Uno piensa al teatro como un arte limitado a una escenografía y a lo que actores son capaces de hacer moviéndose y hablando en ella hasta que ve una obra como Ballet, la nueva producción de Pequeño Teatro de Morondanga, dirigida por el actor y dramaturgo Roberto Suárez en el Teatro Odeón.

Una obra perturbadora, un terror psicológico vueltero, del que uno sale con ganas de tirarse un rato a mirar TikTok para aflojar la tensión. Por su localización en un hospital psiquiátrico y por tener como protagonista a una ex balerina es inevitable compararla con El cisne negro y La isla siniestra, pero Ballet tiene más mala onda, con un humor negro del que uno no sabe si está bien reírse.

Esa bailarina veterana es Amanda, interpretada por Soledad Pelayo. Una mujer carcomida por demonios del pasado y del presente. Y medio que hasta ahí es a donde la producción permite contar de qué va la trama: insisten mucho en mantener los detalles a cubierto. 

La sorpresa no está tanto en su género ni en cómo lo encara sino en lo técnico, en cómo se compartimenta la escenografía para crear encuadres diferentes sin que nunca se cambie la puesta en escena; en cómo se ilumina (o a se oscurece) y cómo se emplean ciertos “trucos” visuales para movernos, como si fuésemos un montajista visualizando distintos planos de una cámara estática. Y en cómo, entrada la obra, la herramienta se hace transparente: la iluminación revela parte del artificio y nos hace partícipes de la observación médica de esta mujer que más que al borde del abismo está varios metros metida adentro.

Las flores serán para Pelayo, que entrega una actuación desmedida —su boca tan abierta, su cara mocosa, su voz raspada por tanto pucho—, atemorizante hasta que su tamaño parece reducirse. Pero igual de memorables son Gustavo Suárez, con su voz imponente, y sobre todo Mariano Prince, que desaparece en su rol.

Ballet va hasta el 12 de diciembre de miércoles a sábado en el Teatro Odeón y las entradas pueden comprarse por Abitab. Vuelve en febrero a estar en cartel.

Ballet. Crédito: Bruno Pereyra

Ballet. Crédito: Bruno Pereyra