Paola es aficionada al humor británico, pero entiende que es algo que no puede desarrollar. Para ella, el humor está ligado a la territorialidad, al tipo de sociedad. Según ella, los problemas que puede haber en una celebración de Navidad en Noruega difieren de los argentinos: "Nuestros quilombos son mucho más poderosos que si el pavo se quemó o no".
También sostiene que más allá de cualquier subestimación, el humor es algo difícil de lograr, ligado a los tiempos, como si fuera "de relojería". De esto sabe, porque ha tenido una trayectoria en cine, televisión y teatro que ha estado muchas veces ligada a este género: Viudas e hijos del rock and roll (2014), Graduados (2012) y Casi muerta (2023), entre otros.
En El Casero (2024) es Marcela, una prestigiosa arquitecta que vive fuera de Argentina y vuelve tras separarse de su esposo. Al llegar, viaja con su hermano Claudio a la casa familiar ubicada en Villa Carlos Paz con un objetivo claro: convertirla en un hotel boutique. Sin embargo, se encuentran con Ramón, el viejo casero, que está instalado en el inmueble y lo utiliza para diferentes fines. A partir de ese entonces, se librará una batalla de dos bandos que dejará al descubierto las fracturas vinculares y emocionales, además de abordar temáticas como la herencia y la gentrificación.
No es la primera vez que Barrientos trabaja con Matías Lucchesi, director del largometraje. Se conocieron durante Ciencias Naturales (2014), la ópera prima del cineasta, y acordaron volver a trabajar juntos. El uruguayo Alfonso Tort coprotagoniza El casero, una dupla de trabajo que según la actriz funcionó muy bien porque Tort es alguien "con quien se puede entrar en código muy fácil".
El casero está en carteleras de Life Cinemas. Las entradas se pueden adquirir aquí.
¿Cómo llega a vos la propuesta de hacer este rol?
Con Matías Lucchesi, el director de la película, había trabajado en su ópera prima. Él es un director cordobés y la filmamos en la provincia. A partir de ahí, quedamos en hacer otra juntos. Con pandemia de por medio, fue y vino el guion un par de veces hasta que tuvimos la posibilidad de filmarlo. La primera película que hicimos con él es hermosa, una producción muy pequeña que se llama Ciencias Naturales. Ahora nos dimos una segunda oportunidad con El casero.
¿Qué cambios y evolución notaste en su forma de trabajar?
Fueron dos trabajos bastante diferentes, porque las propuestas eran diferentes. Pero cuando te encontrás con alguien con quien querés repetir la experiencia, encontrás un lenguaje en común, sentís que te entendés y estás en las mismas búsquedas. Pasaron 10 años en el medio y los dos tuvimos experiencias y evolucionamos. Pero hay un lugar genuino de encuentro que siento que sucedió desde la primera vez que trabajamos juntos y que se sostuvo.
El casero aborda temas como la gentrificación y la herencia. ¿Qué le encontrás de positivo a visibilizar esto usando el humor como herramienta?
Para mí el humor es una herramienta para hablar de todo. Me parece que es un lenguaje que habilita. Poder contar las miserias humanas que todos transitamos, que a veces exponemos y a veces ocultamos, pero dejar expuestos los miedos, las miserias y los rencores desde el humor es una muy buena manera de manifestarlos. Uno los puede ver en uno sin sentirse agredido, se puede hacer cargo de esas cosas que lleva y que a veces retiene para que los otros no vean.
¿Encontraste en Alfonso Tort un buen par?
Sí, totalmente. Es alguien con quien se puede entrar en código muy fácil. De hecho, yo no lo conocía, nos conocimos en un ensayo. Te das cuenta enseguida de que es alguien con quien estás entendiendo lo mismo. Está a la búsqueda y a la pesca de los momentos, propone y se sube a la propuesta que puedas hacer, también. Siempre requiere eso el trabajo entre los actores. A veces sucede y a veces no. A veces es un intento de que suceda. En este caso, sucedió desde el inicio. Se habilitó mucho espacio de juego entre nosotros.
¿Hay algo de este rol que te haya parecido desafiante a la hora de interpretarlo?
No sé si al rol, sino a lo que proponía Matías, que tenía que ver con algo bastante medido desde la actuación, desde la expresividad. Yo enseguida me voy a la mierda, me veo filmada en un video familiar y siento que hay algo que se me va de expresividad. Había algo de una búsqueda de Matías, de algo un poco más pequeño desde la expresividad, más sutil. Siento que para mí ahí había todo un trabajo para hacer.
A veces el humor en la actuación se subestima.
El que lo subestima no tiene puta idea. Creo que hay una complejidad en el humor. No en el chiste, sino en el humor. Me parece que para que suceda, tienen que haber capas y complejidades a las que son muy difíciles de acceder. Son más complejas que en otros lenguajes dramáticos. La misma idea, el mismo texto, la misma apuesta con dos segundos de diferencia no tiene el mismo resultado. Me parece que es algo de relojería. Hay muchos tipos de humor diferente con relación a las sociedades. Yo me doy cuenta de que me gusta particularmente el humor inglés, pero lo veo, lo reconozco y en mí no está esa posibilidad.
¿Definirías tu humor como argentino?
Sí, hay algo en la expresividad y en los temas. A veces llega una obra de teatro, una comedia francesa que la está rompiendo, y yo la leo y digo, "a los franceses les causa gracia esto". O unos conflictos que decís, "esto es un conflicto de noruegos". Mirá qué problema, el día de la Navidad, no sé qué, no sé cuánto. Nuestros quilombos de Navidad son mucho más poderosos que si el pavo se quemó o no.
Todo lo audiovisual es donde nos contamos a nosotros mismos, donde nos vemos reflejados. ¿Cuántas cosas de nuestra historia podemos reconocer? Incluso en Argentina, en épocas de la dictadura, con todas las películas pelotudas que no hablaban de eso. Pensando en ese humor más desprovisto de la realidad que estaba sucediendo. Eso cuenta todo lo que no se estaba diciendo que estaba sucediendo. Hasta cuando no se habla de las cosas se está hablando de eso.
En este momento el cine de autor, que ha tenido momentos bastante gloriosos, tiene la dificultad de poder producirse. Hay algo de que el valor de la obra está tan puesto en el valor económico, de visión, de recaudación, y los sentidos del qué hacer se van confundiendo. Estamos en ese momento. Pero creo que algo bueno de acá sacaremos, también.
¿Hay mucha diferencia entre la actuación en teatro y la actuación en cine?
Algunos actores te van a decir que sí, otros que no. Para mí sí, pero tiene que ver con mi formación. Siento que hay un lugar de experimentación que nunca solté y no soltaré porque es eso lo que me resulta de interés en el hacer, aunque esté haciendo teatro comercial o lo que sea, hay un lugar de la experiencia en sí misma, de estar transitando eso, que es lo que me hace dar ganas de hacer cada vez.
En televisión tuviste un recorrido notable.
Agarré el último coletazo de las novelas que se hacían en Telefe, en Polka. Pude tener la experiencia de hacer eso antes de que lleguen las plataformas y se adueñen de toda nuestra ficción.
El fenómeno de las publicidades de Banco Galicia tiene años. ¿Te esperabas esta repercusión cuando comenzaste?
Si alguien te dice, "no, a mí se me había ocurrido que esto iba a ser así", miente. Con Gonzalo Suárez, el actor de la publicidad, pasó algo muy particular. Yo estaba esperando para hacer el casting, a las puteadas, porque el actor que tenía que venir no llegaba, que terminó siendo González Suárez. Yo estaba en un bar en la esquina y mis viejos me estaban cuidando a mi hijo, quien en ese entonces tenía cinco meses. Ahora tiene 17. Fue aleatorio que tuviéramos los dos el mismo turno. Lo esperé una hora con una cara de culo, después me di cuenta de que es su naturaleza.
Hicimos juntos el casting y fue como si nos conociéramos. Es muy raro salir de un casting y decir, "uy, estuvo buenísimo", generalmente es una situación poco feliz. En este caso fue así. Juan Taratutto, que es el director de la mayoría de las publicidades, convenció al cliente de que fuésemos una pareja impensada para una publicidad de un banco. No éramos una belleza normativa. Me parece que salir del molde fue lo que hizo que tuviese una llegada única e impensable. Hicimos una muy buena dupla con Gonzalo y esa decisión arriesgada que tomaron les garpó.