Por Ivonne Calderón | @malenamoon13

Camila López, periodista y poeta, publicó en marzo de 2026 Hambrienta, por Editorial Yaugurú. Se trata de su primer poemario de autoría individual, luego de haber participado en tres antologías poéticas. Una autora que dialoga con un espacio de resistencia de larga tradición. Su obra, abiertamente feminista, recoge voces como las de Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Gioconda Belli, Rosario Castellanos, Cristina Peri Rossi y Camila Sosa Villada, por mencionar algunas.

Escrito en tres partes, "Niñez", "Juventud" y "Adultez", este poemario es un viaje lírico por diversas atmósferas emotivas que se asoman a la inocencia infantil interrumpida, la carencia, los mandatos de belleza, la maternidad, hasta llegar al abandono y la tristeza que puede traer la vejez. La joven autora apostó por el desdoblamiento posible en el terreno literario e imaginó etapas de la experiencia femenina aún inhabitadas por ella. Se valió de testimonios de otras mujeres para construir, desde el diálogo, una obra poética capaz de implicar. Sus versos interpelan, proponen una conexión afectiva con cada imagen elaborada.

En Hambrienta, la palabra trastoca. Era ese su objetivo: animarse a decir lo evidente, pero no dicho por incómodo. Sus 72 páginas son un manifiesto contra el dolor, la violencia, el silencio, la desigualdad, el miedo y el patriarcado.

Foto: Ivonne Calderón

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En La Diaria Radio te escuché decir que buscabas escribir un libro político. La tuya es una poesía de resistencia. Hambrienta alza la voz y llama la atención sobre la complejidad de ser mujeres en una sociedad patriarcal. ¿Tiene la poesía una función política?

Sí, definitivamente, aunque soy muy consciente de que la poesía no cambia el mundo. Por escribir Hambrienta no voy a cambiar el patriarcado de ninguna forma, pero, con que un poema cambie la perspectiva de una mujer o haga más consciente a un hombre, ya tiene todo su propósito ganado.

Y de ser así, ¿cómo cuidarla de convertirse en panfleto y que conserve su valor estético?

Es una línea un poco fina: poesía panfletaria feminista y poesía política. Siento que ambas son necesarias de igual forma. Yo no estoy hinchando por un bando u otro, porque esto no es el estadio. El patriarcado nos afecta a todos. El machismo nos afecta a todos. Hay un poco de todo en mi poesía y eso está bien, me parece.

¿Debería haber una distancia emocional a la hora de escribir poesía, de arrojarte a un verso? De eso se habla mucho en narrativa, al menos.

Completamente. Yo no me animé a escribir Hambrienta con el enojo a flor de piel, porque sé que puede salir un texto panfletario, y pierde cierto valor para mí. Y si lo llego a escribir sé que me llevará mucho más tiempo corregirlo. Te afecta corregir un poema que escribiste con tanto ímpetu político. Por eso, prefiero tomar cierta distancia, anotar las ideas que sé que van a ir luego.

Foto: Ivonne Calderón

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Sin duda llevas la rabia a tus versos. En tu obra es una fuerza estética muy presente. Dignificas la rabia. ¿Qué buscabas al incorporar esta emoción como categoría en Hambrienta?

Que la gente se incomodara. Si ese no es el propósito de Hambrienta, es uno de los principales. Yo escribí pensando, sabiendo y saboreando que este libro se trataba de un reflejo de la sociedad. Si Hambrienta incomoda es porque la sociedad incomoda, porque hay algo que está genuinamente incomodando a las mujeres y perjudicando a ciertos hombres. Porque no solo las mujeres sufrimos el machismo, el patriarcado. Ninguno de los versos que escribí es mentira, a pesar de que mi poesía no es completamente autorreferencial. Me refiero a que los versos que están ahí, puede que no me hayan pasado a mí, pero le pasaron a alguna mujer, a alguna niña.

Eres una poeta joven, tienes 22 años. ¿Cómo llegaste a la poesía?

Llegué a la poesía siendo chica. He leído un par de ensayos que dicen que, en realidad, el niño nace poeta y después se le pasa cuando crece. Apenas aprendí a escribir empecé a hacer cuentos. Escribía muchísimos cuentos. Escribí uno de un aljibe: un hombre solitario que en su casa se mandaba a construir un aljibe, y ahí abajo tocaba un ladrillo para entrar a un campo de dragones, hadas y ninfas que él cuidaba. Desde ahí tengo la vocación política, porque otros en la historia querían romper el aljibe y él se llevaba a todos los animales al bosque, se hacía guardabosques. Mis cuentos eran así. Después, me acerqué a la poesía. Mi primer taller de poesía fue a los 15 años con Mariela Peña en Escaramuza. Un taller de verano que me regaló mi tía, porque ya me gustaba escribir poemas. Aunque me los quedaba para mí. Fui con Mariela y no solté nunca más. Yo tuve una adolescencia muy complicada, fui y he sido muy permeable a emociones ajenas. Me hice vegetariana a los 12 años. Me di cuenta de que me estaba comiendo un animal, entonces no podía dejar de hacer esa asociación. Imaginate, si me pasó eso con la carne, lo que me pasó cuando empecé a ver las noticias del mundo. El tema acoso callejero, abuso sexual infantil...

¿Y cuándo empezaste a incursionar en la poesía más feminista, militante?

Diría que fue elaborándose con el tiempo. Al comienzo era una poesía más catártica, depresiva, por decirlo. Cuando empecé en 2022 Letras en Humanidades conocí a Florencia Parentelli, otra poeta joven. Al año siguiente empecé la UTU de Comunicaciones y ahí me enteré por ella de que se hacía un slam de poesía en Guarida. Cuando entré por esa puerta y vi de nuevo a Mariela Peña, dije: "Acá me quedo". Y ahí me quedé.

Foto: Ivonne Calderón

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Hambrienta está escrita en tres secciones: "Niñez", "Juventud" y "Adultez". ¿Cómo apareció esa idea de la estructura en tres partes?

Hambrienta tiene varios nacimientos. Es una semilla que viene gestándose hace varios años. El año pasado floreció y la escribí; pero en realidad pasó porque desde hace tiempo participo en varios colectivos: Mi Familia Poética, La Generación del 23, la Reposera y Agua Mansa, todos colectivos con los que publicamos antologías poéticas. Pero después de cierto tiempo pensé que tenía algo más para decir. Para escribir un poemario no solo tenés que escribir con vocación, sino que tenés que tener algo para decir, porque si no, no va a funcionar.

De hecho, hace unos días Cecilia Ríos hablaba de eso. Ganadora del Bartolomé Hidalgo 2026 en narrativa, dijo que no alcanza con que la gente escriba lo mejor posible. Es importante tener algo para decir. ¿Tú qué tienes para decir?

Yo tengo un grito. No es un susurro, no es un alarido de miedo. Es un grito. ¿Viste cuando vas caminando por la calle y escuchás un grito y te quedás pensando en eso porque te erizó la piel? Bueno, ese es el grito.

¿Y qué hay detrás de ese grito?

Hay más de rabia. Rabia y consciencia.

¿Consciencia de clase, por ejemplo?

 A veces la gente dice que no le afecta esto o lo otro. Y ese es el comentario más privilegiado que podés hacer, lo digo acá y subrayalo. Porque todo es político. Si sos una mujer, que puedas decirlo es político. Que puedas usar tu voz acá es político. Que puedas caminar por la calle e ir con tu novia de la mano es político, porque antes no podías hacerlo. Votar es político. Que puedas estudiar y elegir tener o no hijos. Decidir con quién casarte, o no casarte con nueve o 13 años.

Hay en estos poemas una manera literaria de invertir los roles y hacer que el hombre, en ese terreno poético, viva algunas experiencias. Es la búsqueda de algunos de los poemas de Hambrienta.

Totalmente, lo hice sabiendo. Todo Hambrienta quiero que sea incómodo para alguien, aunque reconfortante para la persona que sufrió esos abusos.

Foto: Ivonne Calderón

Foto: Ivonne Calderón

En este poemario el cuerpo es un gran tema. El cuerpo como primer espacio de disputa. El cuerpo como territorio político, de poder. Dices en tus versos, en la sección "Niñez": "Odio las colitas altas, / las trenzas, el ritual de dolor al que soy sometida / para verme tierna, femenina / para no verme como un varoncito". ¿Cuál es la relación entre el cuerpo femenino y el territorio geográfico?

Hay varios poemas que tratan del cuerpo, pero hay uno en la sección "Juventud" que habla sobre la depilación. Hay cosas que cuando vos las ves desde el punto de vista macro, son extremadamente raras. ¿Qué quiero decir? Que las mujeres se depilan. Vos no le exigís lo mismo a un hombre. Con esto no quiero decir que no me depilo, porque todas nos depilamos si queremos; pero el hecho de que para la sociedad sea correcto estar sin vellos, cuando el único momento en la vida de una mujer en el que estás completamente así es cuando sos una niña, es raro. No vamos a decir que no es raro. Uno de mis poemas, en la página 41, dice: "A los hombres parece gustarles / el cuerpo de las niñas / sin la culpa ni la sentencia / de la pedofilia". Porque es absolutamente verdad. O sea, a lo que me refiero es, ¿por qué estamos tan enfocados en infantilizar a mujeres adultas? No tiene sentido alguno.

Sin duda, y los feminismos han apostado por una mirada decolonial sobre el cuerpo, así como defienden el territorio, pues es intervenido continuamente, como el cuerpo femenino.

Acá me pongo más política. Considero y creo que es una realidad basada en teoría, en hechos históricos, que el colonialismo, el imperialismo y el patriarcado van de la mano. No hay otra forma de decirlo. Porque son los hombres blancos, heterosexuales y heteronormativos quienes tienen el poder. Son los hombres blancos los que inician las guerras, los que quieren más tierras. La Amazonía, no tenés que irte tan lejos. No hay una relación tan obvia si lo mirás de reojo, pero si lo ves en serio, ese tipo de hombre toma esas decisiones. No quiero generalizar, por supuesto. Hay mujeres que siguen ese juego. Tenés en Perú a Keiko Fujimori. Es el patriarcado en sí.

Alfonsina Storni escribió el poema Tú me quieres blanca en 1918. Aparece en El dulce daño. Dice: "Tú me quieres alba / me quieres de espumas / me quieres de nácar. / Que sea azucena / sobre todas, casta". ¿Cómo se consigue avanzar en esa descolonización del cuerpo femenino?

Alzando la voz, pero no es algo que puedan hacer todas las mujeres. Digo esto asumiendo mis privilegios geográficos. Vinimos al mundo con un azar. Creo en ese azar, el privilegio de la suerte geográfica. Yo nací acá en esta época y no en dictadura. Nací acá y no en México como una madre buscadora. Nací acá y no en el Congo, donde probablemente ahora todas las mujeres están sufriendo tremenda violencia sexual. Nací acá y no en Palestina. Son muchas cosas. Pero, para descolonizar el cuerpo, siento que lo vamos consiguiendo al generar redes. Es la mejor forma. Generando espacios donde puedas estar y compartir con otras mujeres. Donde puedas resistir con otras mujeres. Lo dije en la primera presentación de Hambrienta cuando Rocío Medina me preguntó algo parecido. Dije que en realidad siento que una de las cosas más fuertes de ser mujer es el vínculo que puedes tener con otras mujeres. En el dolor, en la alegría, en la miseria. Si eso no es lo que te salva, es una de las cosas. Por eso es tan importante construir esos vínculos.

El libro está dividido en tres secciones, como dijimos. Sin embargo, el yo lírico de la sección "Niñez" se puede rastrear a lo largo del poemario. ¿Cuál es la gran herida de la infancia femenina que permanece en el tiempo? 

No sé si en realidad dejamos algún día de ser niñas. Simplemente crecemos alrededor. Nuestro cuerpo crece como si fuera el tronco de un árbol que se está pudriendo adentro, pero la maleza crece alrededor: ese es nuestro cuerpo. Nosotras seguimos siendo niñas, sobre todo si tenemos una herida que no podemos sanar. Son muchas heridas: cuando te das cuenta de grande, y estás completamente segura de que sufriste abuso sexual infantil, por ejemplo. La cantidad de violencia sexual intrafamiliar en Uruguay es muy grande. La cantidad de niñas embarazadas, penosamente grande. Muchos de los poemas que escribí se basan en el porcentaje de mujeres menores de 18 años que sufrieron acoso callejero. Es un horror.

Destaca en tu poemario el concepto de lo heredado. Hay un dolor que se hereda. ¿Crees que las mujeres llevamos una herida heredada? Dices en uno de tus poemas: "El miedo es una sensación / que las mujeres experimentan de forma diferente / crece con nosotras en el útero, / se esparce por nuestra sangre y nos lo sigue brindando la leche materna". El dolor transgeneracional.

Sí. Todas las mujeres. Aunque también les pasa a los hombres, pero soy mujer y hablo desde la perspectiva de mujer. Replicamos el miedo, el rencor de lo que les pasó a nuestras madres, abuelas.

Hambrienta no fue un proceso solitario. Me has dicho que para escribirlo te basaste en testimonios de otras. Se suele decir que la escritura es un proceso que surge en soledad, pero en este texto poético estás atravesada por las redes. Me gustaría hablar de eso.

Me gusta pensar, para bien o para mal, que todos somos un mosaico de las cosas que nos dejaron y enseñaron otros. Al mismo tiempo, damos parte de nosotros al mosaico de otras personas sin siquiera saberlo. Desde chica me encanta escuchar la radio. Con el tiempo se volvió necesidad, ahora soy periodista, técnica en comunicación. Leer, informarme, no conformarme con lo primero que leo. Me interesa pensar la realidad, y eso viene de mi padre. Hay muchos poemas acá que son mi familia, mis amigos, mis amigas, personas que conozco. El 90% de los poemas de Hambrienta los escribí justo para Hambrienta. El primer poema de este libro es uno de los pocos que tiene nombre: "Valentina". La chica víctima de feminicidio en Maldonado. A los días yo ya estaba escribiendo ese poema. Recuerdo que iba a Salto en un bondi y me puse a escribirlo. Puede ser un poema panfletario, porque a ese le hice muy pocas correcciones, pudo haber tenido más, pero quería que quedara así. Ese día nació Hambrienta para mí.

¿El día que anunciaron la muerte de Valentina?

Sí. Así fue.

Por otro lado, Hambrienta es una apuesta estética frente a la heterosexualidad normativa y las normas de género. ¿Cómo dialoga tu poesía con la de otras poetas que reivindican los cuerpos disidentes?

Obviamente, con Cristina Peri Rossi. Cuántas veces me habré leído Evohé (1971). Me gusta no solo inspirarme en la poesía queer para escribir mi poesía, sino también en la narrativa. Camila Sosa Villada es una de mis ídolas; pero leer su poesía me rompió. Ella no escribe mucha poesía, pero tiene un poema prosaico que se llama Epitafio. Ese poema me abrió los ojos. Cuando leí eso, dije: "Tengo que escribir así". Aunque yo no soy una mujer trans.

¿Qué función tiene la ironía en tus poemas? Hay mucho de eso.

Hay diferentes formas de decir una verdad. A veces necesitás decirlo de forma dolorosa, sin ningún tipo de tapujo ni metáfora. Y, a veces, decirlo con ironía es para joder y demostrar obviedades. Darles cierta gracia intelectual a las cosas, si no, te frustrás contigo misma. Esas imágenes irónicas son interesantes.

¿Qué buscas que suceda en los lectores al cerrar Hambrienta?

¡Que griten! Mentira. Depende mucho de quién lo lea. A los meses de haberlo publicado me llegaron mensajes de diferentes mujeres que agradecían porque alguno de los poemas ponía en palabras lo que les había pasado, y al leerlo se sintieron sumamente abrazadas. Con las mujeres espero que sea un abrazo. Y al hombre… Me gustaría que le incomodara, que se quedara pensando, reflexionando sobre ciertos poemas y se animara a hablar con las mujeres, familiares, amigas, y les preguntara: ¿A vos te pasó esto? Muchas palabras de Hambrienta expresan lo que le pasó a alguna mujer, a alguna niña que no llegó a ser mujer, o a una adolescente que nunca va a llegar a ser abuela. Hambrienta es un espejo, un reflejo de la sociedad en que vivimos. Quizá son palabras grandilocuentes, pero si te incomoda Hambrienta te incomoda el reflejo, aunque puede ser también porque no te gusta mi poesía, lo cual está bien también. Hambrienta ya no es mío, no es solo mío, y eso me encanta.