Por Sofía Durand Fernández
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Un niño rubio de camisa y short de jean camina por una calle de tierra, con verde al costado y el cielo azul por encima. Canta con su padre, que le pide que se duerma tranquilo porque "siempre va a volver al sur". El videoclip data del año 2000.
El tiempo pasó y ese niño ahora es un hombre. Está sentado en una de las mesas del café del Auditorio del Sodre, acompañado del equipo que lo está ayudando a producir el homenaje a su padre, Claudio Taddei.
En 1995, un álbum como La iguana en el Jardín era algo inusitado para la música uruguaya: funk, groove, un cover en español con Ruben Rada de "Why Did You Do It?", originalmente de Stretch y la voz grave característica de Taddei.
Siguió con Espantapájaros (2000) y Para el Sur el Norte está lejos (2003), repartiéndose entre Suiza y Uruguay, entre la música y las artes plásticas y entre la salud y la enfermedad.
Claudio luchó contra un cáncer que fue detectado en 2002 durante 17 años. Esto nunca logró alejarlo del arte. Falleció a los 53 años y dejó un legado lo suficientemente importante como para ser homenajeado en Suiza y recordado en Uruguay.
Romeo siempre quiso homenajearlo en su país natal. Soñaba con hacerlo en una playa y a beneficio. Pero antes tuvo que hacer su duelo y descubrir su propia faceta artística.
Entrenador físico de profesión, su camino en la música dista de ser lineal, a pesar de venir de un linaje reconocido en esta área. "Nunca estuvo en los planes ser artista. Cuando empecé a cantar y a notar que algo pasaba entre la gente, se dieron situaciones en las que me empecé a dar cuenta de que podía ser una opción y podía llegar a vivir de esto", explica en entrevista con LatidoBEAT.
Este 25 de marzo de 2026, el homenaje a Claudio Taddei en Uruguay se llevará a cabo en la Sala Eduardo Fabini del Auditorio del Sodre y contará con varios artistas invitados.
Romeo Taddei. Fotos: Javier Noceti
¿Cómo nace la idea de hacer este homenaje?
La idea nace en cuanto pasó lo que pasó. Lo que sentí fue que había que hacer un homenaje enorme en Uruguay. Quería hacer uno en la playa y con todos los recaudos, a beneficio, todo estaba en mi cabeza. Después, cuando empecé a vivir la realidad de las cosas, fue difícil de enfrentar.
Estuve varios años haciendo el duelo y mis cosas. Tres años atrás, después de un homenaje que se hizo en Suiza, sentí la necesidad de hacerlo en Uruguay también. Ahí empecé a conectar con gente. No salió una vez, no salió dos veces y ahora acá estamos, se pudo.
La primera idea era cerrar toda una playa. ¿Cómo es que se decidieron por hacerlo en el Sodre?
Como no conozco mucho, fue una cuestión de producción. Se eligió hacerlo acá y enseguida hubo una hermosa respuesta.
Si bien es obvio, ¿por qué vos creés que es importante que haya un homenaje en Uruguay?
Uruguay es donde marcó su huella. Fue un choque en los 90, por cómo llegó con su obra y propuesta. Fue revolucionario, algo raro que no existía acá. Fue importante para muchas personas. Y por el amor que tenía por Uruguay, con toda su familia acá.
¿Qué respuesta recibiste al contactarte con los artistas invitados?
Fue un tema muy delicado porque no sabía por dónde empezar ni con quién había tocado. Tocó con tantos músicos en su vida que no sabía cómo hacer. Encima es un espectáculo en el que tenés que elegir determinadas canciones, si no estamos acá cinco días, y muchos músicos con los que tocó están afuera. Yo no sé exactamente cómo fue, no había ni nacido, había muchos con los que no sabía cómo habían quedado las cosas, si seguían siendo amigos o no. Entonces nos sentamos con Mateo [Ottonello] a charlar sobre los temas y las personas invitadas. La idea también era traer a la nueva generación y mostrar que los jóvenes lo siguen escuchando. Tratamos de que esté la mayor parte de los artistas.
Romeo Taddei. Fotos: Javier Noceti
¿Recordás algo que te haya contado alguna de estas personas de tu padre y que vos no supieras?
Un montón. Me han contado una que está muy buena y que ya me la habían dicho. Una vuelta le tiraron naranjas en un espectáculo porque eran los años 90 y se presentó todo de leopardo en un concierto donde tocaban varios grupos de rock and roll. Llegó este y le gritaban “puto”. Se cagaron de la risa y siguieron tocando. Una locura cómo se vivía y pasaban estas cosas. Que se haya reído, capaz que te bajás y te cagás a trompadas. Un rebelde.
Viniendo de una familia de músicos, ¿era una opción dedicarse a otra cosa?
Yo soy entrenador físico, nunca estuvo en los planes ser artista. El hecho de ser músico era otra vida. Después de que pasó y empecé a tocar, a cantar y a notar que algo pasaba entre la gente, se dieron situaciones en las que me empecé a dar cuenta de que podía ser una opción y podía llegar a vivir de esto. Entonces me empecé a lanzar cada vez más.
Me invitaban a tocar o hacer determinadas cosas que me hacían ver que se estaba moviendo. Firmé con un sello discográfico y eso para un artista joven que recién empieza es como “wow”. Ahí empezás a pensar que podés vivir de eso, pero después cuando entrás te das cuenta de que está bravo.
¿Cómo sentís que tu padre te inculcó su pasión por la música?
Cuando era chico yo tocaba el cajón peruano y siempre me invitaba a tocar. Yo jugaba al fútbol en esa época, entonces no le daba mucha bola a la música. El último año, que estuvimos viviendo juntos, yo estaba empezando más a tocar y me acercaba a él para preguntarle cómo tocar ciertas cosas.
Tu padre también era artista visual, ¿vamos a poder ver esa faceta en el espectáculo?
Van a haber cosas y puede que haya aún más, pero no puedo decirlas.
Romeo Taddei. Fotos: Javier Noceti
¿Cómo se involucra Mateo en este homenaje?
Estuvo en el último disco de mi padre tocando, mi padre estaba copado con él y con Manu Contrera. La idea era que fueran ambos directores musicales. Él está viviendo en España. Estuvimos charlando, enseguida se puso el nombre de Mateo y una cosa llevó a la otra. Al final van a estar los dos, porque va a estar Manu. Manu estuvo trabajando mucho con mi padre, creo que los arreglos del último disco los hicieron juntos.
¿Qué esperás que la gente se lleve del show?
Su presencia, su obra.
¿Sentís esa presencia en tu día a día?
Es por períodos. Ahora sí, está acá. Al principio un montón, después hubo un período en el que no lo sentí mucho y el último año ha estado re presente. En cada situación, entro a un lugar y suena su música, en lugares nada que ver. Números, numerología. Presencias.
No todo el mundo debe llevar con facilidad que su apellido ya haya dejado marca en la música, ¿en algún momento lo viviste como un peso o una sombra?
Lo sentí bastante al principio. Después me empecé a dar cuenta, también por lo que me decía la gente, que soy el hijo. Va por el amor y por cómo lo hacés. Si estuviera acá tratando de imitarlo es otra cosa, queda medio feo, o aprovechando lo que hizo acá. No me siento para nada así, al contrario: estoy agradecido de ser “el hijo de”, dejó tanta cosa linda que no puedo hacer más que agradecer.
Sé que tengo mi voz y mis cosas, no estoy en ese duelo. Lo tuve al principio y de vez en cuando, cuando me sale un tema medio funkero, digo “uh, es medio parecido al viejo” y me da cosa. Pero, al final, hago lo que hago y tengo el gen, si me sale algo parecido está bueno recordarlo y seguir esa línea. Es algo lindo, no entiendo por qué debería ser algo que oscurezca. Si no, no hacés música, te dedicás a otra cosa.
Romeo Taddei. Fotos: Javier Noceti
Las ganancias van a ser donadas al Instituto Nacional del Cáncer.
Mis viejos ayudaron, hicieron cosas acá desde allá para barrios de acá y creo que ni se sabe. Mi padre tuvo mucha suerte en su vida, gracias a los médicos y no solo a la medicina pura, sino también a la alternativa. Gracias a ello vivió 17 años. En Suiza tuvo la suerte de que estaban tratándolo y pudo sobrevivir, mucha gente no tiene esa posibilidad o está en otras condiciones. La idea de poder ayudar a esas personas me parece algo muy lindo.
¿Nunca te planteaste volver a vivir a Uruguay? ¿Cómo repercute haber vivido en tantos lados?
Siempre me sentí mucho más uruguayo, me encanta Uruguay. De grande cada vez que venía se presentaba algo que me decía “no es por acá todavía”. Vine acá y llegó el COVID, después venía acá para sanar. Están mi madre y mi hermana allá, entonces querés estar cerca de la familia. Fue siempre un ida y vuelta. Creciendo arrancás a aceptarlo y que de generación en generación viene siendo así. No sos ni de acá ni de allá. Un hombre del mundo. Amo viajar y conocer lugares y culturas nuevas, gente diferente. Pero Uruguay tiene una parte de mi corazón.
Me veo viviendo acá de vuelta, pero estoy en pareja y ella y su familia son de allá, ya no soy uno solo.
Por Sofía Durand Fernández
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