40 años después de grabar su primera canción con Séptimo Velo, Alejandro Ferradás sigue encontrando motivos para sentarse a hacer música. El próximo 21 de octubre celebrará cuatro décadas de trayectoria con un show que recorrerá buena parte de su camino artístico, con especial atención a los años 80, pero también a una forma de entender la música que permanece vigente: hacerla porque, en el fondo, no se puede evitar.

En ese recorrido aparecen algunos de los nombres fundamentales de la música uruguaya. Eduardo Darnauchans, Fernando Cabrera y Eduardo Mateo son, para él, mucho más que referentes artísticos: también representan maneras de trabajar, de asumir el oficio y de relacionarse con la creación. Desde esa cercanía, reivindica una escena que muchas veces funciona a una escala pequeña y que, justamente por eso, permite ciertos márgenes de libertad, experimentación y riesgo que no siempre existen cuando la música se mide con parámetros internacionales.

Pero cuatro décadas también implican revisar las propias certezas. En entrevista con LatidoBEAT, reconoció que hoy le cuesta más escribir, pero que sigue buscando nuevos caminos de forma constante. Entre canciones que todavía esperan una letra, colaboraciones, largas conversaciones con colegas y recuerdos de quienes marcaron su formación, construye una mirada sobre el pasado y el presente de la música uruguaya, y sobre las razones que todavía lo mantienen arriba de un escenario. Las entradas para su show se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí. 

Has trabajado con figuras de la música nacional que son referentes para muchos, como Eduardo Darnauchans. ¿Para vos fue un referente?

Sí, obviamente, en la música y en la vida. En ambas cosas fue y es muy importante para mí. Darno junto con otros, como Fernando Cabrera, son esos referentes que además me han marcado, me han guiado y orientado en esos 40 años. Más allá de la inspiración que yo tengo por su voz y ser referentes a nivel artístico, también lo han sido en todo lo demás, lo que rodea la actividad musical y en la vida en general. El Darnau sigue siendo muy importante para mí.

Por esa misma línea, ¿se debe separar el arte del artista?

Yo no descalifico una obra artística por otras cosas. Obviamente el artista es parte de su trabajo y no se puede dividir, no es que sean dos personas distintas. Pero pienso que aquel tipo que hace la mejor música no tiene por qué ser la mejor persona del mundo, no tiene por qué ocurrir. Hay gente de la que yo admiro su arte y de repente no coincido mucho con otras cosas de su vida, pero en estos casos justamente se juntan las cosas, que también suele ocurrir. Uno tiene personas que a nivel artístico admira, pero también son referentes a la hora de cómo encararon su vida, su trabajo artístico. También ahora pienso en el Dino, esa gente que uno tuvo cerca y que escucha desde que es adolescente, pero a su vez marcaron una manera de hacer las cosas, de dedicarse a esto y de ética en general.

Has estado varios años en el exterior. Desde esa perspectiva, ¿cómo ves a la industria musical uruguaya?

A mí me gusta mucho la manera de hacer arte acá en Uruguay, más allá de la crueldad que eso significa. Porque yo considero que acá lo que se da es un fenómeno muy de aldea, de que hacemos las cosas por nosotros y para nosotros. Obviamente que tenemos artistas internacionales, por suerte. Son pocos pero son muy buenos y los tenemos. Pero en general tenemos una forma de hacer las cosas a nuestra escala. Y a veces, cuando miden nuestra escala con escalas globales, hay cierta injusticia en eso. Hoy me nombrabas al Darno, y el Darno es nuestro. Geográficamente te podría marcar un área dentro de Uruguay muy pequeña donde él fue uno de los músicos más importantes de este país.

Foto: Ana Ge

Foto: Ana Ge

¿Cuál sería ese área?

No todo Montevideo, así que te diría el sureste montevideano, y después ciertas capitales del interior donde él ha dejado su marca. Pero después, no es una persona que uno lo haya escuchado mucho. No es un músico de festivales o cosas de interior, creo que era para cierto grupo de gente, y creo que está bien que haya sido así. Es nuestro, no precisa ser conocido fuera de fronteras. Ha logrado trascender, pero eran grupos pequeños de gente de Argentina que conoce música uruguaya y lo tienen. Y eso yo lo veo bien, yo sé que en realidad eso limita mucho a la hora de hacer cosas, porque uno trabaja con una escala pequeña. Pero también yo lo valoro.

Ahora que nombré a Fernando Cabrera, yo recuerdo que una vez lo invité a una clase de Secundaria. Estaba haciendo unas suplencias allá por principios de los 90. Había un taller de arte en Secundaria, y yo tenía un grupo de alumnos creo que de cuarto año. Y un día propuse que fuera Fernando, y con los gurises preparamos una especie de cuestionario para trabajar con él, porque obviamente era un grupo de taller de arte. Gente que estaba con inclinaciones artísticas en secundaria. Y recuerdo que, entre varias cosas, él les dijo algo que a mí como profesor y amigo suyo me quedó marcado a fuego: "Ustedes deben estar pensando en dedicarse al arte acá en Uruguay, y yo lo que les puedo decir es que si lo pueden evitar, evítenlo. Si pueden no hacerlo, no lo hagan. Pero si no pueden evitarlo, háganlo y sepan que tiene un montón de cosas increíblemente buenas y también tragos amargos que uno tiene que atravesar". Pero es eso, creo que el que hace música acá es porque no puede evitarlo. Entonces eso garantiza también ciertas cosas, cierto tipo de música uruguaya. Por lo menos en aquel momento era muy marcado, acá el músico uruguayo lo hace por razones distintas a lo que pasa en otros lados, o acá en frente nomás.

Tiene muy abierto el espectro de hacerlo porque quiere. No está regido por muchas cosas. Entonces él decía que gran parte de lo que él había logrado hacer en el área artística, de apertura, de experimentación, de búsqueda y de riesgo, fue porque en realidad daba lo mismo. Voy a hacer lo que yo quiero porque igual no va a haber gran retribución, salvo que quieras hacer algo con otro fin. Ahí tenés que armar un formato que funcione en los festivales y punto, y vas a tener que hacer lo que te piden para estar ahí. Y si no, no vas a poder estar ahí. Si estás dispuesto a hacer eso, está bien. Y si no, hacé la música que te guste, lo que quieras hacer, como quieras hacerlo. Y atenete a las consecuencias, pero también es verdad eso. Ahí me di cuenta de que esa frase me quedó marcada hasta ahora, y estamos hablando de más de 30 años atrás. Uno hace esto porque no puede evitarlo, en el fondo no puede dejar de hacerlo, y me di cuenta de que nunca pude dejar de hacerlo.

Esa es una cosa muy uruguaya, muy nuestra, muy de nuestro grupito íntimo. Es como el fútbol uruguayo. Lo veo igual, es tan difícil explicar la música uruguaya como el fútbol uruguayo. Hay equipos que no pueden vender 50 entradas y juegan en primera división. ¿Y qué? Tienen sus seguidores, sus fans y sus cuestiones, y nuestra liga, hecha a nuestra escala y para nosotros. Sí claro, si nos medimos afuera no podemos con esos parámetros. Y en eso creo que tenemos esas cosas que hay que reconocerlas también, saber que existen y de cierta forma agradecerlas, porque yo estoy hablando ahora contigo y capaz que en otros lugares esto no es tan sencillo, porque la cercanía que tenemos con los medios también es distinta. Yo con el tiempo he aprendido a creer en otra manera de hacer en nuestra escala. Entonces cuando vienen las consecuencias de eso, saber que uno las tiene que tomar como un hecho. Uno eligió ser esto, y eso viene como en contrapartida. En ese sentido yo no me quejo.

De todas formas tu rock suena bastante internacional.

Sí, empecé a centrarme en algo con lo que me sentí cómodo. Que también a veces me lo cuestiono, evidentemente, porque obviamente capaz que yo al principio hacía otras cosas. Pero no salgo de mi fórmula de cierta manera, y eso a veces me lo cuestiono, pero también es un lugar en el que me siento cómodo, siento que funciona, entonces es un sonido que me es manejable, que me es fácil de reproducir con los músicos. Ya me conocen, saben cómo me gusta y nos gusta sonar a los cuatro, con la banda. Pero sí, a veces pienso que nunca más he arriesgado cosas. Géneros que yo nunca más investigué. A veces hago una guiñadita, alguna cosa, un 6x8. Esos guiños me gustan, pero después no ahondo mucho en eso. Quizás abuso de mis lugares comunes en cuanto al sonido, pero también es algo que he aprendido que me gusta hacer, y en la medida en que me siento cómodo y disfruto de hacer eso también me mantengo en esa línea, incluso a nivel compositivo.

A veces para lograr salir de un poco de esa receta trato de involucrar a otros colegas para que me marquen un poco la cancha a nivel de las canciones o de los textos. Pero sí, yo lo tomo como que si bien es un sonido que puede sonar parecido a otras cosas que pueden sonar afuera, trato de que tenga por lo menos algún guiño que traiga acá, eso sí. Pero sí, me lo he cuestionado, no te creas. Me lo he cuestionado.

Foto: Ana Ge

Foto: Ana Ge

¿Qué disparadores encontrás en tu vida cotidiana a la hora de componer?

Me cuesta mucho el tema de ponerme escribir. Por lo cual sí, necesito un disparador concreto atrás del cual engranar el texto. Esa parte siempre fue la que más me costó. Y sí, a nivel musical me siento más cómodo a la hora de desarrollar ideas musicales. Pero después, a la hora de escribir, preciso algo que realmente me oriente al texto. En Noche africana (1995) yo tenía 30 años menos y me estaban pasando muchas cosas en ese momento, entonces tenía muchos disparadores. Ahora me cuesta más, y creo que es un tema también hasta de edad. También a veces me preocupa por ese lado, seguir despierto y viendo las cosas que me rodean todo el tiempo y estar dispuesto a escribir al respecto. Que a veces sí noto que la edad me ha cambiado.

¿Te quedás sin ideas a lo largo del tiempo?

Sí. A veces incluso escucho canciones viejas y digo "ah, está buena esta canción, tendría que volver a escribir cosas así". Me pasa, y no sé a qué atribuirlo. A veces puede ser un tema de que uno empieza a tener ciertas rutinas, ciertas cosas en la vida, que te deja menos tiempo para detenerte en ciertas cosas, y capaz que eso hace que uno no esté tan atento a sensaciones, a cosas que uno lo rodean para ponerse a escribir. Pero en la época con el Darno, una cosa que a él le gustaba mucho hacer, justamente era escribir letras. Entonces a veces simplemente bastaba que nos juntáramos y que alguien le mostrara una melodía. Él sabía que si no tenía un texto lo podíamos hacer. Y en realidad, más allá de todo, era como un ejercicio. Como quien se junta a jugar al truco.

A él le gustaba el reto de escribir un texto, la determinación. Y ahí yo me di cuenta de que eso es todo un oficio, el tomarse cada situación como una especie de destino o cosa que uno tiene que hacer, enfrentarse a escribir un texto. Y en la medida en que yo me doy cuenta de que no hago eso, también pierdo el músculo, es increíble. Pero bueno, cada tanto logro escribir algo que me gusta, pero de verdad me cuesta mucho. No es que no me hayan pasado cosas últimamente, simplemente que las canalizo por otro lado y trato de tener que forzarme a terminar canciones. Eso me pasa cuando tengo muchas cosas grabadas o algunas ideas que grabamos ahora este año para el año que viene, más que nada música tarareada. Por lo menos yo sé que en algún momento me tendría que sentar a escribir esto. Entonces ya sé que por lo menos tengo ahí algo por delante y bueno, eso hará que pueda trabajar.

Pero de verdad que envidio a los colegas que me dicen que escriben, escriben, escriben y escriben canciones, yo no sé cómo hacen. Descartan muchas, pero yo ni siquiera puedo descartar una. Me cuesta terminar una mucho tiempo y y si no, bueno, siempre he recurrido a colegas, es una cosa que hago. Tengo muchos amigos que escriben muy bien, o sea, y también es una oportunidad de hacer una colaboración y una coautoría, que también me enriquece a veces. Aprovecho eso para trabajar con colegas y también lo tengo pensado hacer en adelante. Siempre es interesante componer con un conjunto, y me gustaría hacerlo como lo hacíamos antes. Con Nasser lo hicimos a veces, juntarnos con un cuaderno y una lapicera a escribir. Uno tiende a mandar cosas por WhatsApp o un texto que bueno, está bien, pero me gusta más como lo hacíamos antes, con Nasser lo hicimos así. Íbamos a hacer algo y antes nos juntábamos, disfrutábamos de hacerlo, para mí es muy importante.

Foto: Ana Ge

Foto: Ana Ge

¿Cómo se hace, a la hora de colaborar, para conciliar en lo artístico con otro músico, dado que cada uno escribe desde sí mismo?

Bueno, sí, eso es algo que también está bueno, porque en realidad cuando algo es muy tuyo también el otro se lo puede apropiar sin ningún problema. Cuando canto "Tus abrazos" de Jorge Galemire yo sé que es para su hijo, y me pongo en ese lugar de él cantándole era su hijo. Me encanta la canción porque obviamente es algo que yo les podría cantar a mis hijos, pero yo sé que es una canción muy personal y que la compuso específicamente a su hijo. A veces son cosas personales de las que uno puede apropiarse, a mí me gusta mucho versionar canciones.

Has versionado a Eduardo Mateo también.

Sí, saqué un disco de versiones en el 2017 y versioné a todos mis referentes de Uruguay, básicamente. Me quedaron algunas cosas afuera, pero sí. Me saqué las ganas de también apropiarme de ciertas canciones, todos temas que yo escuchaba de joven y que siempre admiré, y uno cuando las versiona tiene que adueñarse de ellas de cierta manera. Cuando componés con alguien también. Yo escribí una cancion a Sole Spuntone, la hija de Ale, pero la escribí para él, para su familia, para que él le cantara esa canción a Sole. Y para eso uno tiene que ponerse en ese lugar, es difícil meterse en la piel de otro, pero intentar acercarse a qué pienso yo que le gustaría a él cantarle a su hija. Uno puede trascender lo estrictamente personal.

Todos los artistas con los que he trabajado asumo que parten de su realidad, y yo tengo que asomarme a esa realidad como para ver de dónde nació ese texto. Pienso que es algo que deberíamos hacer más, juntarse más a intercambiar. Quizás porque es algo que yo hice muchísimo y lo trato de seguir haciendo. Yo preciso juntarme con mis colegas y amigos, los intercambios por redes están bien, pero no sustituyen esas charlas de cuatro- cinco horas que uno puede tener con un colega. Son de sentarse muchas veces a escuchar música, a mostrarle cosas al otro, a que te de una devolución, a charlar de todas las cosas que tenemos para hablar de la música en el Uruguay y en el mundo si querés. Pienso que los músicos deberíamos hablar más hasta de política. Para mí es muy importante, porque sino uno empieza a quedar como encerrado en su pequeño círculo. La vida se transforma en algo que a mí no me alcanza. Es como querer sacar una foto y que cada uno mande la suya para armarla con edición. Sí, dale, está bien, pero no es lo mismo. Ni el resultado ni la emoción. Yo trato de adaptarme pero lucho mucho contra eso.

Te presentás en vivo el 21 de octubre. ¿Cómo va a ser el show?

El 21 de octubre lo que vamos a hacer es festejar 40 años, o sea, cuatro décadas de trayectoria desde que grabé mi primera canción en 1986 con el grupo Séptimo Velo, que fue con el que empecé a grabar y a hacer giras. Esa primera canción se grabó para un compilado de rock de 1986. Esa canción cumplió 40 años y yo siempre tomé eso como el punto de partida, como mis inicios en la música. Vamos a recorrer todo lo que podamos de estas cuatro décadas con un hincapié especial en los 80.