Por Bruno Maciel Collazzo
De El Kinto a Tótem, de Opa a su extensa carrera solista, Ruben Rada dio nacimiento a una exquisita y compleja cruza de candombe, rock, jazz, música brasilera y canción popular con la que aportó a la identidad nacional. Pero su excepcionalidad no estuvo solamente en mezclar géneros: estuvo en crear un lenguaje muy característico para apropiarse de cada uno de ellos.
El músico cantante, compositor y percusionista Ruben Rada falleció en la tarde de hoy a los 83 años debido a complicaciones por una neumonía bilateral, por la que ya había sido internado 25 días atrás. Rada fue un excepcional músico de nuestra identidad nacional contemporánea, destacado, entre tantas cosas, por sus incursiones en un nuevo concepto musical como lo era el candombe beat sobre finales de la década del 60.
Por su amor al candombe, en clave de candombe y en honor a esa matriz ternaria subsahariana, estas son las 15 claves que hicieron de Ruben Rada una leyenda de la música uruguaya.
1. La infancia negra y el primer maestro
Nacido en Palermo el 16 de julio de 1943, el candombe le llegaba desde el útero. Su involucramiento activo comenzó a los 10 años con la comparsa La Morenada y luego pasó por la comparsa de Cubanacán, de quien reconoció varias veces como su maestro: Pedro Ferreira.
Con su alter ego Richie Silver, súper performático y fresco con un inevitable aire a los rockeros estadounidenses, sobre los principios de los 60 se une a los Hot Blowers, banda que ya incluía a músicos audaces como Hugo y Osvaldo Fattoruso, Daniel Bachicha Lencina, Federico García Vigil y Arturo Cacho de la Cruz. Con ellos tuvo éxitos como “Rock and roll con gomina”, donde se ve a un Rada adolescente que abraza una cultura rock yanqui y beat.
La posterior modernización de la música afrouruguaya con sus fuertes creaciones, fue la transformación de un lenguaje que ya conocía desde el cuerpo. Cuando la música suma sonidos más eléctricos, la lógica que lo había formado hasta entonces vivió un desplazamiento hábil.
2. el taller de los Inútiles
Un taller mecánico en el 3157 de la calle Manuel Pagola en el barrio La Mondiola fue una escuela sin aulas para músicos que llevaron con gran altura el nombre del candombe en Uruguay.
Previo a la experimentación sesentera de Rada, sobre finales de los 50, un grupo de chicos se reunían al fondo de una casa de los hermanos Vila. Según contaba García Vigil, los autos casi nunca salían arreglados. De ahí salió el nombre: el Taller de los Inútiles.
Como un chiste, nació uno de los espacios informales donde se formó buena parte de una generación musical. García Vigil, los hermanos Fattoruso, Manolo Guardia, Chichito Cabral, Los Delfines, entre otros. Más que una institución de aprendizaje, era un laboratorio de intercambio. Tocaban, escuchaban, intentaban, discutían. Un muy joven —y, al decir de García Vigil, “flaquito”— Rada iba a aprender.
Para entender al Taller de los Inútiles es fundamental hablar de permeabilidad, la circulación en el grupo y esta permeabilidad ayuda a entender cómo una generación pudo pasar del candombe al jazz, del rock a la música brasilera con naturalidad, para luego ver nacer lenguajes musicales con nombre propio.
5. 1969: Rada, el primer salto solista
Después de El Kinto llegó el primer disco solista, el homónimo Rada, editado en 1969 por Sondor, quien siguió creyendo en él y su trabajo.
El paso no significaba abandonar la experimentación anterior, pero el punto esta vez era Rada como el protagonista de esta hibirdación musical. El disco conserva la búsqueda rítmica del período de El Kinto, y permite ampliar el repertorio y profundizar su relación con la canción popular. Aparecen el pop, la balada y la canción romántica. Apoyado en su voz y sus juegos melódicos, el punto común de las canciones de Rada es el uso de su voz como hilador de tejido percusivo.
“Las manzanas” funciona como uno de los grandes puntos de entrada a ese universo con una canción capaz de instalar una melodía sencilla y reconocible sin abandonar la personalidad rítmica y vocal que Rada había construido. Terminaría convirtiéndose en una de las canciones emblemáticas de todo su repertorio.
A la vez, este disco no dejó ver solo a un Rada melódico y rítmico sino también un personaje abierto a la canción.
6. 1970: nace Tótem
En 1970 Rada formó Tótem junto a músicos como Eduardo Useta, Santiago Ameijenda, Bachicha Lencina, Roberto Galletti y Enrique Rey. La banda tuvo una trayectoria corta, entre 1970 y 1973, pero editó tres discos y se convirtió en una referencia de la música uruguaya de comienzos de la década. Sus apariciones públicas comenzaron en 1971, con un Uruguay democrática y sociopolíticamente debilitado.
Si El Kinto había sido un laboratorio, Tótem fue la investigación doctoral. El candombe convivió con el rock and roll y la música latina dentro de una formación eléctrica, y la voz de Rada pasó a ocupar un lugar aún más importante.
“Biafra” permite escuchar esa transformación. La canción parte de una base rítmica donde la percusión y la batería sostienen el movimiento y va incrementando su intensidad hasta convertir el ritmo en protagonista; estas lógicas de la música como organismo vivo se ven presentes en la obra de otros músicos como Hugo Fattoruso. El resultado obtenido fue una música física, más pesada y expansiva que la de El Kinto. En “Biafra” aparecen figuras de contrapuntos y paralelas entre las guitarras que sostienen un vínculo que roza el diálogo, el uso de sextas para sonidos más ásperos.
Luego “Dedos” cuenta con dulzura y humildad sobre un Uruguay enfermo, engripado hace mil días. La canción contaba con una especial dificultad entre pensar, hablar y poder hacerlo. El broche de estilos lo da “Negro”, con un Rada más frontal y agresivo, con poderosa interpretación vocal, endureciendo y electrificando el sonido del candombe.
7. Perú y los primeros desplazamientos
La carrera de Rada también estuvo marcada por sus desplazamientos fuera de Uruguay. Durante esos años viajó a Perú como acompañante del pianista Mike Dogliotti, experiencia que lo puso en contacto con otros músicos y circuitos latinoamericanos.
Es un momento menos recordado de su trayectoria, pero es igualmente importante porque anticipa algo que se volvería recurrente en Rada: otra vez la permeabilidad. Nunca entendió a la música uruguaya como una frontera cerrada sino como enriquecimiento constante, que incluso se ve desde la etapa de El Taller de los Inútiles y cómo este funcionaba.
Su candombe convivía con músicas latinoamericanas, brasileras y estadounidenses, y cada viaje agregó nuevas herramientas a ese repertorio.
15. Experimentando hasta el final
En sus últimas dos décadas de vida, en lugar de aflojar y disfrutar del éxito tan trabajado, Rada continuó explorando sonidos. Editó dos discos de música instrumental, Confidence (2011) y Confidence 2: La película (2017); uno de tango (Tango, milonga y candombe, en 2014), uno rockero (Negro Rock, en 2019); uno de música brasileña cantado en portugués (As noites do Rio / Aerolíneas Candombe, en 2021) y uno, el último que publicó en vida, de murga (Gamurgatrónica, 2025). Además, cantó con el trapero Pekeño 77 en el hit "Rangos II".
Rada comenzó como un joven que tomaba elementos de músicas que parecían incompatibles y los ponía a convivir. El candombe con el rock, la música brasileña con el beat, el jazz con la percusión, la sofisticación musical con el humor y el espectáculo. Romper barreras y fusionar fue su tradición musical y parte de lo que lo hace ver por la crítica musical como genio audaz. Y por eso su excepcionalidad no está solamente en haber tocado muchos géneros.
Ruben Rada murió este miércoles, pero la música que ayudó a inventar ya no depende de él para existir. Está en el candombe beat, en las bandas que siguieron mezclando géneros, en los músicos que entendieron que la tradición también puede transformarse y en una idea particularmente uruguaya de la música popular: una música capaz de mirar hacia afuera sin dejar de reconocer de dónde viene.
Lo extraordinario es que, después de cruzarlas tantas veces, terminó convirtiéndose en uno de los lugares desde donde se define la música uruguaya. Cada fuego que caliente las lonjas quemará con el calor de su legado. En todas las esquinas donde la polirritmia del candombe suene, hay legado Rada.