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Contenido creado por Sofia Durand
Música
Hoy cerré temprano

Niño Gutiérre y la posmilonga: el pulso de Tacuarembó entre el código rural y el indie pop

Agustín Rodríguez reivindica el sonido de raíz desde la ciudad, transformando la milonga en materia prima para la canción pop contemporánea.

04.05.2026 15:08

Lectura: 9'

2026-05-04T15:08:00-03:00
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Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose

Algo le pasa a Tacuarembó con la música y con el arte. No es nuevo ni tampoco se explica del todo, pero vale la pena. El semillero se ha repetido hasta el cansancio; de ahí salieron Carlos Gardel (sí, en Tacuarembó), Eduardo Darnauchans, Washington Benavides, Dani Umpi y Circe Maia, la poeta que ganó el Premio García Lorca a los 90 años y que Eduardo Galeano consideraba injustamente desconocida.

En los últimos años, el departamento del norte volvió a generar una movida que tiene nombre propio: posmilonga. Se puede describir a grandes rasgos como canciones que toman la estructura, el pulso y el guitarreo de la milonga tradicional y los cruzan con el sonido del indie y la canción pop contemporánea. Uno de los exponentes del pequeño movimiento es Tallo, también de Tacuarembó, que fusiona esos elementos y pulsos rioplatenses con el autotune. La cuestión ha trascendido fronteras departamentales y ha alcanzado a que otros artistas también se embanderen bajo el lema de la posmilonga, como Mirá Ro —oriunda de Minas—, quien ha grabado varios EP, que fluctúa entre las presentaciones en vivo a guitarra y voz (por momentos también implementando el autotune) y las que se acercan más al género urbano y al trap.

Foto: Felipe Pérez

Foto: Felipe Pérez

Niño Gutiérre es el proyecto del cantautor Agustín Rodríguez, que puede verse en formato solista de guitarra y voz o como banda junto a Anibal Benítez, Lucas Giordano y Juan Chino Fernández.

La mayoría de los integrantes de este movimiento nacieron en Tacuarembó, pero están radicados en Montevideo. Esa tensión entre el origen y el presente urbano impregna todo lo que hacen, como si izaran esa bandera y jugaran con la idea de reivindicar su lugar de origen en otras partes del territorio.

Agustín se escuda bajo el nombre artístico de Niño Gutiérre. Se encuentra haciendo como una especie de gira presentación de Hoy cerré temprano, su último EP, y toca bajo el lema de “Código Rural”.

Comenzó con la primera sección el pasado 13 de marzo, bajo el subtítulo de “Disposiciones generales”, un ciclo de shows mensuales en la Cervecería Punto Rojo: una vez por mes, hasta el final, como dice él. Sin más aclaraciones sobre qué final. Puede ser el del ciclo, el del año o el de algo más difuso. En Gutiérre, esa ambigüedad no parece descuido, sino intención. Para describir lo que pasa en esas noches, recurrió a una lista que funciona como poema sin querer serlo: “Luces, parlantes, guitarras, alambres, corriente, invitados, hornos, animales, agua y cercos”. Puede que sin ser consciente haya condensado su universo en diez palabras: lo eléctrico y lo orgánico y lo doméstico y lo salvaje conviviendo en el mismo escenario. En la primera sección, el invitado fue Tallo. En la segunda, durante abril, contó con la participación de Charlie Cromo. Todas las secciones cuentan con invitados sorpresa.

Piba de Barrio

El recorrido discográfico de Gutiérre arranca en mayo de 2020 con Tres milongas, su primer trabajo, en el que ya aparece la columna vertebral de todo lo que vino después. Ahí está “Milonga que no es milonga”, que funciona casi como un manifiesto involuntario: “Milonga te estoy haciendo / y por más que no estás viva / de a poco te estás muriendo. / Sos pura melancolía / vestida como milonga”. No es difícil leer ahí una declaración de intenciones: música de raíz que sabe que su forma original está cambiando, pero que igual insiste, que convierte esa melancolía en materia prima.

En enero de 2021, llegó Dos caminos, con esa portada en la que se lo ve a Gutiérre fotografiado por Aníbal Benítez, ajustándose el sombrero en medio de las vías del tren con una bicicleta tirada en el costado. En este, amplió el registro y mostró canciones como “El verano aquel” y “Oda al pari”, donde la melancolía convive con el humor y lo cotidiano sin que ninguno de los dos le gane al otro.

En 2022, según la plataforma Bandcamp, sacó dos singles sueltos: “Yo rompí” y “Ya va a cambiar”, una suerte de “punchi’” bailable y oscura que en vivo (a guitarra y voz) cambia radicalmente de intención y se torna mucho más introspectiva y atronadora. Ambas funcionaron más como apuntes que como declaraciones. Fue con Una guitarra (2023) que el proyecto encontró su forma más definida hasta ese momento. Canciones como “Piba de barrio” —un cover de “Common People”, de Pulp— o “Paak” mostraban un ida y vuelta capaz de moverse entre el humor ácido y la melancolía sin perder el hilo. En “Jorciniana” aparece otro de sus registros más potentes: “La ciudad es un campo oscuro / y la luz son recuerdos tuyos”. Esa imagen de la ciudad como campo, del campo como ciudad, resume bien el lugar desde donde escribe.

El EP Hoy cerré temprano, lanzado el 12 de noviembre de 2025, tiene cinco canciones y dura 16 minutos con 28 segundos. En su portada se ve a un hombre escuálido cebando mate con la mano derecha y sosteniendo un cigarrillo en la izquierda. El humo del agua caliente se mezcla con el del tabaco y congenian con el blanco y negro de la fotografía tomada por Waldo León.

Fue grabado en diversos lugares. Orbitaron entre la casa del propio Gutiérre, la de Luis Viana y de Rostro (Rodrigo Gambetta), todos de Tacuarembó. Estas participaciones, según Gutiérre al ser consultado por LatidoBEAT, le aportaron cierta profesionalidad a las grabaciones. Esto significa que las guitarras pasaron por “buenos amplificadores y buenos micrófonos” y que grabaron baterías reales. Esto tiene un efecto a favor para Gutiérre, acostumbrado a las grabaciones electrónicas, a pasar las guitarras con el micrófono apuntando a la caja de la guitarra o por línea, mediando con una interfaz.

Fue producido por Gutiérre junto a Viana, quien estuvo en las guitarras y en el xilófono, y Gambetta. Este último también tocó algunas guitarras, el bajo (junto a Lucas Giordano), la batería y la mandolina. Es su trabajo más reciente y el que mejor sintetiza hacia dónde apunta el proyecto. El título viene de una de las canciones del disco, que arranca así: “A golpes, hoy cerré temprano / me lo fui fumando / miré al fondo y pasé llave”. Esa imagen de cerrar temprano, de correrse del ruido, de pasarle llave a algo que no funciona, recorre el disco entero. No es escapismo: es una decisión de tomarse el tiempo para ver mejor.

Foto: Felipe Pérez

Foto: Felipe Pérez

El 38 y las balas

Las cinco canciones son “Milonga de Jesucristo & Magdalena”, que pareciese estar dedicada a Aníbal, su baterista, quien también se dedica a la reparación de bicicletas. “Cuando hablé de Chamberlain”, una canción en inglés a dúo con Luisa (Sofía Zorrilla), quien también estuvo detrás del trabajo de la letra junto a Gutiérre, Diego Silva Piedra y Marcelo Xavier. “La página vacía”, “Hace días”, en la que el punteo muteado sobre las cuerdas deja que la canción funcione como un mantra a capella hasta la aparición de baterías electrónicas junto a tímidos y a la vez rabiosos rasgueos estáticos y lo que pareciese ser bajos 808. Luego aterriza en “Macachines”, quizá la más ambiciosa del lote: narra en cuatro fechas que van hacia atrás —10 de abril, 6 de abril, 4 de abril, 3 de abril—, una huida que mezcla el paisaje rural, la persecución y la violencia política con imágenes que van de las serpientes a los cerros y los lagos, hasta rematar en un personaje que agarra una guitarra, un 38 y las balas, y deja una carta escondida en el libro más tirado. No es difícil rastrear cierta tradición de la canción de raíz rioplatense que habla del monte como refugio y como peligro al mismo tiempo. Pero, a su vez, emergen y dialogan elementos del gótico sureño norteamericano. El personaje es Agustín, al igual que el cantante. Los milicos golpean en la casa de enfrente preguntando por él mientras las patrullas cubren la calle como un jardín. El narrador se pone en primera persona y la voz empieza a rasgarse como quien agoniza y corre detrás de las palabras.

Gutiérre se ha presentado en varios lugares, como en el festival Tacuanoise, donde compartió escenario con Julen y la Gente Sola, Julia Lunar e Incluso si es un Susurro Soviético. En la edición montevideana del festival, en agosto de 2025 en la Sala Rincón, tocó en la misma noche que El Nota, el músico argentino del oeste al que en otra ocasión para este medio comparamos con Cameron Winter: artistas que oscilan entre el humor y lo desgarrador, entre lo absurdo y lo genuinamente conmovedor.

Su sitio web, construido en Neocities con una estética de internet de los 90 que parece deliberada, tiene secciones de letras, acordes y galería. La sección “Quién?” está escrita en un formato fragmentado, casi como un texto partido a propósito, donde aparecen palabras sueltas: “Contemporánea Tacuarembó canción milonga mezcla proyecto Gutiérre formato centro recibió sonido mantiene premios electrónicos bajo nació niño canciones raíz hoy una convive cantautor solista caminos trilogía”. Suena como a tecleo deforme, sin ganas y sin una coherencia estricta: es una forma de presentarse que dice bastante sobre el tipo de artista que es, o lo que busca exponer, uno que prefiere que la música hable y que el resto quede flotando sobre el aire de manera incompleta, como una letra a medio terminar.

Código rural

El ciclo Código Rural, en la cervecería Punto Rojo, es una invitación a zambullirse en un universo que mezcla tantas estéticas como ideas e intenciones. Un ciclo propio, en un espacio propio, con un nombre que quizá logre, de manera parcial, condensar todo lo que es el proyecto: algo rural presentado como sección, como si fuera una columna de diario o un capítulo de un libro. En esa lógica de entregas periódicas, si bien se trate de secciones como lo dicta aquel primer código rural aprobado en julio de 1875, hay algo que recuerda más a un escritor que publica por fascículos que a un músico que da conciertos. El próximo se realizará el viernes 8 de mayo bajo el subtítulo de “Patrones, peones y agregados”. Cerrás temprano, pasás llave y, al mes siguiente, volvés a abrir.