Oasis volvió por la plata. A los más de US$ 400 millones recaudados por 40 conciertos y al semejante acuerdo de merchandising que hicieron con Adidas se suma ahora una película: el documental Oasis: Don’t Look Back In Anger, crónica de su gira de reunión de 2025, que estrena hoy en cines uruguayos. ¡Y está bien!
Otra sería la historia si los shows que dieron en noviembre en el estadio Monumental de Buenos Aires hubiesen decepcionado. Pero los hermanos Liam y Noel Gallagher, junto con los guitarristas Paul Bonehead Arthurs y Gem Archer, el bajista Andy Bell y el baterista Joey Waronker, se alzaron al nivel altísimo de las expectativas. Lo mejor: quedaron ganas de más.
Ganas, por ejemplo, de revivir los shows en pantalla grande.
Don’t Look Back In Anger es más que un documental de gira, si bien en buena medida es eso. Busca también contar la historia de Oasis y su alcance, desde el punto de vista de sus fans. Sobre todo, y es lo que más atracción genera, busca contar la historia de la reconciliación de esos dos volcanes que componen el corazón del grupo. Esos dos hermanos que se pelearon antes de un concierto en París en 2009 y que no volvieron a hablarse por 15 años… hasta que anunciaron la gira.
O sea que es una película más ambiciosa que la media en su género. Esto no quiere decir que se recomiende para alguien que no le interese Oasis: es un producto para fans. Pero es un producto para fans filmado y montado con preciosismo, con ojos de cineasta y no como si fuera otra pieza de merch.
Liam suele referirse a sí mismo y a su banda como biblical (“bíblico”, en el sentido de divinamente épico). Los recitales de 2005 lo fueron. Hubo llanto. Hubo pogo. Hubo gargantas desgarrándose con “Live Forever” y “Little By Little”. Hubo borrachos coreando temas en los alrededores de la cancha desde temprano. Don’t Look Back In Anger lo logra capturar. Para revivirlo si fuiste, o por si te quedaste con las ganas de ir, es ideal.
Es también una película muy graciosa, porque los Gallagher son muy graciosos. Liam con naturalidad lo que cualquier vocalista de rock quiere ser. Carismático, desenfadado, de lengua filosa; por algo es un gran tuitero. Noel es el hermano mayor y le pasa lo que a todo hermano mayor: lo admira y lo sufre. Pero lo sufre con gracia.
Los directores Will Lovelace y Dylan Southern —que ya habían hecho documentales de Blur y LCD Soundsystem— y el guionista Steven Knight —que entre otras muchas cosas creó la serie Peaky Blinders— mechan material de archivo de los 90, entrevistas con fans extasiados o alcoholizados (o ambas cosas), con actuaciones de la banda durante la gira y mucho plano de gente cantando entre lágrimas. También se muestran ensayos previos, y hay otras notas más trabajadas con ciertos fanáticos, como una sobreviviente de la bomba que explotó en 2017 durante un recital de Ariana Grande en Manchester, ciudad de Oasis; un episodio para el que la canción “Don’t Look Back In Anger” se convirtió en un himno de resistencia. O un argentino que inventó una canción de cancha de San Lorenzo con la melodía de “Wonderwall”.
El motor de la película, obvio, son los hermanos, los únicos miembros del grupo entrevistados y cuya voz en off oficia de narración. La tensión inicial (muy bien manejada por los realizadores) de si Liam aparecerá en los ensayos y cómo se comportará, la calidez posterior y las flores que se tiran mutuamente, como si la gira les hubiera recordado a cada uno por qué Noel es un gran compositor y Liam un gran frontman. Como si hubieran empezado este recorrido por la plata —recordemos que Noel pagó 20 millones de libras esterlinas en su divorcio, algo clave para que se decidiera a hacer la reunión— y el proceso de la gira los hubiera hecho reverdecer realmente.
Ver a los hermanos juntos emociona, tanto como emocionaba verlos abrazarse en el escenario. Sin embargo, Don’t Look Back In Anger se siente poco íntima. Para ser un detrás de escena, revela bastante poco. Por ejemplo, muestra que en los ensayos Liam llegaba con cara de pocos amigos directo a tocar y se iba apenas terminaba, pero se toma poco tiempo para explorar cómo le cae eso al resto de la banda. Es evidente que la cortina se corre poco porque el proceso no debe de haber sido todo color de rosas. En cambio, eligen hacer demasiado foco en los fans, y eso estira innecesariamente el documental, que termina por volverse repetitivo.
Es, entonces, una película graciosa y con momentos biblical (literalmente porque por algún momento incluyen parte de un sermón de un cura mancuniano), visionado obligatorio para fanáticos… el resto no se va a perder de mucho.