En el mundo del cine local, es común encontrarse a Ramiro Firme. Puede estar detrás de cámara, dirigiendo un videoclip o un cortometraje, como también interpretando un amplio rango de personajes. Trabaja hace años en esto y, por lo general, acompañado de Santiago Musetti, su par creativo. Coescribieron y codirigieron Matagato (2022) y Los pibes perdidos, un cortometraje que piensan estrenar en 2027.
Su papel estelar llegó con Amor animal, una coproducción uruguaya y argentina de Sebastián Ortega para Prime Video. La trama consiste en la relación amorosa entre Nicolás, un chico de clase alta, y Tatu, una joven de orígenes humildes que persigue una carrera musical. Firme interpreta a Walter, un personaje que toma relevancia episodio a episodio.
Tras la pandemia, Uruguay se convirtió en un centro para producciones cinematográficas. El actor dice que es cierto que se han abierto puertas para roles en realización, pero que todavía queda camino por recorrer para los roles de interpretación. "Se ha demostrado una y otra vez que en este país hay nivel de realización y de actuación. Los técnicos son increíbles, tenemos una cantidad de actores y actrices súper formados, entrenados y fogueados. Entonces sería lindo empezar a ver más caras conocidas en coproducciones minoritarias", explica en entrevista con LatidoBEAT.
A su vez, también participa en Es amor?, una serie vertical uruguaya dirigida por Sebastián Bednarik que explora las distintas formas de vinculación amorosa en la actualidad y con el mundo digital como escenario. Este tipo de productos audiovisuales ha despertado interés, pero también recelo por parte de la audiencia. Para Firme, se pueden gestar buenos proyectos, pero depende del grado de seriedad y profesionalidad con el que se los tome.
¿Cómo llegás a participar en Amor animal?
Es una coproducción argentina y uruguaya. Entonces, Cimarrón, la productora de acá, tiene su propio departamento de casting que iba tanteando a algunos personajes para conseguir de acá. Yo hice audición para un personaje más pequeño, para Toto, y de a poquito fui escalando, fueron dándose otros castings para personajes más grandes hasta que llegamos a Walter.
Recién hablabas de Santiago Musetti, con quien trabajan a la par. ¿Qué le encontrás de especial a tener una dupla creativa?
Es todo. Siempre había tenido la pulsión de escribir y contar mis historias, pero me fue imposible hasta encontrarme con Santi. Fue un evento canónico en mi vida. Uno censura mucho sus propias ideas. Entonces, en lo personal, sentarme a escribir solo o a pensar mis ideas solo es una cosa de estar diciendo: “Bueno, ¿y si pasa esto? No, no, es horrible”. Tener un contrapunto está bueno, porque cuando es malo lo charlamos, pero por ahí hay puntas que están buenas, y si para él algo es espantoso, por ahí para mí está bueno y podemos explorar y tirar de la piola del otro. Además de que lo hace mucho más divertido porque somos muy amigos. Nosotros pensamos mucho en nuestro vínculo y por qué funciona. En los últimos meses hemos conversado mucho sobre eso, porque son difíciles las relaciones humanas y los vínculos en general. Nosotros hacemos lo mismo, no es que nos complementamos, somos los dos directores, creadores y actores, pero nos llevamos bárbaro y nos retroalimentamos muy bien. Nos pone feliz laburar juntos y eso creo que es importantísimo.
¿Tenemos que esperar algún estreno de ustedes este año?
Sí, venimos de filmar en febrero Los pibes perdidos, que es un cortometraje que nos tiene llenos de alegría. Es la primera vez que logramos dirigir con fondos y armar un equipo profesional. Pensamos estrenar en el Detour en febrero, si todo sale de acuerdo con los planes. Ahora estamos en la etapa de postproducción. No actuamos, tenemos un equipo de actores bárbaros. Es un corto de terror que amo con locura. Hace años que estamos trabajando en él y haberlo podido filmar este año es de las alegrías más grandes que me ha dado esta carrera.
Me llama la atención que hayan trabajado tanto tiempo en un corto. Por lo general, es un género denostado.
Es que es un formato muy ingrato, porque es cine en miniatura. En teoría, vos hacés una peli de 15 minutos. Es verdad que no hay un circuito comercial para cortos, hacés un circuito de festivales y al final queda la sensación de que nadie lo ve. Es duro, pero no deja de ser cine y es lo que nosotros queremos hacer. No sentimos que sea un teaser de una película o que queríamos hacer una película y como no pudimos hicimos esto. Es una obra que empieza y termina, es una pieza en sí misma. Hará el recorrido que tenga que hacer. Nosotros tenemos mucha fe en la pieza. Las cosas llevan un montón de tiempo, nosotros en 2022 escribimos la primera versión y fuimos avanzándolo, hicimos tutorías de guion con Yolanda Barraza, una española muy buena, ganamos algún fondito tímido en 2023 y después fue presentar, no quedar, esperar, adaptar, mejorar las carpetas. El año pasado se desbloqueó el mundito de los fondos y con el apoyo de ACAU pudimos filmar, pero los procesos son larguísimos. Es parte de esto, la actuación también tiene una cara de mucho rechazo, de ir y venir, de esperar. Es el camino que elegimos con Santi. A ponerle la mejor cara y esperar.