Niña Tormenta, cantautora chilena: “Lo que menos necesitamos es más contenido”
Este viernes a las 21 horas se presenta en Fantástico 1490 (Colón 1490) junto con Fabrizio Rossi y sus Recuerdos de Uruguay.
Por Gerónimo Pose | @geronimo.pose
Antes de ser Niña Tormenta, la chilena Tiare Galaz pasó años trabajando en gestión cultural y producción, moviendo shows ajenos. En el medio formó parte del colectivo de acid jazz Júpiter Jack, que mezclaba funk y soul, y en el que estuvo en la voz en el 2005. El ukelele llegó en 2012, regalo de su entonces pareja, y con él las primeras canciones. Asumió su álter ego en 2015, pero igual mantiene trabajos en paralelo: desde hace dos años, en una fábrica de discos de vinilo. Y este viernes se presenta en Montevideo junto con Fabrizio Rossi, fundador del sello independiente Feel de Agua.
Niña Tormenta empezó tocando en shows de otros (acompañando a Diego Lorenzini), fue subiendo canciones a YouTube, y Loza, su debut de 2017 que gira en torno a un plato de cerámica de Penco, le valió el premio Pulsar a Mejor artista revelación. Las cosas lento (2023) tardó seis años en llegar, tres de ellos para grabarse: el proceso arrancó en 2020, junto con el productor Arturo Zegers, entre una cabaña en Punta de Tralca y el Estudio 050 de Molco, en Villarrica, grabando cada base en cinta. Y si hablamos de cintas, “Cintas lentas”, la canción que abre el álbum, salió de un descarte a partir de unas grabaciones de chelos que grabó Alfonsina García para otro tema, que Zegers agarró y pasó por cinta a baja velocidad nomás para probar. Se lo mandó a Galaz, y ella casi que instantáneamente dijo que eso iba de intro en la canción.
Entre uno y otro trabajo, sus canciones aparecieron en 42 días en la oscuridad, la primera serie chilena de Netflix, y en la musicalización de Moscas sobre el mármol en el Teatro Municipal de Las Condes.
Niña Tormenta actúa entonces en Fantástico 1490 junto con Rossi —quien tocará con Lucas Meyer, Gabriela Escobar, Francisco Trujillo, entre otros— y las entradas se pueden conseguir a través del 099 022 513.
Antes, LatidoBEAT conversó con ella.
Antes de hacer canciones te dedicabas a la gestión cultural.
Niña Tormenta (NT): Sí, yo estudié gestión cultural y siempre he trabajado también de eso, como productora independiente, ahí como en dirección creativa de proyectos. Y claro, antes de empezar a hacer música y dedicarme a hacer canciones y tocar, estaba más trabajando solo en eso. Entonces me hizo sentido tener un nombre distinto para lo que fuese relacionado con las canciones y con la música. Así empecé a usar Niña Tormenta, medio sin pensarlo tanto, y de eso ya pasaron 10 años.
Igual, ese ukelele que te regalaron no fue la primera vez que te acercabas a la música, porque vos formabas parte de Júpiter Jack.
NT: Formé parte, pero fue la primera banda en la que participé, estando muy chica, más como a los 19 años. Pero ahí no hacía canciones yo, era cantar las canciones de otra persona.
Pensaba en tu primer disco, Loza, que era algo tan doméstico y con atención al detalle cotidiano. También pasaron casi 10 años, ¿seguís encontrando canciones en esos disparadores pequeños?
NT: Últimamente no me ha pasado así con objetos cotidianos, pero sí me pasa con las imágenes. Siento que lo que voy escribiendo son cosas muy visuales, descripciones de paisajes o recuerdos. Eso es algo que me inspira harto.
Como en la canción ‘’Flor de Lavanda’’, de tu último disco, que parece un ejercicio de contemplación directamente.
NT: La contemplación diría que es de las cosas que más me inspiran en general. Estar en un espacio de contemplación de un paisaje natural idealmente, pero como vivo en la ciudad, a veces la contemplación viene de lo cotidiano: el ritmo de la vida, lo que la gente dice, todo eso te va disparando cosas.
Niña Tormenta. Crédito: Aaron Castro
Ese último disco, Las cosas lento, tomó seis años de composición y tres de grabación. En un momento donde se empuja a saturar de contenido al público, ¿sentís que fue una respuesta a esa presión?
NT: Sí, totalmente. Es un refuerzo de darle cabida al ritmo propio para hacer las cosas. Intenté tomarme el tiempo que necesitara para hacerlo bien y de una manera que a mí me hiciera sentido, más allá de metas o tiempos de entrega a los que en el fondo a nadie le importan mucho. Lo que menos necesitamos es más contenido. No hay una urgencia real más allá de mi urgencia creativa por desarrollar una idea de la mejor manera posible y disfrutando del proceso. Al final lo que te queda es el tiempo que le dedicaste a hacer el disco.
Encontrás más disfrute en el proceso de composición que en la posible repercusión que pueda tener el disco.
NT: Sí, la verdad es que sí. Lo que viene después de lanzarlo está lindo, sobre todo tocar en vivo, compartirlo y recibir comentarios de músicos que admiras. Pero si tengo que elegir, me gusta mucho más componer y grabar. Tocar también lo disfruto, pero la parte de producción, difusión y exposición pública requiere de mí una energía distinta. La energía de componer en casa o en soledad e intimidad me gusta más, es estar hacia adentro. Trato siempre de ir nivelando y dar espacio para cada cosa.
Tocar en vivo pone a prueba esa idea del tiempo, de la lentitud, porque no hay edición ni segundas tomas. ¿Te obliga a negociar con esa filosofía o el escenario es un lugar donde te es fácil sostenerla?
NT: Tocar en vivo implica la conexión con otras personas. Le pongo mucha atención a rodearme de un equipo de trabajo que quiero mucho y con el que me siento en confianza, lo cual ha sido fundamental para que esa parte tenga su propio ritmo con las menores presiones posibles.
El hecho de conectar con las personas que te rodean.
NT: Sí, claro. Trabajar en colaboración con otros artistas y amigos le da todo el sentido a continuar haciendo. Es encontrarse en un espacio de creación colectiva donde se pone en juego la visión de cada uno para desarrollar una idea común.
Niña Tormenta. Crédito: Carolina Acosta
En un momento dijiste que hacer música para la serie 42 días en la oscuridad o para la obra de teatro Moscas sobre el mármol fue distinto a componer para tus discos porque tenías que acompañar historias o personajes ajenos, algo así como interpretar canciones de otros. ¿Encontraste una suerte de contemplación distinta para acercarte a la canción?
NT: Sí, es como un músculo. El impulso no es tan íntimo, hay una dirección y un guión, algo más narrativo. Pero en esas dos experiencias, de todas maneras conecté con algo personal. Mientras trataba de musicalizar una historia ajena, igual había un hilito emotivo conectado con algún recuerdo personal para sacar ese material; es como si fuera un color que uno tiene adentro. Es una forma de aproximación que me funciona para darle peso a las cosas y no vincularme de manera distante. Fue un ejercicio de oficio gratificante poder atravesarlo y ver que sí podía hacerlo, porque al principio tenía ese miedo o presión por no haber hecho nunca algo así. Cuando lo entregas, funciona y a la gente le gusta, queda la gratificación de haber atravesado ese proceso creativo.
Claro, atravesar el miedo a hacer algo por primera vez. ¿Te costó en algún momento resistir la tentación de que la canción terminara hablando de vos en vez de hablar de algo puntual que sucediese en escena o en la serie?
NT: No, porque en realidad las canciones no hablaban de ningún personaje, eran más una musicalización de espacios. En 42 días había que hacer una canción para el final de la serie que conectara con una emoción y con las imágenes, lo que permitía colar cosas no tan literales del guion. Por ejemplo, la canción de 42 días en la oscuridad habla sobre una muerte y sobre el duelo en general. Yo la conecté con mi duelo particular más personal y fuerte, que es la muerte de mi padre. Ese fue el material íntimo que usé en algunas frases, y venía muy bien para cerrar una historia que habla sobre la pérdida.
Hablamos antes de colectivos, formás parte de Uva Robot. ¿Cómo fue que te integraste a ellos?
NT: Al empezar a hacer música conocí a Diego Lorenzini, que empezó este sello. Empezamos a colaborar, a hacer conciertos y nos hicimos muy amigos. Diego fue el primero que me dijo que tenía que grabar mis canciones y fue el productor de mi primer disco, Loza. A partir de eso empezamos a colaborar mutuamente, sumando a más gente al colectivo. Se dio algo muy bonito de estar todos en el mismo momento compartiendo primeras canciones y armando nuestros propios espacios para tocar música acústica en Santiago, que requería contextos más silenciosos. Pasaron diez años y seguimos colaborando entre nosotros con mucha amistad y admiración.
Me hablás de esos espacios que empezaron a crear, ¿cómo es tu vínculo con el público a la hora de presentarte en vivo?
NT: No tengo una forma definida, depende de las circunstancias. Cuando hago conciertos míos trato de generar un espacio de intimidad, silencio y contemplación. Me importa mucho la elección de los lugares y contextos; le digo que no a cosas que sé que no van a funcionar para mi música.
Eso es parte de trasladar las ideas del disco y ponerlas en acción.
NT: Claro, sí, totalmente.
Niña Tormenta. Crédito: Carolina Acosta
Hablando de presentaciones en vivo, esta no va a ser tu primera vuelta por Montevideo.
NT: No, esta ya es mi tercera vez en Montevideo, la tercera vez que vengo a tocar. También había venido una vez antes de vacaciones.
Siempre a través de Feel de Agua.
NT: Sí, todas las veces que he venido, he venido como por invitación y por ahí cruce de amistad y de música con los chiquillos de Feel de Agua y en especial con el Fabri [Rossi], que nos conocemos ya hace varios años y hemos hecho varios cruces ahí de ida y vuelta a nuestras ciudades. Entonces siempre es muy lindo porque de alguna manera nos hemos ido acompañando ahí en el quehacer musical a distancia y cada tanto nos podemos inventar alguna excusa para encontrarnos. Yo siempre digo que es como volver a alimentar la amistad y cultivar ahí la amistad que nos une que ha sido muy linda durante todos estos años.
Y tocan juntos este viernes.
NT: Vamos a estar compartiendo algunas canciones con Fabri, sí, voy a tocar algunas canciones solas, algunas canciones con él. Por su parte, Fabri va a estar tocando canciones con toda la banda que son muchos amigos músicos de Feel de Agua, compartiendo arreglos y voces y también probablemente hagamos un cruce con la banda de Fabri haciendo alguna canción mía. Se va a dar ahí una situación bien íntima y de cruce musical que yo creo que va a estar bien especial. El lugar se llama Fantástico y es un lugar muy lindo donde se hace danza, como bien de madera.
Aprovecho para preguntarte ¿estás grabando, o todavía estás en el tiempo de reposo después de Las cosas lento?
NT: Una de las razones que me trae acá, a Uruguay, es la idea de hacer un primer registro de algunas canciones nuevas que tengo, grabarlas ahí con Fabri en su estudio, que también es algo que veníamos conversando y como anhelando hace tiempo, el hecho de poder grabar juntos. Ya hemos tenido algunas grabaciones que están ahí guardadas, pero queremos escucharlas. A mí me gusta mucho el trabajo de producción que ha hecho él, tanto con otra gente como en su música, particularmente en su disco Recuerdos de Uruguay. Me parece que es muy hermoso su trabajo en la búsqueda del sonido, que es algo como muy particular, medio fantasmal, que también tiene que ver con el trabajo con la grabación en cinta, que también me interesa mucho.
Incluso has grabado algunas cosas en cinta…
NT: Claro. Entonces vamos a hacer algunas grabaciones. Básicamente mi próximo disco va a partir acá en Uruguay. Todo esto me tiene muy entusiasmada, me hace mucho sentido tener un registro aquí de estas canciones nuevas y también un registro aquí de este cruce artístico y de amistad que tenemos con Fabricio. Eso también era parte de la idea y de lo que motiva y la excusa que me trae acá a visitar a los chiquillos, a visitar a Fabricio y a los amigos de Feel de Agua.
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