Ximena Bedó: “Fuerza álla”, su música experimental y abrir portales creativos
La artista uruguaya lanzó su nuevo disco y lo presenta este 18 de octubre en la Sala Rondeau.
Por Catalina Zabala
catazabalaa
Siete meses de aislamiento, una pierna rota y una pandemia fueron el escenario inesperado en el que comenzó a gestarse Fuerza álla (2026), el nuevo disco de Ximena Bedó. Lo que en principio pudo haber sido un período de quietud terminó convirtiéndose en un largo proceso de exploración que derivó varias veces en lo que ella llama "delirios místicos". Las canciones mutaron, tomaron nuevas direcciones y dieron lugar a un trabajo atravesado por la experimentación, las capas de sonido y una composición que no siguió un camino lineal.
Lejos de apurarse por encontrar una forma definitiva, la artista se permitió habitar el disco durante años, siguiendo cada desvío que aparecía en el proceso. La improvisación, los textos, los sintetizadores, los samplers y una búsqueda casi cinematográfica por transformar los espacios en sonido fueron construyendo un universo en el que las canciones parecen cambiar de habitación mientras avanzan. Se pregunta sobre la fe, el tiempo, la presencia y aquello que sucede más allá de lo consciente.
Pero Fuerza álla no es solamente el registro de una etapa de aislamiento. Es también una reflexión sobre la creación y la posibilidad de dejarse sorprender por ella. Para Ximena Bedó, componer implica seguir aquello que aparece sin intentar controlarlo demasiado. Permitir que una canción encuentre su propio camino y confiar en esos “portales” que se abren cuando algo inesperado modifica los planes. De ese estado de libertad —y de años de trabajo artesanal— nace un disco que busca, ante todo, preservar la capacidad de asombro.
Presentará Fuerza álla en la Sala Rondeau este 18 de octubre, y las entradas pueden adquirirse aquí.
Lanzaste Fuerza álla, un disco que comenzaste a componer en 2021. ¿Te costó más que otros?
No es que me haya costado más que otros. Lo compuse muy aislada porque yo tenía la pierna rota, entonces estuve muchos meses encerrada sola en mi casa. Me agarró en medio de la pandemia y fue muy atípico. Estuve de verdad siete meses encerrada en mi casa, entonces me pegué un viaje. Estaba en un momento de una libertad bastante extrema en cuanto a lo creativo, entonces el largo del disco tiene que ver más que nada con que fue superexperimental, no fue para nada lineal. Yo grababa una canción, después tomaba una decisión al respecto de la estructura que implicaba de repente mutear toda la primera parte, y entonces se transformaba en otra cosa y había que orquestar esa otra cosa, eran horas.
Así se iban abriendo portales, y pasaba un año, dos, tres, siempre tenía que ser consecuente con el cambio de rumbo que había tomado todo. Y estaba en un momento en el que realmente no me importaba mucho cuándo iba a salir, cómo iba a sonar o de qué estilo iba a ser. Estaba bastante libre en ese proceso, fue muy libre y se fue eternizando. Y después, yo soy bastante detallista, entonces también me voy obsesionando con algunas cositas y se fueron abriendo portales. Pero creo que el resultado fue bien creativo porque había como un resignificar todo el tiempo lo que podía ser la canción, y mucha composición de postproducción. Mucha composición sobre el trabajo del sonido del disco. Tiene muchas capas, ritmo.
Se nota mucho en el disco esto que comentás de lo experimental, su sonido no es nada predecible. ¿Encontraste en Fuerza álla una nueva forma de componer en el futuro o queda en ese capítulo?
A mí me pasa que voy muy a fondo con una etapa y, cuando salgo, por lo general me dan ganas de hacer algo muy opuesto a eso. Por ejemplo, mi segundo disco era muy producido, el que estuvo nominado a los premios. Y después de eso hice un disco de improvisaciones, o sea, cero producido. Y ahora vengo de un proceso muy largo. Muy artesanal, muy amoroso también. Probablemente algo de lo experimental ya una vez que se rompió cierta cadena ya está. Es muy difícil volver a acartonarse. Además vas conociendo un montón de posibilidades y es muy difícil después que desaparezcan de tu imaginario. Pero la verdad no tengo ni idea, sé que hoy en día lo que más me interesa es la canción experimental.
Foto: Javier Noceti
Teniendo en cuenta que cada uno de tus discos representa una etapa muy concreta de tu creatividad, ¿cómo te relacionás con tus discos anteriores?
Depende del día, como las personas en general con las cosas que hicieron. A veces se miran con ternura, con amor. Para tener 22 años tenía algunas ideas. A veces digo "uy, qué mal cantaba". Depende del día. Yo lo entiendo como lenguajes con los que fui probando hablar. Yo ya tenía muchas influencias muy mezcladas desde muy chica, entonces sí puedo valorar de todos los discos que había una impronta muy genuina. Yo creo que lo que pude hacer con el pasar de los discos fue ir rompiendo cada vez más moldes. Para mí misma, ni siquiera para los demás. Yo cada disco lo disfruto más que el anterior. Al final te terminás acordando más de los procesos, de cómo fue grabarlo, que del disco en sí. Entonces creo que es eso lo más importante. Y este disco fue un proceso superamoroso, eterno. Pero no había ni siquiera apuros para que saliera. Era como un estado de vida en sí mismo estar experimentando dentro del disco, como si viviera dentro de él. En un momento sí, ya en febrero de este año y lo empecé a mezclar de nuevo, y ahí ya me di cuenta de que había pasado una línea.
Tiene algo muy cinematográfico. Algunas canciones son muy cantadas y otras muy habladas.
Es que yo ese año que te digo también escribí un poemario. Tenía la posibilidad de ir hacia el poemario, pero después decidí que no. Preferí que la escritura fuera un juego, lo que fue para mí siempre. Desde muy chiquitita fue un juego y una cosa muy personal. La tengo como un refugio a diario y no la quiero "profesionalizar". Entonces decidí que aparecieran esos textos adentro del disco. Y por eso aparecen tantos, porque son hijos del mismo tiempo. De los mismos largos periodos de filosofar sola, mirando por la ventana. Y como todo tenía que ver, siento que confluyó ahí. Encontrarnos su lugar en el cuerpo sonoro.
¿Sabés hacia dónde querrías ir en un disco futuro?
Yo ya tengo cosas, por supuesto, que fui componiendo. Pero justamente lo que no quisiera es predisponerme. Porque si algo aprendí de este disco es que cada cosa, cada archivo que se corrompía y cambiaba los planes —y eso pasó mucho—, o cada cosa que pegaba un virazo, siempre abría un portal que mejoraba muchísimo la situación. Y que me sorprendía a mí, y eso me resultaba divertido. Entonces, en el proceso creativo, que realmente a vos te tome por sorpresa algo es lo mejor que te puede pasar. Y eso yo no quisiera abandonarlo ni olvidarlo. Las canciones vienen de otro lugar que uno no controla mucho, y hay que respetar ese lugar. No tiene nada que ver con lo que pensamos, viene de otro sitio. Vos tenés que mirarla con respeto y seguirla por donde va. Y eso me gustaría tenerlo fresquito, presente.
Esto que comentás lo experimentan varios artistas. Al mismo tiempo, vos en tus letras mencionás muchas veces a Dios. ¿Está relacionado?
Sí, un pequeño delirio místico. Yo me rompo la pierna y quedo literalmente siete meses adentro de mi casa viviendo sola, miraba mucho por la ventana. No sabía cuándo me iban a operar y no podía retomar la marcha porque la pierna me había quedado bloqueada, y en la pandemia no te operaban. Te mandaban para tu casa. Entonces yo me pegué un viajecito y empecé a pensar en algunas cosas. Y el concepto de fe —no religiosa, no me malinterpretes, para nada religiosa—, filosóficamente hablando, empezó a dar vueltas.
Pensé mucho en las temporalidades, pensé mucho en los diferentes momentos de la vida de una forma no lineal. En realidad no sé cómo explicarlo, en el momento sale la palabra "Dios" porque es una palabra cotidiana. En ese momento estaba en una media filosófica con el tema de Dios. No religiosa. Viste que el disco se llama Fuerza álla, y es como una fuerza que está fuera, pero no está fuera nunca porque vos sos parte del todo y nada está fuera del todo, porque entonces, ¿dónde estaría? Entonces hay algo de eso, de una "fuerza álla" que en realidad es "fuerza áca". Eso es un delirio místico que hay entre la fe y la fuerza motriz, que a su vez yo necesitaba para recuperarme y que también me tenía muy fascinada. Todo ese combo mezclado se transforma en esa especie de plegaria que es Fuerza álla. Y de statement también.
Foto: Javier Noceti
¿La canción "Mi nombre" de qué habla? Aunque tus letras no son nada literales, esa parece referirse a algo muy concreto.
Es bastante personal esa historia. Esa canción es una improvisación que salió de principio a fin entera, y que yo en un momento tuve la sensación de que tenía que grabarla. Yo soy muy de improvisar, y a veces me avivo y pongo a grabar y otras veces no. En ese caso fue así, es una canción para mi padre. Mi padre falleció cuando yo era muy chiquita, no lo conocí. Pero sé que me puso mi nombre. No te voy a decir que las personas somos un canal, porque en realidad lo que es un canal es nuestro raciocinio, lo que llega a la consciencia. Lo que pasa es que hay un montón de cosas nuestras que no están en nuestra consciencia. Yo no creo que vengan de algún lado, que sea un rayo que viene de arriba. Yo creo que son cosas que se mezclan adentro de vos, en lugares a los cuales no tenés acceso. Y a veces ese lugar encuentra una grieta y se pasa a la consciencia.
Eso te pasa en esos momentos de improvisación, en muchos momentos me pasa. Yo siento que todo el tiempo estamos absorbiendo cosas y se van mezclando en un lugar nuestro, y nuestro ser va componiendo. Pero hay un momento en el que de golpe edita todo lo que compuso. A veces de golpe, a veces no. En mi caso yo no soy muy de estar surciendo las canciones. Yo voy con el envión, es mi manera, es lo que sé. Entonces creo que es todo ese caudal de cosas que no entendemos ni sabemos, que se filtra por una grieta y se edita. Y ese es el momento de la composición. No es que me sienta tanto como un canal de algo, sino que creo que algunas cosas en algún momento salen a la consciencia. Y ahí las escribís en el mejor de los casos.
¿Para este disco entonces cambió tu metodología de trabajo?
El detallismo lamentablemente lo tuve siempre y lo padezco bastante. Lo que cambió fue que yo había pasado por Instantáneas, que algunos amigos me dijeron que era un "suicidio discográfico". Tenía muchas improvisaciones y las subí sin que me importara mucho. Venía de una cosa media punk interna de no tener nada que perder, que son etapas. Y me había gustado la idea de que no me importara mucho el resultado y de seguir mi viaje. Y lo que sí se me abrió en este disco fue la posibilidad de seguir componiendo el cuerpo sonoro con capas de synths, con samplers, con otro mundo postacústico. El disco tiene tomas acústicas grabadas y después tiene un mundo que se le abre que es el mundo de seguir experimentando sobre el sonido. Viste que las voces en el disco salen del vacío. A mí me interesaba que las cosas ocurrieran en lugares y que eso se escuchara. E incluso tenía como un trip que era que se escucharan en lugares y que el oído fuera cambiando de habitación. Que al principio pensaras que estabas en una habitación y a medida que transcurriera la canción el oído se fuera trasladando de habitación.
Justamente ahí fue que vi lo cinematográfico del disco.
Sí, claro, porque el oído va cambiando de habitaciones. Es algo difícil de lograr, se le da desde la mezcla y desde las tomas que van quedando. Como si vos fueras pelando algo. Y de esa manera lográs ir cambiando al oído de habitación. Me interesaba mucho todo lo que tenía que ver con la presencia, con las voces. Hay muchas voces diferentes en el disco que no son la mía. Cuartos habitados, estaba muy en ese viaje. Capaz que por el aislamiento y capaz que por algo que a mí hoy día me atraviesa mucho y me hace rabiar, que es la virtualidad. Hay como una declaración de principios ahí, un militar en los espacios, en los objetos. No hay nada que ocurra que pueda surgir de un silencio digital. Las cosas pasan en lugares, y respirar esos lugares era lo que a mí me interesaba mucho.
Por Catalina Zabala
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