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Teatro
Formas de existencia

“Primavera abierta”, la obra que explora el dolor más personal y lo vuelve universal

Con autoría de Eliana Routin y dirección de Paola Larrama, cuenta con la participación de Papina de Palma y su música en vivo.

12.06.2026 13:26

Lectura: 8'

2026-06-12T13:26:00-03:00
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Por Catalina Zabala
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Primavera abierta (2026) parte de lo particular para tocar lo universal. De congregar a muchos a partir de una única experiencia. Habla del duelo, de la ausencia y la transformación atravesadas por Eliana Routin, su autora, que sufrió una pérdida gestacional. Pero en manos de la directora Paola Larrama la propuesta viró hacia plantear preguntas que sacudirían a cualquier espectador en su butaca: ¿qué es la pérdida? ¿Qué nueva vida comienza cuando se termina otra? ¿En qué se transforma el recuerdo? 

En conversación con LatidoBEAT, Larrama contó que después de varios cafés con Eliana, a quien no conocía, y de lograr una profunda conexión, pudo encontrar lo universal en lo particular: “Nos parecía superimportante que no fuera una situación morbosa”, dijo, “que quedara solamente en ese hecho, sino que pudiera ser mucho más”. Habló también de cuáles fueron los principales objetivos y las dificultades que se cruzó en el camino del trabajo. 

En su profunda reflexión, la obra tiene un diálogo constante con la música. Protagonizada por la propia Eliana, cuenta también con la participación de Papina de Palma, quien interpreta en vivo las canciones que compuso exclusivamente para la obra. Se estrenó este 10 de junio, con funciones los días 11, 12, 13 y 14 del mismo mes, en la Sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional Adela Reta.

Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

¿Cómo te propuso Eliana encargarte de la dirección?

Me mandó un mensaje el 10 de junio de 2025, un año exacto antes del estreno. Decía que había escrito una obra y que le encantaría que nos juntáramos para ver si yo tenía ganas de dirigirla. Me contó un poco de qué iba y yo le propuse tomarnos un café para hablar de eso, porque en realidad me parecía que estaba bueno que nos viéramos. Se vino a mi casa y me pareció una divina, primero por cómo me habló de eso. Me dijo que la había escrito porque atravesó una situación muy dolorosa y quería hacer algo con eso. Yo le dije que en principio me encargaba, porque me estaba planteando las cosas con una honestidad que me recontra interesaba.

Nos tomamos dos o tres ensayos para probar y ver si podíamos trabajar juntas efectivamente. Si nos entendíamos, lo hacíamos. Empezamos a ensayar mano a mano y fue precioso, y de ahí no paramos. Lo primero que hicimos fue trabajar con el texto. Yo me tomé un tiempito para leer aquello y pensar un poco qué me imaginaba yo en escena y qué no. Qué cosas de las que Eli había escrito eran material para una canción o una visual. Ese fue el paso uno; después se sumó Papina a los ensayos, que ya le había dicho que sí a Eli y que hizo la ambientación sonora y la música de la obra. Compuso las canciones originales para esta ocasión, y luego empezamos a hacer el ensamble de todo el resto del equipo. Cada una desde su área.

¿Cómo fue la inclusión de Papina? ¿La obra fue escrita ya pensando en su participación?

Eli la había invitado a participar del proyecto pero no estaba muy claro cómo iba a ser su participación. Lo que sucede hoy en día es que ella está en escena todo el tiempo junto con Eli, y compuso canciones específicamente para la obra pero además se encargó del universo sonoro total. Hay otras músicas que aparecen, otros sonidos, cosas loopeadas que ella activa en el momento y que son fundamentales para el desarrollo de la obra. Pero además ella está en escena y también interactúa en algunos momentos con Eli, entonces también hay una presencia de otra actriz en escena trabajando. Fue todo un desafío, porque imaginate que para mí es una artista superadmirada desde antes. Que ella quisiera sumarse a un proceso teatral —que son re demandantes, y con respecto al contraste con proyectos musicales exigen una presencia muy específica— fue algo muy bueno. Es una divinísima, aporta un montón al trabajo pero aparte es una persona increíble para trabajar, entonces todo el proceso fue muy hermoso en sí.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

La obra gira en torno a una vivencia muy íntima de la autora. ¿Cómo trabajaste el ponerte en su lugar para poder dirigir de manera fiel?

Ahí tuvimos muchísimo cuidado para que pasara algo que fue deseo de Eli desde el principio, pero que además a mí me interesaba un montón. Que no se contara solamente una vivencia particular, sino que se pudiera llegar a algo más universal. Esas cosas que nos pasan a cada una en nuestra vida son mucho más que eso y conectan con las cosas que les pasan a otras personas. En particular acá se habla de la muerte, de un pérdida y de un duelo.

Yo justo estaba leyendo un libro de Vinciane Despret, A la salud de los muertos (2022), que habla un montón sobre la relación que tenemos con el duelo y las posibilidades de otras formas de existencia. Cómo hay gente que pierde a un ser querido pero que no deja de darle conversación, no deja de pensar qué diría en tal momento, como una suerte de diálogo que se establece con alguien que ya no está a partir de lo que esa persona construyó en la vida, y cómo son esas cosas. Tomamos esas ideas y nos hicimos muchas preguntas, qué podíamos preguntarle a la historia de lo que le pasó a Eli que le pudiera hacer sentido a alguien más. Ahí empezaron a aparecer otro montón de cosas, algunas muy graciosas y luminosas que suceden cuando te pasa algo muy malo.

En el afán de sobrevivir te pasan cosas graciosas y locas, terminás hablando con gente que nada que ver, o te pasa algo que entendés que aparece porque estás en otra. Empezaron a aparecer esas cosas que hacen que la obra tenga otra liviandad. No es una obra donde todo el tiempo estemos hablando del dolor desde el dolor, sino con la distancia de la comedia también. Porque mirado de lejos algunas cosas que nos pasan son graciosas, mirado con ternura también. Eli cuenta su vivencia desde un lugar muy sensible, tierno y luminoso, entonces no es que todo el tiempo estemos yendo hacia lo trágico en ese registro. Obviamente lo exploramos, es una obra que habla del duelo, pero habla también de otro montón de cosas. Nos parecía superimportante que no fuera una situación morbosa que quedara solamente en esa anécdota o ese hecho, sino que pudiera ser mucho más.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

Tenés mucha experiencia en el mundo de la música, un mundo que esta obra explora en profundidad. ¿Qué creés que aportó tu conocimiento en ese sentido a la hora de dirigir?

Nunca le pregunté esto a Eli, puede ser. Yo lo que siento que me aporta la música cuando trabajo en el teatro es la sensación del ritmo de la pieza. Dónde están los silencios y los reposos. Después, por ejemplo, la elección de en qué momentos aparece Papina —porque que cante Papina en vivo es una experiencia en sí misma— tiene que hacerse con mucho cuidado porque estamos asistiendo a un concierto también. Tenés una música que tiene un despliegue vocal con instrumentista muy bueno, entonces también ver en qué momentos aparece eso y qué está pasando en el resto de la cosa. Ahí yo siento que venir del mundo de la música también me ayuda a pensar cómo se ve aquello, a dónde irá la atención.

La obra se llama Primavera abierta, como una canción de Papina. 

Sí, es una canción previa. De hecho es una canción que una amiga de Eli le mandó a ella cuando estaba pasándola mal. Le dijo que había escuchado la canción y que la había hecho pensar en ella, y Eli siempre pensó que si hacía una obra con esto se tenía que llamar así. Por eso también estaba en el aire la idea de invitarla. Eli la contactó en seguida que pensó en hacer la obra.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

¿Cuál dirías que fue la principal dificultad que encontraste a la hora de llevarla al escenario?

Todo el tiempo estaba en mí la pregunta de cómo hacer que esto no fuera solamente bordear un hecho puntual, sino ir hacia algo universal. Esa pregunta me atravesó durante todo el proceso y fue lo que me tuvo trabajando para que todas las miradas pudieran estar contempladas. Ya que teníamos la oportunidad de poner la historia de una mujer en escena, que pudiera ampliarse a todas las historias de las mujeres. Entonces tener mucho cuidado en cómo presentábamos cada cosa, para que esa experiencia tuviera sentido para muchas más.

Por Catalina Zabala
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