Snake en una etapa de disfrutar de su actualidad: toca en La Trastienda y prepara disco
La influencia de los Red Hot Chili Peppers, los sueños cumplidos y el presente de la banda con su bajista Mikael Boudakian.
Por Gastón González Napoli
ggnapoli
Cumplieron tres décadas y están en una etapa de disfrutar: así, al menos, es como siente a Snake su bajista Mikael Boudakian, miembro fundador y pieza clave del sonido de la banda. A 26 años de su debut cargado de hits, Dos Pasajes Paramarte, y a 17 del videoclip que convirtió en éxito a “Ataque de pánico” (y a Fede Álvarez en cineasta de calibre internacional), Snake ya no siente presión.
En la noche de este sábado 7, la serpiente vuelve a La Trastienda con su actual formación de quinteto: Boudakian y el vocalista Marcelo Fontanini, más el baterista Marcelo Mape Bossio y los guitarristas Joel Capdeville y Martín Casal.
En la previa conversamos con Mika sobre los sueños cumplidos, sobre cómo tuvieron que sacar de oído algunas de sus propias composiciones viejas, sobre la influencia marcada de los Red Hot Chili Peppers en sus primeros temas y a quiénes más considera sus bajistas referentes, y hasta un poco de su faceta de artista plástico, con la que pronto viajará a una exposición en Miami.
Las entradas al show en La Trastienda pueden encontrarse en este link.
Snake. Crédito: prensa Bizarro
¿En qué estado dirías que está hoy Snake? Tocan con cierta regularidad, pero una vez por año más o menos…
Nunca dejamos de tocar en 31 años. Lo que pasa es que cuando tenés 31 años de banda y no vivís de la banda, tenés que saber también adaptarte. Nunca nos separamos ni pasó nada de eso. A veces con más frecuencia, dependiendo de los objetivos. Creo que cualquier show es un reencuentro con tu público.
Pero fuera de tocar en vivo, en cuanto a sacar música: ¿en qué están? Porque el último disco, Pecadores y corderos, que en realidad son dos discos, es del 2019. Y después el año pasado sacaron un cover de Nirvana: “Lithium”.
Ese tema nosotros lo veníamos tocando mucho en vivo desde hace 15 años y no lo teníamos grabado.
Es una onda música disco.
Tiene un componente electrónico y a su vez la banda rockera tocando encima. Es una parte importante del show de Snake. Muchas veces la gente nos pedía, “¿por qué no está la grabación de ‘Lithium’, la versión de ustedes?”. Que no tiene nada que ver con la de Nirvana, como que la desarmamos y la volvimos a armar.
Ahora tenemos un montón de canciones nuevas para trabajar para un disco, pero nos pusimos el objetivo de “vamos a hacer La Trastienda ahora y cuando pase le ponemos foco a esto”.
Pecadores y corderos salió y justo cayó la pandemia. Quedó un poco tapado…
Fue una cagada. Veníamos tocando un montón con el lanzamiento lógico del disco, se cortó con la pandemia y fue un disco que no lo pudimos desarrollar. Fue raro, porque después cuando volvió todo, ponele en el 2022, ya era un disco... ya pasó.
Costó apalancarlo ahí.
Y sí, pero está bueno porque combina los dos mundos de Snake. Que nosotros tenemos una faceta super rockera, de hard rock, que sacamos chapa en vivo.
Y después está “Suicida”.
Claro, después están las baladas. “Montevideo”, “Suicida”, “Magnéticos”. Ese tipo de canciones que son más soft. En ese disco, esa dicotomía la separamos: pusimos, por un lado, toda la parte pesada de la banda, y por otro la parte más baladera o funkera de la banda.
El año pasado tuvieron el aniversario de los 30 años, ¿cómo ves a aquellos pibes que empezaron de adolescentes? ¿Es lo que te imaginabas?
Hay muchos sueños que fueron cumplidos. Pero vos a medida que vas cumpliendo sueños, te vas poniendo otros. Yo estoy en una etapa de disfrutar los momentos de la banda, ya sea tocando o cuando estamos ensayando. Cuando era más pendejo era diferente. Lo vivía con otro estrés y con metas y objetivos que cumplir para poder crecer, y la querés pegar... Ahora, obviamente, uno está más maduro, entonces empieza a valorar el camino recorrido, y te das cuenta de que la banda es parte de tu vida y es algo que te hace feliz.
Snake. Crédito: prensa Bizarro
Se nota que escuchaban mucho a los Red Hot. Para vos, como bajista, ¿era un referente Flea?
Obvio. Te voy a decir lo que me pasó a mí y por qué terminé tocando el bajo: porque era el más malo tocando la guitarra en la banda. En serio. La realidad es que nosotros éramos dos guitarristas y un baterista cuando arrancamos. Pensá que teníamos 12 años. Tocábamos canciones de Los Beatles, de Nirvana, de los Doors. Y Alejandro [Moumdjian, miembro fundador] venía tocando la guitarra hacía mil años, tocaba mucho mejor que yo. Alguien tenía que tocar el bajo y fue tipo: “Vos, Mika”. Desde ahí empecé a tocar el bajo yo. Y de repente escuché el Blood Sugar Sex Magik [Red Hot Chili Peppers, 1991]… y yo estaba un poco como amargado: “Che, qué aburrido el bajo en Nirvana, boludo”.
El bajista de Nirvana, Krist Novoselic, no tenía tanto espacio...
Tenía cero protagonismo. No había otra cosa para hacer que lo que hacía él, eh, ojo. La impronta de Nirvana pasaba por otro lado.
Es como AC/DC.
Claro, no podés poner a Flea tocando el bajo en AC/DC. Pero me embolaba tocar el bajo de Nirvana. Valeria, creo, la hermana de Alejandro —que es mi prima, además— tenía el disco de los Red Hot Chili Peppers, Blood Sugar Sex Magik; estaba “Give it Away” y “Under The Bridge”, que eran los temas conocidos. Yo me colgué a escuchar ese disco entero y me partió la cabeza. Dije: “Ah, ¿todo esto se puede hacer con el bajo? Bueno, voy a empezar a ir por este camino”. [Se ríe] Ahí empecé a estudiar bajo, empecé a sacarme las canciones de los Peppers, y cuando empezamos a componer el primer disco nuestro, yo tenía una manija de todo eso…
Se nota en temas como “Dos Pasajes Paramarte”.
Todo el bajo funkeado. Y sí, obvio, tenía toda la influencia de Flea. Hay mucho bajista virtuoso, y ahora ni te digo, hay unos que la rompen toda. Están los clásicos, como Marcus Miller, como Victor Wooten, pero Flea tiene una cualidad: que el loco es muy buen bajista de banda. Para mí, la línea de bajo de “Aeroplane” es de las mejores líneas de bajo que hay en el mundo. Es increíble esa línea de bajo. Especialmente creo que su prime es en el Blood Sugar Sex Magik y el One Hot Minute, para mí son los dos discos donde él brilla en su máximo esplendor.
Mi top tres de bajistas aplicados a una banda son Flea, [Guillermo] Vadalá, en los dos discos de Fito Páez, en El amor después del amor y en Circo Beat; y después me gusta mucho [Diego] Arnedo, en su estilo, dentro de Divididos.
Mirá, a las canciones de Fito nunca le presté tanta atención a los bajos.
Fijate [en esos dos discos], la línea de bajos de cada canción de Vadalá es una clase maestra de bajo. Es inmejorable, es para sacarse el sombrero. Arnedo tiene un estilo muy propio, particular; en canciones como “Nene de antes” el loco te mete unas líneas de bajo que... Y lo ves en vivo y, también, a mí me descose la cabeza.
Esos bajistas y esas líneas de bajo fueron un poco lo que me manijearon para poder hacer la base de las líneas de bajo de Snake.
Volvamos a la actualidad de Snake. Hoy están con un formato quinteto. Marcelo quedó como frontman.
Sí, lo que sucedió es que estábamos tocando; Joel [Capdeville], el guitarrista, se fue de vacaciones, y nos salieron dos shows, uno en Buenos Aires y otro en Sala del Museo. Joel dice: “No suspendamos las fechas, están buenas. Yo tengo un amigo que toca muy bien la viola, que se llama Martín Casal. Le pido que se saque los temas y que me haga la suplencia”. Nos encantó cómo tocó, pero además la onda que hicimos con él, porque nos pareció un chico re agradable, buena onda, hicimos química, ¿viste? Cuando volvió Joel, le dijimos: “¿Y qué te parece si lo dejamos a Martín en la banda como otra viola más?”.
Me imagino que en vivo tiene un power…
Sí, buenísimo. Además, los dos se tocan todo. La verdad es que tenemos mucha suerte porque son dos tremendos violeros, unos virtuosos.
Ahora se viene el show el 7 de noviembre. Van a hacer canciones que habitualmente no tocan, ¿no?
Obviamente vamos a tocar los clásicos, pero como es un show que lo consideramos como principal en el año, vamos a tocar muchas canciones, vamos a hacer más de 25 temas, y tenemos lugar como para poder meter canciones que generalmente no tocamos.
El show va a estar dividido en tres. Eso nos permite poder hacer algunas canciones que es re loco pero las tuvimos que sacar. Imaginate un tema que lo grabaste hace 15 años y que lo tocaste una o dos veces en vivo… y lo tuvimos que sacar. Después te baja toda la data, cuando empezás a tocarla. Pero al principio es “uh, cómo era esto”.
No deben de haberlo anotado en ningún lado, además.
No, obvio que no. Vamos a hacer además algunos temas que no son de Snake, que nunca tocamos en vivo, que le van a dar un condimento al show, pero que son de artistas que nos gustan.
Vos decías que la banda tiene dos perfiles, el más rockero y el más baladístico. La pregunta es: ¿vos abrís con “Ataque de pánico” o cerrás con “Ataque de pánico”?
[Se ríe] Nos tenés que venir a ver.
Sí, la verdad que lo de las artes plásticas fue algo medio inesperado en este momento de mi vida, pero igual fue algo que siempre lo quise. Tanto la pintura como la música son cosas que me gustan y que las hago de chiquito. Yo empecé a dibujar cuando tenía tres años, y empecé yendo a los ensayos de mi viejo, que era músico, cuando tenía cinco o seis años, a las pruebas de sonido de él, de Danger Four.
Cuando tenía 20, viste que ya veníamos con la banda hacía unos años, porque empezamos bien de adolescentes, dije: “Bueno, lo de la pintura es algo que lo voy a poder hacer en cualquier momento de mi vida, que lo voy a poder hacer si quiero a los 60. Pero lo de la música es ahora”. Si bien nunca dejé de pintar, mi foco principal estuvo en la banda. No me imaginé que a los 40 y pico me iba a dedicar profesionalmente a las artes plásticas, que es lo que me está pasando ahora.
Por Gastón González Napoli
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