un abismo absoluto. Por muchas razones, porque hay mucha gente que dice que los del teatro agrandan los gestos o proyectan mucho la voz cuando están haciendo cine. Pero es mucho más que eso, es mucho. La diferencia es mucha, vos cuando actuás para el público tenés que pensar que no estás actuando para una persona, estás actuando para 195. Y hay uno que está sentado en primera fila pero hay otro que está sentado en la última. En el cine estás actuando para una cámara, entonces es diametralmente opuesto.

Por Catalina Zabala
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