El balneario fuera de temporada que Nacho Adda narra en el último disco de Par, su proyecto de música electrónica, podrá vivirse en forma inmersiva en su show de este 19 de setiembre en Magma Futura.
En este álbum titulado justamente Balneario, Par suma a su música sonidos de casa de afuera, fragmentos de audios y las voces invitadas de la argentina Fenna Frei y del buen muchacho Pedro Dalton para contar lo que él llama un cuento o una película de un pueblo costero lejos del verano. Y en este show, con fecha única, se complementará con visuales 360 especialmente creados para la sala.
Gran tuitero de la primera guardia, Nacho siempre posteó desde la cuenta de su proyecto de música electrónica, hasta el punto de que sus dos identidades son una sola en redes sociales. Así que sobre eso también le preguntamos en esta entrevista con LatidoBEAT.
Las entradas pueden adquirirse en este enlace.
Me interesaba empezar, en realidad, por tu yo tuitero. Porque es por lo que te conozco yo originalmente: primero como tuitero, después como músico. Tuitero de larga data, ¿no?
Tuitero desde el dos mil... Fa, 2010, capaz.
¿Cómo te llevás con el Twitter de hoy?
Es el peor momento de la plataforma. Y eso es lo que hace que sea el mejor momento de la plataforma. Porque Twitter tiene esa dualidad de ser la mejor y la peor red social al mismo tiempo. Hoy que ya estoy más viejo, la uso para escribir las boludeces que se me ocurran, charlar con dos o tres conocidos más que nada de cine, caerle a algún político, y no mucho más. Es la peor red social para compartir música, para promocionar cosas musicales. No le interesa pero a nadie que vos digas: “Che, saqué este disco, tengo un show para promocionar, vengan”, lo que sea; siempre son dos, tres likes de la misma gente que ya más o menos te sigue y que te sigue por eso.
Está siniestra la red, la verdad, y es un vicio. Es un vicio porque el primer instinto sería dejarla, a Elon y a sus amigos, pero después hay muchas cosas que están buenas. Te enterás de muchas cosas, yo me entero de pila de lanzamientos de películas. Sigue teniendo el minuto a minuto de la noticia, de que pasa algo y te vas a enterar primero ahí. Así que es una relación amor-odio desde el primer día.
Hablaba con una amiga a la cual conocí por Twitter, que yo creo que hoy el algoritmo está tan roto que ya no podés conocer gente.
No, de ninguna manera. Primero que nada porque no sabés si es una persona real del otro lado, si son bots, si... Y está superatomizado el intercambio. Ya si antes el debate de Twitter era medio ridículo, comparado con lo que es hoy antes era, no sé, Platón discutiendo. Está muy que no sirve para nada y ahí está la gracia, me parece. Y estamos todos como atrincherados, onda, llegó el dueño nuevo y “nosotros no nos vamos a ir”. Nos hundimos, nos vamos a hundir todos con Twitter.
Somos la orquesta del Titanic.
Nada de X ni nada de eso. Es Twitter, a morir.
¿Siempre tuiteaste vos desde la cuenta de Par?
Sí, sí. Y ya de un tiempo a esta parte me di cuenta que Twitter es eso, es para el boludeo. Cuando me preguntan las redes del proyecto, yo paso Instagram, que es la formal, digamos, porque las estupideces que digo en Twitter como que no aportan y no le hacen tampoco. Es el lugar también para cagarse un poco de risa, que el proyecto en sí es un poco más serio y no tiene esa vía de expresión en otros lados.
Viniendo a la música y tu último disco, que vas a presentar ahora: ¿por qué la idea del balneario fuera de temporada?
Viene de la foto de tapa. Es una foto que sacó mi hermano hace mil años: mi hermano es fotógrafo e hizo toda esa sesión de fotos en Valizas. Él en 2019 se iba de viaje, en ese momento no sabíamos si era definitivo o no. Entonces le dije: “Dejame en un disco esa foto, porque yo algo voy a hacer con esa foto”. Esto fue antes de que yo empezara a grabar mi disco anterior. O sea que antes de grabar Ciclos [2022] yo ya tenía una carpeta que se llamaba Balneario. Ya tenía el nombre y la tapa del disco siguiente.
Es una foto que siempre me gustó, siempre me pareció supermelancólica, de ahí del rancho, medio destartalado, en el medio de las dunas.
¿Y por qué no fue tu proyecto anterior? O sea, la música que estabas haciendo no encajaba con lo que pensabas…
Si bien no lo había empezado a grabar, Ciclos, ya medio que ya tenía una idea de lo que quería hacer. Era la pandemia también. Entonces, era como: “¿Vamos a cambiar todo por esto? No. Bueno, ya va a tener su momento”. Efectivamente, cuando terminó el momento de Ciclos empecé a laburar en esto. Me puse la premisa de: “Vamos a hacer una banda sonora para esta foto”.
A raíz de eso se me empezó a ocurrir qué personajes pudieron haber pasado por ese rancho, y a su vez eso que decías vos, lo fuera de estación, que también sirviera como puntapié para hablar de otras cosas que se deterioran —relaciones, memorias— cuando están fuera de estación, cuando están fuera de tiempo, cuando cumplen su ciclo vital.
Entonces me parecía que estaba bueno que el balneario semidecadente o vacío, porque no está en su momento de mayor concurrencia, me sirviera como plataforma para otras experiencias.
Pero a la vez tiene algo lindo también el balneario fuera de temporada. Estás más tranquilo, lo aprovechás de otra manera.
Yo como montevideano tengo la experiencia de unas semanas al año, con suerte, en la playa. Pero como mi madrina tenía casa en Parque del Plata, cuando éramos chicos íbamos también fuera de temporada. Y hay un cambio, ¿viste? Hay comercios que están cerrados o que no existen. Lo de Parque del Plata sí le llamaría decadencia. Fue un momento de apogeo que yo vi de Parque del Plata, con el cine, con las maquinitas, con todo lo que había, y después eso fue desapareciendo totalmente, uno a uno fueron cerrando los negocios. Primero cerraron por el invierno y después ya en el verano algunos ya no volvieron a abrir y después esos cerraron en el invierno y ya el otro verano ya no abrieron más. Hay cierta, sí, decadencia. Obviamente que la decadencia está en la parte humana. El balneario como lugar de encuentro puede ponerse medio decadente, según pase la moda.
Para el “cuento” este, que es un balneario fuera de temporada, me interesaba hablar un poco más del deterioro. De la pérdida, de lo que no fue.
¿Y los visuales van a ir por ahí?
Sí, tienen piquecitos ahí de algunas cosas de los temas. Algunos son más directos con lo audiovisual que ya ha salido de cada tema, de los videoclips. Y después con los otros, son un poquito más abstractos. Algunos son más más figurativos y otros son más abstractos.
¿Cómo trabajaste el tema sonidos, ruidos, la cosa más como de ambiente del balneario en el disco?
Lo primero que hice fue, en las vacaciones familiares, salir con mi hija con un grabadorcito a hacer tipo grabación de campo. Llené tarjetas: olas, pisadas por el pedregullo, pájaros... Lo que no quería mucho era registro humano, quería bastante más de naturaleza. De entrada sabía que el disco iba a tener mucho de grabación de campo y field recording, todo eso que le llaman. Una vez que ya tuve como una carpetita bastante grande de lluvia, de tormenta, de todos los sonidos que se escuchan ahí, que te puedas imaginar, ahí sí agarré los sintetizadores y empecé a probar qué tipo de sonido de tecla quería para este disco, probar con las programaciones qué tipo de ritmos.
Hubo una primera etapa del disco, la que le siguió al impulso inicial de “vamos a hacer la banda sonora de esta foto”, que no. Fue una cagada.
¿No funcionaban esas canciones?
O sea, capaz que las escuchás y decís: “Sí, estaban bien”. Pero a mí no me cerraban con el concepto, no me parecía que eran de esa película. Lo que hice fue descartar todo eso y me puse a trabajar en el arte de tapa, como para sacar la cabeza un poco de la música, porque estaba medio enfrascado. Avancé bastante con el arte, con las fotos, con todo ese tipo de cosas, y después volví a los instrumentos un poquito más fresco. Ahí sí ya medio que quedaron todas las estructuras y las maquetas que fueron las definitivas.
Lo último que se terminó agregando, por una cuestión de agendas, fue la guitarra.
¿Cómo fue eso?
Yo ya había grabado unos bocetitos con la criolla, y después Andrés Torrón fue el que yo le di las guitarras esas y le dije: “Bueno, esto, pero bien”. Bien tocado. “Y lo que se te ocurra, ¿no?”. Para construir para arriba. Eso fue lo último del disco, porque me pasaba con la guitarra que necesitaba, más que alguien tocando la guitarra, necesitaba la presencia del instrumento. Conceptualmente. El último tema del disco, que medio que se parte en dos, la primera mitad es Andrés tocando la guitarra, pero ya en la segunda parte es la guitarra que está dentro de la narración. La guitarra está ahí con los personajes. Me interesaba la presencia del instrumento en un cuento sobre un balneario, que siempre hay alguno con la guitarrita aturdiendo a los demás.
Pensando en lo que decís del “cuento” o la “película” del disco. Es como una película muda. Con poca letra…
Sí y no. Ponele, en Híper [disco de 2018] era todo el tema cyberpunk y cómo estamos ahí medio enchufados. Yo le daba la premisa a cada artista y ellas escribían. Pero acá escribí yo, a medida que iba avanzando en todos los procesos así en paralelo, del arte, de grabar cosas, estaba escribiendo. Porque quería que fuera un poco más personal, no porque fuera autobiográfico, pero sí cosas que se dicen y que pasan en el disco, o me las contaron a mí o me pasaron a mí o yo las vi o lo que sea.
Hay tres temas que son más formato canción, ponele, pero después hay muchos otros que tienen ahí tipo como samplecitos…
Como algunos audios.
Sí, como si fueran audios, exacto. Hay ahí cierto indicio de quién es quién, qué personaje dice cada cosa. No sé si es tan muda, en realidad. Por ejemplo, rompe la lógica que yo tenía antes: eran los temas cantados y los temas instrumentales. Ahora los temas instrumentales tienen algunas pequeñas voces por ahí metidas. Así que está un poquito más charlado.
Recién decías que habías escrito vos. El recitado que hace Pedro Dalton, ¿ese lo escribiste vos también?
Sí, sí. Estaba trabajando con otra gente y no terminaba saliendo. Y dije: “Ta, lo voy a llamar de vuelta”. No quería repetir, porque ya venía del disco pasado, y tampoco tentar a la suerte y que me dijera: “No, mirá, ya está. Con uno está bien”. Pero no, de una me dijo que sí y al final fue como la mejor... Porque en el disco pasado el personaje que hace él es un tipo que como que sale desquiciado a los gritos, haciéndose muchas preguntas y haciéndole muchas preguntas a un interlocutor. Y acá es como que alguien que se levanta medio de un sueño, ¿viste?, una mezcla de recuerdo, sueño, que está mezclado. Y nada, la simple voz de Pedro ya le aporta un peso a la narración que está zarpada la sensibilidad de él. Para mí es un flash que se cope. Sobre todo con las letras mías, que le mande las letras, me diga “sí, está buenísimo, lo voy a hacer”. Tremenda onda.
La voz de él es como una especie de cosa del inframundo.
La otra vez me preguntaban si podría haber participado otra gente. Sí, obviamente, podría haber participado cualquier persona, pero el tema sería otra cosa. Ya desde la primera estrofa y la manera que él recita, porque yo cuando trabajo con Pedro me parece que… ya hay mil proyectos de Pedro si lo querés escuchar cantar. Pero hay una veta de él que es cuando se pone a recitar, que a mí me parece mucho más interesante para vincularlo con lo que yo hago. Y ya cuando empieza el recitado con: “Amaneció frío como noche en el monte” y cómo lo dice él, ya es tipo: “Ta, OK, a ver, ¿qué más? Contame todo” [se ríe].
Contame del show en Magma.
Va a ser una presentación del disco. Queríamos hacer una cosa más teatral, que al final vamos a patearla para el año que viene. Entonces decidimos no hacer un toque —lo que nos habíamos imaginado, achicarlo— sino, “bueno, vamos a hacer algo puramente audiovisual y aprovechar las capacidades técnicas que tiene la sala”. Las visuales 360, que el espectador ahí está en el centro de toda una narrativa audiovisual. Estamos muy contentos con eso. Va a haber invitados, vamos a tocar bastantes temas del disco, va a haber un momento ahí de improvisación. Las visuales son mitad cosas que ya están preparadas, mitad visuales que van a reaccionar ahí en tiempo real con la música, lo que está pasando. Estamos re contentos.
Es un show que lo vamos a hacer esa vez solamente. No es un artilugio de marketing ni nada de eso, sino porque la sala tiene sus especificaciones y sus cuestiones técnicas de resolución, que medio que lo que hagas para ahí te sirve solo para ahí, porque es una resolución diez mil píxeles por 1080, no te sirve para otra cosa. Entonces, el espectáculo vamos a armarlo para ahí y le damos fin a esto de Balneario inmersivo. Ya sí, para el año que viene, hacer un show un poco más teatral.