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El letrista no se olvida

Raúl “Flaco” Castro: “El individualismo no es lo opuesto al colectivismo”

Falta y Resto se presenta en La Trastienda y “Tintabrava” habla de murgas, de dar mensajes de unión y de qué candidato tiene en Peñarol.

31.07.2026 07:31

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Por Gastón González Napoli
ggnapoli

“Ayer estabas en dos canales a la vez”, le dice una señora octogenaria. Raúl Castro, Tintabrava, sentado en la mesa contigua en el Bar Facal, se ríe. “En cadena”, contesta.

Intercambian un poco más, sobre las edades y la cantidad de hijos y nietos que tiene cada uno; ella había estado esperando durante la entrevista y ahora que terminó, aprovecha. 

“Vos tenés un hijo chico”, dice, y enseguida se avergüenza: “¡Cuánto sabemos de tu vida!”.

Sí, porque el Flaco Castro es ya tan parte de Montevideo como sus letras y como la música de su Falta y Resto.

No tiene por qué gustarle a uno el carnaval para tararear “Que el letrista no se olvide de los hombres de corbata / Que quisieron ser murguistas y no fueron a ensayar”.

Es atípico hablar de murga en invierno, pero sucede que la Falta se presenta este próximo 8 de agosto en La Trastienda, con su espectáculo Murgotán. Un recorrido por sus éxitos y por composiciones del último carnaval, con el agregado de una orquesta de tango para multiplicar la melancolía. En el sonido se va a poder oler la garrapiñada, dice el Flaco.

Las entradas se pueden conseguir en este enlace.

Foto: Daniela Scapusio

Foto: Daniela Scapusio

¿Qué me podés adelantar del espectáculo?

Es una mezcla de tango y candombe en base a el repertorio histórico de la Falta, las mejores canciones de toda la historia. Y además de lo mejor del último carnaval. Pero con el plus de que nos acompaña, además de la batería, un cuarteto típico: bandoneón, contrabajo, guitarra y piano. A partir de ahí, aparece un sonido que a nosotros nos pareció muy hermoso porque tiene que ver con el Uruguay profundo, el Uruguay de la esquina, el Uruguay de los barrios. Y desde ahí sale, yo digo, como olorcito a garrapiñada. Está buenísimo, lo gozamos mucho. Cabe justo el sonido, el contrabajo, el bandoneón, la viola, el piano, le da otro carácter a todo. Porque no es el acompañamiento rocanrolero de la murga, que está muy de moda desde hace muchos años, sino que es el acompañamiento hasta folclórico típico, ¿viste? Y queda como nacido, queda como que son del mismo barrio la murga y el tango.

Los arreglos los hace Pitufo Lombardo.

Sí y previamente hubo unos arreglos —porque es una experiencia que yo comencé con Tinta Brava y el Bandón Murguero hace como tres años, y había hecho los arreglos Andrés Lazaroff. Entonces, hace una versión de los arreglos de Lazaroff, Pitufo, y la verdad es que quedó impresionante.

Andrés Lazaroff el de…

[Completa] La Orquesta de las Mil Melodías y el Cuarteto del Amor.

¿Y cuánto cuánto tuvieron que adaptarlas? ¿Cuánto les cambia a ustedes como murga?

A nosotros prácticamente no nos cambia, más que algunos tiempos musicales, algunos silencios que aparecen, que son silencios tangueros. Pero le da todo un sentido mucho más profundo a toda la música. Inclusive la guitarra acompañando el cuplé de “El ciego, el sordo y el mudo”, por ejemplo, tiene todo un swing; una música que es muy Lazaroff, muy del tipo del Choncho —es de mi hijo Felipe—, que es una música muy novedosa, ¿viste? A pesar de que tiene tiempo ya. Y después, en “Las luces del estadio”, “Colombina”, en “Adiós juventud”, en “El último día”, en viejos éxitos de la murga que se potencian.

Son justo muchos temas que tienen un costado, un subtexto medio…

Arrabalero.

Sí, aunque te iba a decir… “triste” no es la palabra. Agridulce, ¿no?

Nostálgico.

Se adapta bien al tango.

Lo que pasa es que la murga y el tango son del mismo barrio, están ubicados en el mismo vecindario del corazón de la gente, y están incorporados. Entonces, todo el mundo sabe, aunque no sepa, que ese sonido le pertenece. Y desde ahí todo puede pasar: de emocionarte hasta reírte, hasta que se te llenen los ojos de lágrimas.

¿Vos le ves a la murga ese costado nostálgico también?

Lo tiene que tener para mí.

Uno a la murga tiende a pensarla contestataria, ácida, graciosa, no tanto nostálgica.

Yo creo que el repertorio de la murga recorre muchas emociones. La melancolía y la nostalgia están siempre presentes.

“Melancolía”, no me salía la palabra.

Es quizás lo que lo une al tango también. Vos no te olvides que la murga es el único género que pone el foco en el final y hace una canción para el final, jerarquiza el final: la despedida. No hay ningún otro género, vos hacés al final el último tema del concierto y ta. Pero la murga no, explícitamente dice: “Esta es la despedida, nos vamos para volver”. Eso es una promesa de eternidad, pero también es un homenaje al pasado, a una promesa que hicimos antes. Y eso es melancólico de por sí, es como volver a un viejo amor. Un amor de febrero, que después se torna de todo el año, porque la poética así lo indica, pero son amores de febrero, amores del carnaval, la murga y el barrio. Y el tango lo lleva todavía más lejos. Lo profundiza. Profundiza las sensaciones, los sonidos. El bandoneón, por ejemplo, es una cosa increíble.

Instrumentazo.

Lo que pasa ahí cuando suena el bandoneón y uno está recitando, o cantando “Las luces del estadio”, o haciendo un paso de comedia con el contrabajo, por ejemplo. Una rítmica que lleva el contrabajo con la guitarra y el piano, y vos decís: “Chau, esto funciona, está en en mi gente”. Es de acá.

Foto: Daniela Scapusio

Foto: Daniela Scapusio

¿No lo vas a extrañar cuando vuelvas al teatro verano, al concurso?

Sí, pero siempre me gusta tratar de innovar, porque los géneros que se fosilizan desaparecen. Yo no sé si esto viene para quedarse, pero es un aporte. Yo creo que el artista tiene que proponer. Después el mercado decide si le gusta, no le gusta. Pero la obligación nuestra es probar, proponer, que la gente dude, que discuta. Con la palabra, que a mi criterio es la piel de Dios. El artista tiene que hacerlo, el que pinta un cuadro, el que hace una murga, el que escribe un tango, el que escribe un rock and roll.

La piel de Dios para vos es la palabra.

La palabra y, sobre todo, cantada. Porque la música es un aceite que lleva la palabra al corazón. Lubrica, la música lubrica el verso. Una cosa es que yo te diga “Uruguayos campeones de América y del mundo”, y otra que te diga [canta] “Uruguayos campeones”. No, esa es la música, la palabra. Y creo que los artistas tenemos la obligación de remover.

Yo siempre había pensado a la música como lo que más me acerca a lo divino.

Hay mucho de espiritualidad en la creación artística. Y esa espiritualidad se da de acuerdo al momento que estás viviendo, lo que estás sintiendo. Y yo creo que hoy este espectáculo tiene que ver también con eso: siento que es un momento en que el artista dé señales de unión. Que dé señales políticas, literarias, musicales, de unirnos. Creo, por ejemplo, que la murga, que es una de las expresiones colectivas más importantes, es la prueba evidente de que el individualismo no es lo opuesto al colectivismo, es lo que lo compone. El colectivismo, lo colectivo, es la fase superior de lo individual. Una alegría compartida es una alegría multiplicada, una pena compartida es una pena dividida. Y eso he vivido yo en la murga durante toda mi vida, por eso me enamoré de la murga cuando niño, porque me juntaba con mis amigos del barrio. Me enamoré de la murga cuando adolescente, porque me juntaba con los de mi misma generación. Y después de grande me enamoré porque me juntaba con todo el pueblo uruguayo, con todos los barrios, porque conocí y viví momentos con gente que, si no hubiera sido por la murga, nunca la vida nos hubiese cruzado. De diferente clases sociales, de diferentes estratos intelectuales, y yo pude convivir con ellos y aprendí muchísimo de todos. Espero haber dejado algo en alguno de ellos y de ellas.

Me hizo estar al toque con lo que está pasando, estar actual. La responsabilidad de la murga, porque el letrista tiene que estar siempre con la nariz metida en la olla de la realidad. A mí, como tengo nariz larga, se me hace más fácil.

¿Y sentís que ahora eso de individuo versus colectivo, como me decías, no se está entendiendo de esa manera?

Definen la batalla cultural como justamente eso, lo opuesto entre lo colectivo y lo individual. No son opuestos. Son complementarios. Lo individual compone lo colectivo, lo colectivo está compuesto por lo individual. Que hay que responsabilizarse de uno, obvio, pero siempre hay que responsabilizarse de todos. Cuando uno se responsabiliza de uno, tiene que pensar en todos. Si no, no es ético, no es moral, si de moral podemos hablar en este caso, pero no es ético. Estamos yendo contra la especie, el Dios que nos compone a todos. Es ir contra lo ético de la especie. Por eso a mí me subleva un poco cuando se pone en duda el cambio climático y se ponen en duda los daños que le estamos haciendo al planeta: "¿Qué me importa si después vendrán atrás y arreglarán?". Yo creo que eso también es una tarea artística, cambiar esa cabeza. De un individualismo mal entendido, me salvo yo y que se jodan los demás. No existe eso. Si te salvás vos y se joden los demás, terminás jodiéndote vos.

Y desde este lugar, ¿cómo viste el último carnaval, que fue tan contestatario y tan crítico con el propio gobierno?

Estuvo bien, y nos quedamos cortos. Este año va a ser más difícil, porque se están pisando los cordones. Hay que aguantar ahora.

Es parte de que el Frente gobierne.

¿Le dieron manija a las burlas? Bueno, vamos a ver. Porque cada uno tiene su posición, y cada murga tiene su editorial. Y este año va a ser bravo.

De todas maneras, pienso que todavía le están perdonando la vida los blancos al Frente, porque no tienen murgas los blancos. Me parece que estaría bueno que salieran dos o tres murgas que fueran con la posición política del Partido Nacional o del Partido Colorado, de la coalición.

Hay rechazo, dicen que el carnaval de izquierda...

El carnaval… la pelota no se mancha, el carnaval no es de izquierda. El carnaval es el carnaval. Que lo haya ganado la izquierda, porque lo que expresa son los ideales populares, bueno. Salgan ustedes, que son la mitad del país, hagan una buena murga y vamos a ver cuál es mejor. A ver a quién aplauden más. Y ahí los blancos van a ir a los tablados y se va a triplicar el público. Eso hay que lograr, esa es la manera de hacer discutir de política a la gente, que es la manera más hermosa de que el pueblo progrese: discutiendo de política, dudando y sacando en claro entre todos. No hay que tenerle miedo, al contrario: hay que fomentar eso.

Es lo colectivo que decís vos.

Es lo individual de mi opinión respetada, y lo colectivo, reflejado arriba del tablado. A mí tampoco me gusta ver que el 95% las murgas salimos con un discurso que puede ser crítico a la izquierda, pero es desde la izquierda. Me gustaría ver uno que fuera desde la derecha. Ay, mamá.

Ahora, la pregunta es ¿por qué no ha sucedido hasta ahora? Y ahí tienen que hacérsela a los blancos, si ellos no tendrán un prejuicio demasiado grande dentro.

Sí, para mí es eso.

Un prejuicio con el género, el género no tiene nada que ver. En los Asaltantes con Patente, Carlitos Soto, en el año 66, cuando es elegido Gestido presidente, dice: “General, hay que apretarle la tuerca, mándelos a cargar la caña hueca, rapelos a esos barbudos, que un héroe macho y puro del cielo va a aplaudir”. Hablando del movimiento hippie, aquella época juvenil.

Cómo tiene memoria el murguero de murgas pasadas, es impresionante. ¿Ahí vos qué eras...? Un gurí.

66, tenía 16. Yo tengo 76. Me acuerdo de murgas… La primera murga de la que me acuerdo fue porque le robé la despedida a Carlitos Soto para la murga de mi barrio. Había una en el barrio, Los Caminantes, y no había letrista. Yo tenía siete años, iba a los ensayos de los Asaltantes. Y yo dije: “Yo tengo la despedida para este año”. Y les canté. Empezaba así: “Como el buril que el mármol va modelando, golpea, febril, nuestra insistencia al cantar”, ¡Mirá si un pibe de siete años iba a decir eso! Pero la cantamos y ahí quedé como letrista, y ahí fue que empecé.

¡Siete años!

Después saqué una murga —o fui parte de una murga, que después la saqué yo como 10 años— en Solymar, que tenía 16, 17 años. Y después fundé Falta y Resto.

¿Cuánto tenías ahí?

30. En el 80. 46 años. Hace mucho, ¿no? Vos sabés que ahora pasa más vida. Somos más grandes, somos más viejos los seres humanos. Mi padre, cuando tenía mi edad, estaba sentado atrás de una ventana mirando, esperando a la Parca. Y yo y otra cantidad de gente de mi generación seguimos haciendo cosas, eso está lindo, está bueno. Es una linda promesa para la juventud.

Aparte, como decías hace un rato, siguen innovando, probando cosas nuevas.

Es la manera de vivir, me parece. De hacer la vida divertida. Pasamos una vez, por ahora, por lo que sabemos. Así que hay que divertirse.

El verano pasado volvieron, después de siete, ocho años. ¿La idea es seguir?

La idea es salir el año que viene, sí. Justamente ahora estamos cerrando el último integrante que faltaba.

Habían armado un dream team.

Sí, por suerte se armó un muy buen cuadro que se mantiene. Un par de incorporaciones nomás, pero los cracks están todos. Y muy entusiasmados, muy felices de estar viviendo juntos una experiencia que es como… Como que fue un milagro. Fue un milagro. Se dio, hay que aprovecharlo otro añito más y ver qué pasa.

Foto: Daniela Scapusio

Foto: Daniela Scapusio

Te saco del carnaval. ¿Cómo lo ves a Peñarol?

Lo veía bastante flojo estos últimos tiempos, pero ahora parece que le ha hecho bien el descanso. Y tienen un jugador, un pibe nuevo, el porteño, que nos ilusiona a todos [Lionel Jaime].

Yo soy bolso, a nosotros el descanso no nos hizo muy bien…

El fútbol uruguayo en general está bajo, ¿no? Más bajo que de costumbre. Y me parece que tiene que ver con que el fútbol se monetizó demasiado, y ya no es negocio el Uruguay. Y eso lo lamento, pero no parece que vaya a cambiar. Creo que los jóvenes más talentosos se van a seguir yendo rápido, de niños, prácticamente. A no ser que cambien los reglamentos o cosas así, nos va a costar mucho ganar nuevamente cosas internacionalmente

Vos te tiraste a vice en un momento, con Edgardo Welker. ¿Ahora tenés candidato?

Voy a votar a Ruglio, si se presenta. Soy oficialista en este caso. Pienso que ha hecho una buena tarea a nivel económico, que el club se desendeudó, y pienso que le dio cabida al básquetbol de una manera inteligente. Además, con los pocos recursos que tiene Peñarol, comparado con el ámbito internacional, se ha hecho lo que se pudo. Ligamos muy mal el año pasado con las lesiones. Teníamos un zaguero espectacular, se lesionó. Teníamos el golero que estaba bárbaro y se hizo la macana aquella que lo echaron en la Libertadores. Teníamos el mejor jugador del Uruguay y se lesionó. Un montón de cosas que ligás mal, ¿viste? Y tener que soportar la presión de que te aparece un jugador que puede andar un poquito bien y sabés que lo tenés —a Nacional le pasa lo mismo—, lo tenés dos, tres, cinco meses a reventar. Entonces, es muy difícil. Creo, además, que Ruglio es un presidente 24 por 24, está el día en eso. Eso es muy importante. Estar en el club, saber quién anda por acá, por allá. En fin, le tengo fe.

Damiani parece que vuelve.

Damiani puede ser un muy buen presidente, ya lo ha sido, pero me parece que el Nacho está más actualizado con lo que son hoy por hoy las necesidades para que el plantel, para que el club, para que los socios estén... Hay mucha cosa para hacer en Peñarol. Peñarol es una marca enorme, como Nacional también; es la marca, a mi criterio, más trascendente que tiene el Uruguay. Vas a cualquier lado del mundo y capaz que no saben quién es Uruguay y saben quién es Peñarol, por el nombre mismo que es tan identitario. Sobre todo si es gente de fútbol. Y a mí me da la sensación de que se podrían hacer muchas más cosas. Cuando fui candidato a vicepresidente, así lo llevé. Pero yo estoy alejado de la política en Peñarol. No quiero, no tengo ganas. Acercarte mucho al cuadro te hace verle los defectos. Cuando se dio el acontecer este que vos decís, que yo fui candidato, me sorprendí una tarde de domingo pensando: “Me conviene que pierda Peñarol”. Y ahí dije: “Pa, loco. Si mi padre me viera” [se ríe]. Esto no es para mí. Por suerte no salí elegido. Me quedo en la tribuna.

Por Gastón González Napoli
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