Ingmar Bergman tenía una rutina diaria. Se despertaba todos los días a la misma hora, escribía de manera estipulada, almorzaba siempre lo mismo y, luego, volvía a escribir. “Para alguien tan desorganizado como yo, es absolutamente vital tener rutinas estrictas”, le dijo a Marie Nyreröd, directora de la serie de documentales La isla de Bergman (2006).
A Verónica Ramos, más conocida como VeRa, la idea del arte ligado a la disciplina la marcó. “La inspiración está romantizada”, dice. No tiene ningún problema en repetir algo las veces suficientes hasta que salga bien, ni deja proyectos sin terminar. Su música no es producto de iluminaciones y deidades, sino de constancia y trabajo.
Además de su carrera, también da clases de piano. Mucho antes de volcarse al indie dance y el synthwave, estudió en un conservatorio. No reniega de sus orígenes, asume que son un diferencial en su trabajo. Pero, para Vera, el futuro es “no binario y electrónico”.
“Madrugada”, su nuevo EP, hace alusión al momento en el que le dio vida. “No me quedaba otra”, explica. Nace por la necesidad de canalizar lo personal en lo artístico. Letras en español -idioma que no aparece en sus primeros discos- que materializan la necesidad de escape en tiempos difíciles.
Es un género muy ligado a la vida nocturna, ¿no creés que está relacionado con la carencia de ofertas para consumirlo?
Sí, faltan ofertas. Además, todavía queda cierto prejuicio de que la música electrónica no es música y un instrumento electrónico no es un instrumento. Acá la guitarra está tatuada en el ADN general, cuesta todavía. Obviamente que se va abriendo a eso. Pero todavía hay gente que se piensa que soy DJ, no entienden esa diferencia. No soy DJ, no es lo mismo. Si no es para vos, no es para vos. No me voy a poner a educar gente, pero pasa un montón.
¿Sentís que es un género con futuro en Uruguay?
En realidad, el under está lleno de proyectos electrónicos de gente que viene del rock, del punk, de un under que a principios de los 2000 era otra cosa. Ahora es muy electrónico el under y está lleno de proyectos variadísimos. Si todo eso fuera masivo, estaríamos en otro lugar culturalmente. Hay una barrera en la masa que todavía no entendió mucho que es un instrumento y, en realidad, es mucho más complejo que otros. Pero se va rompiendo. De repente te encontrás gente que antes tenía bandas de rock o estaba en otro plan y ahora se abrazaron a la electrónica como una herramienta más y la apertura a otra cosa. Yo siempre digo en chiste que para mí el futuro es no binario y electrónico.
¿Proyectás a bandas y artistas del género, como vos, yendo a lo más masivo?
Yo creo que se tiende a eso porque está por fuera de la realidad. Hay pila de gente que se está relacionado con la electrónica antes que con otra cosa. Hay gente que nunca tocó un instrumento convencional y produce música. Le pones una guitarra adelante y no sabe qué hacer, pero te hace un tema, con su computadora, con instrumentos electrónicos, con su voz. Eso lo ves en generaciones nuevas.
¿Tu formación musical clásica es un diferencial en tus productos?
Yo creo que sí. Te hace entender desde otro lado la música. Con todo el respeto del mundo, me genera mucha incógnita cómo hay gente que está hace años en la música y nunca se le ocurrió aprender. ¿Cómo nunca se te ocurrió que podés aprender un pentagrama? Pero yo porque empecé ahí. Y, a la vez, me parece que hay un prejuicio de eso. Les da miedo entrar en ese mundo porque les parece que los va a acotar y que van a quedar encajonados a lo académico, en la formación más cruda de música. De hecho, gracias a eso yo pago mis cuentas. Yo les doy clases a músicos y a no músicos, pero cuando viene un músico te das cuenta de que le tienen miedo o se hicieron a la idea de que te encajona.
Puede ser gracias a la gran variedad musical que hace que termines especificándote.
Viéndolo más como una metáfora, es un alquimista que no sabe qué químicos mezclar. Vas a tientas. Pero, para mí, las herramientas te liberan. Si una herramienta te encajona es porque vos elegiste eso, pero no la herramienta en sí misma te va a encajonar. El formato clásico está pensado para que alguien meramente creativo no quiera quedarse mucho tiempo o lo encare desde otro lado. La formación de intérprete, que es lo que hace un conservatorio, te da mucha técnica y aprendés un montón de cosas, pero no te incentiva mucho en lo creativo.
Es común también que el academicismo pueda llegar a encajonarte en todas las disciplinas artísticas, no solo en la música.
Hay cosas que están más instauradas y que tenés que ir a aprender. Un pintor que nunca fue a un taller es raro, ¿no? O vas a un taller o vas pasando de maestro a maestro. O vas consiguiendo tutores que te van pasando herramientas y vos vas buscando. Pero, en realidad, yo noto que hay un gran porcentaje de músicos que no lo tienen y me parece raro. A la larga, termina pasando que se repiten, porque no saben qué más hacer. Vos aprendiste que tal cosa funciona con tal otra y, si encontrás otra que funcione, es porque pasaste horas.
Las horas de pérdida de tiempo que he tenido experimentando con otros compañeros que no tenían idea de nada... Decir, “no, pero hacé esto acá, que resolvés”. Porque es así, nuestro oído lo necesita. Por ahí estaban veinte horas probando cómo un acorde iba después de otro. Te libera saberlo, a veces podés inventar y romper reglas, ponerte creativa, pero las herramientas te dan libertad. Estás manejando un lenguaje, si te quisiste meter en eso, tiene responsabilidades.
¿Cómo surgió la decisión de incluir en la presentación de tu disco otros tipos de arte?
Para potenciarlo. Creo que lo visual potencia. Cuando estás escuchando música y hay algo atrás que está teniendo relación con lo que estás escuchando, me parece que potencia tremendamente.
¿Te ves incluyendo lo visual de manera permanente?
Siempre que se pueda, sí. También dependes de los recursos a dónde vas. Siempre que hay pantalla en lo hago. Me parece que es algo que potencia. Es una pata más del mensaje que querés dar. Toda decisión estética es moral, entonces, cuando vos estás plantándote, eligiendo tocar determinados instrumentos, decir ciertas cosas, qué te pusiste, qué imagen mostrás, no es, “me bajé algo random de YouTube y lo pongo de fondo porque rellena”. Va todo junto.
Te presentaste varias veces en Buenos Aires, ¿cómo viviste esa experiencia?
Está bueno ir a Buenos Aires porque es un mimo. Al porteño le cuesta menos demostrar, está copado. No sabía ni quién eras y fue porque va a ese bar siempre. Lo que te devuelven es un montón. Además de que es más grande y a mí me interesa que mi proyecto llegue a la mayor cantidad de orejas posibles. Buenos Aires es un lugar en el cual ésta movida tiene mucha receptividad, el under está mucho más mezclado. Hay electrónica con bandas, más formato standard. Pasa mucho más esa simbiosis de variedades en una misma fecha.
¿El público uruguayo es más reticente?
Al público uruguayo te lo tenés que ganar. Si te van a ver no es porque cayeron ahí de casualidad, capaz que dos. Acá lo que pasa es que, si llenaste un boliche, es porque metiste un montón de huevo. En el under, por lo menos, no tenés eso de, “voy siempre a tal bar porque me copa y sé que si hay algo que no conozco va a estar bien poque la propuesta del lugar me copa”. La gente que llevaste es porque vos la remaste en dulce de leche. Es difícil tirarse sola a una fecha, capaz que la podés hacer, pero tenes que dejar de tocar como medio año para que te extrañen un poco.
Cuando te asociás con otros proyectos para asegurar las fechas, pasa que parte de la gente que va a ver a esta persona te conoce y viceversa. Se va armando naturalmente con gente que tira para los mismos lados, salvando diferencias musicales. Se da que te vas relacionando y generando eso de compartir fechas con gente que está en la misma, sino sería imposible. La cultura under sostiene un montón de cosas que no nos damos cuenta. Te pones a pensar y, en realidad, la mayoría de los artistas de acá no pueden bancarse eso. Son pocos los artistas 100% artistas. Eso de ser fiel al arte que te gusta hacer y no pensar tanto en que te vas a llenar de plata. Está bueno porque lo liberás de eso, pero también se sostiene porque hay gente que puede hacerlo.
¿Cómo conjugás el trabajo con el arte? ¿Qué dificultades encontrás al no poder dedicarte de lleno a tu carrera musical?
No te queda otra que organizarte. La inspiración espontánea no la podés tener. No te queda otra que tener cierta disciplina de laburo. Decir “al menos una hora por día me siento y hago algo”. La inspiración está muy romantizada. Te puede venir la inspiración, pero tenés que estar en un estado de ocio. Trabajando o explicando algo es raro. Por ejemplo, estoy cruzando la calle esperando que el semáforo cambie y ahí sí, con la mente en blanco. Pero no estás con la atención en el trabajo y te baja. Después, cuando la idea ya está plasmada, ahí comenzás a pulirla y eso es más disciplinario. Cuando la idea ya está, cómo la haces sonar, qué cadena de efectos le pones, eso ya es disciplina.
Venís sacando discos de manera ininterrumpida hace diez años, ¿qué es lo que te hace ser constante durante tanto tiempo?
Es una costumbre que se me armó de estar siempre en contacto con eso o terminando ideas. Se me ocurre una idea, me parece que está buena, necesito terminarla. Cuando recién empecé con esto, había visto una frase de Bergman que decía que la creatividad se tiene que fomentar y la disciplina es importante. Yo cuando leí eso dije, “es acá”. Esa cosa estructurada que parece que te acota, pero la necesitás.
La disciplina en el trabajo, la constancia de presentarte a hacer algo, aunque sea mover dos perillas, es importante porque, sino, pasa esa cosa de que se dilata mucho. El under lo que tiene es que depende de uno. De repente, estamos acá hablando y pasaron cinco años y no sacaste nada más. Porque no pudiste, porque no le diste tiempo. La disciplina te da orden para ser constante, para que puedas estar sacando algo. Es lo que te hace estar en el mojo. Capaz que en dos años digo, "me re aburrí", pero en este momento no estoy ahí. Si estoy ahí es porque yo quiero, no porque la desidia me llevó a desaparecer.
¿No sentís que hay algo de esa época en el conservatorio?
A mí no me molesta hacer algo ochenta y ocho veces hasta que salga bien, sino no habría forma. Te tiene que salir lo mejor que puedas. Si lo tenés que repetir cien veces por día, lo hacés. No me molesta eso. Pila de amigos que tienen carpetas y carpetas de ideas inacabadas, y me piden una base y les digo que no tengo. Lo que empiezo a hacer lo termino. Si no lo termino es porque es una cagada.
¿Empezás las cosas y las terminas siempre?
Todo. En esto sí. No tengo ideas sueltas. Necesito terminarlo. Puedo tener varios temas al mismo tiempo, pero sé que los voy a terminar. Sé que no es lo más común. Es como una forma de manejarme que me funciona. Lo divertido de divagar y armar es la primera. Después que pasó eso, viene darle forma. Si quiero divagar y darle forma hago otro.