Samantha Navarro: “Las canciones del primer disco fueron fundacionales y siguen muy vivas”
La música uruguaya conversó con LatidoBEAT en torno al aniversario de su primera obra y su presentación en la Sala Zitarrosa.
Por Catalina Zabala
catazabalaa
Samantha Navarro siempre tuvo una impronta muy personal. Se imprime a sí misma en sus canciones. El primer paso de ese camino fue su disco homónimo, Samantha Navarro, que salió en 1996 con canciones como "Uñas rotas", "Amor gringo", "Asíntota" o "Pirata hembra".
Hoy, a 30 años de ese primer lanzamiento, se presenta en la Sala Zitarrosa para celebrarlo, como parte del Ciclo Marea. Lo hará con La Dulce, conformada por Ana Claudia de León, Andrea Viera y Mariana Vázquez. Una banda que la acompañó durante gran parte de su carrera.
En conversación con LatidoBEAT, contó que por el escenario pasará una gran cantidad de invitados, como Martín Buscaglia o Luciano Supervielle, figuras que participaron de aquel disco. También recordó cómo era trabajar en los 90 y cómo ve los nuevos procesos creativos del panorama musical actual.
Las entradas para el show están disponibles y pueden adquirirse aquí.
¿Cómo es tu diálogo con tus primeras canciones? ¿Te siguen representando?
Las canciones, si bien son muy antiguas, fueron muy fundacionales y siguen muy vivas. Muchas de ellas las he tocado a lo largo del tiempo y han sido estructurantes de otras canciones. Por otro lado está esta cosa del reencuentro con una misma, con una versión compositora bastante diferente y con un lugar de mucha libertad en aquel momento. Hay algunas canciones en las cuales yo realmente fui sumamente libre y desparpajada. Transgresora, como decía el otro día La Chacha (Ana Claudia de León) en relación a las temáticas, pero también a las músicas y a las armonías.
Entonces tiene eso, un viaje hacia otras posibilidades, y lo vivimos muy gozosamente. Esto fue una invitación para La Dulce, para compartir esta celebración con ellas y con un montón de gente que hace 30 años estuvo en el disco y que hoy van a formar parte de la celebración. Me aceptaron la invitación con gran swing. Las canciones son posibilidades, son como un viaje en el tiempo no demasiado nostálgico. El show va a ser más bien de celebración y redescubrir. En estos tiempos, ahora que hay otra mirada sobre los procesos creativos y todo eso, volver a esto tan inconsciente pero vigente resulta muy nutritivo.
Cortesía de producción
Mencionás los cambios en los procesos creativos. ¿Cómo dirías que ha cambiado el tuyo? ¿Cómo dialoga con los cambios que se han dado en el panorama musical en ese sentido, que se prestan para mucho debate?
Eso es todo un capítulo, porque con el advenimiento de las redes sociales hubo una potenciación de la mirada ajena y de la autocensura, de la limitación. Hay límites que están buenos, que te permiten crecer. Por ejemplo, "tengo este set de acordes con los cuales quiero generar un ambiente y este par de ideas que quiero trabajar, y con eso hago un ejercicio". Hago 50 canciones con eso y veo cuáles realmente me interesan más, cuáles dentro de los límites se escapan de ellos y funcionan. Eso está buenísimo como un ejercicio. Pero lo otro, lo de tener la mirada estandarizada también. Hay algo del control externo con las redes, la búsqueda de los likes, las ideas sobre el éxito, son condicionantes que limitan a la creatividad. No la potencian. Si bien hay herramientas que están buenísimas, el uso indiscriminado de la herramienta tampoco es útil.
¿Dirías que el artista de hoy es menos creativo?
No pienso que sea menos creativo, sino que tiene otras presiones muy externas que le sacan comodidad a la incomodidad. Porque hay que estar incómodo también, es fundamental para crear. Pero hay diferentes tipos de incomodidades, y siempre pienso que hay un lugar en el cual es fundamental el relacionamiento concreto y y la vivencia concreta, las horas de estar sentada trabajando en el proyecto, juntarse también con otras y con otros para ver por dónde van las cosas, el intercambio. Pero yo tengo que estar preocupada por cómo hacer que la gente se cope durante cuatro segundos con algo que estoy poniendo en la red, y tengo que dedicar para eso muchísimo tiempo y energía. Es como que hay un desvío de energía ahí que yo veo que tiene sus complejidades. Entonces también está la idea de que si estoy 24 horas los siete días de la semana trabajando, y soy útil y rindo, voy a obtener un resultado de un cierto "éxito". Pero me parece que el éxito va por otros lados también, y que es muy difícil conseguir ese éxito deseado. Es como un fantasma. Entonces también está el peligro de la depresión, del pozo, de matarme la creatividad. La ilusión, la capacidad de estar en el juego.
Foto: Gisselle Noroña
Si mirás para atrás, recordando la producción de este primer disco, ¿cuáles eran los problemas de la industria en los 90?
Por supuesto era un mundo mucho más difícil, porque no había home recording. No existía la grabación en tu casa, no había posibilidad de resolver las cosas de una manera sencilla. Todo exigía un montón de trabajo, entonces tenías que conseguir la ayuda de muchísimas personas y muchísimas voluntades para poder llevarlo adelante, energía de todo tipo. Otra parte complicada también eran los espacios para tocar, porque si bien había cierto circuito, no había muchos lugares del under o de la cuestión más emergente, esa parte era más complicada. La parte divina que tienen esas nuevas herramientas es esa. Antes todo eso era mucho más complicado de lograr.
El acceso a información antes también era muchísimo más difícil que ahora, porque era todo en formato físico. Eso implicaba un gasto, un tiempo, una energía nuevamente más complicada que ahora. Pasa que ahora también hay mucho, entonces uno a veces se ahoga en la cantidad de cosas y se hace más difícil descubrir fuera de nuestra burbuja. Antes venía un amigo y te recomentaba el disco que había conseguido en la India. Ibas a la casa a tomar cerveza y a escucharlo, era otro viaje. Pero la cosa se daba ahí, porque más que la música lo que importaba era la experiencia en sí. De repente de todo un disco yo me quedé con tres canciones que nunca más volví a escuchar. Pero esas tres canciones me movieron cosas profundas que después me ayudaron a componer musicalmente, ni que hablar, pero me abrieron también otras puertas hacia la poesía y hacia conocer otro mundo, entonces es un poder muy fuerte.
Has compartido escenario con músicos como Martín Buscaglia o los hermanos Ibarburu. Se habla mucho de la música uruguaya y su sonido gris, ¿estás de acuerdo? ¿Lo ves en tu música y en la de tus colegas?
Es uno de los de los colores de mi música, creo. Hay algunas músicas que resuenan con esa parte, porque obviamente habiendo nacido aquí y habiendo escuchado todas las músicas que escuchás y la gente con la que compartís, eso está en cierto sentido. Ahí hay una melancolía profunda, pero también junto con Martín teníamos todos los otros colores. Curtíamos muchísimas otras ondas y y teníamos adentro, tanto Martín como yo, una cosa muy de la diversión, de la posibilidad de gozar de otra manera; ya fuera desde la risa, desde el baile, desde lo absurdo, otras posibilidades. Y en mi caso también desde una mirada crítica, porque yo fui inconscientemente feminista en este disco. Hay muchas canciones que son una observación aguda de determinadas cosas que lamentablemente siguen siendo así.
Cortesía de producción
¿Cómo fue atravesar estas tres décadas en la música uruguaya siendo mujer? Si tuvieras que compararla con industrias de otros países en ese sentido, ¿cómo es?
Yo tenía como ejemplo a las cantautoras ya desde chica. Fui influenciada por cantautoras sobre todo norteamericanas, porque en Nueva York había un movimiento grande. A mí me gustaba muchísimo Suzanne Vega. Tenía letras que eran como cuentos, y fue para entender de qué hablaban las canciones que empecé a estudiar inglés activamente. Ese movimiento acá no existió, no lo hemos tenido todavía. Ahora sí hay un montón de cantautoras maravillosas de diferentes géneros y espíritus, como Sofía Álvez, Alfonsina, Florencia, Camila Ferrari, es maravilloso. Hay muchas, me quedo muy corta con todas las que hay para escuchar. Muchas de ellas se fueron por ejemplo a Buenos Aires, se están abriendo otras posibilidades allá porque tienen un movimiento más orgánico de cantautoras. Entonces en ese sentido, si bien nos encontramos y hacemos cosas, no estamos organizadas. Ahora con tu pregunta me estoy dando cuenta de esto. No tenemos ese camino, y en ese sentido es un poco más difícil todo.
Tu show en la Zitarrosa va a contar con muchos invitados.
Sí, van a estar quienes estuvieron en ese disco en su momento, que eran muy jóvenes: Martín Buscalia y Luciano Supervielle. Después hay gente que no estuvo en el disco pero que sí los conocí gracias al él, como a Dani Umpi. También está Ana Prada, que es una amiga del alma y que también escuchó mucho este disco. Más aquí en el tiempo están también Rodra, Clipper, Sofía Álvez, Viviana Ruiz, Diego Matturro, Martín Rivero y La Dulce, entonces va a ser alta celebración.
¿El setlist va incluir solo canciones de ese primer disco o vas a visitar todas tus etapas?
Vamos a hacer el disco entero, que son 13 canciones, pero también vamos a hacer canciones que son más nuevas, como "Jardín japonés". Canciones que nos han acompañado con La Dulce y que son emblemáticas. Va a ser un reencuentro, esa es la idea.
Por Catalina Zabala
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