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Negra murguera

Yamandú Cardozo: “La murga se la banca en un montón de lugares que no son los habituales”

El director de Agarrate Catalina conversó con LatidoBEAT sobre su alcance internacional y su presentación en el Antel Arena.

08.09.2026 12:50

Lectura: 13'

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Por Catalina Zabala
catazabalaa

Un extraño fenómeno se está dando, y es que la murga, una expresión muy uruguaya, está llegando a ambientes masivos. Círculos internacionales. Agarrate Catalina, una de las murgas más asentadas en nuestro acervo cultural, es la principal responsable de sacar esa cultura hacia afuera. Del Tiny Desk de Milo J a colaboraciones con artistas de distintos géneros, la murga se mostró en el radar de la escena musical internacional sin abandonar una forma de hacer y entender el género que sienten profundamente propia.

Yamandú Cardozo lleva 25 años a la cabeza de Agarrate Catalina. El desafío, dice, no estuvo en adaptarse a esas nuevas plataformas, sino en llegar a ellas sin desdibujarse. Sin dejar de ser ellos mismos. Algo que suena obvio, pero que no lo es. 

Luego de varios años alejados de la competencia, la murga se prepara para la prueba de admisión en noviembre y su vuelta al ruedo nacional. Al mismo tiempo se encuentran preparando su presentación en el Antel Arena, este jueves 10 de septiembre. En conversación con LatidoBEAT, Yamandú Cardozo habló sobre el pasaje de la murga por espacios internacionales, la responsabilidad que implica, la vuelta a la competencia y el Antel Arena. 

La Catalina ha tenido una proyección internacional que no es frecuente en la murga, como haber estado en el Tiny Desk de Milo J. ¿Cómo viven eso de llevar algo tan propio de su país a un escenario tan global?

Es superdesafiante por un lado, es estimulante, nos genera mucho orgullo. Más allá del galardón o de la cocarda personal o grupal de la Catalina, que suena como a un discurso conveniente para decir, de verdad nos emociona mucho porque somos murguistas. Ver que el género se la banca en un montón de lugares que no son los habituales está buenísimo; es valorado, es mimado y es abrazado por un montón de gente con oídos nuevos. A su vez es muy exigente proponer nuestra versión del género contándola y cantándola en estos lugares, implica una preciosa responsabilidad que tomamos con mucha seriedad pero con mucha alegría. Lo que sí pasa también es que esto que le está sucediendo a la Catalina no era el plan original, y eso también es re lindo. No solamente no es el plan original, sino que no es el faro total ni absoluto de la Catalina.

No es que la murga se haya modificado u obligado a mutar para adaptarse a los requerimientos internacionales de lo que la industria del entretenimiento musical dicta. Los lugares en donde pudimos cantar tuvieron que ver con invitaciones de personas que lo que venían buscando era una murga, específicamente a la Catalina, que no ha dejado de hacer murga. Entonces eso es doblemente un orgullo, porque no es que la murga haya salido corriendo a desdibujarse para adaptarse a ninguna tendencia. Colegas de otros palos que aparentemente son muy lejanos nos invitan a participar porque quieren la sonoridad de una murga entre sus texturas a utilizar y sus experimentos, y eso está recontra bueno de sentir y de vivir. Y ahí vuelvo al discurso que te digo, que sé que suena un poco a speech conveniente, pero de verdad es muy emocionante descubrir que el género de la murga está en el radar de Bizarrap, por ejemplo. Es recontra lindo sentir esa responsabilidad eventual.

Siempre decimos una cosa con Tabaré, yo se lo escuché a él decirlo alguna vez en alguna nota y siempre me pareció que era un muy lindo ejemplo: que vos seas el abanderado circunstancial de un género no te convierte ni en el dueño de la bandera, ni mucho menos en la bandera. Esta es una manera de hacer murga, la más honesta que tenemos. Nos tiene muertos del amor. Pero es nuestra expresión, hay otro montón de maneras de hacer murga y siempre que andamos con ella por el mundo lo que les decimos es que vengan, que escuchen, que chusmeen. Ahora se pueden meter y en 10 segundos reciben infinidad de posibilidades de ver otras maneras de hacer murga tan válidas como la de la Catalina.

Cortesía de producción

Cortesía de producción

Destacás esta cuestión de no haberse desdibujado a la hora de participar de otros proyectos. ¿Ante alguna de estas propuestas apareció algún conflicto interno entre ustedes? ¿Estuvo ese miedo a perder el espíritu?

Sí, está muy bien esa pregunta. Porque sí, dudas hubo temores, prejuicios, por supuesto. Cuando pasó lo de los Grammy fue una invitación hermosa de Gonza, Bizarrap, y de Cami, Milo J, pero también pensamos un montón cómo iba a ser, en qué condiciones. Teníamos que ir determinadas personas, asegurarnos de que sonara a murga. La exposición iba a ser muy grande, entonces teníamos que estar preparados. Pero dudamos sobre cómo iba a quedar. Fuimos caminando despacito, cosa que no se cayera esa invitación, pero si algo no nos parecía teníamos que decírselo a Gonzalo. O capaz que nos encantaba pero no pegaba con lo que sentíamos que podía hacer la Catalina y con lo que queremos transmitir cada vez que estamos arriba de un escenario.

Lo del Tiny nos hizo dudar que fuera tan reducido el coro, nos generó también mucha duda interna. A Cami le dijimos que lo queríamos acompañar siempre, fuera como fuera, pero le pedimos probar si con cinco personas lográbamos tener la sonoridad que queríamos seguir representando, porque íbamos a mostrar la murga al mundo. Es un lugar con una referencia absoluta de los sitios de encuentro y de consumo musical, sobre todo muy respetado por el colegato internacional. Está buenísimo que le pase al género, pero entonces para eso teníamos que ir de una manera linda que contribuyera a las canciones de quien nos invitaba. No es que hayamos pensado en bajarnos, pero ensayamos mucho. También todas las colaboraciones que has escuchado de la Catalina, más allá de la repercusión que han tenido, todas nos representan de alguna manera. No nos metemos en ninguna si no sentimos que le sumamos o que está de acuerdo con nuestra manera de mirar el mundo.

Hace poco anunciaron que vuelven a la competencia acá en Uruguay. ¿Cómo se están preparando de cara a una prueba de admisión?

Siempre es una instancia difícil porque hay un montón de murgas preparándose con títulos muy importantes, con planteles que se arman específicamente para eso, es muy competitivo. Hay mucha expectativa también sobre lo que puede hacer o no la Catalina. Es un caminito sinuoso pero estamos con muchas ganas, sobre todo nos preparamos desde la ilusión, la alegría, estábamos extrañando mucho volver a intentar hacernos presentes en nuestro barrio. Es la fiesta más linda que tiene nuestro país, a nuestro entender, entonces tenemos tremendas ganas, tremenda ilusión. Mucho entusiasmo y alegría, y desde ahí estamos preparando todo juntos. Ahora también estamos con el disco de los 25 años que estamos grabando en este mismo momento con Juan Capodónico y Julio Berta, preparando la prueba de admisión y preparando el Antel Arena, así que nuestra agenda se nos complicó. Pero también sentimos que las cosas son cuando son, tendremos que trabajar más y dividirnos, multiplicarnos, pero hacerlas. Nos organizaremos un poco más, nos apretaremos los horarios, le robaremos alguna horita más a la familia, a las amistades y a los otros trabajos y nos romperemos el lomo con todas las ganas del mundo para hacer estas tres cosas que nos tienen con tanta ilusión.

Cortesía de producción

Cortesía de producción

¿Cómo ves el nivel de las otras murgas en este momento? Teniendo en cuenta que ustedes eso lo vieron desde afuera durante algunos años, ¿cuál es la situación?

A mí me gusta mucho el presente que tiene el carnaval. Yo miro porque soy carnavalero, porque me gusta, soy murguista y veo lo que hacen mis colegas y lo disfruto. Puedo abstraerme sin hacer el ejercicio de salvar el filtro de la competencia. Porque yo también me enorgullezco de haber trabajado para que incluso la competencia no me prive del goce y del disfrute. Por año hay muchas cosas que me emocionan y que agradezco que hacen mis colegas.

Mis colegas de diferentes murgas me emocionan, me transportan a un lugar de espectador que siempre lo tengo vivo por suerte y creo que he logrado. Pero siempre es más difícil hacer el ejercicio sin tener esa mirada de la competencia. Hay que hacer ese ejercicio, creo que podemos valorar el laburo que hacen el resto de las agrupaciones colegas, pero a veces lo que conspira es el tiempo. No tenés tiempo de ver porque hacés un montón de tablados, ciento y pico, hasta ocho tablados por noche. No te da tiempo de ver otra murga. En todo caso podés llegar y ver algo en la tele después, pero ya llegás a cualquier hora a tu casa, te tenés que levantar para ir al ensayo el otro día o al laburo. A mí me gusta el nivel que hay, me gusta mucho lo que está pasando con las murgas jóvenes. En nuestro caso, venimos de la primera camada de la corriente de murgas jóvenes que entraron al carnaval, pero ya evidentemente hay murgas jóvenes que tienen la edad de personas que podrían ser nuestras hijas. Sus discursos, sus búsquedas estéticas, su cosmovisión. A mí me parece muy interesante. No para hacerla quizás porque hay una cuestión generacional que nos quedaría un poco impostada, pero sí para mirar sus elecciones y disfrutarlo. Por una cuestión generacional también hay cosas que empiezan a pasar, por suerte, y las murgas hablan desde la poética con un lenguaje que es nuevo y que es actual. Y me parece precioso eso, me parece muy emocionante. Entonces a mí me gusta mucho el presente que tiene carnaval. 

Cortesía de producción

Cortesía de producción

Están preparando un Antel Arena para el 10 de septiembre, así como Doña Bastarda, que estuvo hace poco. ¿Cómo lo están preparando? ¿Cómo es esta nueva realidad de las murgas ocupando escenarios más multitudinarios?

Es que tenemos ganas de complicarnos la vida, pero lo estamos haciendo con mucha ilusión. Hasta hace muy poquito éramos la única murga que había estado ahí, y está buenísimo que otras murgas y otros colegas se sumen a eso, a intentar. Viene muy lindo, la configuración más habitual para las murgas es un poco más pequeña, y desde que se pusieron a la venta las entradas estamos muy cerca de agotar la configuración mayor, que son casi 7.000 entradas. Eso es muy imponente no por colgar un premio en la repisa, que es precioso, sino sobre todo porque es una traducción del amor que tiene la gente. Tienen ganas de verte y de estar cerca de un festejo tan importante como cumplir 25 años. Es todo muy emocionante, porque la gente muchas veces está ahí desde el ensayo número uno. Un abril de hace 25 años.

Es mucho el porcentaje. Gente que se conoce de toda la vida, que se quiere de toda la vida, que ha aprendido a ser más fuerte conviviendo, discrepando, creciendo en conjunto, nos pasó de todo, nos pasó en la vida, parejas que se desarmaron, que se volvieron a armar, gente que ya no está, gente a la que extrañamos. Nos tocó perder gente a miles de kilómetros de distancia y tener el abrazo de tu compañero de habitación cuando te llega la noticia, o tener que salir a buscar un vuelo de apuro porque la compañera de alguno rompió bolsa y hay que salir volando y no sabés si llegás al parto. Pasó de todo, perder compas de la murga mientras estábamos girando y sentir que teníamos que estar en Uruguay haciendo funciones. Todo eso se junta y nos hace querer festejar más fuerte y más lindo y de manera más alegre.

También cuando invitás amigos y amigas de otros lugares, de otros palos, vienen encantados y encantadas a participar y sumarse al género. Eso no sucedió siempre. Que la murga sea tan querida y respetada por la colectividad artística de Uruguay no pasó siempre. Hemos hecho cosas en Uruguay con gente que queremos mucho y que están en extremos aparentemente opuestos del abanico musical, como Rey Toro, Luana, Mariano Bermúdez, La Tabaré, Larbanois & Carrero y la Trotsky. Y en todas nos encontramos con una enorme aceptación y gusto, una enorme generosidad de parte de toda esa barra. No sé si siempre fue tan fácil que le dijeran que sí a una murga para colaborar y sumarse a las canciones de la Catalina, o para dejar que la murga les intervenga sus temas. Y hasta ahora nadie nos dijo que no. Más allá de la satisfacción personal que siente cada integrante de la Catalina a la hora de recibir un sí, es hacia el género. Yo soy bastante viejo, tuve mi infancia en los 80 y mi adolescencia en los 90, y recuerdo también aquel dogmatismo musical. Si te gustaba la cumbia no podías ser rockero o si te gustaba el reggae no podías ser salsero. Eso siempre existió pero por suerte se está desdibujando, y tiene que ver con ese presente también que el género tiene y en el que está y que acompaña.

El mundo del candombe y la cultura recientemente perdió a Ruben Rada, ¿quién fue para vos?

Un ídolo, una referencia ineludible al que tuvimos la suerte de conocer y que nos permitió por su enorme generosidad jugar a que éramos sus colegas por un rato arriba del escenario. Una persona que queríamos como familia desde antes, porque hay personas de las cuales su música te ha acompañado toda la vida, de manera consciente o no. La música del Negro Rada cruzó a un montón de generaciones de nuestro país. Se volvió la banda sonora de nuestro recorrido vital. Incluso antes de poder conocerlo y confirmar que sí, que lo queríamos, ya lo queríamos de antes. Es esa relación tan fantástica e increíble que genera el arte y sobre todo el arte popular, por su propia decisión de ser cercana a su público. Siempre le tuvimos un cariño enorme. Se transformó después en un vínculo de cercanía muy grande, porque él nos invitó a ser sus colegas también de alguna manera y nos habilitó una familia. Hicimos cosas increíbles que no habíamos hecho nunca ninguno de los dos proyectos, como el Movistar Arena, por ejemplo. Lo vivimos en los dos proyectos y las dos familias musicales con la misma emoción, y todo lo que sucedió ahí fue precioso. Así que una enorme alegría haberlo cruzado y haberlo conocido. Somos personas muy privilegiadas de haber contado con su amistad, con su legado, con una herencia preciosa, dicha y no dicha. Es esa gente que te enseña sin decirte que te está enseñando.

Por Catalina Zabala
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