De que nació a las 11:30 de la mañana un día en 1993, lo que más le gustó decir fue la expresión “era el año que corría”. Los años que corren o el correr del tiempo.
Llega, entonces, la primera derivación, el primer salto de tema: “otra cosa que me gusta es la idea de romper la barrera del sonido. Me suena tan poético y es algo tan parte del lenguaje cotidiano, en cierto modo. Es bastante científico, pero es `romper la barrera del sondo´, es medio jerga. Es como súper metafórico y metafísico”.
Así funciona la charla con Paul Higgs, un saltamontes temático.
Le contaron que fue un hijo muy buscado. Que intentaron tenerlo durante diez años. Que llegó y, con todo el amor que lo recibió, fue como un colchón que esperaba su caída. Su primera casa es la única en la que vivió en Montevideo, la misma en la que creció y la misma en la que viven sus padres. Es una casa “en el barrio medio Triángulo de las Bermudas al que llaman Punta Gorda”.
La compraron un año antes de que él naciera. Y, tantos años después, sigue manteniendo el olor a “madera y calidez”, además de “total buen gusto según lo que yo considero buen gusto, que es el que tiene en especial mi mamá, que se dedicó toda su vida a representar en un espacio físico lo que lleva en su cabeza, su forma de hacer arte”.
Entonces, esa primera (y única) casa, es “los colores cálidos, marrón, madera, pinotea en el suelo, muebles, varios marrones oscuros, estufa a leña, siempre algún can también parte de la familia, mi viejo desde que tiene 10 años ha sido acompañado por animales de tipo perruno”.
Y otros recuerdos como “las burbujas que tiraba mi viejo en mi cuarto iluminado por algún tipo de artefacto psicodélico, que junto al cariño y las burbujas que salían del aparato a través del cual uno soplaba, tornaban el asunto un tanto estimulante para un nene de tres” y “siempre mucha música porque mi viejo siempre tocó y siempre está re presente”.
Su padre, Lulo Higgs, uno de los miembros de Días de Blues.
Siendo hijo único, esa casa crecía y crecía. Era un espacio en constante expansión, aunque con respecto a experiencias y cariño, porque el recinto físico siempre fue el mismo.
En algún momento llegó un piano, que era de su tía, cuando su padre era un niño. Ahí empezó a tocar. Y a grabar: “recuerdo grabar en todas las diferentes partes de la casa, casi que literalmente. He usado todos los espacios para grabaciones de álbumes y cosas que luego han sido publicadas, y que no han sido publicadas”.
En esa misma casa, más adelante, las grabaciones se volverían jams de música. “Unas fiestas muy interesantes, muy entretenidas, también repletas de amistad o emociones insipientes que se perpetuaban hacia la eternidad en ese entonces”, agrega.
Y la segunda derivación, con respecto al amor de pareja de sus padres: “te hacen creer que no existe un tipo de amor, o el otro tipo de amor, creo que siempre existen todos los tipos de amores, existe el amor ese de pareja monógama for ever and ever que no conoce otra forma de vida.
Que a alguien le guste o no, que sea como un paradigma social, es otra cosa. Existe. Puedo decírselos porque lo he visto en primera fila y, hasta el día de hoy, continúa. Obviamente, con el devenir de una vida tan larga y llena de momentos tras momentos, hace del paseo una cuestión que tiene sus tumbos y también su flujo, digamos, suave”.
Dice que la diferencia entre él y sus padres es que nada de lo que tienen lo tenían. En cambio, él nació con otras posibilidades. “Me dieron todo lo que ellos creyeron que yo quería y que exteriorizaba, siempre de un modo muy austero, bastante elegante desde mi punto de vista, de lo que es elegante, sin desmerecer otro tipo de decisiones”, comenta.
Y luego, otra derivación, con respecto a la forma de expresar amor:
“Creo que hay tipos de amores que se enuncian a través de un regalo, de algo, porque hay gente que no se puede expresar y decir “cómo te quiero” y entender todo eso. Entonces, te regalan. Justo a mí no me pasó, pero es otra forma de dar amor. Tampoco le podés pedir a todo el mundo que sepa expresar, que te dé de una forma y vos lo vayas a entender”.
Tortugas Ninjas, Power Rangers, Pokemon, Gameboy, fútbol. A eso se exponía, en parte, Paul Higgs de niño. Y también, dice, “me llevaba bien con la gente y con mis padres, nunca tuve mucho drama”.
Y también la música que, en realidad, se expuso a ella “desde que estoy en el útero porque dentro del líquido amniótico ya iba a los conciertos que hacían las bandas de mi viejo, con mi mamá”.
Lo anterior lleva a otra derivación, a esta: “nutriéndome a través de lo que sea que ella comiese por el cordón umbilical, qué loco, ¿no?, es un órgano compartido, debe ser de los únicos órganos compartidos”.
Es decir, supone que estuvo expuesto a la música desde la panza de su madre. Siendo niño le gustó Californication, de los Red Hot Chilli Peppers, pero también se fascinó (se enamoró) de Bob Marley. “Eso me enganchó y ahí no hubo vuelta atrás, se me abrió el tercer ojo”, agrega.
Más de grande, de adolescente, ya tenía una banda y eso era lo que más le importaba. Hacía canciones y ya había conocido el funk, otro de sus amores (“es una música que, de forma imprevisible, se me hizo imprescindible”). Y se vestía parecido a John Fusciante, de los Chilli Peppers, o a Ian Anderson, o a Claudio Taddei.
“Necesitaba una figura de esa índole que hubiese sido creada en mi propia nación y justo encontré a Taddei a través de unos discos que me pasó un amigo de mi viejo que tocaba con él, y me llevo a un recital de Taddei, y yo no lo podía creer”, confiesa.
Pero lo que hacía en casa era algo que aparecía bajo el nombre de una banda llamada La Mediosiglo. Duró desde que tuvo 12 años, hasta que tuvo 21. Y cuando terminó el liceo, empezó la Licenciatura en Comunicación Social. Estuvo seis meses y la dejó. Luego, hizo un intento nuevo con una tecnicatura, que fue la salida definitiva del mundo universitario.
Lo que sucedió, lo que marcó la salida, fue un día en que tuvo un examen de iluminación. “Venía de unos días que me dieron a probar éxtasis, cristales, se ve que eso hizo que mis glándulas segregaran una cantidad muy poderosa de endorfinas y luego quedaron vacías, que es lo que suele suceder con las drogas”, dice.
Y se deriva: “las drogas no son para todo el mundo, eso tiene que estar claro, es una estupidez paradigmática que el porro, o lo que sea, es para cualquiera. Eso es lo que tiene que estar más claro. Es más para menos gente, que para más, en este mundo”.
El examen lo perdió, pero además luego se fue a un bar con amigos y, luego de fumar marihuana, tuvo un mal viaje. “Como no sabía barajar un mal flash, porque nunca me había pasado, flashee ataque al corazón. Ahí fui a una guardia y mal flashee. Me pusieron unas ventosas y me dolían re zarpado. Veía a los enfermeros y creía que eran los enfermeros de mi muerte”, recuerda.
Luego de eso, se terminó la facultad.
Tiempo después, ahora, este 2022, Paul Higgs estaría por estrenar su onceavo disco llamado Tridimensional. Tiempo después, ahora, también este 2022, estaría por hacer un show para presentarlo. Eso sucedería (sucederá) el viernes 9 de setiembre en La Trastienda montevideana.
¿Después de lo universitario decidiste dedicarte a la música?
Es que ya me dedicaba. Desmalecé lo que había crecido, saqué los yuyos.
¿Ahí es cuando llega Algodón?
Exacto. Estaba medio que grabando el primer álbum de Algodón y ahí pintó esa.
¿Cómo llega Algodón?
Yo estaba en la Plaza Virgilio, miraba las nubes y decía, “están hechas de algodón”. Y grababa unos temas y sonaban como esas nubes y esa sensación de placer que sentía al contemplarla. Ahí grabé un álbum largo, de 17 temas, en una época particular para la música. Era un intermedio. No había ni Spotify en ese entonces. Publicabas tu música en tu muro de Facebook, post MySpace, pre Spotify, una cosa rara. Algodón salió en SoundCloud, pero eso fueron canales aledaños.
¿Lo grabaste solo?
Sí, lo grabé solo en casa. Después sí armamos una banda para tocarlo y tuvo su impacto en nuestra cultura, en la Montevideana en especial. En la cizaña cheto o no cheto, eso les encantó a las personas. Los que no les gustaba, podían putear por cheto y los que les gustaba podían decir que no importaba de dónde vinieras.
Pero eso ayudo a calar dentro. O, al menos, tocó un nervio que yo le cantase a Punta Gorda. Tocó un nervio en la escena y en las personas que fueran enfrentadas a esa canción. Después tenía otros temas que tuvieron su impacto y reconocimiento dentro de ese álbum, al menos por las personas que nos oyen, o por gente que no nos conocía. Tenían algo de eso, como que contiene hasta el día de hoy una fibra esencial de mi experiencia en este mundo, por eso creo que pudo tener su repercusión.
¿Cómo armaste la banda?
Por los amigos que tenía cerca en ese entonces. Era una época en la cual nos juntábamos con una gente e hicimos como una especie de sello colectivo que se llamaba La Órbita Irresistible. Entonces, andábamos ahí, amistades nuevas, nada más lindo que eso, y saqué ese disco. Además, como tuvo un poco de impacto, mis amigos tenían ganas de tocar esos temas. Entonces, se armó ahí, con los que estaban en la vuelta. Había como un enamoramiento de nuevos amigos, y armamos un grupo.
¿Lo definirías así a La Órbita? ¿Como grupo?
Era un colectivo. A mí me gustaba decirle organización. Era una organización, nos organizábamos para tocar, para grabar y nos ayudábamos. Lo que hace un colectivo.
Contame del episodio del video de “Claro que sí”, que se volvió una bola de insultos.
Es algo que la sociedad moderna lleva atado, como los presos que están con una piedra atada al tobillo. Es algo que sucede y no lo condeno. Yo lo experimenté de un lado que, en parte, por momentos creía podría funcionar en detrimento de mi bienestar, pero a decir verdad funcionó como nafta para mi absolución de esa piedra. Ahí como que me saqué ese tema de encima.
Pensé mucho al respecto y dejó de ser una cuestión que ocupara un RAM en mi personal notebook cerebral. Pensé de qué lado estoy, del gileo o peace and love.
Peace and love, más obvio. Justo el otro día hablaba con unos músicos más experimentados que siempre existió lo de los haters y más en Montevideo, que es un lugar que, si te agarra bien podés contemplar, experimentar y surfear su belleza con total gracia, pero si te agarra mal, puede ser un infierno.
Hay mucha gente que vive su vida en un infierno y que va a hablar sobre música que trata temas que no les gusta. Entonces, en mí proyectaban todo lo que sea que odiaban y me hacían sentir mal, siendo eso o no siendo eso yo. Pensé mucho respecto a eso en su momento. A veces, me enojé. Después hice un tema, otro tema, pero nada, pasó hace mucho tiempo.
Fue en 2014, ocho años ya.
Sí. Igual hizo muy bien en pos de la difusión de mi música, la verdad.
¿Cómo es que te llega la necesidad de ser solista? De no ser Algodón, aunque fuera un proyecto personal, y ser Paul Higgs.
Es que Algodón se tornó una banda. Ahí fue un proceso parecido al que hice cuando dejé de tocar en mi primera banda. Dejé de componer para mi primera banda y me puse a componer para Algodón, solo que me puse a componer, ya lo hacía, canciones que lanzaba, publicaba, bajo mi nombre, bajo el paraguas de mi nombre, lo cual implicaba que la lluvia que cayese me iba a mojar solo a mí.
Al estar dispuesto a eso, lo mejor que podía hacer era sacarla con mi nombre y que mis amigos no tuviesen que verse representados por lo que hablaban las letras, o lo que sonaban las músicas. Más que nada por eso, por encontrar una sonoridad que no representaba un grupo y a un multiverso, sino que representaba a solo una persona.
Ahí también se va creando un universo en base a lo que representa una persona, pero fue así, precisaba, supongo ahora, compartir. Porque, al fin y al cabo, la música es como ese cope de compartir música que hago y también disfruto. De la misma forma, compartir música que no es mía. Es el mismo nivel de éxtasis el que siento cuando le muestro a alguien una banda o una canción que me atravesó, o cuando publico un disco.
Por eso, últimamente, en mis recitales tengo un par de canciones que las pongo en el medio, pero aviso que las voy a poner, explico todo el cope que me da y las pongo en los parlantes re fuerte. Entonces, se vive esa experiencia compartida de escuchar música a todo lo que da, con un maestro de ceremonias muy entusiasta, en parlantes de alta gama o de mucha presión sonora.
¿Cuál es conceptualmente la diferencia a nivel de música entre Algodón y Paul Higgs? ¿Qué es eso que no representaba a la banda, pero sí a ti?
Algodón tiene, naturalmente, un sonido y unas palabras que reconocés que son cosas que pueden incluirse en ese universo. Mismo ahora estoy preparando un álbum nuevo de Algodón, que eran canciones que ya tenía y siempre se sabía qué iban a ser. Entonces, es eso, lo que hago con el nombre de Paul Higgs resulta tal vez más cercano, o es poco más literal de cosas que experimenté, o viví, o vi.
¿Algodón es el descarte de Paul Higgs?
No, cero. Yo hago muchas canciones. Todo es el descarte, en realidad. Descarto una, descarto la otra, pero de las diferentes bolsas que tengo. Todo es el descarte de lo que más disfruto, que es el simple hecho de hacerlo. Es como verdaderamente estar conectado con Dios, esa experiencia, que a mí me pasa de ese modo supersónico o espiritual, pero a otras personas les puede pasar de otra forma.
A mi viejo le puede pasar una noche caminando con la perra en Playa Verde, no es algo exclusivo. Creo que es importante que se entienda. Esa conexión con los universos que habitamos está ahí para cualquier persona que desee experimentarla o tenga la audacia, o suerte, de encontrarla.
¿Por qué te interesa la inter generacionalidad?
Absolutamente me interesa. Un día me puse a pensarlo y es algo que pienso, y que lo asumo y lo promulgo por completo, que es que no existe cultura sana, no existe cultura sin inter generacionalidad. Se empantana el asunto y, al fin y al cabo, la cultura no es solo un pantano, sino que es todos los biomas conviviendo dentro de una gran lo que sea que es, dentro de una gran esfera de vida.
Entonces, todo esto tiene que estar re conectado, salubre, aceitado, constante, que quien es más viejo conozca a quien es más joven y viceversa. Te nutrís mucho de todo. Creo que lo empecé a pensar porque me gusta experimentar la vida como si fuese una Wikipedia andante. Me gusta mucho la historia de la música y la historia no es solo lo que leo de cosas que pasaron, sino que es lo que veo de cosas que van a pasar o podrían pasar. Por eso me interesa, porque me parece que todavía no encuentro la traducción perfecta al español de la palabra thrive. Es como progresar, pero es otra cosa porque se habla para las plantas. Las personas, también, pero la planta no sé si progresa.
También el progreso está, lamentablemente, asociado con cuestiones de gobiernos, y de cosas políticas de esa índole. Al fin y al cabo, la inter generacionalidad es política, pero está bastardeada la palabra “progreso”.
Contame de Púrpura Discoteca.
Ese es un intento tácito del desarrollo de la escalera inter generacionalidad. Púrpura Discoteca es una carpintería sonora que hace que los escalones de la inter generacionalidad estén firmes. Hay desde personas chicas que yo con las que he estado trabajando de los discos que nos llegan para que publiquemos, o para que escuchemos, hasta la antología de grabaciones en las que estoy trabajando hace un par de años de mi papá, que es un músico de 73 años, que grabó toda su vida, pero nunca la publicó.
Eso es Púrpura Discoteca. Es como un lugar, una carpintería, en la cual pasan personas. Es como un lugar donde, más que nada, hay personas que te dicen que sos el mejor. Eso, igual, si te lo dicen mucho te podés volver medio loco. Cuando te das cuenta de que no sos el mejor porque te das cuenta de que no hay mejor ni peor, te podés volver medio loco, pero ni idea, eso que se arregle después en terapia. Por ahora, yo digo que es lo mejor del mundo.
¿Por qué hacés música?
Estoy pensando una forma, a ver si hay una forma no metafórica de decirlo. Capaz que no hay. Del diccionario, todavía no sé las palabras suficientes como para expresarlo. Es por lo que te digo, que detrás de la puerta de la acción está la perla, y esa perla brilla, y esa perla ha iluminado a muchísimas personas que a mí me han iluminado a través de lo que vieron, cuando vieron la perla, y la tornaron música. Entonces, yo me fijo a ver si está la perla brillante, básicamente es como para compartir, inspirar y ser inspirado, porque hacer música me inspira. En el sentido de que estar inspirado y hacer música son una sola cosa. Inspirar, ser inspirado, ver la perla.
¿Cuál fue el día más feliz de tu vida?
El tiempo es un continuo, están todos sucediendo al mismo momento los días de mi vida. Entonces, cuando estaba sucediendo lo que te voy a contar, también estaban sucediendo un montón de cosas que ya habían pasado, y un montón de cosas que ya van a pasar. Si te cuento una, en realidad, estoy poniendo en palabras una, pero estaban sucediendo todas.
Actualmente, podría decirte que fue alguno de los miércoles o viernes en los cuales llevábamos a cabo con Choki, Melanie y Paco, que es nuestro amigo dueño de una sala de conciertos de acá que se llama Centro Cultural Richards, y de una disquería que se llama Exiles, una residencia.
Tocamos todo ese mes ahí y venían personas que queremos y que no conocíamos también a tocar sus canciones. Y nosotros les salíamos de banda, además de tocar canciones que iban de cada persona del trío que te hablo. Alguno de esos fue muy heavy, segregaba mi cerebro muchas endorfinas sin ningún tipo de MDMA de por medio. El estímulo era real, amoroso, de amistad. Ese fue uno de los días más felices de mi vida.
También el día en que escuché el primer disco de Judee Sill, que se llama Crying Angels, pero estaba sucediendo al mismo tiempo ese día, o ahora, cuando descubrí Jellyfish. O alguna de estas noches que venía caminando, escuchando esos discos, no podía creer. También fui muy feliz el día que estaba llegando a Montevideo hace poco y me llegó un mensaje del Bambino Coniberti, el violero de No Te Va Gustar, agitándome para trabajar en una producción de una canción del grupo, re polenta, eso me puso re feliz.
¿Cuál fue el día más triste?
Supongo que días de frustración. Alguna frustración con respecto a que las expectativas que tenía de algo no sucedieran tales como las había puesto sobre un pedestal. Sucedieron de una forma o más mundana o distinta, y eso causaba en mí, tristeza.
La tristeza no queda grabada en mí, no por negligencia, sino porque últimamente trato de verla pasar y de vivirla, there it goes, pasa como un fardo. Entonces, ahí pasa y, en cierto modo, también así pasa la alegría, pero como dicen los extraterrestres del libro que termine hace poco de Kurt Vonnegut, ellos pueden ver todo el tiempo al mismo tiempo y deciden quedarse con las cosas buenas. Y son extraterrestres, algo sabrán.
¿Algo que hayas aprendido a los golpes?
Supongo que a tocar mejor la guitarra. Literalmente, a los golpes, porque tocar es un golpe físico. Ahora, estoy haciendo clases de percusión y reviento el tambor. Eso es un golpe que, de verdad, me duele.
¿En qué momento de tu vida sentiste mayor libertad?
Supongo que después de dejar las instituciones educativas.
Si murieras hoy, ¿irías al cielo o al infierno?
Cielo, dalo por hecho. Mi acción aquí es positiva. Trato de ser mejor persona para que otras personas se sientan bien a mi alrededor, Acepto y me hago cargo de cualquier error. Pasás por la vida, es un torbellino en el que tirás todo lo que te quede por delante, en menor o mayor medida. Entones, obviamente lamento y puedo cerciorarme de que hay gente que ha salido lastimada en esta vida debido a habernos cruzado, seguro, y siempre pasa eso, pero la experiencia de la vida es así. Pero es eso también, tener conciencia de eso es parte de una búsqueda en la cual de forma consciente cause el mayor bienestar posible. Entonces sí, heaven. Heaven is fun.