Documento sin título
AgregarSuscribite al canalWhatsApp AgregarAgreganos en GoogleGoogle
Últimos días acá

Pentagram: los ídolos del doom metal que tocaron fondo varias veces llegan a Montevideo

La gira de despedida de los liderados por el indestructible Bobby Liebling pasa este sábado por la sala Live Era.

12.08.2026 17:36

Lectura: 11'

Compartir en

Por Gastón González Napoli
ggnapoli

A sus 72 años, este sábado 15 de agosto Bobby Liebling toca en Montevideo con su banda, los pioneros del doom metal Pentagram, en la sala Live Era y con Contramarea como telonero local. Esa frase es tan improbable que hay que desglosarla: Liebling es uno de esos rockeros que no se entiende cómo sigue vivo y pudiendo cantar en un escenario, muchísimo menos cómo puede estar saliendo de gira internacional, ni que hablar llegando al Cono Sur. Tampoco tiene sentido que los Contramarea tengan una foto de Bobby sosteniendo un vinilo de su música.

Es un adicto a las drogas más complicadas, que vivió décadas en el sótano de sus padres, que estuvo preso más de una vez, con una banda que nunca rompió el techo del under, que a pesar de eso vivió períodos lo suficientemente dorados como para meterse entre los cuatro grandes de su subgénero y que metaleros de generaciones más jóvenes lo idolatraran. Que al borde de morirse a sus 50 y pico de años lo salvaron un amor hollywoodense, un fan incondicional, y una película documental que empezó filmando un zombie y se encontró con una historia de superación. Que el año pasado se viralizó en TikTok por su aura de hechicero del mal pasado de rosca. Que está viviendo… ¿cuál? ¿Su tercera, su cuarta vida?

Que este tipo y esta banda pisen Uruguay es un hito por muchos motivos. El musical es el primero: “Rock pesado posta”, como lo define Leonardo Bianco, guitarrista de Contramarea (entre otros proyectos),. Pero dejémoslo para después porque Liebling y Pentagram son más que su música.

Afiche de “Last Days Here” (2011)

Afiche de “Last Days Here” (2011)

Los últimos días

Bobby es el reverso del eslogan “Sexo, drogas y rock and roll”. En los papeles la expresión suena muy divertida. Abrir las puertas de la percepción. Chicas que se llaman Penny Lane y persiguen tu ómnibus (¡o avión!) de pueblo en pueblo. Que miles de personas canten tus canciones y te hagan sentir que sos una deidad. No dormir porque te fuiste del show derecho a una orgía y al otro día tenés que grabar, y aun todo destruido grabás una obra maestra. Gente que le sacó todo el jugo a la vida y lo cuenta a las risas en documentales y autobiografías que tienen el título de algún hit indeleble. Pero ver a un Liebling de mediana edad —con pinta de tener varias décadas más sobre los hombros— fumar crack en el sótano de sus padres, con los ojos saltones y el pelo cano pajoso, es cualquier cosa menos divertido.

Las grandes anécdotas de excesos del rock te sacan una sonrisa: Charly García saltando del edificio, Robert Plant gritando que es un dios dorado, Axl Rose teniendo sexo en el estudio (¡con la ex del baterista!) para grabar gemidos en “Rocket Queen”, Keith Richards con las cenizas de su padre y Ozzy con las hormigas, las carpas de Van Halen para que los otros miembros tuvieran sexo con groupies durante los extensos solos de Eddie, los Fleetwood Mac sobreviviendo a sus líos amorosos internos a fuerza de cocaína. En general sacan una sonrisa porque no fuimos un utilero de García ni los compañeros de banda de Plant o Richards, ni que hablar de Ozzy. El ingeniero de sonido de los Guns bien podría haberlos denunciado por atentado violento al pudor. Estar en el estudio en la grabación el Rumours de Fleetwood Mac debe haber sido desesperante.

Con Last Days Here, documental sobre su vida que es una bomba y puede verse en YouTube, Liebling se expuso en toda esa ambigüedad: se mostró descarnado, destruido, tocando fondo, subiendo y cayendo otra vez, luchando por ponerse en pie. El dolor de sus padres, a quienes sus conocidos acusan de facilitarle a Bobby continuar su estilo de vida, drogándose con la peor basura en el sótano hasta consumirse, como si ellos pudieran hacer otra cosa aparte de mantenerlo vivo, es durísimo. Encima, el padre es un ex asesor de seguridad de los presidentes Nixon y Ford, apodado Little Kissinger. Bobby es un personaje fascinante.

A la vez, los cuentos de los fans, de los que descubrieron a Pentagram como un tesoro negro en los flashes en los que la banda salió a flote y editó esos discos que siguen sonando, son inspiradores. Los recuerdos de cuando casi lo logran —los de Kiss los vienen a ver a un ensayo pero es un desastre, consiguen grabar con el productor y mánager de Blue Öyster Cult pero Liebling arruina la sesión— solo para tropezar con sus propias piernas, son graciosos, casi dan ternura, como la anécdota del amigo que jura que podría haber triunfado en el fútbol si no fuera por ese desgarro.

“Guardé esta ropa hasta volverme grande, pero nunca pasó”, dice Bobby al arranque de la película, mostrando las prendas que tiene en un bolso y que pensaba usar cuando le llegara el éxito. “Así que la guardé para siempre”, cierra, con ese look de que lo acaba de levantar de la calle un equipo técnico del Mides.

Last Days Here es una película frustrante, cómica, con una tensión latente: ¿lo logrará Bobby? ¿Podrá ganarle la batalla a los demonios que son él mismo?

Baste decir que luego de su estreno Pentagram vivió un revival y volvió a tocar en vivo con regularidad.

Un Sabbath callejero

El primer disco de Pentagram se editó en 1985, en principio homónimo y posteriormente reeditado como Relentless. Suena, como todo el doom metal, al Black Sabbath temprano: denso, riffs compactos, guitarras que pareciera que surgen desde el fondo del océano, letras con motivos ocultistas, obsesionadas con la muerte, con un filo de pesimismo perpetuo; más el sonido áspero de una grabación independiente. Hasta la voz de Liebling es muy parecida a la de Ozzy (muy notorio, por ejemplo, en la canción “Relentless”).

Murray Krugman, el productor de Blue Öyster Cult que llegó a valorar grabarlos y los descartó por su desprolijidad, los definió como unos Sabbath callejeros. Era un rock pesado post Jimmy Page, pre Sex Pistols, dice en Last Days Here. Es una buena definición para temas como el galopante clásico “The Ghoul”.

Pero entre la mala suerte (porque desprolijos eran todos) y quizás el hecho de que vivían en la zona de Washington D.C. y no en un polo cultural como Nueva York, Los Ángeles o Londres, Pentagram pasó más de una década de toques, de excesos, de idas y venidas de miembros y cambios y recambios de nombre, antes de poder sacar su disco debut. En ese proceso fueron llamando la atención y amasando a fuego muy lento una fanaticada.

Relentless y el posterior Day of Reckoning, editado en el ‘87 —siempre en sellos pequeños, independientes— le dieron a esos fans de dónde agarrarse, aun cuando la banda seguía a los trompicones. Day of Reckoning suena mejor, y en temas como “Evil Seed” o con el solo al final de “Burning Saviour” transmite perfectamente esa sensación de escalofríos que persigue el doom. Es en esa ventana que Pentagram deja de ser la eterna promesa para cimentarse como un pilar del doom metal ochentoso, menos popular que el thrash de Metallica y Megadeth pero con seguidores acérrimos.

Los 90 fueron su época más prolífica: reediciones, compilados de rarezas de los años 70, los álbumes de estudio Be Forewarned y Review Your Choices. Tanto en ese último como en Sub-Basement, de 2001, la banda se redujo a un dúo: un progresivamente deteriorado Liebling y el baterista Joe Hasselvander reconvertido en multinstrumentista. El último disco de esta etapa de Pentagram, sin Hasselvander y con nueva integración detrás de Bobby, es Show ‘Em How, de 2004, que recupera siete temas de los 70 junto con tres nuevos.

A través de uno de los recopilatorios de los 90 es que llega a Pentagram Leonardo Bianco, que aparte de integrar Contramarea también atiende el local de Discomoda en Tristán Narvaja y es un hondo melómano. Como aficionado de Sabbath, supuso todo un descubrimiento. "Es impresionante el audio que maneja la banda", dice. Destaca sus riffs muy potentes y originales. Lo que más le voló la cabeza fue la película.

Sin embargo, ni siquiera en sus períodos de más publicaciones pudieron mantener una consistencia mínima y seguro eso contribuyó a que nunca explotaran.

Fue enseguida después de Show ‘Em How que Liebling tocó fondo, con un par de shows en vivo catastróficos, que derivaron en la etapa retratada en Last Days Here.

Bobby en pie. Enamorado. Pentagram volviendo al vivo. Pero…

Be Forewarned

“Estate advertido, vengo por vos”, canta Liebling en “Be Forewarned”, tema que da el título al tercer disco de Pentagram.

Bien podrían estar hablando de las adicciones que venían tras él.

Nunca con una formación estable pero con el regreso del guitarrista Victor Griffin, parte de su período clásico, Pentagram editó en 2011 Last Rites con el sello Metal Blade, el contrato discográfico más grande de su carrera. Siguieron de gira, sacaron Curious Volume en 2015... La recuperación post película parecía definitiva: Bobby es realmente un hombre distinto al final del documental y parecía sostenerse.

Sin embargo, Liebling cayó a su peor pozo. Atacó a su madre anciana en un episodio del que no mucho se sabe, se declaró culpable y fue preso un año y medio en 2017.

Parecía el fin de Pentagram. Por eso la frase del comienzo es tan improbable. La suya es una historia de sexo, drogas y rock que no alcanzó el éxito rotundo pero que sobrevive gracias a sus canciones indelebles y a un misterioso ángel dark que Liebling tiene en el hombro.

Contra todo pronóstico, o más bien respetando el patrón, el ángel tenía una carta más para jugarle.

@livemetal69 #Pentagram #PentagramBand #BobbyLiebling #metalcore #metal #metalfamily #metalhead #metaltiktok #metalcoretiktok #metalcoremusic #scream #screaming #grouling #breakdown #breakdowns #liverock #livemetal #liveconcert #djent ? ???????????? ???? - LiveMetal

Una vuelta más

Liebling mira a la audiencia con los ojos claros saltones y la melena suelta al viento, como un oráculo en trance o un vampiro eligiendo su víctima, mientras el doom suena de fondo.

El clip se viralizó en TikTok el año pasado y le dio renovada atención a su música. Pentagram más que duplicó sus seguidores en Spotify.

Editaron un último disco, Lightning In A Bottle, en enero del ’25, y se embarcaron en lo que llaman su gira de despedida.

"No hubo adversidad que lo hiciera claudicar", dice Bianco de Bobby. Es, dice, "un sobreviviente de sí mismo". Para él, el show del sábado

Afiche del show en Montevideo de Pentagram

Afiche del show en Montevideo de Pentagram

El afiche tiene un dibujo de Liebling con un tercer ojo, su pelo nuevamente blanco pero mejor cuidado y lacio; envuelto en una serpiente, rodeado de calaveras, con alas de murciélago (¿o de dragón?) que le nacen a los costados. Debería ser demasiado. Un jenga de clichés metaleros. No pasa. Funciona.

Sin embargo, para Bianco la invitación debe ser a más que a solo los metaleros. "Llama a amantes y melómanos del rock pesado, es una eucaristía de la múica pesada donde vamos a tener como maestro de ceremonia al gran Bobby Liebling", dice.

Y a Contramarea le viene bárbaro: acaban de editar su primer EP, Traetormentas, y lo van a presentar este mismo sábado. Para ellos, Pentagram es una referencia ineludible. No solo por la música, aunque los admiran mucho, en especial a la primera época. Porque Pentagram es más que su música. "La perseverancia, la tenacidad, el mantenerse firme con las ideas, con un objetivo, no claudicar con las adversidades de la vida", dice Bianco sobre dónde encuentra la mayor inspiración en Liebling.

Las alas del afiche también pueden ser las del ángel negro de Bobby, y vaya si su bendición no es bienvenida.

Bobby Liebling con Gastón Zunino de Contramarea

Bobby Liebling con Gastón Zunino de Contramarea

Por Gastón González Napoli
ggnapoli