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Realidad aumentada

Paul Higgs: “Las modas son la guía perfecta hacia donde no hay que dirigirse”

El artista uruguayo lanzó su disco "La perla perdida" y se presenta este 11 y 12 de setiembre en La Cretina.

26.08.2026 13:30

Lectura: 11'

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Por Catalina Zabala
catazabalaa

A Paul Higgs se lo puede describir con varios adjetivos, pero es, sin dudas, una persona histriónica y auténtica antes que todo lo demás. Su música no es la única que da de qué hablar: también sus opiniones, su lenguaje, sus outfits.

Ya cuenta con 12 álbumes de estudio en los que mezcla generos, estéticas, gamas de color. Tiene una relación intrínseca con la música, la administra de una forma diferente cuando compone para publicar. "Mi relación con la música es de un 100%, pero lo que muestro es un 10%", dice. "Después tengo mis grabaciones, mis canciones o mis inventos, que no tienen en lo más mínimo en cuenta que vaya otra persona a escucharlo". 

Hace poco lanzó La perla perdida (2026), su último disco solista, que trae consigo todo un universo de ficción que lo acompaña. El personaje principal es el Críptido del rock uruguayo, una figura diseñada por él que surge de su interés particular por la criptozoología. 

Habla críticamente sobre las modas en el arte y los sectores de poder que las desarrollan de manera intencionada. Habla de la música uruguaya, de la industria y de qué es ser creativo dentro de la escena. Sobre todo esto conversó con LatidoBEAT, de cara a su doble fecha en La Cretina. 

La perla perdida retoma varios géneros distintos. Uno de ellos es el candombe, que está volviendo a hacerse presente en proyectos nacionales actuales, desde el último disco de Drexler hasta en músicos más emergentes. ¿Qué encontraste vos ahí?

Comencé hace un par de años a hacer una especie de clases de percusión con una profesora argentina. Ese año que fui a clases ahondamos todo lo posible. Desde aquel entonces comencé a traducir lo que estaba aprendiendo a la guitarra, que es en donde yo compongo la música que hago. Con el advenimiento de mi primera madurez creativa vino también la responsabilidad de continuar aportando al desarrollo de un estilo musical autóctono y sus vertientes. Lo consideré pertinente e importante para lo que hago.

El disco tiene toda una construcción ficticia alrededor. Creaste personajes que integran una ficción, como la figura del Críptido del rock uruguayo. ¿Cómo lo trabajaste? ¿Qué aporta a tu disco ese agregado conceptual que lo rodea?

Yo le llamo últimamente una "realidad aumentada", porque toma elementos y refiere a elementos —valga la redundancia— realmente reales, como la orfandad que observé en el desarrollo de la carrera de mi generación y su llegada a las canchas de la música. La primera salida a esa escena se dio cuando estaba acabándose el Pilsen Rock. El aparato divulgatorio que circundaba a las bandas de aquel entonces, el circuito federal de girar por todo el país, ya no existía, y eso también casi que no existe hasta el día de hoy. Entonces ahí surge, por ejemplo, el asunto del Críptido huérfano del rock uruguayo. Esos son los elementos de realidad aumentada, que son de la criptozoología. Una ciencia que estudia los críptidos, que son animales cuya existencia no puede ser comprobada por las ciencias estándar. Ese interés lo tengo desde que empecé a hacer música, el interés por lo que sucede en la aurora, por Voces anónimas y todo el trabajo de [Guillermo] Lockhart y de muchos más que indagan en esos universos que están entre el sueño y la vigilia. Empecé a mezclar muchos elementos de esa especie de, llamémosle, "fantasía", para poder focalizarnos en lo que estamos hablando. Esa especie de fantasía la usé para de cierto modo decorar la realidad, y con humor poder también transmitir cosas que yo consideré muy serias dentro del correr de mi vida.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

En cuanto a sonido, el disco suena bastante rock, un rock más clásico. Sobre todo en la primera canción, "La perla perdida". Hoy en día en la escena se discute mucho sobre dónde está quedando el rock. Para algunos es eterno, para otros se está perdiendo, y es verdad que no es un género tan de moda hoy. ¿Qué opinás vos?

En cuanto a lo de que el rock está muerto, yo creo que simplemente se refiere a que no es más la moneda corriente a través de la cual los medios preponderantes hacen su inversión. Después hay muchas aristas para verlo, porque algo del estilo y su ímpetu creativo está presente en todos los estilos de música. Excede a la estética, eso pienso. También una cosa que para mí es muy peligrosa es el tratamiento de un género como una pieza de museo, que es lo que creo que sucede mucho en gran parte de la generación incipiente, es como vestirse de rock. Vestir una canción de rock para mí puede llegar a ser muy nocivo a la imaginación y a la creatividad. Una cosa es utilizar elementos de tal o cual género y así crear una nueva pieza musical actual con proyección. Siento que en cierto modo, después de la pandemia, la mano de guante blanco de las industrias y quienes imponen las modas se avivó de que podía comercializar el pogo.

Hay una cosa que por lo menos últimamente estoy viendo del tratamiento del género como un museo, y de gente muy joven que se viste de rock. Me parece un viaje que toquen música con los lineamientos que tenía la música hecha en 1967, tratándola como ponerse una ropa que está colgada en un museo. Me parece que puede llegar a ser muy peligroso para el desarrollo de la imaginación y de la creatividad. Sí o sí se toman elementos de todos los sucesos previos a los nuestros, porque también hay que ser muy responsable con la memoria. Hay que tenerla presente todos los días y traerla a colación. Pero con ella hay que crear una novedad, reactualizar, y así sucesivamente.

No me gustaría para nada que alguien tomara algo del estilo que yo haya hecho y lo repita al infinito. Sería muy nocivo para todo lo que lo rodea, al menos en términos creativos. Creo que es lo que ha logrado la industria, o hay otros términos que podemos encontrar luego, de adormecer nuestro carácter rebelde creativo. Ha pasado a ser una especie de pequeña moda, también por contraposición al advenimiento de los estilos urbanos ha vuelto el rock, pero sería muy ingenuo si creyese que eso verdaderamente es así de lineal. Es un pensamiento que está vivo en mí. Es decir, todavía no tengo una conclusión al respecto y tal vez lo que te estoy diciendo ahora esté equivocado. Pero es algo en lo que vengo pensando mucho últimamente. Justo en estas últimas dos semanas. Cómo la comercialización de la nostalgia es un ciclo que se cumple en el correr de los tiempos. Pero bueno, ahora nos hallamos frente a uno de esos, me parece a mí. De que se divulgue un artista porque se parece a un artista que en los 80 fue glorioso. Eso para mí es de lo peor, me parece 100.000 veces más creativo la llegada de cualquiera de los artistas de música urbana.

Eso capaz responde a esa falta de referentes nuevos que hagan rock, por lo menos en el ámbito más mainstream. Que tengan que irse para atrás para buscarlos.

Sí, estoy seguro de que pasa algo de eso, pero también me parece que hay que ser exigente con quien está mirando para atrás y hace algo hoy. Si alguien mira para atrás y hoy hace algo muy similar a lo que se hizo atrás, me parece, como te decía, muy ingenuo y muy débil en cierto sentido. Y no hay que ser débil, todo lo contrario. Son tiempos revueltos los que nos tocan, desahuciantes. Entonces creo que también hay que exigirle a todas las personas que hacen arte que registren lo que está sucediendo. Periodistas, fotógrafos. Hay que pararse de mano con este signo de los tiempos tan opresivo. A la juventud hay que pedirle lo mismo. Si no, es un asunto tal vez adormecido.

Foto: Javier Noceti

Foto: Javier Noceti

Vos mencionás mucho esto de los guantes blancos, ¿quiénes son?

Es que es muy difícil ponerles nombre, pero la mano de guante blanco es la que implanta, impone o roba con una elegancia que no es obvia, y yo creo que solamente las modas en gran parte y a esta altura se imponen de esa manera, desde los sectores de poder. Esto lo he visto mucho en Buenos Aires. Si estás promocionado en carteles gigantes tenés que irte de ahí. A veces las modas son la guía perfecta hacia donde no hay que dirigirse en pos de un desarrollo creativo original. Es una de mis inquietudes más vivas, es mi punto de vista. También puedo entender otros puntos de vista.

¿Y qué se busca imponiendo esas cosas? ¿Cuál es el interés?

Que las personas vayan a tal o cual lugar y compren entradas, y que ahí empiece a haber un flujo de dinero. Creo que al fin y al cabo todo se basa en eso. Insisto, sería muy ingenuo no ver esa parte. Pero igual tampoco sé el fin verdadero de una moda. Tendría que leer al respecto. He estado buscando libros relativos, en especial a la comercialización de la nostalgia. Tengo entendido que hay un periodista norteamericano que ha visitado Argentina en varias ocasiones que se llama Simon Reynolds, que ha escrito un par de libros específicamente en relación a esto. No sé cuál es el fin exacto. Tal vez nunca lo sepa, es ese tipo de cosas. Si estaba arreglado que Argentina perdiera el Mundial, no lo vamos a saber nunca. Son esas cosas que quedan ahí.

¿Para vos la obra tiene que valerse por sí misma o requiere una explicación que la acompañe?

Ambas son correctas. Yo creo que el mayor desafío y a lo que quiero enfrentarme es a lograr que esas dos convivan, y creo que acá en cierto modo al oído más superficial, sin desmerecer lo superficial, puede suceder de la 1 a la 8 como canciones, y por separado cada canción también es un tema. El Críptido del rock uruguayo puede ser solo poesía, solo letra y, al mismo tiempo, a quien presta la atención que generalmente yo presto en los álbumes que me llaman la atención, puede empezar a hilar esos pequeños mensajes que se hallan contenidos en el disco. Creo que ambas tienen que funcionar, tiene que haber algo que se pueda leer tras las letras, pero también tiene que ser hiperdisfrutable y coreable a toda voz sin tener que intelectualizarlo tanto. Ahí está uno de los mayores desafíos que traté de afrontar en este álbum. Parte de nuestra historia se empezó a escribir ahí. Las hojas estaban en blanco previamente, era otra cosa, el tango o músicas ya de tiempo atrás. Músicas rurales de grupos mucho más pequeños de personas, por ejemplo.

Es que ahí también entra todo el tema la mezcla del arte y el consumo, que es inevitable, pero también entra en juego si el artista hace su obra para el público o por la obra, porque ahí varía mucho el resultado que obtenés.

Sí, estos son discos que hago para publicar. Mi relación con la música es de un 100%, pero lo que muestro es un 10%. Esto está hecho para ser divulgado y escuchado de manera sencilla, o al menos eso intento. Después tengo mis grabaciones, mis canciones o mis inventos, que no tienen en lo más mínimo en cuenta que vaya otra persona a escucharlo, y creo que esa es la mayor parte de mi relación con un instrumento. Creo que la gracia está en el punto medio.

Colaboraste con Hugo Fattoruso también para este disco, en la canción "El banco de arena". ¿Cómo fue la experiencia?

Fue muy buena, por ahora nunca me ha pasado esa clásica historia de "no conozcas a tus ídolos". Todos los personajes referentes que he conocido han sido espectacularmente generosos, gente divina. A Hugo me acerqué a través de correo electrónico. Me recomendaron que fuese claro, escueto y concreto con lo que le iba a pedir y así fue. Email va, email viene y en unos días ya me había enviado la pista sobre la canción "Banco de arena", que acabó encima de la música sin ninguna modificación, de comienzo a fin. Fue verdaderamente el trabajo de un genio, aunque sé que por las entrevistas que he visto tal vez no le guste a Hugo que lo llame un genio. Debe ser difícil que te digan genio. Yo vi el trabajo de un genio y lo conocí más por dentro debido a que fue como una impresión de ADN sobre una impresión de ADN personal. Eso fue espectacular, viste lo que significa para todos nosotros, ni que hablar para la música del planeta entero. Me va a conmover toda la vida haber dialogado con Hugo a través de correo electrónico, que haya tirado todas las buenas ondas y que haya grabado lo que grabó. No tengo palabras, la verdad.

Por Catalina Zabala
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