La calidez y cercanía que emana de Zoe Gotusso cada vez que pisa un escenario es la misma a la hora de mantener una conversación. Contesta dándole su debido tiempo a cada palabra. Aclara que "no quiere ponerse filosófica". Escarba en su forma de ver las cosas para contestar dónde siente que se encuentra ahora, hacia dónde quiere ir y por qué continúa haciendo música.
La respuesta rápida a esta última pregunta es que ama lo que hace; la más compleja es que requiere luchar contra su timidez, hacer autoexamen, amigarse con su voz y con el hecho de que no tiene que escribir todo lo que canta para que suene genuino.
Sus comienzos en Salvapantallas la catapultaron como una gran intérprete. Pero ella quiso demostrar que también podía hacer sus propias canciones. En 2019, comenzó con dos sencillos: "Un Bossa +"Monoambiente en capital. Al año siguiente, lanzó Mi primer día triste, su primer álbum, con nueve composiciones originales y una versión de "Amándote", de Jaime Roos, que cobró una nueva vida con la voz de Gotusso.
En Cursi (2024), su segundo disco, hizo una versión en español de "Pensando em você", originalmente de Paulinho Moska. "Se ve que cuando me encanta una canción pasa algo, deja de ser un cover y empieza a ser una reversión. Pasa algo con la voz, no es mi voz, no la elegí, me tocó", dice en entrevista con LatidoBEAT.
Durante un verano en una casa alquilada de Delta del Tigre, Gotusso se reencontró con un viejo amigo: curiosa, aburrida, desesperada por escribir algo y con un reproductor viejo a disposición, se puso a escuchar las canciones de Roberto Carlos. "Es como encontrar ropa vieja, algo que volvés a encontrar y que te encanta", recuerda.
Entonces, como un capricho, se propuso hacer un disco de reversiones del brasilero. Una idea que no fue fácil de ser aceptada por su equipo, pero que ella "necesitaba" hacer. Y así nació Detalles (2025).
Grabado en Los Ángeles, con María Wolff —su pareja— como productora, la artista resignificó las canciones de un "viejo dandy" y las convirtió en las de una chica en sus 30.
Zoe Gotusso se presentará con su tour este 9 de mayo en la Sala del Museo. Las entradas se pueden conseguir aquí.
En una entrevista de 2024 dijiste que a los 30 años ibas a estar en tu prime. Ahora que estás un poco más cerca de esa edad, ¿creés lo mismo?
Obvio, y te digo una cosa: cuando estoy con un grupo de personas y mencionan lo de envejecer, siempre digo que las décadas se ponen mejores, como la buena comida o la buena bebida. Siempre sentí que quería envejecer así. Ustedes tienen un uruguayo al que no quiero tildar de viejo, pero no es un pibe de 20 ni de 30, que es Jorge Drexler. Me parece que los años le sientan muy bien. Está muy bien físicamente, pero lo digo por su curiosidad, por su desarrollo como artista, por no cesar.
Ahora estoy a un mes de tener 29 y siento que después de la ruptura con Salvapantallas, de mi primera etapa solista, yo frené un año porque estaba muy angustiada. Soy una persona que no había parado desde los 16 años. La madurez y la sabiduría son para algo y te las dan un poco los golpes. Me siento con ganas, no me siento triste. ¿Viste cuando pensás que no te vas a enamorar de nuevo, y te enamorás y te da mucho alivio? Me está pasando eso con la música, con tocar en vivo. En el estudio de al lado estamos escribiendo. Estos años son claves para mí, hice una buena carrera como una veinteañera o postadolescente y ahora ya vivo de esto, hay gente que me escucha y hay que ser mejor artista, compositora, intérprete, persona, líder. Estoy más en contacto con querer ser mejor, pero por mí.
Tus letras tienen muchas de tus vivencias, es una especie de bitácora. ¿Cómo es mirar para atrás y ver que convertiste en arte tus recuerdos y que, a su vez, toman otro significado para los demás?
Pienso que soy una afortunada. Cuando miro para atrás y me miro en mi presente, estoy muy agradecida con la vida que tengo y las personas que me rodean. Es como los castings, el casting lo hacen cien y quizá quedan dos. Ya viajar haciendo música y que te reditúe, que puedas comer y vivir de la música, me parece buenísimo. Pero que aparte sea música que me guste me parece un regalo del cielo. Si miro para atrás, me compadezco con todo el trabajo que he hecho y con todas las personas que me han ayudado. La verdad es que tengo un laburo espectacular y espero seguir estando a la altura para que esta gracia siga pasando.
Cortesía de la producción
Te has referido a la música como un juego para vos. Tu carrera sigue creciendo. ¿Cada vez hay más cosas que faciliten o que dificulten vivirlo así?
Para mí se puso más difícil. Soy una persona que tuvo y tiene mucha timidez. También soy frontal, soy caradura. Puedo desenvolverme y hablar en un lugar social. Pero soy muy tímida y lo vivo con mucho peso también. A medida que hay más gente mirando, me da más miedo. Como componer, componía sola, es como practicar un baile sola en tu cuarto y ahora tener que hacerlo frente a otras personas. Hay algo de los 15 o los 20 años, que tenés un hambre, una inocencia y una inconsciencia que después deja de estar. Antes tenía mucha hambre y quería vivir de la música; ahora vivo de la música y encima me están mirando. Me parece que estar expuesto significa que te miren crecer, fracasar y conseguir cosas. Es algo con lo que hay que amigarse, y a mí amigarme con eso me resulta muy desafiante y difícil, pero hermoso.
Es conocido tu vínculo con la música brasileña. Detalles, tu último álbum, son covers de Roberto Carlos. ¿Qué vínculo tenías anteriormente con la música de él?
No me lo acordaba. Me alquilé una casa en El Tigre, estaba con una amiga un verano. Esta casa tenía un reproductor viejo y me encantaba la idea de escuchar desde ahí. Estaba curiosa, aburrida y muy desesperada por escribir, entonces puse estas canciones y en esas me reencontré y me di cuenta de que esas canciones me empezaban a emocionar. Es como encontrar ropa vieja, algo que volvés a encontrar y que te encanta. Ahí me di cuenta de que ya conocía a Roberto Carlos. Eso viene de mi abuela, de mi viejo, de ponerme esa música en Córdoba, reencontrarme con ella más de una década después.
Hice la versión de “Amándote”, de Jaime Roos, en el primer disco, hice unas versiones de música brasileña en español en el segundo disco. Acá fue reencontrarme con Roberto Carlos y en paralelo decirme: “che, bancátela y sacá un disco en el que seas intérprete y no compositora”. No lo quería hacer, prefería hacer mis canciones, pero creo que en el arte a veces no elegís. De hecho, fue una idea bastante loca cuando lo presenté. La gente me miró como “what the fuck”. Tuve que ablandar la idea en la cabeza de mis pares porque después de dos discos que iban bien, la gente espera más mis canciones y yo en ese momento estaba diciendo: “Yo también quiero mis canciones, pero ahora estoy con este capricho y necesito hacerlo, banquenme”. Me gusta mucho interpretar a mí.
Es parte de tu carrera, pero no siempre fue algo que te quedó cómodo. Cuando se hizo viral tu cover de “Fue amor”, te enojaste, pero hacer una buena interpretación de una canción, es apropiarse de ella en cierta medida.
Yo tengo un síndrome de culposa. Si estoy en un partido de tenis y me sale bien una jugada, no la hago muchas veces porque siento que estoy jugando mal por mi contrincante; no voy a hacer algo que me sale bien. Para mí interpretar era eso, me sale bien. Cuando una canción la siento mía la canto 17, 40 veces y así llegó “Fue amor”. Se ve que cuando a mí me encanta una canción pasa algo que deja de ser un cover y empieza a ser una reversión. Pasa algo con la voz, no es mi voz, no la elegí, me tocó. La pongo en lugares que me entusiasman mucho y funcionan. Odié, al principio, que se hicieran virales las versiones.
Quería presentarme al mundo como compositora y cada vez que hacía un tema nuevo no me lo cantaban, me cantan más el tema que conocen hace 100 años. Después uno se amiga y me digo a mí misma: “No seas boluda, si te sale bien”. Un día, me cambió la percepción enterarme de que Mercedes Sosa no escribía canciones. Uno no tiene que hacer todo el juego. Yo pongo mi interpretación, a veces pongo mi voz y la composición es de otro, y me parece que hay algo muy rico ahí para el arte, más allá de mí. Me he querido con los años cada vez más y creo que eso es amigarse con mi voz, con mi lugar de cantante y no solo de compositora.
Cortesía de la producción
Grabaste este disco en Los Ángeles, ¿cómo fue la experiencia?
Fue mi primera vez allá. El primer disco lo hice en Montevideo, el segundo en Buenos Aires y el tercero en Los Ángeles con María, mi pareja. Fue la productora del disco, nunca había hecho un disco. Me enamoré, ya veníamos como pareja, pero también la admiro mucho como productora y música y le dije que para mí ella tenía que hacer este disco.
Fue hermoso. Fue muy especial. Una locura también grabar música de Brasil con mi pareja, pero que también es productora, en Los Ángeles, con un auto y un departamento, yendo todos los días a grabar canciones de Brasil, pero que pasábamos a español y se las explicábamos a los yankees. Después, las fotos del álbum las hicimos en España. Fue una mezcolanza. Ahí me di cuenta de que para sentir la música no tenés que saber la letra necesariamente. Los chabones que grabaron con nosotras eran unos musicazos, estaban re copados y me acuerdo de terminar los días con la cabeza quemada de hablar todo el día en inglés, con términos que desconozco. Terminábamos muy quemadas con la traducción del portugués al español y del español al inglés.
Es una locura mezclar dos cosas que amás tanto como tu pareja y tu profesión.
También fue una sorpresa porque yo venía trabajando con productores de casi 50 años —no lo digo por la edad, pero por todos los discos que han hecho—. María fue cambiar a fondo, de Juan Campodónico, de Cachorro López. Yo la vi en mi cabeza, el amor de estar en casa, el amor a la música, la admiración, el viaje. Para mí no es lo mismo que una chica cante Roberto Carlos a que un chico.
Se resignifica y ahora estoy yo siendo una mujer que también le canta a mujeres pero que también está representando a un viejo romántico, a un dandy. Había algo que me parecía divertido de traer a Roberto Carlos tan del pasado al presente y trabajarlo con alguien como mi novia. Las dos somos chicas, de 30 años, yéndonos a Los Ángeles. Hay que aprender a trabajar en pareja, te matás por momentos, pero seguimos en pareja y eso habla muy bien de nosotras. Nos hizo crecer mucho como colegas y como pareja.