Mi amiga fantasma (2026) nació del interés mutuo y en un contexto simple: con un café de por medio y dos artistas con ganas de ser amigos o, al menos, de hacer algo en conjunto. 

Su director, Gustavo Kreiman, escuchaba la música de Camila Ferrari. La admiraba y la invitó a sumarse a algo, no sabía bien a qué. Camila accedió, se juntaron, y salieron del primer café con las ideas bastante claras: el concepto de una joven artista que se despide del fantasma de su infancia los tenía enganchados a los dos desde el minuto uno de esa primera charla.

Y lo que para Camila comenzó como el proyecto de musicalizar una obra, terminó con ella en el medio del escenario y se convirtió en la protagonista. Como nunca lo había hecho, ambos contaron en entrevista que el trabajo central estuvo en adaptar la historia para que realmente se sintiera propia. Si bien no es una autoficción, hay varios rasgos de Camila que se dejan ver en escena, que sí, sobre el escenario su nombre también es Camila, y también escribe canciones. 

Así, Camila Ferrari es Camila, la protagonista, y Anaclara Ferreira es su fantasma. La acompañó desde que tenía 20 y ahora tiene que soltarla. ¿Qué significa ser un adulto? ¿Qué es mejor soltar y qué cosas hay que conservar? Todo esto se plantea a través de conversaciones, juegos y, sobre todo, canciones. 

En conversación con LatidoBEAT, Camila Ferrari y Gustavo Kreiman recordaron el nacimiento del proyecto, los principales retos y su experiencia luego de trabajar juntos por primera vez. 

Mi amiga fantasma se estrena este 29 de octubre en la Sala Verdi, y sus funciones van hasta el 1° de noviembre para volver el 4, 5, 11, 12, 18, 19, 25 y 26 de noviembre. Las entradas se encuentran disponibles en boletería o en este link. 

El personaje que interpreta Camila también se llama Camila. ¿Cómo lo trabajaron? ¿Hasta qué punto el personaje que vamos a ver en escena es Camila Ferrari?

Gustavo Kreiman (G.K.): Sí, en realidad creo que Cami está siendo un personaje bastante parecido a sí misma. Creo que la obra se sitúa en un lugar un poquito difuso ahí. No es una autoficción, porque estamos contando un cuento, pero el lugar desde el que se cuenta ese cuento es un poco Cami. Cami habla de ser cantante, habla de la vida, de la carrera musical que tiene por fuera de la obra, todo eso es real. Pero ante eso, lo primero que pensé ante la pregunta fue un poco el origen de esto, que eran las ganas de laburar juntos. Nos conocíamos por otro lado y quisimos encontrarnos para poder laburar en algo juntos. En el primer café que tuvimos como para charlar posiblemente de la idea, yo le tiré varias opciones distintas a Cami, y algo de este cuento que contamos en esta obra yo ya lo tenía, lo iba a hacer en un proyecto anterior. Era una idea vieja que estaba en la vuelta, muy distinta a lo que es hoy, pero había algo de la fantasma.

Cuando se la conté a Cami que era una piba que quería despedir a su fantasma porque había ido creciendo pero la fantasma no, y todas las preguntas sobre crecer, Cami se re emocionó. Se le llenaron los ojos de lágrimas, y dijo "hagamos esa". Yo no tuve dudas, y en ese momento creo que se fundó Mi amiga fantasma, literalmente. Y me parece que esa conmoción que tenía Cami es justamente porque era algo que le interpelaba mucho a sí misma.

Camila Ferrari (C.F.): También yo creo que como primera experiencia actuando en el teatro, también lo que él me propuso en ese momento fue toda una locura, porque en realidad al principio la reunión era para que yo hiciera música para una obra. Después me dijo que quizás estaba en escena, y después que capaz que me copaba actuar algo, y en un momento de pronto yo era actriz, y le dije que me ponía muy nerviosa. Era algo que me interesaba pero no sabía si realmente iba a funcionar. Pero también la idea era adaptar lo que hiciéramos a algo que a mí me funcionara, y en última instancia llamar a otra actriz. Entonces también creo que como el personaje está inspirado un poco mi neurosis del momento mezclada con la suya, que se llamara como yo, también lo hacía algo más familiar y menos alejado, para que esta primera experiencia también se sintiera más cómoda.

G.K.: Y, de hecho, Clari también se llama Clari. O sea, a Anaclara, que es la piba que actúa de fantasma, le dicen Clari y se llama Clari. Fue una discusión que tuvimos en algún momento, que se iba a llamar Mica, porque era la inversión de Cami. Ella hace de fantasma, entonces está mucho más alejada de sí misma, pero a la vez es Clari en escena. Hay algo ahí que se armó desde ese lugar poético.

¿Y cómo fue ese proceso, desde ese primer café en el que se conocieron, ver si efectivamente tenían química con la idea y qué cosas había que adaptar?

C.F.: Fue un proceso que se fue dando. Por eso también es que la obra está como co-escrita. Si bien obviamente Gustavo escribió la gran parte, yo también puse varias de las ideas. La idea siempre fue hacer algo que nos gustara y que nos conformara. No adaptarnos a algo que ya estaba escrito y tener que amoldarnos a eso. Entonces es un texto que fue variando mucho, lo fuimos construyendo entre todos, acorde a lo que nos hacía sentir cómodos. Y en ese sentido creo que a nivel grupal hubo un trabajo re lindo también, de ceder en un montón de cosas, también de proponer otras. Hubo una re linda comunicación para llegar a un punto que nos conformara a todos, estábamos todos contemplados en las cosas que proponíamos.

G.K.: Sí, yo creo que hubo algo del encuentro nuestro que de toque nos sacamos la ficha y nos dimos cuenta de que por lo menos nos caíamos bien y que podía haber una resonancia creativa. A mí Cami era una artista que me encantaba, de hecho por eso me acerqué. Cami había visto algunas obras mías.

C.F.: Sí, había ido a Tocar un monstruo (2026), yo también lo conocía. Pero también pasó que las primeras reuniones salían fácil, éramos igual de intensos, entonces de una la charla se iba para cosas re profundas. Se revoloteaba por una sensibilidad bastante parecida.

G.K.: Sí, y me parece que eso igual también nos permitió a los dos y después se fue contagiando al resto del equipo, pero de alguna manera nació en nosotros un compromiso también, una entrega al proyecto, que fue lo que permitió que el vínculo artístico se construyera. Porque para hacer la obra hicimos tres retiros, nos fuimos a La Pedrera, a Jaureguiberry, a Neptunia, nos juntamos un montón de veces por afuera. De hecho, antes de empezar a ensayar este año y de saber que iba a hacer en la Sala Verdi, sin saber todavía dónde lo íbamos a hacer ni cómo, ya nos habíamos empezado a juntar con Clari, entonces creo que tuvo que ver un poco esa entrega y esa confianza de depositar algo propio. Lo que también nos fue orientando, porque cuando estás en ese lugar también de entrega sensible y comprometida, es raro que se vaya para un lado que no te gusta. Justamente estás inventando el camino en el proceso.

El límite entre show musical y obra de teatro es difuso en este caso, recién contaban que la primera idea era musicalizar una obra. ¿Cómo hicieron ese balance entre una propuesta y otra?

G.K.: La idea de que fuera un musical teatral fue desde el principio también. Yo tengo otro relato igual, para mí vos Cami también me dijiste que querías actuar, no fue que yo te lo dije. Para mí vos lo contás así.

C.F.: No, yo capaz que dije: "Ay, a mí siempre me interesó hacer un taller de teatro o de improvisación", corte A: soy la protagonista. Me encantó igual.

G.K.: Pero eso estaba desde el vamos. También algo que aparecía en los diálogos con Cami era que veíamos que habitualmente muchas obras de teatro que tienen música en escena, queda superescindida. Es como que el músico literalmente está al costado y cuando se calla la obra toca algún tema. Sabíamos que no queríamos que fuera eso, una obra con canciones. Al mismo tiempo hacer un musical es muy difícil, y algunas cosas de la estética y de la construcción dramática de los textos de los musicales tampoco nos cerraban tanto. No queríamos que fuera una obra en la que los personajes se expresaran cantando. Entonces intuíamos medio difusamente que queríamos que fuera una obra que estuviera buena, que hubiera diálogos, que se pudiera actuar, pero que a la vez las canciones tuvieran un lugar significativo y no solamente un satélite, algo suplementario. Y como ella es cantante, nos preguntamos qué pasaba si la obra sucedía durante un recital suyo. Si fuera algo que pasara dentro de un día que ella estuviera haciendo una fecha. Así surgió la idea de la fantasma y el recital se volvió la excusa para exorcizar a la fantasma.

Y vos, Cami, siendo tu primera experiencia interpretando, ¿cómo te estás sintiendo en los ensayos? ¿Te gustaría seguir haciéndolo en el futuro?

C.F.: A mí me ha fascinado este proceso, la verdad. Me he hecho nuevos amigos, todo el equipo que armamos es de gente muy preciosa, y eso también me hace sentir muy contenida. Obviamente por momentos fue frustrante también, porque si bien para mí es tremenda motivación salir de mi zona de comfort —que no es que tampoco el canto y tocar en conciertos sea mi ultra zona de confort, porque siempre es superexigente y me expone un montón—, esto es un paso más, y con el nivel de autoexigencia que manejo me llevó a estudiar de otra forma, otro lenguaje. También a estar constantemente recibiendo devoluciones, el rol del director, que quizás en la música es algo a lo que esté tan acostumbrada. Lidiar con esas frustraciones, el ego, todo. Creo que lo he manejado bastante bien, salvo alguna vez, pobre Gus. Pero bueno, bien gestionado.

G.K.: A mí a veces se me va también.

¿Se pelearon?

G.K.: No, por suerte no, bastante armónico todo.

C.F.: La verdad estoy re copada y me encanta actuar de pronto. Este papel es algo que a mí me resulta bastante familiar porque no es que tengo que interpretar una cosa muy alejada de lo que es mi personalidad, pero es también muy difícil mostrarse a sí mismo hablando un texto. No es tan fácil tampoco. Pero me tiene re contenta, la verdad. Y en el futuro no sé. También requiere de mucho tiempo, de mucha entrega. Hay que ver qué es lo que trae el futuro, pero no sé.

Enzo Vogrincic también estuvo trabajando con ustedes.

G.K.: Claro, Enzo hizo el diseño gráfico del programa y todo lo que es el afiche y los flyers relativos a la obra. Porque es un amigo, se colgó, vino a un par de ensayos, de hecho también nos dio una idea de comienzo. La obra empezaba de otra manera, y después de un par de charlas con Enzo se copó con el comienzo. Es un freak hermoso, se cuelga con las fotos, hace diseños increíbles, y estamos re contentos con el laburo que hizo. Le gusta el teatro y hacer cosas que le cuelgan, laburar con amigos. Está re presente en un montón de proyectos, incluso a veces ni firma. Es por el gusto de vivirlo.