Es amor? (2024) comenzó a cocinarse poco después de la pandemia. Un evento que azotó a todo el planeta y que significó, para muchas cosas, una revolución. El uso de la tecnología como herramienta para la comunicación en el día a día evolucionó como nunca antes y, como toda transformación drástica, dejó marcas a su paso.
Sebastián Bednarik reparó en esta realidad, le llamó la atención. Quería dirigir un proyecto en formato vertical que le permitiera explorar un nuevo aspecto creativo. Así, con el uso de celulares, cámaras GoPro y materiales de uso cotidiano, contó varias historias. Vínculos sexoafectivos atravesados por la tecnología del presente que se cuentran a través de llamadas, mensajes, cámaras ocultas.
Trabajó junto a la guionista Marisa Quiroga. Ambos se centraron en solicitar múltiples guiones de diferentes creativos para elegir las mejores historias y hacerlas conversar. En entrevista con Montevideo Portal, Bednarik contó cuáles fueron sus motivaciones para definir la temática y su formato innovador. Habló sobre hacer cine en Uruguay, sobre su experiencia con el género documental y su metodología de trabajo en el proyecto que hoy lo convoca.
La serie se encuentra disponible exclusivamente en Montevideo Portal.
¿Ir a lo seguro por miedo a correr riesgos?
Sí, algo así. Hay muchos intereses, y uno, para llegar al momento de estrenar, tiene un montón de condicionantes que quizás pueden incidir en eso.
¿Cómo se encuentran buenas historias para contar?
Hace tiempo que me pasa que las buenas historias son las que me llegan, más que las que a mí se me ocurren o propongo yo. Alguna cada tanto meto, pero desde que hice el primer documental, que fue La matinée (2007), estoy en modo cine completamente y me dedico a esto. Entonces continuamente estoy haciendo, o por hacer, o recibiendo historias en documental. Me pasa que, más allá de lo que yo pueda proponer, siempre hay alguien que quiere hacer una película y siempre hay muy buenas ideas en la vuelta, pero muchas veces no saben cómo hacerlas ni por dónde empezar. En los documentales es donde más sucede.
Creo que una fórmula que a mí me ha servido es no llenarme solo de mis ideas y siempre dejar espacio para lo que viene de afuera. De hecho hace unos cuantos años que produzco muchos documentales de personas que me traen la idea para que yo la dirija, y muchas veces me doy cuenta de que lo tienen que hacer ellos. Ahí ayudo desde la producción a que muchas de esas óperas primas las hagan ellos mismos. Después, es según lo que te guste. Hoy por hoy, con la generación natural de archivos que tenemos desde que comenzó el siglo XXI, ya podrías hacer un montón de películas sin salir con una cámara a la calle ni hacer una entrevista. Como pasó con Maracaná, que en ese momento no había ni la mitad del material que hay hoy ni el acceso que tenemos. Según lo que te guste y dónde quieras poner el foco, si es hacia la historia o hacia la actualidad, yo creo que está lleno de buenas películas documentales y a veces ficciones también, pero pasa que la ficción lleva a otro proceso. Pero sobre todo los documentales están ahí. A mí por lo general por suerte me han llegado muchos, y algunos pocos los he pensado. Me he dado cuenta viendo la tele, leyendo un diario o un portal. Ahí investigo, exploro, y si veo que hay campo me meto.
¿Cómo elegís entre estas historias que te llegan?
Es según cómo lo percibo yo; si a mí ya me interesó de alguna forma yo trato de conservar esa sensación, para que después en una película se traslade eso de la misma manera. Básicamente busco eso. Me entero de una historia y, así como me entero, veo de qué manera me gustaría contarla. Después, de ahí al siguiente paso hay cuestiones de derechos y tantas cosas, que por lo general llevan entre uno y dos años. No es que venga la idea ya pronta. Hay un montón de cuestiones que tienen que ver muchas veces con esa realidad, pero para filmarla y llevarla a una película hay que pasar por muchos pasos que tienen que ver con lo legal, incluso en el documental. Por lo general lo percibo, pero también yo divido mi cabeza en dos: la del director al que le gusta la idea, pero la del productor que ve las banderas rojas y los posibles problemas. Porque no todo lo que brilla es oro. A veces aparece una buena historia pero es imposible llevarla a la pantalla. Cuando veo que hay una buena historia y que hay posibilidad de llevarla a cabo, empezamos a laburar.
¿Para dónde creés que va a evolucionar el mundo del audiovisual? ¿Pensás repetir este formato en futuros proyectos?
No, generalmente me voy amoldando y utilizando la tecnología desde el cine para poder llegar a la mayor cantidad de público, porque a mí me gusta mostrar lo que hago. Me gusta lo que hago y mostrarlo. Considero que la televisión hoy no se mira en la televisión, que las series y los formatos están cambiando y que gran parte se está viendo en un celular. Eso lo tenemos que asumir. No para pasar una película en un celular, porque a mí las películas me gustan en el cine o en Efecto Cine. Pero sí apareció algo que era televisivo, que lo vi anacrónico.
Esta misma temporada estuvo en TV Ciudad y en Canal 5. La gente no está mirando televisión, y las nuevas generaciones menos. Están mirando el celular, que es en vertical. Creo que es una cuestión de la mano, de monos que somos, que nos queda cómodo verlo en vertical y muchas veces se está viendo en vertical una pantalla horizontal en el medio de del vertical. Entendí que esta serie era ideal para hacerla en ese formato, pero por las características que tiene. No sé si seguiré produciendo formatos verticales o si quedará en este experimento, porque tampoco sé cómo vamos a estar consumiendo en dos o tres años, que es lo que podría pensar que me va a llevar un próximo proyecto.