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La omisión de la familia Coleman

Diego Faturos: “La obra te da la posibilidad de crear mundos muy anchos en los personajes”

A 26 años de su estreno, la obra llega a Uruguay interpretada por un elenco nacional en el Teatro Movie, todos los viernes de setiembre.

21.08.2026 13:57

Lectura: 8'

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Por Catalina Zabala
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Durante 15 años, Diego Faturos se puso en la piel de la familia Coleman en la obra que les dio vida: La omisión de la familia Coleman (2005). Con autoría de Claudio Tolcachir, desde su estreno en 2005 se convirtió en uno de los fenómenos más perdurables del teatro argentino, recorriendo escenarios de Europa, Centroamérica y Asia. Continúa en cartel en Buenos Aires con buena parte de su elenco original. Ahora, el actor se enfrenta a un desafío diferente: dirigir por primera vez una nueva versión de la obra, esta vez con un elenco uruguayo.

El regreso a La omisión de la familia Coleman supone un reencuentro con una historia que conoce desde dentro, pero desde una perspectiva inevitablemente distinta. A los 42 años, después de más de dos décadas del estreno y con otro recorrido vital y profesional, encontró en la dirección una oportunidad de redescubrir la obra. 

Con humor negro, violencia, silencios y vínculos familiares atravesados por el caos, La omisión de la familia Coleman construye una casa en la que lo que se dice puede ser tan importante como aquello que permanece oculto. Diego Faturos habló con Montevideo Portal sobre ese proceso de redescubrimiento, la vigencia de la obra y el vínculo artístico entre Argentina y Uruguay.

La obra se estrena este 21 de agosto en el Teatro Movie, y tendrá funciones todos los viernes de setiembre. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí

La omisión de la familia Coleman es una obra que ya se ha hecho varias veces, de hecho vos estabas en el elenco original. Ahora, que la vas a dirigir, ¿cómo rescatás lo novedoso en una historia luego de haberse contado tantas veces?

Sí, yo hice la obra durante 15 años. Estrenó en el año 2005 en el barrio de Boedo, el barrio de tango de Buenos Aires. Y sorpresivamente se fue expandiendo, fue creciendo. Recorrimos muchos lugares del mundo, de Europa, de Centroamérica, hasta Asia, a China fuimos con la obra a lo largo de todos esos años. Hoy se sigue haciendo en Buenos Aires con gran parte de su elenco original, después de 22 años de su estreno. Estar en este rol de director fue un desafío y un redescubrimiento la obra. Fue genial porque yo la empecé a hacer a los 21- 22 años, y ahora tengo 42. El camino recorrido, la experiencia de vida, todo lo que va pasando cuando uno va creciendo, todo eso aporta. No solo estuve centrado en lo que era mi personaje, sino que pude tener una visión más integral de toda esa familia Coleman. Fue un excelente proceso, además con un grupo de actores y actrices uruguayos y uruguayas talentosas, trabajadoras, apasionadas. Está siendo una experiencia muy linda.

Es una obra que tiene que ver con lo psicológico y lo vincular, con lo que pasa puertas para adentro en una familia. Si tuvieras que resumirle a alguien que nunca se acercó a la historia de qué se trata o a qué elementos prestarle mayor atención, ¿qué le contarías?

Es una obra que trata los diferentes roles que tienen en la familia, los diferentes personajes, y hay algo de poder ir sobreviviendo dentro de esa casa. También muestra un espejo de la sociedad de ese entonces, y de ahora también. La obra tiene mucho humor negro, y me parece que la gente que la vea va a poder reconocerse en esos personajes. Hay una abuela, una madre, hay hijos, hay cosas que no se dicen, cosas tremendas. Pero se sobrellevan con humor, y eso es mucho mejor para el espectador. Creo que el espectador va a pasar de la risa a la lágrima, de un lugar a otro, y atravesar así todo el espectáculo.

La historia pasa por el caos, por la violencia, por el humor, todo esto que vos mencionás, y al desarrollarse en el escenario más cotidiano, una casa, los diálogos son los protagonistas de la propuesta. ¿Qué particularidad viste en la obra original que quisiste rescatar a la hora de adaptar también?

Fue como una misión que yo me propuse de conservar la esencia de la obra y a la vez nutrirme de estos actores y actrices, porque son personajes muy complejos y muy ricos, con muchas capas. Muy humanos y muy complejos, como somos todos nosotros. Y eso hace que cada uno, como actor o actriz que la va a interpretar, le aporte lo suyo también. Y uno como director tiene la tarea de poder balancear lo que uno quiere, lo que uno sabe de la obra y lo que se va proponiendo también. Cuando interpreta una persona nueva algo se renueva también, y creo que esa mixtura está buenísima.

Es una de las primeras veces que no la dirige directamente Claudio, el autor. Como vos integraste tanto tiempo el elenco original y trabajaste con él, que también estuvo en la elección del elenco, por ejemplo. ¿Qué han hablado? ¿Qué direcciones te ha dado? ¿Dónde estuvo su énfasis?

Su énfasis estuvo en darme la confianza, sobre todo. El vino a ver un ensayo hace más de un mes. Se centró en compartir, sí, yo vine a tomar audiciones el año pasado y pudimos elegir juntos. Tuvo la confianza de saber que estaba en buenas manos, espero.

Hay mucho diálogo en lo artístico entre Argentina y Uruguay de manera constante, sobre todo en el cine y la música, donde Argentina goza de mayores recursos que nosotros. A la hora de trabajar acá, ¿qué te permite el teatro uruguayo?

Lo que conozco del teatro uruguayo es lo que pude ver allá, cuando a veces vienen obras, o de obras que yo he hecho de autoras como Marianella Morena, por ejemplo. Y a la vez, con este grupo de actores y actrices me encontré con gente muy amorosa que me dio una gran bienvenida. Ya siento que tengo otra familia Coleman, ahora uruguaya. Y no, no costó para nada entendernos en la forma de trabajo. Todos son actores y actrices muy formados, con mucha experiencia, muy inteligentes, muy divertidos. En ese sentido yo veo mucha cercanía.

La obra ya tiene 25 años y vos estuviste en gran parte de ese proceso. ¿Sentís que sufrió transformaciones en este tiempo, ya sea en la interpretación o en las lecturas que se hacen del texto?

Yo la hice durante 15 años. Y de los ocho que son en el elenco, creo que cinco están desde el día uno. Yo creo que el recorrido de la obra siempre fue tan alucinante que le dio un valor agregado el hacerla tanto tiempo, porque de repente te vas dos meses de gira y volvés. Después en Buenos Aires pasamos al circuito comercial, la calle Corrientes, que era por 10 semanas y nos quedamos cinco años. Entonces todo eso alimenta las ganas de seguir, y demás. Por otro lado están los personajes, porque son muy ricos y no te aburrís de hacerlos, porque siempre encontrás algo nuevo, algo que no habías pensado o que descubrís distinto por cómo te lo dice el compañero. La obra te da la posibilidad de crear mundos muy anchos en los personajes. Mis compañeros de allá, de Buenos Aires, siguen cuidando la letra, el texto, de no decir ni una palabra más ni una palabra menos, porque sabemos que también ahí está el poder de la obra.

¿Qué crees que tiene la obra que cautiva tanto, incluso a personas tan distintas de lugares tan distintos?

Yo creo que si uno lo supiera haría siempre este tipo de obras. No sé, porque hay un montón de obras sobre familias... Para mí hay una combinación del humor que tiene con el entramado vincular, que evidentemente a la distancia puedo decir que algo genera. Me acuerdo que en un debate en Irlanda, en un festival en Dublín, medio en chiste medio en serio, nos preguntaban si nos habíamos inspirado en una familia irlandesa para hacer la obra. Creo que la gente la ve y se puede sentir reflejada. Pero nunca existió una fórmula para que las cosas funcionen. De hecho la obra nació de improvisaciones dirigidas por Claudio, él después escribió la obra el texto, pero nos pasábamos cuatro horas improvisando sin parar dentro de la misma casa de Claudio y él nos iba siguiendo. Eso fue gestando las cabezas, como los comportamientos de estos personajes.

El título se detiene en cierta omisión cometida por esta familia. ¿Cuál es esa omisión? ¿Tiene que ver con esas cosas que no se dicen?

Es que no hay una sola. Hay muchas omisiones, y tienen que venir a verla para saber cuál es. Porque de verdad creo que cada espectador puede sacar sus propias conclusiones de qué se está omitiendo, la única verdad es que sí hay una omisión.

A nivel de proyectos futuros, ¿hay algo que te interesaría hacer?

Me gustaría volver y seguir trabajando acá en Montevideo, que la pasé muy bien. Yo dirijo y coordino Timbre 4, que es una escuela de talleres. Tengo ahí mis propias obras que dirijo y escribo, y además estoy con proyectos para hacer allá en Buenos Aires, sobre todo.

Por Catalina Zabala
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