Escuchar Corazón de metal (2024), el último disco de Bárbara Jorcin, es sorprenderse; enfrentarse a un sonido que rompe con la estética que suele perseguir la música uruguaya. Tiene pop, pop rock, jazz, y videos muy producidos con guiños irónicos. Las letras reconocen el dolor, pero un dolor que parece ya curado. Y por eso lo cuenta de manera festiva, descomprimida, desfachatada.
En entrevista con Montevideo Portal, recordó que ese disco responde a una liberación que atravesó de sus propios prejuicios musicales. Pero tiene tres discos en solitario. Índigo (2018) y Si canto es porque puedo (2021) reflejaban toda su carrera de conservatorio, largos años de formación musical, y sonaban muy distinto a cómo suena hoy.
También integra la mítica banda Eté & Los Problems, donde aprendió a formar parte de un proyecto grupal de la mano de Ernesto Tabárez. Opinó sobre la industria musical actual y el impacto que tienen las redes sociales en los proyectos artísticos, uno que siente mayormente negativo. Y luego de 10 años de búsqueda en los escenarios, donde considera que está la verdad, prepara un show en la Sala Zitarrosa el 12 de setiembre, que repasará todas sus etapas musicales en solitario. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí.
¿Los alumnos llegan a vos con esa pasión o esas ganas de esforzarse y estudiar, o sentís que se está perdiendo?
No, cada vez me llegan más alumnos en los que a mí me interesa más invertir tiempo, y viceversa también. Alumnos que llegan porque sos Bárbara Jorcin y alumnos que yo tomo porque veo algo en ellos, eso es lo que más me gusta. Invertir mi tiempo y todo lo que he estudiado en alguien que tenga pasión. Yo creo que cuando vos te mostrás así también eso se te devuelve. Antes sí me pasaba que venían alumnos que como hacían yoga o cerámica, hacían piano. Y yo decía, "¿Cómo les transmito que esto para mí es mi vida?" Que no quiero que vengan acá a probar una más de las cosas que hay para hacer, por lo menos no son las clases que yo doy. Pero eso también se gana con tiempo, hace 10 años que doy clase. Ahora tengo la posibilidad de elegir un poco más a mis alumnos, y sobre todo en eso, en qué voy a invertir.
Hace poco hablaste críticamente en tu cuenta de Instagram sobre tener que entretener en redes para mostrar tu proyecto. Sin embargo sos muy presente en ellas, ¿cómo trabajás tus cuentas?
Sí, me gustaría estar menos presente, pero ahí es donde lo millennial se me nota. Yo vivo peleada con eso, la verdad. No lo descifré todavía. Hay días donde me gusta mucho mostrar lo cotidiano, sobre todo porque genera un intercambio interesante con la gente y una cercanía que capaz no podés tener con el público. Al público es mucho más lo que uno da que lo que recibe a nivel de palabras, de interacción real. Entonces me gusta eso de las redes. A veces me siento una idiota total, a veces borro lo que subí. Pero sí, me gusta estar en comunicación, me gusta Instagram específicamente porque es bastante selectivo. Es menos violento que otras redes, que no me gusta nada eso.
Para TikTok considero que estoy vieja, no entiendo nada, no me copa. Entonces trato de respetar lo que a mí me gusta con las redes y lo que a mí me sirve. También terminó siendo una parte del negocio, cómo uno se muestra. Los artistas tenemos que hacer eso también, vendernos por ahí. Pero bueno, en general trato de estar en paz. Hay veces que me abruma, me borro la aplicación y me borro todo, y paso una semana leyendo sin el celular y soy totalmente feliz, pero todavía sigue siendo una contradicción para mí. Lo que creo que sí es difícil es generar público orgánico. A mí no me interesa mucho la cantidad de seguidores por la cantidad, sino que vos puedas realmente interactuar con el público. Pero sirve mucho, es tremenda herramienta para comunicar.
Destacás mucho esa primera presentación en vivo. ¿Qué cambió después de ese día?
Yo pensaba que era mucho más fácil, y lo que cambió fue que me bajó de una cachetada a la realidad. Fueron cinco personas a mi primer show, y yo pensé que iba a haber 5.000. La vida me dijo, "No, amiga, no, sos como todos". Todos tenemos que remarla de abajo, y en Uruguay ser artista es una maratón. Llega el que aguanta, el que puede sostener. ¿Qué me enseñó? Mucho de la realidad. Yo estaba en una nube, creía que las cosas eran diferentes, más fáciles. Primero eso, que ayuda a bajarte un poco el ego. Tenés que trabajar, muchísimo. No sirve solo el talento ni el tiempo, tienen que pasar muchas cosas. Enseñanza, aprendizaje, fue todo aprendizaje, y he sufrido mucho también. He sufrido mucho con esta carrera, mucho. Pero increíblemente siempre sigo acá, así que vale la pena.