Por Catalina Zabala
catazabalaa
Es amor? (2024) comenzó a cocinarse poco después de la pandemia. Un evento que azotó a todo el planeta y que significó, para muchas cosas, una revolución. El uso de la tecnología como herramienta para la comunicación en el día a día evolucionó como nunca antes y, como toda transformación drástica, dejó marcas a su paso.
Sebastián Bednarik reparó en esta realidad, le llamó la atención. Quería dirigir un proyecto en formato vertical que le permitiera explorar un nuevo aspecto creativo. Así, con el uso de celulares, cámaras GoPro y materiales de uso cotidiano, contó varias historias. Vínculos sexoafectivos atravesados por la tecnología del presente que se cuentran a través de llamadas, mensajes, cámaras ocultas.
Trabajó junto a la guionista Marisa Quiroga. Ambos se centraron en solicitar múltiples guiones de diferentes creativos para elegir las mejores historias y hacerlas conversar. En entrevista con Montevideo Portal, Bednarik contó cuáles fueron sus motivaciones para definir la temática y su formato innovador. Habló sobre hacer cine en Uruguay, sobre su experiencia con el género documental y su metodología de trabajo en el proyecto que hoy lo convoca.
La serie se encuentra disponible exclusivamente en Montevideo Portal.
La serie Es amor? explora cómo se dan los vínculos sexoafectivos luego del impacto de las redes sociales. ¿Cuál fue tu disparador para retratar ese tema?
La serie se creó junto con Marisa Quiroga en plena salida de la pandemia, donde todo ese asunto de las relaciones ya estaba muy latente en los vínculos virtuales. Creo que estábamos muy influidos también por esa era o ese momento que habíamos vivido. Se nos ocurrió más por el dispositivo de poder contar una historia sin cámara, con las cámaras de los personajes. Después coincidimos en que lo mejor era los vínculos amorosos, porque son historias que generan conflictos. Está esa diferencia entre el imaginario virtual y la realidad en los casos que las parejas se encuentran. Fue buscar un formato y encontrarle el contenido. Yo particularmente tengo una hija que vive en Brasil, nació allá, y tenemos una relación que va más allá de viajar continuamente. Mantenemos una relación virtual que creo que también me influenció en este tema de los mecanismos de comunicación. Si bien esto no es un amor romántico, sí funciona como dispositivo para generar ficción con eso.
¿Considerás que el impacto de las redes en los vínculos es negativo?
Para mí el modo cambió, pero creo que no hay mucha diferencia. Antes había cartas y estaban los famosos mails. Creo que va cambiando el medio, pero en general los vínculos son los mismos. A veces terminan en experiencias negativas y otras veces muy positivas.
Contás que primero se te ocurrió el formato y después pensaron la temática. ¿Tuvo que ver con buscar una mayor interacción con el público y todo lo que permite el formato vertical?
Los productores y directores uruguayos siempre estamos buscando ideas justamente para usar mínimos recursos —porque no los tenemos— para contar de la forma más orgánica posible las historias. Había un fondo que justamente no existe más y que daba muy pocos recursos para hacer una serie de muchos minutos, se llamó SeriesUY. Justamente yo decía que más que un fondo era un desafío, y lo tomamos así. Nos preguntamos cómo generar seis capítulos y poder filmarlos con este presupuesto. Había que eliminar jugadores que están generalmente en un set, como el director de fotografía. Fue una decisión para poder trabajar más con los elencos.
A mí me gusta mucho el trabajo con actores y actrices y poder tener más ensayos. Quería destinar recursos ahí y que ellos fueran los que se filmaran a sí mismos. Eso requirió también un aprendizaje. Pero claro, todo lo que son los costos de cámara, al trabajar con una GoPro que le colocábamos a un celular para poder generar un 4K, bajaba muchísimo. Ahí estuvo el inicio. Después, una vez que eso está editado, empezás a darte cuenta de que el contenido es totalmente orgánico. Hay videollamadas, que generalmente son verticales. La idea de dividirlo en micro episodios fue una forma novedosa de captar nuevos espectadores.
En cuanto a lo técnico, se abarataron costos y se simplificó la ejecución por el manejo de equipos. ¿Hubo dificultades inesperadas a la hora de sacar adelante este nuevo formato?
Hubo miles de dificultades. Justamente después de que lo planificamos, pensando que lo habíamos armado de manera sencilla, empezaron las complejidades. La más latente fue que todas las videollamadas que vemos son reales, entonces muchas veces había dos equipos en locaciones diferentes, uno con cada personaje. Necesitábamos conectar primero para que se pudieran ver, a veces como siempre tenés mala señal, cuestiones que se trancan, delay y ese tipo de cosas, para que se pudiera hacer la videollamada. Además de eso había que captar el sonido y la imagen por separado. Todo eso generó un combo que lo transformó en dificultoso en cuanto a producción. No en cuanto a equipamiento, porque fue muy sencillo, pero sí en cuanto a coordinación. Por suerte tuvimos un equipo que se entrenó muy joven, justamente con la propia serie. De muchos era la primera vez que estaban en un rodaje, entonces ya lo estaban aprendiendo así.
Trabajaste en muchos documentales, como Mundialito (2007), Maracaná (2014), entre otros. En este caso, la ficción rescata un fenómeno de la realidad. ¿Cómo conversa la realidad con la ficción?
Después de que hacés documentales, es inevitable que te quede esa huella cuando vas a filmar ficción. Siempre digo lo que le explicaba al elenco: yo intenté ser la famosa cámara que te espía dentro de las computadoras o los celulares. Que estuviera esa realidad casi documental también en la luz, en el arte, en todo. Tratamos de ir a las casas que ya estaban armadas; a veces eran casas de los propios actores que hacían los personajes, o mi casa, pero sin modificarla mucho. Justamente buscaba esa pequeña porción de realidad para generar la ficción. Para mí, igual, es una temática que justamente es apropiada para la ficción. No la podría contar o explorar y profundizar como lo hago en la ficción si fuesen historias reales, por una cuestión ética. Sería pasar barreras que yo generalmente no paso en los documentales. Por eso también me pareció interesante zambullirme en este tema a través de la ficción.
La serie fue trabajada sobre una línea difusa entre la realidad y la ficción. ¿Cómo elegiste qué ejemplos de vínculos retratar, aunque fueran ficticios?
La estrategia que usamos fue justamente llamar a guionistas diferentes, autoras y autores. Ellos traían una, dos o tres propuestas y yo veía con cual me sentía más cómodo. A veces no por comodidad, sino justamente por el desafío de reconocer una buena idea y ver cómo resolverlo para llevarla al código Es amor?. Pero si yo hubiese escrito todas las historias, creo que a la segunda ya estaría aburrido o repitiéndome. Cambiar a los y las guionistas trae justamente nuevas historias, que muchas veces vienen con la huella personal y autoral de cada uno.
¿Cómo se hace desde la dirección para pensar planos en un formato tan nuevo? ¿Cómo se construye la historia desde lo visual con un alfabeto distinto?
Yo digo que con mi hermano Santiago casi codirigimos, porque él hace toda la parte técnica, le decimos "el pulpo". Andábamos por el set justamente con nuestros celulares generando un espejo, porque también es difícil. Vos tenés que probar que te estás filmando, tenés que dar vuelta la visión. Lo que hacíamos era, con nuestros propios celulares, ir generando el encuadre que nos gustaba delimitándole un perímetro al elenco y tratando de intervenir lo menos posible a nivel de luz, para que tuvieran la libertad de moverse. Después, una vez que estaba eso, venía la parte de edición, porque ahí también podés jugar. Nosotros de cada cuadro sacamos un 16.9, pero en este caso lo hicimos en 9.16. Eso también nos permitió jugar dentro del plano y mejorar cosas o generar paneos, planos distintos de algo que antes permitía un solo cuadro.
¿Cómo se adaptó el elenco a la nueva metodología de trabajo?
Se adaptaron muy bien, ellos también lo sentían como un desafío. Al principio solamente hacía ensayos con ellos. Siempre que le das algo nuevo a una actriz o un actor se va a divertir, entonces en general la percepción tiene que ver con la edad. Hay veteranos como Jorge Bolani, que en seguida entendió todo y la rompió de entrada con la primera toma. Para las nuevas generaciones ni que hablar que es mucho más natural, porque después de la pandemia ya todos habíamos hecho una videollamada o mandado un video, una foto, un audio. Todo lo que yo pedía eran cuestiones cotidianas. Y esta novedad de que ellos iban a ser su propia cámara hacía que se divirtieran; no solo ellos con ellos mismos, sino con el otro.
¿Qué papel jugó el uso novedoso de la tecnología en la decisión de que gran parte del elenco fuera joven?
Las edades vinieron a partir de los guiones, o sea que también las propusieron mucho las autoras y los autores. Pero también a mí me gustaba darles la oportunidad a caras nuevas. Yo esto lo entendí como una serie que no era cine, donde podía permitirme tener protagónicos que no estaba acostumbrado a ver en las pantallas. A su vez yo veo mucho teatro, me gusta mucho el teatro under, tenía junto con Chiara Hourcade —que es la directora de casting— algunas fichas con las que ya sabíamos que queríamos trabajar, y fue sacarse las ganas. De hecho ahora vamos a comenzar la historia 13, ya tenemos 12, y cada historia tiene entre dos y tres protagonistas nuevos. Entonces si vas sumando, cuando terminemos el ciclo van a ser más de 50 caras nuevas. Está muy bueno que ellos tengan la experiencia, y que los espectadores los empiecen a conocer.
¿Cómo se desarrollan 50 personajes y 18 historias distintas sin repetirse?
Sí, por ahora son 18 historias, aunque yo tengo como 10 más en mi cabeza. Creo que la fórmula es no repetir guionistas tampoco, ir cambiándolos siempre temporada a temporada. Nosotros mismos también vamos profundizando en el lenguaje desde el rodaje. Hay cosas que ya las hicimos y que no las repetimos porque nos aburrimos, y vamos buscando nuevos dispositivos. Hay un capítulo que se llama "El drone", y el protagonista es justamente un drone. Nosotros no sabemos quién está detrás de él. Ahí nos sacamos todas las ganas de jugar con ese dispositivo. Hay otra cámara que se mete en el agua, y ahí también nos sacamos las ganas de ese recurso. Vamos acompañando también lo que va trayendo la tecnología. Hoy por hoy, con todo este tema de los satélites, hay unos guiones nuevos con ideas de que justamente ya ni siquiera nosotros usemos las cámaras de los personajes, sino que observemos las historias desde lo que sería un Google Maps.
¿Qué creés que fue lo más llamativo para el público que vio la serie hasta ahora?
Yo creo que lo que impactó bastante fue esta cuestión del deseo, que en la ficción nacional no está tan explorada. Justamente no estamos acostumbrados a vernos besar, a vernos intimar, el uso de chats de plataformas como Grindr o el juego con la inteligencia artificial. Hay un montón de cuestiones que son muy de la intimidad y que vemos generalmente representadas en ficciones extranjeras pero no nacionales. Creo que eso es lo que sigue impactando y lo que más repercusión me han comentado que tuvo.
¿Por qué creés que el cine nacional no muestra tanto el deseo?
Yo creo que es por inmadurez, porque somos una cinematografía aún muy nueva. Cuesta mucho llegar a formar una película que muchas veces necesita de apoyos y premios institucionales. Por lo general ese tipo de cine viene más del independiente, más de productores que apuestan y que no dependen tanto de los fondos. Creo que eso ha generado un crecimiento lento y una repetición en cuanto a los géneros en la cinematografía, donde todavía no se exploró por ese lado en la comedia dramática.
¿Ir a lo seguro por miedo a correr riesgos?
Sí, algo así. Hay muchos intereses, y uno, para llegar al momento de estrenar, tiene un montón de condicionantes que quizás pueden incidir en eso.
¿Cómo se encuentran buenas historias para contar?
Hace tiempo que me pasa que las buenas historias son las que me llegan, más que las que a mí se me ocurren o propongo yo. Alguna cada tanto meto, pero desde que hice el primer documental, que fue La matinée (2007), estoy en modo cine completamente y me dedico a esto. Entonces continuamente estoy haciendo, o por hacer, o recibiendo historias en documental. Me pasa que, más allá de lo que yo pueda proponer, siempre hay alguien que quiere hacer una película y siempre hay muy buenas ideas en la vuelta, pero muchas veces no saben cómo hacerlas ni por dónde empezar. En los documentales es donde más sucede.
Creo que una fórmula que a mí me ha servido es no llenarme solo de mis ideas y siempre dejar espacio para lo que viene de afuera. De hecho hace unos cuantos años que produzco muchos documentales de personas que me traen la idea para que yo la dirija, y muchas veces me doy cuenta de que lo tienen que hacer ellos. Ahí ayudo desde la producción a que muchas de esas óperas primas las hagan ellos mismos. Después, es según lo que te guste. Hoy por hoy, con la generación natural de archivos que tenemos desde que comenzó el siglo XXI, ya podrías hacer un montón de películas sin salir con una cámara a la calle ni hacer una entrevista. Como pasó con Maracaná, que en ese momento no había ni la mitad del material que hay hoy ni el acceso que tenemos. Según lo que te guste y dónde quieras poner el foco, si es hacia la historia o hacia la actualidad, yo creo que está lleno de buenas películas documentales y a veces ficciones también, pero pasa que la ficción lleva a otro proceso. Pero sobre todo los documentales están ahí. A mí por lo general por suerte me han llegado muchos, y algunos pocos los he pensado. Me he dado cuenta viendo la tele, leyendo un diario o un portal. Ahí investigo, exploro, y si veo que hay campo me meto.
¿Cómo elegís entre estas historias que te llegan?
Es según cómo lo percibo yo; si a mí ya me interesó de alguna forma yo trato de conservar esa sensación, para que después en una película se traslade eso de la misma manera. Básicamente busco eso. Me entero de una historia y, así como me entero, veo de qué manera me gustaría contarla. Después, de ahí al siguiente paso hay cuestiones de derechos y tantas cosas, que por lo general llevan entre uno y dos años. No es que venga la idea ya pronta. Hay un montón de cuestiones que tienen que ver muchas veces con esa realidad, pero para filmarla y llevarla a una película hay que pasar por muchos pasos que tienen que ver con lo legal, incluso en el documental. Por lo general lo percibo, pero también yo divido mi cabeza en dos: la del director al que le gusta la idea, pero la del productor que ve las banderas rojas y los posibles problemas. Porque no todo lo que brilla es oro. A veces aparece una buena historia pero es imposible llevarla a la pantalla. Cuando veo que hay una buena historia y que hay posibilidad de llevarla a cabo, empezamos a laburar.
¿Para dónde creés que va a evolucionar el mundo del audiovisual? ¿Pensás repetir este formato en futuros proyectos?
No, generalmente me voy amoldando y utilizando la tecnología desde el cine para poder llegar a la mayor cantidad de público, porque a mí me gusta mostrar lo que hago. Me gusta lo que hago y mostrarlo. Considero que la televisión hoy no se mira en la televisión, que las series y los formatos están cambiando y que gran parte se está viendo en un celular. Eso lo tenemos que asumir. No para pasar una película en un celular, porque a mí las películas me gustan en el cine o en Efecto Cine. Pero sí apareció algo que era televisivo, que lo vi anacrónico.
Esta misma temporada estuvo en TV Ciudad y en Canal 5. La gente no está mirando televisión, y las nuevas generaciones menos. Están mirando el celular, que es en vertical. Creo que es una cuestión de la mano, de monos que somos, que nos queda cómodo verlo en vertical y muchas veces se está viendo en vertical una pantalla horizontal en el medio de del vertical. Entendí que esta serie era ideal para hacerla en ese formato, pero por las características que tiene. No sé si seguiré produciendo formatos verticales o si quedará en este experimento, porque tampoco sé cómo vamos a estar consumiendo en dos o tres años, que es lo que podría pensar que me va a llevar un próximo proyecto.
Por Catalina Zabala
catazabalaa
Acerca de los comentarios
Hemos reformulado nuestra manera de mostrar comentarios, agregando tecnología de forma de que cada lector pueda decidir qué comentarios se le mostrarán en base a la valoración que tengan estos por parte de la comunidad. AMPLIAREsto es para poder mejorar el intercambio entre los usuarios y que sea un lugar que respete las normas de convivencia.
A su vez, habilitamos la casilla reportarcomentario@montevideo.com.uy, para que los lectores puedan reportar comentarios que consideren fuera de lugar y que rompan las normas de convivencia.
Si querés leerlo hacé clic aquí[+]