El cine ha tenido una constante fascinación por el antiguo Egipto. Solo entre las franquicias de Indiana Jones y La momia, ese imaginario antiguo se ha reconstruido en varias ocasiones para la pantalla. Y como nos preguntábamos hace algunos meses con la llegada de La Odisea (2026) a los cines y el regreso de la antigüedad griega, ¿qué es tan atractivo? ¿Qué más queda por contar?
Andrea Zingarelli es una de las pocas egiptólogas que hay en Argentina. Se formó en la Universidad de La Plata y en la Universidad de Buenos Aires (UBA), y tuvo la oportunidad de realizar trabajos de campo en Israel y en el propio Egipto, teniendo contacto directo con las fuentes.
Hoy, décadas después de haberse dedicado a una profesión poco grata en el Cono Sur, se encarga de toda la curaduría de Tutankamón: la experiencia. Una exposición que ya ha recorrido varias ciudades y que cuenta, a través de réplicas del ajuar de la tumba faraónica, la historia de su rey. No solo como figura histórica y mítica de poder, sino como ser humano. Cómo llegó ahí, en qué creía, qué hizo en vida y qué lo llevó a la muerte.
En entrevista con LatidoBEAT, Andrea Zingarelli reflexionó sobre la materialidad de la cultura egipcia, su carácter edificante para la historia posterior y la trascendencia de Tutankamón, la figura que hoy nos compete.
La exposición tendrá su inauguración el 9 de octubre en el Espacio Cultural García Lorca. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí.
Foto: @andre.zingarelli
Sos egiptóloga en Argentina, que no es lo más común. ¿Cómo ha sido dedicarte a eso teniendo en cuenta que tu área de estudio está lejos geográficamente?
Es cierto. Hacer Egiptología desde el Cono Sur es una tarea difícil. Yo me formé primero como profesora de Historia en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en la Universidad de La Plata, que es una formación bastante integral en historia. No solo historia antigua, sino también medieval, moderna, contemporánea, argentina, americana, latinoamericana. Es una formación más general, más global. Esa fue una formación muy importante para todo lo que tiene que ver con las interpretaciones históricas, que por supuesto para cualquier área de la historia son importantes. Y después hice una especialización en Egiptología en la década del 90, en La Plata.
En ese momento en La Plata no estaba la posibilidad de hacer un doctorado, pero lo hice en Buenos Aires, en la UBA. Había un grupo que ya había empezado con trabajos e investigaciones específicas y se formaron en Lengua. Entonces tuve profesoras que ya conocían la lengua egipcia antigua, y pude tomar esas clases. Y tuve, mientras hacía el doctorado, la gran oportunidad de viajar a Egipto. Primero viajé a Israel un año, ahí se hacen muchas veces trabajos de campo con personas voluntarias para trabajar en las misiones arqueológicas. Entonces uno aprende un poco del trabajo más práctico, porque una cosa es ver en los libros el material y otra cosa es estar ahí. Y por esa época, en 1995, fue mi primera experiencia en campo. Tuve la oportunidad de participar en una misión argentina que empezó en el Sinaí. En ese momento financiada por Conicet, ya que en Argentina en ese entonces teníamos estos recursos.
Igualmente las primeras campañas fueron con muy pocos recursos, pero fueron como un antes y un después para mí, para aprender del trabajo de campo. Y también ahí me formaron arqueólogos como Eduardo Crivelli, que era el director de campo. Además, en ese momento no teníamos, como hoy, la posibilidad de encontrarnos con bibliografía online; todo eran fotocopias que sacábamos en Egipto y la posibilidad de alguna beca que me permitió viajar afuera. Todo fue en un corto tiempo, pero aprovechábamos para sacar toda la bibliografía y leer. También me ayudaron amigos y familiares, porque por ahí no tenía la plata para poder pagarme el pasaje y era todo un sacrificio, y sigue siendo igual. De eso hace 30 años; 40, casi, y sigue siendo exactamente igual.
La historia antigua se ha prestado para un montón de películas, libros, etcétera. Es una época fundacional de la humanidad. ¿Vos qué has encontrado en ese período? ¿Por qué resulta tan atractivo?
Y a mí me fascina mucho todo lo que tiene que ver con el origen, no soy muy original, justamente. El origen de todo está ahí. Por supuesto que ahí hay que saltar distancias temporales, tecnológicas, ideológicas. Pero a mí me parece que uno puede encontrar muchas respuestas respecto a la condición social de las personas, de las sociedades, de los estados, cómo se van gestando por ejemplo formas de legitimación política e ideológica. Y también hay algo de la otredad, porque vos podés encontrar paralelismos con el presente y también distancia. Tanto una cosa como la otra me fascina, por ejemplo durante mucho tiempo yo estudié literatura egipcia, que no es como la entendemos hoy. Encontrás los textos de la política y cómo se fundamentaba. Y eso me parece fascinante, porque también lo podés ver hoy. Claro que vos hoy lo encontrás a lo mejor en un medio que está intentando justificar alguna acción política, pero creo que también esa distancia, a mí, como investigadora, me es útil y me permite poder investigarlo como más objetivamente si querés.
Es una cuestión personal, si estudiara a lo mejor el presente me sentiría todo el tiempo muy atravesada. Hay algo de esa distancia que también me interesa, y también hay algo de fascinación por ese mundo de los dioses que permea todo en esas sociedades. Y también que, después mucho de eso se traspasa a Occidente a través, por ejemplo, de los libros como es el Antiguo Testamento. Hay mucho de la literatura egipcia que está en el Antiguo Testamento. Por supuesto que con otro sentido, porque adquiere otro sentido en la medida en que ese libro tiene otros fines. Pero igual me fascinan esos relatos que se construyen, que parecen inocentes y que están cargados de significados.
Foto: @andre.zingarelli
¿Y por qué te interesó Egipto y no, por ejemplo, la antigua Grecia?
En realidad te cuento que cuando empecé a mí me encantaba la antigua Grecia. Creo que era mi plan número uno. Sobre todo cuando era muy chica, que leía mitos y me gustaban mucho. Hay mitos en las dos culturas; muy diferentes, pero que son relatos atravesados por las divinidades cometiendo acciones humanas. Eso es común y me encantaba. Pero después empecé a fascinarme con lo egipcio porque hay algo de la materialidad egipcia que me empezó a entrar por diferentes lugares. Hay un relato que es el de Indiana Jones, que cuando yo era adolescente la vi y me impactó. Yo en esa infancia siempre quise ser maestra, profesora, entonces había algo de esa combinación de ese profesor que daba clase de Arqueología y que al mismo tiempo después se va a Egipto. Hubo algo del tema del tesoro, de la búsqueda del tesoro.
Por supuesto que cuando me empecé a formar en la facultad y demás, eso mutó. Sobre todo apareció el interés por cuestiones sociales, a mí me interesó mucho la economía, la sociedad, también por mi propia formación acá en la facultad, que va un poco en ese sentido. Hubo algo común con Grecia, pero después apareció algo de la materialidad egipcia que tiene que ver también con representar mundos. El mundo del más allá, pero que tiene algo muy cercano a nuestra cultura. Estéticamente, si vos mirás, la estética es muy parecida a la nuestra. En los cuerpos, por ejemplo, hay algo de idealización. En las tumbas por ejemplo no vas a ver a nadie representado como viejo ni gordo, buscaban una estética muy modélica, y eso me resultaba muy cercano negativamente. Yo quería buscar ahí por qué esa cosa tan idealizada se sigue buscando hasta el día de hoy.
Los libros en ese sentido muestran algo mucho más real, incluso los mitos. En Egipto hay algunos mitos muy sangrientos que son los de origen, pero después todo es mucho más lavado, si querés. Y lo último es la muerte, que es algo que nos interpela, en nuestras sociedades creo que no lo tenemos muy resuelto. Pero la muerte es algo que duele, entonces yo creo que ahí hay como una posibilidad de un más allá que es necesaria, aunque uno no la comparta como idea. Es lindo creer en esa materialidad de un más allá.
Te encargaste de la curaduría de Tutankamón: la Experiencia. ¿Habías trabajado previamente en alguna curaduría? ¿Cómo fue el proceso?
Para mí fue un proceso fascinante, porque calculá que de golpe tuve más de 100 copias de la tumba de Tutankamón. Es la tumba que se encontró prácticamente intacta con muchísimos objetos que hacen a la vida personal de ese faraón. No solamente objetos que tienen que ver con que era un rey, sino también con su vida personal y humana. Necesidades humanas: desde una cama, un apoyacabeza, perfume, ropa, sandalias, cosas que tienen que ver con él, con la persona. Me ofrecieron esta curaduría y yo nunca había hecho una completa. He realizado asesoramientos por ejemplo para algunos catálogos, pero no una curaduría completa, así que para mí fue un desafío y también una oportunidad muy grande. Porque además nunca hubiera podido adquirir esa cantidad de objetos que tienen una dimensión y una calidad que es increíble, porque los hacen artesanos en El Cairo.
Son réplicas prácticamente iguales al original, porque las originales no se pueden sacar de Egipto. Ya hace un par de décadas que no se puede, incluso algunos de los objetos que trae la muestra replicados son considerados tesoro nacional, entonces ni siquiera pueden salir de Egipto. Y también a mí hace muchos años que me interesa la difusión del conocimiento, de hecho nosotros trabajamos en un proyecto de extensión acá en la facultad con el que vamos a las escuelas. Porque creo que, si bien obviamente hago trabajos académicos y científicos, a veces es insatisfactorio en el sentido de que es para un grupo selecto que se encarga de cosas que van a quedar para la posteridad, seguro. Pero la posibilidad de que más gente pueda aprender, entender, disfrutar, es aún más satisfactoria. Porque tampoco creo que la ciencia sea nada más para aprender. Creo también en la posibilidad de cada uno de leer distintas cosas en ese objeto, que para mí puede tener un significado pero para otra persona que lo está mirando puede tener otro.
Para mí fue re importante esta muestra porque ofrece una materialidad que no es lo mismo que ver un video. Tenés el objeto enfrente y te pasan otras cosas. También está el desafío de armar relatos, qué contar. Un poco de la historia de él, quién es Tutankamón, por qué esa impronta en la historia de Egipto, que no la tuvo en la antigüedad, pero sí la tiene hoy, porque su máscara es la cara de Egipto. Porque todos esos objetos hacen que uno pueda entender mucho más de qué había en el ajuar funerario, que de otra manera no lo sabés. Hay alguna otra tumba que se encontró también como la de él, pero no con tantos objetos. Y en ese sentido creo que fue un golpe de suerte haberme encontrado con esta posibilidad de curar la muestra y poder contar esas historias de Tutankamón.
Cortesía de producción
Teniendo en cuenta que a estas actividades van niños y que te interesa la difusión, ¿cómo se acerca esta información y estos conceptos a un público general? ¿En qué hay que poner el énfasis?
Primero en contar la historia de su vida, que eso creo que para un niño o para cualquier persona es fascinante. ¿Quién era? ¿De dónde viene? ¿Por qué llega a ser rey? Y ahí la historia es muy rica, porque su padre hizo una reforma religiosa muy trascendental, que duró poco tiempo, pero fue muy importante. Y él en ese sentido es un eslabón muy importante, porque él vuelve a la religión tradicional. Esa reforma que el padre hace de la religión, él la revierte. Eso es lo primero que se cuenta en la muestra, con los objetos. Hay una película previa que cuenta el descubrimiento, que también es otra historia a contar, que está contada desde el libro de Carter. Yo lo que hice fue tomar el libro de Carter, lo leí de nuevo, y conté con palabras de Carter qué le había pasado a él todo el tiempo que estuvo excavando y demás hasta que encontró la tumba. Y el momento en que ellos encuentran la tumba, después vos entrás a la muestra y te cuenta un poco la vida de él. Quién era el padre, quién era Akenatón, Nefertiti.
Hay algunos carteles muy acotados con la información precisa. Él, cuando era muy pequeño, se llamaba Tutankatón, porque el padre creía en Atón, ese dios tan importante. Y después, cuando él hace el cambio, ahí vienen todas las divinidades. Entonces un poco lo que cuenta la muestra es esa aparición de todos los dioses y diosas que están en la tumba y quiénes son, qué importancia tienen para la religión. Algunos son de oro, entonces son unas esculturas de una exquisitez técnica que vos estás viendo. Él se convierte en rey teniendo nueve años. Entonces ahí lo ves en su trono, que es chiquitito, y te das cuenta de que era de un niño.
Él está representado ahí con su hermana, que también ponele que tuviera un poco más que él, 12 o 13 años, y ella le está pasando un ungüento por la piel. Y eso es una escena muy cotidiana, muy amorosa, que no es típico del arte faraónico. Tiene que ver con la historia de su padre y cómo él cambia un poco el arte. Y después entrás al mundo más cotidiano, y tenés todos los objetos de la vida cotidiana. También imágenes de los enemigos dibujadas en las sandalias, que cuando él pisa los va aplastando. Hay un acto político en eso. Después la historia de la guerra y cómo él se muestra. Se encontraron varios carros de guerra, como si él hubiera ido, y él se muestra además combatiendo a los enemigos. Distintas facetas de él, y por supuesto después una reconstrucción de la cámara funeraria, que es la única pintada de la tumba. La tumba tiene cuatro cámaras, y la única pintada está reconstruida, y están las capillas y los ataúdes, que son impresionantemente vívidos, porque tenés todos esos objetos de oro que tienen inscripciones, imágenes de todo lo que se escribió para exitosamente llegar al más allá. Por último la máscara, obviamente. A mí me fascina este recorrido por las distintas facetas de su historia y de su lugar como rey de Egipto.
Cortesía de producción
El antiguo Egipto ha sido muy retratado por el cine, que se toma muchas licencias en cuanto al rigor histórico a la hora de hacer películas de época. Desde tu interés por la difusión cultural, ¿creés que el cine ha influido positivamente en el acercamiento de la cultura al público general o ha generado más daño?
El cine siempre tiene una perspectiva que va más allá de lo que vos estás viendo, como cualquier relato. Entonces hay elecciones en ese relato que tiene que ver con lo que vos querés mostrar desde el lugar donde lo estás contando. Por ejemplo, en Indiana Jones y los cazadores del arca perdida (1981), hay una historia hecha por Estados Unidos, la película es una película de Hollywood. Lo que quiere contar es que los nazis se roban el tesoro, se mezclan algunas cosas porque tiene esa licencia de la ficción. Yo creo que ahí el tema es cómo leer eso. El cine es entretenimiento, pero si uno hace la lectura crítica no lo es, porque siempre hay relatos.
Hay política también.
Hay política, y yo creo que ahí depende de cada uno disfrutar de eso si tiene ganas, y si no, también hacer una crítica. Nuestro lugar como investigadores, como estudiosos de la cultura egipcia y antigua, es ser críticos con esos discursos. Pero no creo que sea negativo, porque yo creo que también hablar o discutir, poner la discusión sobre la mesa siempre está bueno. Es preferible que se discuta sobre esa película o ese relato a que se hable de otras cosas que no tienen ninguna importancia y que no han hecho ningún tipo de bien ni de mal a la historia del mundo, porque hay películas que no te dicen nada. Entonces creo que es preferible que el tema esté y se discuta.