Es cierto que desde la reapertura de escenarios, tras la detención por la pandemia, la oferta de espectáculos ha tenido un giro sorprendente en la agenda cultural local. Sin embargo, en un mercado tan pequeño como el de Uruguay, son señales que confunden incluso a los más idóneos en la materia.

Hace unos días el cantante, compositor y sociólogo Fernando Santullo (L-Mental en el Peyote Asesino) preguntaba con cierta ironía, aunque no falto de asombro, en redes sociales: “¿Nos volvimos metaleros sin que yo me diera cuenta?”.

La interrogante se argumentaba con una apretada agenda de visitas internacionales del género en Montevideo, pocas veces vistas en un mismo mes: “Abril: 2 Malevolent Creation, 22 Sepultura, 23 Anthrax y Death Angel, 24 Amorphis, 25 Dark Tranquillity, 29 Accept. De yapa, Carcass el 3 de mayo. No recuerdo tantas opciones para ver buenas bandas de metal en tan poco tiempo”, escribió.

Hoy en día estás radicado en Holanda. ¿Es un punto geográfico estratégico para generar vínculos dentro de la escena artística del metal?

Desde los 80, y por mucho tiempo, Holanda ha tenido una escena muy fuerte, con grandes bandas que han salido desde este pequeño país. Territorialmente es más chico que Uruguay, pero con cinco veces más densidad poblacional. También fue cuna de uno de los festivales europeos más importantes de los 80 y sobre todo de los 90 como el Dynamo Open Air. Si bien esos días de gloria han pasado, todavía sigue siendo un país fuerte, totalmente descentralizado, en el que las bandas pueden tocar en muchas ciudades. Hay productores, sellos, y estudios que tienen décadas de existencia y trabajo, por lo que mucho pasa por acá. Los vínculos y contactos uno los puede generar ya desde cualquier lugar, de hecho desde Uruguay generé muchos nexos a través de la revista que editaba y también los shows, pero estando acá ves a la persona cara a cara, y se da otra cosa. Y como decís, geográficamente es un gran punto para moverte para un lugar u otro de Europa. Eso hace que, estando acá, siempre hayan ideas o proyectos que, ojalá, en un futuro se puedan concretar.

¿Crees que la escena metalera local late de igual forma que la inquietud por propuestas externas?

Lamentablemente, no. Pero ese no es un fenómeno que pase solo en Uruguay. Luego de la reapertura de shows después de la pandemia, varios locales emblemáticos habían cerrado sus puertas, y otros abrieron. Todo es cíclico y, a veces, reajustarse a la nueva realidad lleva su tiempo. Está claro que yo ya no estoy viviendo en Uruguay, pero estoy al tanto de lo que está pasando. Siguen habiendo bandas, siguen surgiendo bandas. Ojalá pueda haber mayor inquietud por las propuestas locales, pero este es un fenómeno que tiene varias aristas a analizar.

En la década de los 80, Alvacast, uno de los exponentes de mayor proyección artística, logró atravesar muchas barreras y salir por nuevos mercados en el exterior. ¿Por qué crees que no se ha repetido la experiencia en los nuevos y potentes proyectos del metal local?

No es algo sencillo. De hecho, si mirás en Sudamérica, solo Brasil ha logrado tener bandas que trasciendan a nivel mundial (Sepultura, Angra, Krisiun por nombrar solo tres). Chile también ha tenido proyección, aunque en menor escala. El resto de los países, sin embargo, no lo ha logrado. De forma natural, las bandas locales siempre han visto a Argentina como el país más accesible para ir a tocar, pero no pasa más de eso.

Max Cavalera en los 80 se tomó un avión y empezó a golpear puertas en Estados Unidos, presentando su material. Las décadas van cambiando, hoy en día es mucho más fácil acceder al mundo en general, pero más difícil también llamar la atención. Tomar la decisión de proyectarte al exterior requiere de dinero. Muchas bandas latinoamericanas se autofinancian sus shows en Europa o sus mini giras por el viejo continente, tiempo de dedicación que para quienes trabajan ocho horas por día es muy difícil. Hay que estar muy convencido de lo que querés y del material que tenés.

Desde hace más de una década, se ha dado el fenómeno del Wacken Metal Battle en nuestro país, organizado por Carlos “Closmu” Musetti, en el cual bandas locales participan por un lugar para presentarse en el festival de metal más famoso del mundo, el Wacken de Alemania. Ya han ido cinco bandas locales al festival, pero lamentablemente, cuatro de esas bandas se separaron al poco tiempo de regresar a Uruguay.

No es algo sencillo, y como te decía, si bien las distancias se han acortado al momento de mostrarse al mundo, o establecer contactos, la infinidad de bandas que hay en todos los países hace que sea más difícil destacarse.

¿Podrías adelantar qué grandes nombres serán parte de la agenda metalera de los próximos meses?

Por el momento no hay nada anunciado para la segunda parte del año. En lo personal, con El Lado Oscuro estoy organizando uno o dos shows por año, máximo. Veremos si hay sorpresas que se confirmen pero, va a ser difícil igualar en el futuro lo que serán estos 30 días de metal.