Por Catalina Zabala
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Pitufo Lombardo contó que soñó con los escenarios desde niño. Que toda su vida se trató de volver a ese sueño de la infancia. Podría decirse que se hizo a sí mismo en el tablado, y es que no se puede mencionar su nombre sin que la mente evoque una infinidad de elementos de su universo: el del carnaval.
Pero su intercambio con el entorno cultural fue de todo menos hermético. Y así, en 2007, después de conocer otras maneras de ocupar el escenario, lanzó Rocanrol. Su primer álbum de música popular. Pero el retrogusto carnavalero no abandona sus canciones: es, de hecho, su sello de identidad.
Su actividad en la música nacional es insustituible. Este 2025 dirigió Celebrar: la Murga en Filarmónica, con Martín García. Un espectáculo junto a la Orquesta Filarmónica de Montevideo que comenzó como un experimento que salió bien. Porque para él, la música siempre encuentra la forma de ser, aunque las apariencias de su sonido dispar indiquen lo contrario.
Lamenta que ya casi no se hagan álbumes tangibles y que el contexto de las obras ya no importe, pero él lo sigue proporcionando. Se presenta este 31 de octubre en Inmigrantes, para dar un show acústico que promete no dejar canciones sueltas. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí.
Sos un referente del carnaval uruguayo. Te has alejado en ocasiones por el ambiente que se genera en la competencia, entre otras cuestiones. ¿Cómo es el carnaval uruguayo en ese sentido?
El carnaval es una fiesta muy interesante. La ciudad de Montevideo se viste todos los veranos levantando tablados en todos los barrios, y es muy masivo. Sí, tiene una parte de competencia que es el Teatro de Verano, obviamente. Es una cosa que no ha cambiado a lo largo del tiempo, y tiene su lado folclórico, pero también pasional, como sucede con el fútbol. Es muy lindo plantarse en el escenario del Teatro de Verano, pero por otro lado genera también tensiones. Esa es un poco la parte tóxica del carnaval, por llamarla de alguna forma.
¿Sentís que esa "parte tóxica" mancha lo artístico o lo pasional del carnaval?
En realidad el fin primordial es lo artístico, es hacer un espectáculo para el público. Te digo mi opinión personal, desde ese lado no me toca. Muchas veces lo que sí sucede es que se genera confusión, porque los medios de comunicación del carnaval confunden en ese sentido. Pero es una cosa muy personal.
En 2007 diste un salto grande del carnaval a la música popular, con tu álbum Rocanrol. ¿Cómo lo viviste en su momento?
En paralelo al carnaval, durante muchos años trabajé con diferentes cancionistas, autores y autoras. Eso me abrió una puerta para conocer desde adentro su forma de trabajo, sus dinámicas de ensayo, su forma de componer y de escribir. Eso me brindó mucha información, mucha herramienta. Creo que también hubo un espectáculo bisagra, que fue el que hizo que yo empezara a componer otro tipo de canciones que no fueran solamente arrimadas hacia el género de la murga. Fue el espectáculo Murga Madre, con Pablo Routin y dirección de Fernando Toja. Creo que me abrió una puerta. Evidentemente, después de que yo saqué mi primer disco se armó una banda con músicos muy queridos y muy conocidos, pero pasé a ser el que estaba en el frente. Si bien en la murga tengo un rol como director, en este caso no solo era la voz cantante, sino que el contenido también dependía de mí. No era escrito en colectivo, era un lenguaje propio y con una mirada muy personal.
Foto: Javier Noceti
¿Te costó pasar a ese lugar más íntimo o personal para componer?
A la hora de componer, no. Tal vez en el escenario, al principio, al tomar un nuevo rol, pero uno se va acomodando. Es una cuestión de oficio y de ser un poco más frontman en ese sentido. En la murga tengo mi rol como director, pero no es lo mismo, porque yo no estoy cantando continuamente. Es una cuestión de marcaje, de arreglos o de entradas y salidas. La tarea es más estética, por llamarla de alguna forma. Pero en este caso está la palabra y la canción. A la hora de componer, no sentí eso. Por falta de experiencia de estar al frente de una banda y mostrar las canciones, sí.
Con tantos años de carrera musical en tu haber, ¿cómo viviste los cambios en las dinámicas de la industria musical? ¿Sentís que tuviste que adaptarte a métricas, tendencias, formas de trabajo?
No les doy mucha bolilla. En realidad, considero que cuando no estaban las plataformas y existía lo que era la obra como disco, era otra cosa. Tenían su tapa, su ficha técnica con quiénes participaron o dónde se grabó, con qué micrófonos, quiénes ejecutaron cada instrumentación, los textos de las canciones. Me parece que esa fue una gran pérdida. Creo que la obra entera y el ordenamiento de las canciones es una cosa muy maravillosa, muy linda, y siento que hoy salen canciones sueltas. A no ser en algunos casos, en que sí sale un disco entero. Pero no le doy mucha bolilla a eso. Siento que la música es música, y hay que darle y no pedirle en ese sentido.
¿El problema está en la pérdida de la materialidad de la música?
Sí, me parece que poder tener un álbum en la mano y ver cómo se ejecutó la tapa, cuál es la foto o cuál fue la forma estética de construirlo, tiene que ver con el título de un disco, de una obra. Cómo están ordenadas sus canciones. Cuánto demora en empezar un tema detrás del otro. Puede haber distancias diferentes entre cada uno de ellos. Yo creo que tener un disco y poder ver todo eso es algo muy hermoso, y creo que entra por otros lugares también toda la gama de cosas que integran esa obra. Sin embargo vos escuchás la música y capaz que no sabés ni quién tocó. Capaz que reconocés la voz del solista o el nombre de la banda, pero hay todo un material adentro que es muy interesante, y que al no tenerlo ahí, se pierde mucha cosa.
Foto: Javier Noceti
¿Dirías entonces que la obra no tiene por qué sostenerse por sí misma, separada de su autor y su contexto?
Exacto, para mí no. Yo siento que todo tiene que ver, desde que se pensó el título del disco, porque por algo se llama de esa manera. El contexto en el que se construyeron las canciones. Qué proceso tuvieron y por qué fueron invitados determinados artistas a tocar. Qué es lo que le generó al artista llamar a determinado músico para embellecer ese tema.
Este año presentaste junto a Martín García el espectáculo Celebrar: la Murga en Filarmónica. ¿Cómo surgió el proyecto y cómo fue el trabajo con Martín?
Trabajar con Martín, para mí, fueron momentos muy exquisitos. No solamente en lo musical, sino en el trato, en la conversación tan amena y tan abierta. Aprendí mucho, fue una experiencia maravillosa, sobre todo porque no había trabajado con un director de orquesta en unos cuantos años. Por otro lado, esto se genera a través de una visita que él hizo a un ensayo mío hace muchos años —yo me enteré de esto después, obviamente—. Él llevó a una pianista estadounidense que había llegado a Uruguay a ver un ensayo. Me vio trabajar y le gustó mi forma de hacerlo, y a partir de ahí, Gerardo Turco Reyes y su hija Malena fueron los productores del espectáculo. Martín se encontró con el Turco y le dijo que estaría bueno hacer fusionar la murga con la Filarmónica, y a partir de ahí surgió la idea. Después lo fuimos peloteando los tres, tuvimos una primera reunión en diciembre del año pasado. Así nació toda esta gran locura, que fue realmente maravillosa.
¿Cómo se mezclan dos mundos musicales aparentemente tan diferentes para llegar a un todo con sentido?
Históricamente las orquestas han tenido combinaciones con coros, pero no con uno de estas características, sino de otros tipos. Pasaron varias cosas, primero porque había que hacer una elección de canciones. Partes del repertorio de carnavales que en realidad son clásicos y que la gente los conoce, pero al mismo tiempo estaba bueno hacer versiones nuevas. Por otro lado había que elegir una instrumentación, de eso se encargó Martín. En la orquesta entera creo que hay 100 personas o 90 personas, pero para este espectáculo creo que fueron 30 músicos. Fue una reducción, Martín eligió los instrumentos que quería utilizar. Por otro lado estuvo la confección de los arreglos tanto corales como orquestales, que los realizó Pablo Rey. Hubo una comunicación hermosa también con él, trabaja precioso. También creo que la experiencia de la Filarmónica de trabajar con diferentes géneros populares desde hace un tiempo acercó más. Fue un puzle bastante difícil al comienzo, pero se empezaron a juntar las partes. El primer ensayo que tuvimos en conjunto, para la primera pieza que ensayamos, nos conmocionó a todos, y a partir de ahí seguimos trabajando en el repertorio.
Foto: Javier Noceti
Después de tantos años de carrera, ¿cómo hace el artista para no perder la capacidad de asombro?
Es una pregunta profunda y difícil al mismo tiempo. Yo siempre soñé con subir al escenario desde niño, y siempre trato de volver al mismo lugar. A lo largo del tiempo me encontré con gente muy generosa que me hizo aprender mucho, eso por un lado. Por otro lado, creo que hay mucha cosa para hacer. Yo decía el otro día en una nota que a mí me gusta juntarme con la gente, sea como músico o no. Hay cosas que aunque las hables con una persona que no tiene este oficio, aun así podés aprender algo aplicable de su rubro a la música. Una maestra, evidentemente, un carpintero, alguien que trabaja en la noche y que tiene determinada mirada, que observa de otra manera todo lo que está pasando.
Yo les doy importancia a todas esas cosas, me gustan. He tenido también la oportunidad de trabajar mucho como tallerista en los barrios de Montevideo. Ahora prácticamente no lo estoy haciendo, pero eso también me brindó mucha información de diferentes edades, lugares, vivencias. Y con la música uno siempre termina sorprendiéndose. La semana pasada tuve una invitación divina de Jorge Drexler, para grabar dentro de su disco en conjunto con la murga Falta y Resto. También conocí a Nacho Algorta. Yo nunca había trabajado con él, entonces me sumó otra cosa que me pareció maravillosa. Me gusta estar con la gente y respeto mucho a mis antecesores, dentro del carnaval y fuera de él. También respeto mucho a las nuevas generaciones, tanto por su mirada musical como social.
“Descolgando el cielo” nació en 2012 y hoy es un himno futbolístico. ¿Cómo ves la canción 13 años después? ¿Creés que hoy la harías igual?
Sí. Me han invitado a participar en nuevas versiones, cosa que me encanta. La he escuchado en coros de niñas y niños en escuelas y liceos, y eso me encanta. Yo la canción siempre que la toco en vivo la versiono, pero cuando toco con la banda la hacemos como está en el disco. Llegó en un momento muy bueno. Hay muchas canciones hermosas para la selección uruguaya, creo que todo el mundo ha compuesto para su tierra con mucho amor y desde un lugar muy lindo. Yo intenté que el tema no perdiera cosas históricas que tiene el fútbol y que tenían que estar, pero por otro lado intenté fusionar la instrumentación, los ritmos, lo que aparecía por debajo de la melodía. Es una canción que quiero mucho, es la más conocida de las mías. Lo que te puedo resumir, es que cuando vi el clip por primera vez quedé muy asombrado. No podía creer lo que estaba pasando. Después tuvo mucha aceptación, y eso lo sentí muy rápidamente.
¿Sentís lo mismo que en aquel entonces por la selección?
Sí, yo soy futbolero desde muy chico. Siempre que juega Uruguay me interesa saber qué es lo que está pasando y quiénes van a jugar. Por supuesto que me encanta que gane y llegar a lo más alto que se pueda. No tengo una relación cercana de momento, la tuve con algunos jugadores en aquel entonces, cuando saqué la canción. Pero en este momento no tengo un acercamiento personal.
Te presentás este 31 de octubre en Inmigrantes. ¿Cómo va a ser el show?
Estoy contento porque me hayan invitado a tocar en este lugar, se ha formado una grilla muy interesante. Voy a hacer un show bastante acústico, en compañía de un guitarrista amigo de muchos años, el Zurdo González. Voy a trabajar también no solo con mi guitarra, sino con algunas percusiones lupeadas y algunas voces. El repertorio va a recorrer canciones de mis tres discos, también algún clásico de carnaval reversionado; de esos que han quedado en la memoria colectiva de la gente. No van a ser solo canciones, el espectáculo tiene un armado específico donde muchas veces se contará por qué esa canción, de dónde nace, en qué contexto, eso también va a estar.
Tiene relación con lo que decías sobre el contexto de la obra. No mostrar canciones sueltas.
Exactamente eso.
Por Catalina Zabala
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