“Las mujeres siempre cantamos adentro de las casas, el concepto que proponemos es ese”, dice Ana Prada en entrevista con LatidoBEAT. La motivación central del espectáculo Siempre Cantamos es contar una parte de la historia en la que no se suele poner el foco. Cómo las voces femeninas siempre estuvieros presentes, desde rincones a donde la escena no miraba.
Además de Prada, participan Julieta Taramasso, Ximena Bouso, Jacinta Bervejillo y Lucía Romero. Pero las mujeres no solo ocupan el escenario en este proyecto, sino todos los roles posibles: producción general, escenografía, visuales, investigación. Arriba y abajo del escenario.
A la charla se suman Taramasso, bajista que trabaja con Ana desde hace años, y Joana Loaces, que se encarga de la producción general del show. Juntas, cuestionaron la complicidad masculina que entienden que no cesa, y rescataron aquellas voces femeninas de las que hoy quizás no se conoce tanto. Porque aunque fuera en las cárceles, en sus casas o puertas para adentro, las mujeres siempre cantaron, aunque no se las mirara.
La propuesta tendrá su presentación en la Sala Zitarrosa este 20 de agosto, y las entradas pueden adquirirse aquí.
¿Cómo nace el concepto de Siempre Cantamos?
Ana Prada (A.P.): Hace tiempo que lo venimos trabajando, incluso hicimos previamente un espectáculo que tenía algo que ver. Ya veníamos manejando esto de volver a las raíces de las músicas mujeres; cancionistas y compositoras de hace muchos, muchos, muchos años atrás. Ellas fueron las raíces para que hoy florezcan estas nuevas generaciones de músicas jóvenes, donde no solo son compositoras e intérpretes, sino que también son instrumentistas, que es algo bastante nuevo. Así como en cualquier otra profesión, la música no escapa al lío. Las mujeres de a poco fuimos tomando un poco más de espacio, pero seguimos precisando más visibilización y un montón de cosas.
Pensando en la música en general, esta siempre fue, dentro de las profesiones, un poco la cenicienta. Y dentro de esa cenicienta, las mujeres somos la cenicienta de la cenicienta. Me acuerdo de parientes cercanos músicos, por ejemplo, que cuando decidieron ser músicos y tomaron esa opción teniendo otra profesión, fue una crisis familiar, por ejemplo. Y si eras mujer, peor aún. Por suerte hubo pioneras, hubo valientes mujeres que a pesar de todo eso se subían a los escenarios, hablando más que nada de la música popular, de la música que nace también en lugares no santos donde las mujeres, por supuesto, no podíamos ir.
También hay un montón de mujeres compositoras que no conocemos, porque sus obras las firmaban sus maridos o los varones músicos. Además de que no se podía, tampoco teníamos derecho a tener cuenta bancaria, entonces tampoco podíamos registrar los temas. Fue una sucesión de hechos que se fueron conquistando en la agenda de derechos, en ir equiparando por lo menos el punto de partida. No es que hoy estemos increíblemente bien, pero sí tenemos la posibilidad, gracias a todas esas pioneras de aquel momento, de desarrollar nuestras canciones. Las mujeres siempre cantamos adentro de las casas, el concepto que proponemos es ese.
Acá en Uruguay, país con una clase media muy fuerte, era muy normal que en la casa de alguna tía hubiera un piano, porque era muy característico de determinada época. Tampoco era fácil tener un reproductor de música. La única posibilidad de tener música en tu casa era vivir con alguien que la ejecutara. En este país, donde prosperó mucho una clase media bastante intelectual y que se llegó a un momento de analfabetismo cero en el Uruguay, en los años 50, eso de poder estudiar un instrumento y tener un piano en tu casa era bastante común de ver. Eso viene a reafirmar que las mujeres siempre cantamos, probablemente siempre compusimos de puertas para adentro. De puertas para afuera vino un poco después, con algunas excepciones que armaron camino y marcaron un poco el trillo para las que vinimos después.
¿Esa dificultad de la mujer que señalás la ubicás en el arte en general, o creés que fue aún más complicado en el mundo de la música?
A.P.: No, en todas las ramas. Tengo muchas amigas escritoras y poetas por ejemplo a las que les cuesta un montón. Hay sabidos casos de plagios y de robos, también de premios. Pasa en todas las profesiones, en las empresas también. Lo loco es que, si vas a los números, hay un momento antes de la cúspide en el que el grueso tenía muchas más mujeres que varones en cuanto a capacidades. Sin embargo esa pirámide se va achicando hasta que después, en los puestos más importantes se cierran a los hombres. Quizás dentro de la música hay supuestamente un ambiente artístico, bohemio, progre, cool, que dice que está todo bien con las mujeres, pero no está todo bien. De verdad no, porque hay una cosa inconsciente que nos gobierna a todas y a todos que te lleva a que la palabra de un varón músico pese siempre mucho más que la de una mujer, incluso en mi caso, siendo yo la compositora.
¿Lo has experimentado de primera mano?
A.P.: Sí, te dicen que les encanta el acorde que proponés pero que lo pongas en tu disco. Hay una cuestión de complicidad de que el que sabe es el varón, porque históricamente fue así. No se puede pedir que tan rápido el inconsciente colectivo y la conscientización del asunto llegue a la velocidad que llegan los cambios concretos.
Joana Loaces (J.L.): Es una reeducación, lo mismo pasa con la escena. Yo en mi rol de productora veo que en la escena per se está instaurado que a los que convocan es a las bandas o a los artistas masculinos.
A.P.: Para que eso sea equitativo tenés que señalarlo, expresar que te faltan mujeres en las grillas. Pasó en La Trastienda, ahí nos contrataron a Malena Muyala y a mí y matamos dos pájaros de un tiro, porque hacíamos el show juntas. Está bárbaro, estamos superagradecidas; pero los programadores, las intendencias, todos los que están en los cargos de gestión más altos son varones. Entonces es natural que se identifiquen con bandas masculinas, yo no les estoy pidiendo que se identifiquen con lo que la narrativa femenina pone en sus canciones, o que les gusten las mujeres que cantan agudito. Pero no se puede negar que en este país hay de todos los estilos y de todos los rubros muchas mujeres muy profesionales, mucho más profesionales que muchas de las cosas que a veces ves en los festivales, que es lo mismo de hace 40 años. Habiendo tanta variedad seguimos con lo mismo. Hay un montón en todos los géneros, pero no nos vemos. Y si no te ven no te piden.
J.L.: Yo creo que el proyecto nace desde esa necesidad de visualizarnos y de potenciar. Contar una historia, contar que esto siempre sucedió y que siempre lo asumimos. Es un proyecto que tiene una historia y un hilo hasta la actualidad, en donde hay, como dice Ana, un montón de músicas y compositoras jóvenes que se nutrieron de esa historia y que hoy están nutriendo a la escena uruguaya.
Julieta Taramasso (J.T.): Realmente con la investigación también, yo descubrí eso. A Victoria la Cantora, que no la conocía, por ejemplo. Está la oportunidad de que se puedan conocer esas historias y las que están transcurriendo el día de hoy.
Joana, a la hora de sumarte a este proyecto, ¿como productora también viste esa necesidad de trabajar la desigualdad desde adentro de la escena?
J.L.: Sí, en todos los ámbitos. Si lo sintetizás en un show, desde la parte técnica, la producción, todo está dominado. La escena va cambiando, pero por eso también queremos hacer ese recorrido. Va cambiando a medida que nosotras nos plantamos, nos proponemos y hacemos que eso cambie.
También, pensando en los proyectos más globales, está muy presente esta opinión de que se le exige más a las mujeres arriba del escenario que a los hombres. En cuanto a su físico, su calidad vocal, su vestimenta, su habilidad para el baile.
J.L.: Es un ejercicio que no todo el mundo tiene tan claro, pero es toda una inversión. A las artistas mujeres se les paga menos y sin embargo tienen que invertir mucho más. Las artistas uruguayas cobran menos porque son las que abren los escenarios en los festivales.
A.P.: A las 3 de la tarde, cuando no hay nadie. Te pagan menos y tenés que vestirte, producirte y todo lo demás, y en cambio está lleno de gordos cantando. A nosotras nos sale muy caro.
J.L.: Obviamente hay quienes tienen su trayectoria y que pudieron avanzar en ese lugar, como Ana, que es un gran ejemplo. Por su potencial tiene otra posición hoy, pero en cualquier festival, como en el último Cosquín Rock, las mujeres abrieron los escenarios. Es una buena oportunidad, sí, pero van a las 3 de la tarde.
A.P.: El costo para un show grande siempre es grande. Lo que pasa es que a vos te pagan menos, porque vos no vas a ir a tocar a un escenario grande como un festival importante —aunque sea a las 3 de la tarde— sin un buen sonidista, sin un buen monitorista, sin iluminador o una pantalla, sin vestuario, sin maquilladora, sin un montón de cosas. Todo eso son costos que no se ven reflejados después en los cachés, porque las bandas principales tocan de noche y suben de bermuda y remera.
J.T.: En este caso también del espectáculo, desde la investigadora, la productora general y la gente en el escenario, somos todas mujeres. Se mantuvo ese lugar.
J.L.: En un lugar también fundamental del proyecto, que es colectivo. Las decisiones se fueron tomando obviamente en base a la investigación y a las características del proyecto que se quería armar, pero es lineal.
¿Cómo va a ser la estructura del espectáculo?
A.P.: Es un espectáculo que no va a ser demasiado largo, porque la idea es que tenga un cierto carácter teatral, sin serlo. Vamos a poner imágenes en una pantalla, fotos, historias, cosas que vayan ilustrando eso que queremos narrar, porque es la manera de mostrar a aquellas mujeres, a aquellas cantoras, a aquellas bailarinas de esas épocas. Vamos a tener audiovisual, probablemente haya algo de narración para explicar un poco de qué va, y canciones. La idea es que sea algo muy dinámico entre una cosa y otra, y también que te vayas pensando, pero que también te vayas riendo. Hay canciones que a veces te hacen llorar, porque hablan de determinadas realidades, y otras que la idea es que sea una fiesta, que nos divirtamos, que nos haga bien al alma.
Tienen un gran interés también por rescatar la historia nacional de la música. ¿Creen que el uruguayo se olvida de su historia?
J.T.: Yo creo que lo tenemos muy incorporado, obviamente el uruguayo se olvida o incluso no valora lo que hay. Nosotras como grupo lo valoramos un montón, y por eso mismo estamos haciendo este proyecto. Porque nos parece que hay que mostrarlo y hay que hacerlo. No solo para la gente, sino para nosotras también. Para mí por lo menos principalmente es la base de todo es lo que ha pasado y lo que está pasando también. Lo valoro muchísimo y siento que hay muchísimas más músicas y músicos y canciones de lo que pensamos en Uruguay.
A.P.: Sí, muhco más de lo que se conoce. A mí me pasan dos cosas: yo por un lado vivo en una burbuja, que tiene que ver con la música y con el arte, que es una historia. Una pantalla donde se conocen autores y autoras de toda la vida, y después también vivo en otra burbuja donde no tienen la menor idea de la música uruguaya. No saben quién es Fernando Cabrera, nadie. En ese punto creo que sigo un poco más tu pregunta, saliendo de mi propia perspectiva, que puede ser muy acotada. Después de vieja tengo la oportunidad de ver la realidad en otros ámbitos en los cuales me muevo, que por ejemplo no se consume casi nada de la cultura uruguaya. Ni teatro independiente, ni música, ni nada, a no ser lo supermegamainstream, lo internacional.
Viene Arjona y te mete 70 fechas, para lo mega mega sale gente de todos lados. Pero en la música uruguaya, el teatro independiente hay muchísima riqueza y no se consume, porque no se pasa en los medios. No se pasa en la radio, no se pasa en la tele, no se pasa en ningún lado. Yo tengo notas, voy a La mañana en casa, la tarde en casa, la noche en casa y no se qué, en todos lados te ven pero después no pasa nada. No hay un consumo real de música uruguaya. Yo vivo de la música hace más de 20 años porque me fui de Uruguay, porque el 90% de mi laburo es en Argentina. Me he recorrido toda Argentina de punta a punta varias veces, donde ni siquiera se sabe de Uruguay. Me pasa personalmente que yo me muevo en ámbitos donde ni siquiera saben qué hago, digo que canto y no me conocen. No tienen la menor idea de quién es Laura Canoura ni nadie. Es muy fácil pensar que valoramos lo nuestro en la burbuja en la cual nos movemos, que no deja de ser una burbuja de cierta élite. Parque Rodó, Ciudad Vieja y listo. Después en realidad la música no deja de ser un simple ornamento o grandes idolatrías de productos que se forman mucho más grandes, a nivel mundial. Está buenísimo, a mí me ha pasado de traer un puñadito de esa gente a un show mío y que queden chochas. No es que no guste, es que no se les ocurrió ir a ver a alguien.
J.L.: Es el acceso a la cultura, y en eso también este proyecto tiene otro pie. Si bien ya está planteado, ya tenemos las tres fechas que se van a hacer en la Zitarrosa, en el Politeama y en el Florencio Sánchez, nosotros nos abocamos a que el público sea este público que menciona Ana. Las entradas son populares, muy baratas, $300. Nos estamos contactando con instituciones para que puedan facilitar el acceso a determinados grupos de mujeres y disidencias que no tienen esta facilidad, que no tienen dentro de su agenda ir a un show.
Hablando de legados y aprendizajes, ¿qué le gustaría a Ana dejar a las generaciones más jóvenes?
A.P.: Para dejarles me gustaría seguir componiendo un poco más con contenido, y sobre todo lo que a mí más me gusta de las nuevas generaciones y que me parece importante es la verdad. Con lo que no es verdad no pasa nada trascendente. Si vas a componer tratá de que aunque les guste a cuatro, que sea un poco tu cuestión. También podés ser un producto, pero yo creo que a la larga lo que queda con el paso del tiempo es gente que hizo cosas que son verdad. Que lo que cantan y narran lo sienten, porque si vos no sentís lo que estás cantando tampoco podés pretender que a quien te vaya a ver le pase algo. A mí como público me pasa también, yo a veces voy a shows en los que termino llorando a mares o re emocionada, y está buenísimo. Estamos en una sociedad maníacodepresiva, toleramos la manía, el show, la fiesta, y después es muy deprimente todo. Porque el mundo se va a acabar, hay teorías conspirativas, no se puede vivir en este país, hay dos polos. O la euforia o la depresión, y en el medio hay un montón de cosas, entonces viviendo en esos dos polos nadie quiere meterse con las emociones, porque cualquiera de las dos son insostenibles por mucho tiempo. Pero si buscás ir a ver algo que te emocione, que te haga pensar, te hace bien.
Julieta, por tu parte, ¿dónde te proyectás de acá a varios años en su carrera?
J.T.: Por mi parte, me gustaría poder seguir tocando y viviendo de tocar el bajo, que sigan existiendo estas posibilidades y oportunidades de ocupar los espacios, y que se deje de juzgar, que se vuelva algo normal.