La tarde cae en José Ignacio. Durante la semana, el balneario es el punto de encuentro de jóvenes realizadores y figuras de la industria del cine. En la entrada de Posada Paraíso, algunos se reúnen para concurrir a la próxima actividad del cronograma del José Ignacio International Film Festival. En el fondo, sentada en una reposera, Renata de Almeida lee un libro.
Productora y cineasta, de Almeida es la directora de la Mostra Internacional de Cinema de São Paulo. El festival fue fundado en 1977 y atravesó distintos periodos históricos como el régimen militar, llevando a que tengan dificultades en sus primeros años como la Ley de Censura.
El cine brasilero atraviesa uno de sus mejores momentos. En 2025, Aún estoy aquí (dirigida por Walter Salles) ganó el Óscar a Mejor película internacional, además de estar nominada a la categoría Mejor película. Este año, El agente secreto, de Kleber Mendonça, compite en esas dos mismas categorías.
"Creo en los jóvenes realizadores porque un día Walter y Kleber también lo fueron", dice de Almeida en entrevista con LatidoBEAT. También sostiene en la importancia de las coproducciones latinoamericanas: "tanto el cine latinoamericano como el europeo son muy independientes del incentivo, pero el cine no se hace solo".
Uno de los premios del JIIFF Lab es el Mostra, en el que el proyecto ganador es invitado a participar en el espacio de industria del festival (Encontro de Ideais Audiovisuais). En esta edición fue entregado a Cómo se hace para volver (México), de Carlos Morales y Érika Calviño.
¿Cómo nace el vínculo entre la Mostra Internacional de Cinema y el JIIFF?
Conocí a Martín cuando fue a la Mostra con una película como productor. Luego, nos invitaron al JIIFF a conocerlo y comenzamos a hablar. Pensamos que sería muy interesante hacer la conexión de dos festivales que son muy diversos, pero que tienen el mismo espíritu.
¿A qué apela este espíritu en común?
Es un festival que apela al público. Es un lugar para la industria y para ayudar a los nuevos realizadores. Los dos son festivales de encuentros. Aquí hay una parte de industria y en San Pablo también, lo llamamos encuentro de ideas. Comenzó siendo pequeño y crece año a año.
Brasil está pasando por un gran momento cinematográfico. Primero con Aún estoy aquí, luego con El agente secreto. ¿Creés que hay una conexión entre que Brasil pueda llegar a estos lugares y que existan lugares como la Mostra?
Creo que sí. Tenemos que mejorar muchas cosas en Brasil, como la regularidad de anuncios. El gobierno dice que va a abrir un fondo en marzo, después dice que no es más en esa fecha, sino en noviembre. Esta falta de regularidad es un problema muy grande que debe resolverse, especialmente con las coproducciones. Walter Salles y Kleber Mendonça son directores maduros con una larga carrera internacional. El filme de Kleber tiene más dinero de fuera de Brasil que del país porque Kleber comenzó como crítico, luego hizo muchos cortometrajes y cinco películas antes de esta.
El cine es un largo trabajo de formación, no es que de un día para el otro hacés una película como Aún estoy aquí o El agente secreto. Hay formación, conexión y confianza con otros productores. Si Brasil se convence de que debe tener regularidad en las maneras de financiar se puede lograr aún más. Brasil tiene una larga historia con el cine internacional. Creo en los jóvenes realizadores porque un día Walter y Kleber también lo fueron.
Las narrativas latinoamericanas muchas veces generan un sentimiento de identificación en todo el continente. ¿Cuál es el valor de que nuestras producciones sean en conjunto?
Es muy importante porque si hacés una coproducción, es una garantía de que la película va a viajar a otro país. Tanto el cine latinoamericano como el europeo son muy independientes del incentivo, pero el cine no se hace solo. En Brasil se hizo una investigación que arrojó que la industria audiovisual nacional genera más empleos e impuestos para el gobierno que otras como la automovilística y la farmacéutica. Con el gobierno de Bolsonaro, que quería acabar con toda la industria cultural, comenzamos a hacer investigaciones de mercado y ahora tenemos todos estos números que demuestran la importancia del crecimiento del cine.
¿Qué te sorprende de nuestro cine e industria?
Hay muchas cosas que son mejores aquí que en Brasil. El ritmo de vida es más calmo y al mismo tiempo hay muchos proyectos brasileños que vienen aquí a trabajar porque es más barato y hay menos burocracia. Tienen una industria audiovisual muy grande. Es por eso que las coproducciones son interesantes, lo que hay de bueno de un lado se hace allí y lo que hay mejor del otro se hace de ese lado. Estamos muy cerca, en San Pablo es más rápido venir a Uruguay que a otras partes de Brasil. Tenemos esta lengua en común que es el portuñol.
¿Cómo trabajan en articulación con el JIIFF?
El año pasado yo estaba en el jurado del premio Pfeffer. Además, decidimos dar el premio por parte de la Mostra que consistía en un pasaje y hospedaje para que un proyecto vaya al festival y encuentre coproductores. Los productores de acá pudieron ir para allá y hablar con brasileros, españoles, ingleses, holandeses. Este año vamos a hacerlo nuevamente.
¿Qué tipo de proyectos buscan?
Me gustan las cosas originales. Hay una frase de un productor francés, “el cine no es un producto de demanda, sino de oferta”, que me gusta mucho. Muchas veces pensamos en qué debemos hacer, si hacer filmes más americanos y mirar hacia allá. No, tenemos que ser locales y originales. Antes de tener un iPhone, no sabías que querías uno, es un producto de oferta. Pienso que el cine también debería serlo. Nos importa la originalidad y la actualidad del tema. Eso va a ayudar a ir a la Mostra. Hay proyectos que ya están cerrados, que no necesitan más coproducción y es por eso que hablamos para saber en qué estadio del proyecto están y si les interesa.
Estamos en una actualidad en la que las grandes industrias no buscan producto de oferta, sino de demanda.
Pienso que la industria tiene de los dos tipos. Netflix es más de demanda, pero el cine independiente tiene que ser de oferta, tiene que ser más pequeño. Cuando hay mucho dinero, hay menos libertad. Por eso es bueno que la primera película no tenga un presupuesto enorme para experimentar más. Netflix, por fuera de Latinoamérica, arriesga más. Nosotros tenemos que cambiar eso.
¿Por qué pasa eso?
Tal vez por prejuicio, por esa idea de que hacemos telenovelas. Por eso es importante hacer cine por fuera de Netflix, Amazon o las otras plataformas de streaming y ver que se hacen cosas buenas. Netflix da un premio en la Mostra, compran una película. El año pasado se lo dieron a una película independiente. Si El agente secreto hubiese estado en una sala con varias personas dando opiniones sobre lo que tendría que tener, sería otra película. Pero Kleber Mendonça tiene un nombre y más libertad, pero para llegar a ese lugar tuvo que hacer un camino.
Al respecto del premio que da Netflix, ¿creés que la Mostra como intermediario provee mayor confianza?
Sí , y nosotros tratamos de que vengan al festival para que vean y estén más cerca. Uno no va en contra del otro, es importante el diálogo y que haya un encuentro para hablar sobre los proyectos.