La canción como territorio de búsqueda, el paisaje como refugio y la inspiración como un misterio difícil de explicar. En Otra visión del monte (2026), su nuevo disco, Diego Presa vuelve a poner el foco en la canción desde una sonoridad austera y "radicalmente acústica", como él la describe, atravesada por guitarras, cuerdas, acordeón y otros instrumentos que dialogan con un imaginario rural y natural. El resultado es un trabajo que, aunque nace lejos del ruido de la ciudad, mantiene un vínculo permanente con Montevideo.
El disco también funciona como una nueva etapa dentro de una trayectoria marcada por el cruce entre disciplinas. Si Buceo Invisible —proyecto del que forma parte desde sus orígenes— se construyó en diálogo permanente con la poesía y otras expresiones artísticas, su camino solista encuentra en la canción el centro de gravedad. Aún así, allí conviven sus múltiples intereses: el cine, la literatura, las artes plásticas y, sobre todo, una curiosidad que el músico entiende como motor de su actividad creativa.
Pero si hay algo que atraviesa Otra visión del monte es la incertidumbre de ese proceso creativo. Las canciones llegan de lugares distintos: una melodía soñada, un texto escrito años atrás, una secuencia de acordes o simplemente una intuición. El propio músico habla de seguir un “llamado interior” y de perseguir un punto de belleza que no siempre puede explicar. Ese universo cobrará una forma nueva el 8 de octubre en el Sodre, donde presentará el álbum acompañado por una pequeña orquesta acústica. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí.
Te referís muchas veces a esto de que la música y la creatividad vienen de algún lugar externo a vos. Es algo que me repiten mucho los artistas; algunos lo ven como algo del inconsciente, otros lo relacionan con un dios. ¿Cómo te has llevado con esa cuestión de la inspiración? ¿Tenés alguna explicación para eso?
No, explicación seguro que no. Y por suerte. Es muy fascinante lo que sucede ahí, es el momento de la cuestión creativa. Creo que una de las fuerzas que tienen estas actividades y que nos han acompañado a los seres humanos desde siempre, porque ahí radica un poco el misterio. Hay una potencia de misterio ahí, de algo que es hipercotidiano, de todos los días, que tiene que ver con cómo uno percibe el mundo, el alrededor. Pero a la vez es algo que no podés explicar. ¿Por qué lo hacés? Y, como decís vos, ¿de dónde viene? ¿De qué vínculo viene? Ahí hay algo, sí. Lo que me resulta fascinante de este oficio es esa dificultad para definirlo.
Noté ciertos cambios de ritmo en el disco que son naturales de todos los discos. Particularmente yo sentí que sube un poco en "Sueño en Do#". ¿Qué historia cuenta esa canción? ¿Por qué la elegiste para subir el ritmo de nuevo?
Estás muy acertada en que "Sueño en Do#" es una canción que se arregló de manera diferente al resto. El resto tiene una cosa más orgánica, una estructura mucho más relacionada a cómo nació la canción. Y "Sueño en Do#" tiene algo de collage en lo arreglístico. En realidad es un "Sueño en Do#" sostenido, porque es importante eso: yo soñé con la melodía. Una mañana me desperté y tenía esa melodía, incluso era una melodía que en el sueño era una canción del Indio Solari que estaba siendo interpretada por una voz femenina, alguien así como Liliana Herrero. Una voz más bien grave, como Patti Smith. Incluso recuerdo el arreglo de la melodía, no me acuerdo de la letra. Entonces me desperté con esa melodía en la cabeza. Me desperté, la empecé a cantar y cuando la llevé a la guitarra, porque no tengo oído absoluto, estaba en Do sostenido. Y es una tonalidad un poco difícil, es un poco molesta. Sobre todo para la viola, para los violines también, es un poco molesto tocarlo en Do sostenido. Pero yo quería ser fiel a la melodía que había soñado. Entonces sí, ahí hay un vínculo directo con el inconsciente, casi como que pasó la frontera sin peaje.
¿Soñás mucho con música?
Sueño mucho, y a veces sueño con música, sí.
¿Considerás que componés lo que te gustaría escuchar o lo que llevás adentro?
Está bueno porque uno reflexiona sobre lo que hace a partir de diálogos como este, cuando te preguntan. Te acercas, intentás acercarte a un ideal que está en tu cabeza o en donde sea, no sé cómo se llama eso. También puede ser una cuestión inconsciente a un ideal, como a un punto de belleza. Vos querés llegar a ese punto de belleza. Por supuesto que ahí, en esa búsqueda o en ese intento de llegar ahí, están tus influencias, están las cosas que aprendiste, está también la forma en la cual deseas escucharte. Hay un universo de referencias ahí, pero hay un punto en el cual ya te abandonan esas referencias y estás vos solo, y querés reflejarte en ese espejo. Yo a veces siento que estoy siguiendo un llamado interior. Esto parece muy loco, muy fuera de la vida de todos los días, pero es algo supercotidiano. Salvo algunos casos, en general somos un poco torpes para tratar de describir lo que hacemos.
Lo presentás el 8 de octubre en el Sodre. ¿Cómo lo estás preparando?
Se formó una pequeña orquesta acústica preciosa. Va a ser la presentación en la cual vamos a tratar de acercarnos más al sonido del disco, más fielmente. Entonces van a venir Nahuel Roth y Juan Ravioli de Argentina, que son los guitarristas. Juan es el productor del disco y también va a tocar acordeón y buzuki, que es un instrumento de cuerdas griego. Aparte va a estar Checo Anselmi en contrabajo, María Viola va a tocar la guitarra de cuerdas de acero, la guitarra folk, y después una sección de cuerdas, que va a tocar Jorge Rodríguez Rearden el violín, Bernardo Rodríguez el otro violín, y Juan Laborde la viola. Esa es la pequeña orquesta. Y para el sonido lo que vamos a buscar es que sea justamente una orquesta acústica mínimamente amplificada para la sala, es una sala preciosa para poder hacer eso. Todos vamos a estar desenchufados. Vamos a tratar de representar, de ser fieles al sonido, a lo que pasa, al color que tiene la textura y que tiene el disco.