De niña era extremadamente tímida. Le costaba mucho hablar, lo suficiente como para que en la escuela no la pasara bien. Para ella, ser así estaba mal. Cuando creció, y la niña le dio lugar a la adolescente, la timidez parecía haberse esfumado. Ahora, Victoria parecía ser extrovertida, publicaba las canciones que escribía en plataformas y tenía una estética marcada. Parecía ser extrovertida. En realidad, según ella misma, forzaba ese costado de su personalidad en pos de querer ser alguien que se suponía que tenía que ser. 

Tiró un disco entero a la papelera y llegó la pandemia. Los dos factores fundamentales para que Victoria Brion se sentara y mantuviera una conversación con ella misma. No soy esto, ni soy lo otro, entonces, ¿qué soy? 

Todas las cosas que no había podido decir (2023) es su primer álbum de su carrera, aunque antes había lanzado sencillos. Todas las cosas que no había podido decir es un proyecto testimonial, crudo, experimental, creado bajo una metodología que, según Brion, consistía en "hacer haciéndolo". Iteración constante. "No eran letras que había escrito hace un año después de grabarlas, estaban vivas todo el tiempo", afirma la artista en entrevista con LatidoBEAT.

Todas las cosas que no había podido decir no fue hecho para "pegarla en una playlist de Spotify", sino que fue una conversación entre una mujer y una niña que, en esencia, son la misma persona. Contarse a una misma su propia historia. 

Con el objetivo de que el álbum mantenga su vitalidad, Victoria Brion realiza su presentación este 30 de mayo en la Sala Hugo Balzo. Las entradas pueden adquirirse acá. 

¿Cómo nace la idea de grabar tu primer disco? 

Siempre fui de escuchar discos. En realidad, lo de sacar sencillos fue más una necesidad de más de chica de hacer algo y a través de un proceso más corto. Pero la idea siempre fue hacer un disco. Ya había preparado un disco entero, estaban las maquetas. Lo presenté al Fonam y no salió. Dije, “ta, ya fue, lo hago por la mía”, y después, cambié de opinión. Me resultaba viejo. No eran viejas las composiciones, pero no me sentía del todo identificada con las letras, con la forma en la que estaba diciendo las cosas y con las temáticas de las que estaba hablando. Lo descarté entero, tiré todo.

Después, me bajó la idea de hacer el disco con Fabri [Rossi], el productor. Ya éramos amigos y le dije que quería hacer un disco, pero no tenía nada y no quería esperar de vuelta a tener todo hecho, quería hacerlo "haciéndolo". Me dijo, "bueno, en vez de esperar a que vos compongas todos los temas e irlos a grabar, hagámoslo tipo taller". Entonces, fui al estudio de Fabri todas las semanas durante dos años, e iba componiendo sobre la marcha, hasta el último momento seguí componiendo. Lo que generó fue que las letras son contemporáneas al proceso de grabación. No eran letras que había escrito hace un año después de grabarlas, estaban vivas todo el tiempo.

¿Considerás que trabajaste así a raíz de la experiencia que tuviste con el disco que no pudiste grabar?  

Sí, fue raro. Para mí, fue un antes y un después. Hubo un proceso muy íntimo de pensar cómo quería decir las cosas que quería decir, qué tan honesta quería ser y qué tanto me quería ocultar en lo que estaba diciendo. Antes, no sé si era que inventaba cosas, pero me paraba desde un lugar distinto, ni mejor ni peor, a cómo me posicioné para hacer este disco. Lo más importante era ser lo más honesta posible, cómo estaba entendiéndome a mí y a mi yo del pasado y tratar de que esa conversación diera la impresión más exacta de la foto de ese momento, no una cosa más teatral.  

Es una diferencia que, en comparación con tus otros trabajos, se oye. Lo que caracteriza a este álbum es la crudeza del mismo. ¿Fue difícil para vos exponerte de esa manera? 

Es raro, porque siento que, pensándolo rápidamente, cuanto más honesto es, más vergüenza o pudor me da. Pero, a su vez, yo estaba tan segura de mi propia honestidad, que en cierto punto me daba menos vergüenza porque no era una pose, no era un personaje, no era un teatro. Yo soy esto en este momento. Eso me hizo agarrarme más, estar más segura y confiada del disco. A mí misma me sorprendió que me diera mucho menos pudor, vergüenza y timidez. Me sentí re cómoda. Las canciones me siguen gustando hasta el día de hoy y eso es algo raro también. Siempre esta esa cosa de sacar un tema e instantáneamente odiarlo porque lo escuchaste mucho. Eso no me pasó. Me sigue gustando como el primer día, capaz que más.

Siento que el proceso fue tan particular y tan íntimo que me lleva a un lugar re lindo. No lo pienso en términos más productivistas de pensar qué podría haber sonado mejor. Me acuerdo de los momentos en los que estábamos con Fabri en el estudio, grabando todas las cosas mano a mano y él fue tremendo compañero, me re seguía el viaje con todas mis locuras y fue una experimentación mía de habitar distintos lugares, de pensar en la producción más cercana. Cuando laburé con Santi o con Lucho, que son dos amigos a los que quiero un montón, fue re divertido el proceso, pero ellos se encargaron más de la producción y yo de la letra y de cantar, eran lugares diferentes. Esto era meter mano, todo el tiempo. 

Este es tu primer álbum, antes sacaste singles, ¿volverías a ese método o seguirías por este camino de grabar álbumes? 

No me copan mucho los singles. Siento que es una cosa completamente personal que depende de la persona, las formas y la intención y el tipo de música. Soy muy fan de los procesos largos y desarrollé mucha paciencia. Al principio, los singles surgían de una necesidad de concretar algo, una cosa de querer hacer música y poder hacerla. Después entendí que no era mi manera. Capaz en 30 años estoy a puro single, pero ahora siento que hay un entramado que se empieza a generar con el disco de entender cosas más generales que con un solo tema, que es una cosa muy corta. Hay gente que lo hace y para su forma es necesario que sea así. Para mi manera, que me gusta todo eso de mirar para atrás, mirar para adelante, sacar conclusiones, analizar cosas, estudiar, la posibilidad de tener un proceso largo y poder tolerarlo me fascina. De hecho, me gusta escuchar discos.  

¿Dedicarle tanto tiempo a un proyecto y que, tal vez, no tenga el reconocimiento esperado puede ser frustrante?

Sí, te podés agarrar bruta frustración si lo haces con ese propósito. Una es parte de una sociedad y un sistema, obviamente que quiero que vaya gente a la Balzo y llenarla. Hay momentos de frustración y también de mucha satisfacción. Siento que cuando la mirada está en querer hacer esto porque lo necesito, porque es mi forma de entender cosas más profundas de mi misma, la mirada externa es una cosa posterior. Hay países donde me imagino que es más fácil, con más público y para distintos nichos. Es difícil, pero es muy satisfactorio cuando se da entonces te alimenta un poco y seguís.  

Estuvo demás que no me saliera el Fonam, me hizo replantearme. Venía en una rosca de sacar singles y una locura que, cuando se negó esa posibilidad y tuve que pensar cómo hacer las cosas, me dio la posibilidad de reflexionar de manera más lenta. Ahí me di cuenta de que ese disco no era lo que quería hacer. Me di cuenta de que estaba cayendo en una especie de conspiración personal. Fue una situación esclarecedora.