Dice que Salvapantallas, dúo musical que compartía con Zoe Gotusso, fue su escaparate. Una plataforma que hizo posible desarrollar un proyecto solista a partir de 2019, cuando vio la luz Reset, su álbum debut. Siete años después presenta Tranquilo (2026), en el cual expone una serie de dificultades que Celli identifica como propias de esta época: ansiedad, depresión, conflictos con la socialización y los estragos que hacen las redes sociales en medio de ese panorama.
En entrevista con LatidoBEAT, contó que trabajó el sonido del disco en torno a los contrastes. Factor que considera crucial a la hora de darle personalidad a un álbum y hacerlo "completo". También contó su preocupación en torno a la supremacía de los algoritmos en la industria e invitó al público a comprometerse más e indagar en aquellos proyectos que quizás no tocan la puerta con tanta facilidad.
¿Considerás que el músico tiene la responsabilidad de opinar sobre lo que sucede en el mundo?
Yo creo que en verdad es una responsabilidad de cualquiera. Dentro de cualquier sociedad, a tu manera, tratar de construir con los demás un pensamiento más importante que simplemente hacer una crítica. Creo que la música tiene un poder muy importante hasta en eso. Muchas veces puede viajar por otros caminos; no necesariamente desde los de denuncia a secas o a la discusión o lo que sea, sino que la música puede ir más allá de todo eso. Es algo común a todas las personas. Dentro de la música hay invitaciones a construir un criterio colectivo, y siempre está bueno.
En las canciones hay descripciones específicas de un mundo interior en torno a la ansiedad social, por ejemplo. ¿Qué tanto dirías que influye tu vida personal a la hora de componer? ¿Qué pasó en este álbum en concreto?
Creo que depende del momento; a veces las canciones pueden ser sobre la vida de uno y otras veces no, y son solo canciones. Acá creo que lo que intenté hacer, por ejemplo con "Antisocial", que fue la primera que salió, no fue contar algo que me pasara exactamente a mí, pero siento que fue una forma divertida de hablar sobre algo que en mayor o menor medida nos pasa a todos. Sentirnos con un poco menos de batería social, de necesitar cada vez más espacio de soledad. Porque, al final, es cuánto uno se gestiona en el contexto que nos toca ahora, que nos propone algo muy distinto. Uno se gestiona ese espacio de volver a las bases.
“Antisocial” es una colaboración con Ale Sergi. Junto con “Perfil bajo”, la canción que le sigue en el álbum, suben el ritmo que venía construyendo el disco. ¿Por qué pensaste en Ale Sergi para esta parte de la obra y cómo trabajaste el orden de las canciones?
El disco está pensado musicalmente en contrastes. Creo que hay momentos que son más pop o más para arriba, si se quiere; momentos que son más reflexivos y momentos que son más de mood o de estar en una sensación. Hay un par de canciones que para mí son eso, como las primeras tres. Después hay un espacio más reflexivo y luego el pop. Los contrastes en la música son una forma de hacer completo a un álbum, que las canciones tengan diferente carácter entre sí. En cuanto a la colaboración con Ale, la verdad es que fue muy natural, porque la canción ya en su concepción tiene mucha influencia de Miranda!. Ale es mi amigo, entonces estaba muy cerca la posibilidad de cantar con alguien que me había influenciado de verdad, y por suerte también él se copó.
Empezaste tu carrera en Salvapantallas, dúo con Zoe Gotusso. ¿Qué creés que aportó esa experiencia a tu proyecto solista posterior? ¿Tuviste que desprenderte de alguna costumbre compositiva?
Salvapantallas fue una gran plataforma para nosotros, para aprender de una manera muy linda un montón de cosas que llevan bastante tiempo y que a veces uno no tiene acceso en otras formas de camino musical. Antes de Salvapantallas yo venía estudiando música en una universidad y tocando mucho en vivo, pero hay cosas que se aprenden a partir de la profesionalización en la música. A partir de tener que llenar escenarios más grandes, ir a hacer una nota, por ejemplo, algo que después uno aprende a hacer de una manera más normal. Pero todo al principio es bastante shockeante y de aprendizaje, entonces creo que fue una plataforma para nosotros, estoy seguro de que para Zoe también. Fue algo lindo que nos pasó en su momento y que nos ayudó a profesionalizarnos en la música.
Fuiste nominado en varias ocasiones a los Premios Gardel, y la edición de 2026 tuvo lugar hace pocos días. ¿Qué opinás de estas instancias de premiación?
Yo, por lo menos, no trabajo para eso, sino que trato de hacer la música de la mejor forma posible o de la forma que yo entiendo que es la mejor. Si a partir de eso después me dan algún premio o lo que sea, me parece que es solo una buena palmada en la espalda por haber trabajado y nada más. Pero creo que al final a lo que todos le damos importancia es a lo que siente la gente, a lo que le pasa a la gente con la música, y en ese sentido quizás un premio no cambia mucho. Es, simplemente, una buena palmada en la espalda.
¿Y cómo evaluás la escena musical actual?
Creo que hay cosas. Solamente hay que buscar y tener ejercicio también de conectar con la música. Salir a buscar, investigar un poquito, porque el consumo en general está muy condicionado por los algoritmos, entonces es muy difícil para un músico que está empezando o para alguien que se mueve por circuitos que no son los más explotados por el algoritmo estar en igualdad de condiciones. Es difícil entender bien las escenas musicales, porque hay cosas que van por otros caminos. Creo que hay mucho talento, creo que estaría bueno que el público también empezara a comprometerse de manera diferente con la música. Porque, al final, siempre ha estado ahí, siempre nos ha sacado de muchas situaciones. Cuando estamos tristes ponemos una canción, y siento que estaría bueno que el público también empiece a comprometerse y a participar de formas distintas.
¿Cómo trabajás con la realidad de los algoritmos como compositor? ¿Los tenés en cuenta?
La verdad es que yo nunca me condicioné por eso, porque además cambian todo el tiempo. Cuando aprendiste a jugar, cambian todas las reglas del juego, es rarísimo, entonces yo prefiero no guiarme por eso y hacer canciones de la forma que a mí me salen, lo mejor posible. Tratar de mejorar todo lo que pueda, pero en relación a mi propia vara, entonces no le doy mucha bola.
Los videos del álbum tienen lugar en la misma habitación, con colores cálidos y el mismo código estético. ¿Qué importancia tiene para vos el aspecto visual de un proyecto musical? ¿Cómo lo trabajaste en el caso concreto de Tranquilo?
Llego a puntos visuales lindos y creo que, más que un mérito en eso, está el mérito de armar buenos equipos. Mucho es gracias a equipos que pueden entender una visión o algo que yo les doy, pero llevarla a cabo de una forma demasiado profesional. Siempre he tenido la suerte de trabajar con gente en imagen muy capa, que me ha ayudado a tener muy lindos videos, que han podido confiar y entender cierta visión. Yo le doy mucha importancia, porque hoy mucho entra por los ojos también, es una realidad, por más que a uno le guste o no. Al final un video es el soporte que vos elegís para tu música en ciertas plataformas, entonces está bueno que mínimamente esté consciente y direccionado hacia donde uno quiere. Después, más o menos logrado, dependerá de muchas otras cosas.
La última canción del álbum que figura en Spotify, "La canción que me faltaba", aún no salió. ¿Qué podés adelantar y por qué decidiste lanzarla separada del disco?
"La canción que me faltaba" es una canción que le escribí a mi madre, que va a salir en la segunda mitad del año. Me pareció que estaba bueno que saliera después porque habla de otra cosa. Es como un bonus track.