Guillermo Peluffo tiene 52 años, un enorme amor tricolor por Nacional, una familia con fuertes bases rockeras y un grupo de punk rock que acaba de volver a los recitales y recuperó la energía de los shows sin restricciones. Esa Trotsky Vengarán, que se presenta en el Teatro de Verano el próximo martes 1.º de noviembre a las 21 horas, es la banda que siempre tocó en la esquina del barrio y está dispuesta a generar un espacio de encuentro donde lo que predominará serán las remeras al viento, la catársis física, los abrazos y el 'portate cómo quieras'.

En una entrevista con LatidoBEAT devenida en una larga charla, Peluffo terminó hablando de los distintos derroteros del punk uruguayo y su rol como música popular vernácula, de la barrabravización de una sociedad que otrora se unía en rituales como el fútbol, donde a menudo el publicista, además de cantante, se infiltra como un hincha más.

Respecto al inevitable tema de conversación que se posa como un elefante blanco detrás de cada regreso a los escenarios sin restricciones sanitarias, el músico subrayó que las desiciones y el temple de espíritu post pandemia fueron de las cosas que le salvaron la cabeza a él y a sus compañeros de banda. En ensayos que muchas veces se convertían en terapias de grupo y no llegaban a tocar un instrumento, durante los peores meses de la emergencia sanitaria el grupo decidió ser su propia burbuja y hacer su catarsis en cada encuentro.

Se acabó el baile

La pérdida de los templos donde no solo bandas como la Trotsky iban a tocar se ha hecho evidente. Hace pocas semanas se supo de la demolición en el barrio de Cordón del recinto del local que tuvo, entre otros nombres, el de Bluzz Live. Hugo “Llamarada” Díaz, guitarrista de la banda, se lamentaba en un posteo en Instagram al respecto: “Algunos de nuestros mejores shows tuvieron lugar ahí, en ese lugar chico pero salvaje, donde tenías a la gente pegada a la cara, donde todo era un saludable descontrol”.

Para Peluffo, eso ha hecho que la banda se tenga que reinventar a la hora de armar shows. “No hay lugares abiertos en Uruguay, esa es la verdad. No hay ni grupos de cumbia tocando en el interior del país. Se acabó el baile”, se lamentó.

Sin embargo, con el lanzamiento de dos sencillos este mes –"Todo está por pasar" y "El comienzo del final"–, se prepara el ambiente con un nuevo disco en la mira con la promesa de que el estilo de la Trotsky no se quiebra ni se cambia. Sobre el estado del rock y las críticas que van y vienen entre el mundo del rock, Peluffo comenzó afirmando que “cualquier rockero que odie a Elvis [Presley] no es rockero. Punto”. "Nuestro sonido es más vintage que nunca. Nosotros somos los que no renunciamos ni renegamos del rock. Vivimos bajo sus reglas de verdad. Lo cual es pagar un precio muy alto muchas veces”, admitió.

Descubrí bandas nuevas, descubrí una banda irlandesa que se llama Fountains D.C., que me gustó mucho. Le presté atención a algunos fenómenos y con algunas cosas te quedás y con otras no. Hay una cantidad de bandas europeas que están haciendo una especie de afterpunk retomando el universo Joy Division y todo eso que me parece que está muy interesante. Por ahí ese lado me gusta mucho. Me gusta más ese lado que el lado americano fiestero.

A mis compañeros les gustan otras bandas. No somos iguales en Trotsky.

¿Alguien de la banda le ha dado una oportunidad al trap para escucharlo?

Algunas cosas me gusta. Pero lo que pasa es como todo. Escucho a algunos raperos y me parece que están buenos, pero escucho el disco del Peyote (Asesino) y me arranca la cabeza. Entonces eso es lo que pasa. Uno tiene que ser fiel a las cosas que siente.

El disco del Peyote me arrancó la cabeza: es un ejemplo de que no se trata si es trap, si es rap, si lo produjo (Gustavo) Santaolalla o quién sea. Se trata de que yo escucho a esos tipos y ya está. Me dieron vuelta el mate en la primera escuchada. Hay un código cultural que nos une, entonces a mí los traperos que de entrada me van a pegar más son los que se apegan al código cultural que yo ya traigo. Entonces cuanto más rockeros sean en el sentido no de sonar pesados, sino de estructura, de canción pop tradicional que tengas texturas de bajo, drum and bass, y no solo un ritmo de caja, yo ya voy a estar mucho más cerca.

Hicieron una gira en los 1990 con Los Chicos Eléctricos, Epidemia Sónica, ¿hay alguna posibilidad de hacer alguna gira parecida?

Nosotros hicimos aquella Epidemia Sónica y ellos estaban en un lugar en el que precisaban algo más. Nosotros tocábamos mucho en el interior y ellos tocaban mucho en Montevideo y nos juntamos para compartir fechas.

Fue una unión en la que no nos encontramos estrictamente en el lado de lo musical sino que unimos fuerzas para la Epidemia Sónica, que fue tal cual como se diseñó en su momento, fue un éxito en comunicación. No fue un éxito de ventas, obviamente, pero aprendí mucho con los chicos de cómo hacer un comunicado de prensa, de lo importante que es hacer la propia reseña de tu show para que siempre algún descuidado la levante como si te hubiese ido gloriosamente, pero fue hasta ahí.

Yo creo que ellos pertenecen a un universo musical que no es estrictamente opuesto al nuestro, pero es una propuesta muy distinta. No quiero definirlos porque me parece que no me corresponde, pero... (balbucea). Solamente voy a hacer el siguiente comentario: a mí me da mucha pena cuando los artistas renuncian a sus proyectos artísticos que tanto trabajo les han llevado, que tanta energía han puesto y que encima son muy queridos por el público.

Yo no sé cuales eran las circunstancias que los llevaron a suspenderlo ni cuáles son las que los separan de volver. Lo que sí te puedo decir es que la calle es difícil siempre. Por eso te decía: es difícil cuando te va mal, pero también es muy difícil cuando te va bien.

La calle, estar ahí en contacto con la gente es muy difícil. Y está bravo bancársela en muchos aspectos. Inevitablemente en algún momento tenés que ceder a algo, no necesariamente se trata de ceder al sistema. De repente, se trata de aceptar condiciones en las que vos no tenías previsto tocar, como hacerlo con veinte tipos arriba del escenario. Y es muy lindo, pero después, cuando se va la gente y tenés todos los instrumentos rotos, te preguntás qué tan lindo fue.

Entonces se hace difícil armar una escena. Todos los artistas hemos tenido que armar nuestra propia escena.

Seguramente deben haber sufrido mucho en alguno de los sentidos. Es muy brava la noche, son bravos los vicios, saber convivir con ellos, es caminar en campo minado. Uno no es un pibe y muchas veces hay muchas experiencias asociadas a la noche que hacen que sea un lugar de cuidado. Te cagan muchas veces, te cagan los bolicheros, te caga este, te caga el otro y es agotador.

No sé que fue lo que les llevó a separarse y no sé que los detiene de volver, pero estoy seguro o apostaría que no son las cuestiones artísticas. Esas deben estar intactas porque son tipos que vivían con mucha intensidad su música.

¿Hay algún mensaje subliminal en "El Comienzo del Final"?

No, no es un mensaje subliminal. Es una letra un poco existencialista, simplemente, es una manera poética de decir que éramos felices y no nos habíamos dado cuenta. Es un poco eso de que a veces tener éxito o que algo funcione bien, está lleno de connotaciones inexplicablemente negativas.

Probar un fruto prohibido es tan placentero como peligroso. Saber que no vuelve, por ejemplo. Saber que después de determinado lugar hay cosas que son en bajada. Ese momento de éxtasis que podés tener en una relación, que cuando enseguida cambia la sensación... Eso es algo que está siempre detrás de las canciones de Trotsky. Es ese 'fuimos felices y no me dí cuenta, ¿qué pasó? Ahora quiero hacer lo que estábamos haciendo hace seis meses...' Eso es Historias sin terminar, por ejemplo. Y vuelve, es una temática que vuelve, ese misterio de qué te hace feliz, del por qué la felicidad es un estado de ánimo, ¿qué carajo es? ¿qué pasó?

Es como tratar de explicar las contradicciones. Es imposible y a la vez hipnótico.

Es para sentir y no para pensar, que es una frase divina, pero es una mierda.

Es asumir que todo es una realidad subjetiva, que, de repente, un pancho puede ser un plato delicioso en un momento inaprehensible y único y no te vas a olvidar nunca más de ese pancho en tu vida. ¿Y qué hace a ese pancho especial? Y bueno, si seguimos celebrando al pancho nos va a ir mal. Entonces tenemos que tratar de ver. Es todo tautología.

Cuando yo te digo que Trotsky asume esa responsabilidad es cuando llega el momento del estribillo: 'Esto lo tenemos que cantar todos'. La letra tiene que estar hecha de un lenguaje sencillo que pueda entender cualquier civil. No precisás estar preparado para tener la sensibilidad. Es lo que tiene la música popular.

Nosotros tenemos una banda que quiere hacer música popular en clave punk rock.

Siempre es que la gente se vaya contenta.