Hay algo en Anya Taylor-Joy que resulta difícil de explicar y todavía más difícil de ignorar. Incluso cuando sus personajes están aterrados, perdidos o a punto de recibir una paliza, ella suele transmitir la sensación de que está pensando algo que nosotros todavía no sabemos. Tal vez por eso funcionó tan bien como la joven Thomasin de La bruja (2015), de Robert Eggers, y por eso también Beth Harmon encontró en su rostro la mezcla exacta de vulnerabilidad, inteligencia y distancia que necesitaba en Gambito de dama (2020), de Scott Frank. Desde entonces, Taylor-Joy fue ampliando el tamaño de los mundos en los que se mueve —trabajando con Edgar Wright, Denis Villeneuve o George Miller—, sin perder del todo esa cualidad que hizo que uno quisiera seguir mirándola, desde aquella primera película ambientada en la Nueva Inglaterra colonial.

En el Río de la Plata, además, tenemos una razón bastante más personal para sentirla un poco nuestra. Taylor-Joy nació en Miami, pero pasó buena parte de su infancia en Buenos Aires y su español conserva ese tono que no deja demasiado lugar a dudas. De vez en cuando alcanza con que aparezca hablando de empanadas o defendiendo el dulce de leche para que se viralice y que Hollywood se sienta un poco más latino.

Quizás por eso resulta particularmente simpático verla aparecer ahora en lugares cada vez más inesperados. Este año, por ejemplo, compartió con Charles Melton el videoclip de “Jealous Lover”, de The Rolling Stones. Pero Lucky (2026), la nueva serie de Apple TV, marca un paso bastante más significativo. Por primera vez, Taylor-Joy no solamente está al frente de una producción, sino que también participa de ella como productora ejecutiva a través de su compañía LadyKiller.

Todo eso hizo que el rodaje fuera particularmente exigente para Taylor-Joy, que en los últimos años se acostumbró a personajes físicamente demandantes. Cuando le pregunto si consiguió recuperarse después de las largas jornadas de acción, se ríe.

“Sí, me he recuperado. La verdad es que me olvido de las cosas que hago en las películas. Mi hermano la vio recientemente y me dijo: ‘¿Qué carajo? Tenés que advertirme de estas cosas. Es bastante intensa’”. 

Después lo explica haciendo referencia justamente a sus otros trabajos: “Últimamente he estado haciendo varias películas de acción y Lucky fue potencialmente la más exigente, simplemente porque ella no es una asesina entrenada. No tiene habilidades especiales. Así que parte de mi trabajo era, esencialmente, recibir golpes. No sé… Fue divertido. Me gusta exigirme de esa manera”. 

La diferencia es importante. En muchas de las películas de acción que protagonizó, sus personajes tienen alguna capacidad que les permite dominar físicamente las situaciones a las que se enfrentan. Lucky no. Su cuerpo es tan vulnerable como el de cualquiera y, de hecho, muchas de las escenas de acción funcionan precisamente porque se siente que un golpe puede terminar con ella.

Pero Lucky no está realmente interesada en demostrar cuánto puede aguantar su protagonista. Su mejor versión aparece cuando la obliga a dejar de correr. Porque debajo de toda esa capacidad para improvisar hay una mujer que también está intentando entender qué hacer con sus vínculos, su pasado y las personas que todavía forman parte de su vida.

Hay una escena en una casa en la playa con Cary, su marido, interpretado por Drew Starkey, que es quizá el mejor ejemplo. Después de tantos episodios en los que Lucky parece tener siempre una respuesta preparada, hay un momento en el que la inteligencia deja de servirle. Ya no hay una identidad que inventar ni una situación de la que escapar. Hay, simplemente, una discusión entre dos personas. Y es justamente eso lo que Taylor-Joy encontró más interesante de dicha escena: es la primera vez que vemos a Lucky sin una máscara.

“Fue muy lindo, porque creo que cuando interpretás a alguien que está sobreviviendo de esa manera y tiene que dejar sus sentimientos de lado, al menos yo siempre busco ese momento de explosión emocional. Busco ese contexto que te permita entender: ‘Bueno, puede parecer muy tranquila y controlada, pero esto es todo lo que está pasando por debajo’”. 

La escena también le permitió hacer algo que, según reconoce, no había tenido demasiadas oportunidades de hacer en pantalla: “Por mi parte, no he interpretado muchos personajes contemporáneos. Lucky es, básicamente, la persona más real que he interpretado. Así que tener la oportunidad de ser una mujer realmente enojada con su marido no era algo que hubiera tenido la posibilidad de hacer antes”. 

Taylor-Joy se ríe al comparar esa discusión doméstica con algunos de los problemas que enfrentaron sus personajes anteriores:

“Normalmente alguien está tratando de matarme o de comerme, o simplemente hay algo con apuestas mucho más altas. Así que Drew (Starkey) y yo nos divertimos muchísimo teniendo una especie de discusión doméstica”. 

Y quizá ahí está la clave para entender por qué Lucky resulta más interesante cuando se aleja de la velocidad que la caracteriza. La miniserie tiene una estructura de thriller muy dinámica y no parece demasiado preocupada por detenerse. Siempre hay alguien persiguiendo a Lucky, algo que recuperar, una nueva mentira que inventar o una nueva manera de escapar. Pero debajo de todo eso hay una historia bastante más sencilla sobre una mujer que intenta dejar atrás la persona que tuvo que ser para sobrevivir.

No todo funciona con la misma precisión. Algunos de los giros y coincidencias parecen pedirle al espectador una dosis considerable de credulidad, y por momentos la serie se entusiasma tanto con su propia velocidad que sus personajes quedan en segundo plano. Pero cuando vuelve a Lucky, cuando la deja pensar antes de correr o sentir antes de mentir, recupera su mejor registro.

También es ahí donde la elección de Taylor-Joy parece especialmente acertada. La actriz lleva buena parte de su carrera interpretando personajes que tienen algo extraordinario alrededor: mundos de terror, ciencia ficción, fantasía, violencia o grandes apuestas. Lucky puede estar metida en una historia de robos, persecuciones y criminales, pero debajo de todo eso es probablemente uno de sus personajes más cotidianos.

Y eso permite que el título vuelva a cobrar sentido: Lucky no es afortunada. No es la suerte la que la mantiene con vida. Es su capacidad para mirar una situación, entenderla antes que los demás y encontrar una salida, incluso cuando esa salida consiste en inventar otra mentira.

Antes de terminar, sin embargo, queda una pregunta inevitable para cualquier fan de El señor de los anillos. Taylor-Joy forma parte del elenco de The Lord of the Rings: The Hunt for Gollum, la nueva película dirigida por Andy Serkis, donde interpretará a la elfa Seren. Naturalmente, todavía hay muy poco que pueda contar sobre el proyecto. Así que la pregunta es bastante más concreta: ¿ya aprendió a usar el arco y la flecha?

“Sí. He tenido el momento más maravilloso con las personas más increíblemente imaginativas. Fue un sueño formar parte de eso. Y sí, es una familia hermosa a la que te invitan a formar parte. Creo que les va a gustar”.