Por Catalina Zabala
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El surf tiene varias maneras de entenderlo, lo que genera discusiones en su entorno. Para algunos es no solo un estilo de vida, sino una forma de entender el mundo. Una serie de códigos compartidos que alcanzan su mayor esplendor en el agua, y que su conjunto de normas configuran un deporte como una simple consecuencia. Para otros, en cambio, todo esto es un romanticismo exagerado de una disciplina deportiva inventada hace muchos años. Que permite competir, progresar y evaluar a quien lo practica con un sistema de puntos.
Nicolás Albano practica surf de manera libre, no compite. Su experiencia en la disciplina lo llevó a entender desde su infancia que no se puede domar el agua. Que la naturaleza es la que impone las reglas, y el humano el que se adapta. Nicolás es fotógrafo, y su lente siempre mira al océano. Con sus fotos intenta plasmar esta filosofía, mostrando al surfista como un simple acompañante de la mística que se genera el agua por sí sola.
Recientemente expuso sus fotografías en el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA), acompañando la proyección del documental Antártida- Dominio Uno (2026), dirigido por Joaquín Azulay y Julián Azulay. En conversación con LatidoBEAT, conversó sobre las experiencias que lo llevaron a descubrir su vocación, su metodología de trabajo y su entendimiento del deporte.
"Listmus", Nicolás Albano
¿Cómo fue tu acercamiento a la fotografía y al océano concretamente?
Mi relación con el océano comenzó desde muy chico, y más que nada fue con el mundo de la pesca. A mi padre le gustaba mucho todo eso y de a poco me fue transmitiendo su conocimiento, que hizo que yo tomara mucha más consciencia de todo lo que nos rodea. Empecé a fijarme en cosas que en el día a día quizás no notamos con tanta facilidad. Apareció un mundo nuevo por descubrir que venía en relación al clima, a los vientos, a la temperatura, a la posibilidad de acercarme con la intención en esa época de pescar, entonces tenía que adaptarme a ciertas cosas para cumplir con el objetivo. Todo eso me llevó a tener conocimiento sobre todo lo relacionado al mar, al comportamiento del océano. Empecé a prestarle un poquito más de atención y a moldear mi vida en relación a eso.
¿Tu fotografía siempre estuvo relacionada al océano?
Yo me formé como licenciado en Diseño Gráfico, y ahí fue naciendo ese gusto por la parte estética y el poder comunicar lo que entendía que estaba leyendo o viendo en mi día a día. Me empecé a relacionar desde ese lado. No solamente desde el océano en sí, sino también por la parte de transmitir vivencias que entendía que eran increíbles, que me llamaron mucho la atención y me gustaban. Más que nada porque se salían de lo normal, de lo que estaba viviendo en ese momento en el día a día. De alguna manera entonces conecté por ese lado, por la parte estética y de comunicación. A partir de ese momento, cuando me di cuenta de eso, empecé con diferentes tipos de proyectos que sí tenían mucho que ver con el océano y con el deporte. Se produjo una simbiosis entre el deporte que me gustaba, que era el surf particularmente, y el hecho de que me encantaba todo el entorno que rodeaba al deporte. Esa simbiosis hizo que esas dos cosas que están buenas se potenciaran y empezara a trabajar toda una línea más de búsqueda de la introspección, de la reflexión de los momentos, de la soledad y el entendimiento. De lo fina que es la línea en la que estamos sumergidos cuando hablamos de eventos climatológicos o de situaciones que hacen a que cada cosa que luego va a dar un resultado en una fotografía sean las indicadas para poder lograr el objetivo.
Fotografiar el agua tiene un montón de desafíos técnicos particulares. ¿Cuáles dirías que son los principales retos a la hora de dedicarte a esto?
Está muy buena la pregunta, porque sí. A mí me gusta registrar todo tipo de evento que tenga que ver con el océano, ya sea desde adentro o desde afuera del agua. Cuando es desde adentro la experiencia es muy diferente, porque estamos en un 99% inmersos en un medio que no es el que estamos acostumbrados, o al menos la mayoría de las personas. Eso demanda toda una preparación que no tiene que ver solo con la parte técnica de conocimiento del oficio de la fotografía, sino que además tiene mucho que ver con una parte de preparación mental, de entendimiento, de soltar, de entender que no tenemos el control de absolutamente nada más allá de poder apretar un botón y lograr una fotografía. Eso pertenece a todo el plano de la razón, pero si queremos entrar en medios como puede ser el océano a tomar fotografías, tenemos que ser aptos para trabajar otros medios que no tienen nada que ver con el control ni con la razón, justamente en otro plano. Un plano más subconsciente, más reflexivo, más introspectivo, de entendimiento y de aceptación. De ver que no somos nada ante todo lo que nos rodea, y jugar desde el plano del no control. De ver cómo el entorno en el cual estoy sometido de alguna manera me mueve y me presenta ciertas situaciones que yo tengo con esta herramienta de este plano y lograr concretarlo. Cuando concretamos algo que sale de lo que a nosotros nos llama la atención del día a día, adquiere una luz particular que hace que trascienda lo que nosotros estamos haciendo en este medio. Esa es la preparación que uno hace para lograr algunos resultados que hacen la diferencia, o que intentan comunicar otras cosas.
"Viaje cuántico", Nicolás Albano
Además de fotografiarlo, vos practicás surf.
Sí, yo llego a esto a través del surf más allá del gusto por la pesca, que fue el legado que me dejó mi padre. Después, con los años, empecé a ver que lo que me llamaba la atención era el hecho de estar conectado a través de una herramienta como es la tabla con el océano. Empecé surfeando, y ahí comencé a entender ese mundo que me elevaba de una manera en la que nada en el planeta Tierra lograba elevarme. Ahí comencé a convivir con esos elementos que hacen que hoy me dedique al registro de la fotografía. El surfing fue todo, fue el trampolín a esta posibilidad.
¿Qué te aportó la práctica del surf a la hora de fotografiarlo, conociendo su funcionamiento desde dentro?
Sí, esa es una gran verdad y está muy buena. En realidad me ha aportado diferentes cosas en diferentes etapas de la vida, y en todas tuvo sentido lo que pude lograr ver. El aporte es infinito, y también lo que vemos depende del estado de consciencia en el que estamos. Cuando vemos algo es cuando nos damos cuenta de que eso nos llega y significa algo. Me aportó desde muchos lados, pero sobre todas las cosas me hizo darme cuenta de qué era lo que yo no quería hacer. Qué era lo que no quería reflejar y con lo que no me quería sentir identificado.
De alguna manera, a lo largo de muchos años de trabajo en la fotografía de surf, empecé a buscar una línea de trabajo que no se identifica para nada con el ego de las personas. Trasciende lo que alguien puede mostrar en una tabla, y llegamos a un estado en el cual va mucho más allá y conecta con todo lo que nos rodea. Por eso es que yo digo que mi trabajo tiene al surf como coautor y no como protagonista, más allá de que se puedan ver en mis fotografías tablas en escena. Me parece que lo más importante es lo invisible a los ojos, como decía El Principito, lo esencial. Eso hace que estemos puestos en ese medio y que después, con las herramientas que tenemos, sean las que sean, podamos lograr captar algo que transmita una inspiración a una persona que lo ve, por decir algo.
¿En qué te centrás a la hora de definir dónde hay una foto, dónde hay algo para capturar?
La suerte que tengo de trabajar en esto o de desarrollarlo —no sé si llamarlo trabajo, porque amo lo que hago, me hace sentir bien y me carga de energía—, está en que es un medio en el que no existe el control, no está la posibilidad de definir qué vas a hacer antes. Es probable que te levantes una mañana con una intención, o que te vayas a dormir pensando en que te gustaría hacer determinada fotografía porque viste de referencia una persona, un fotógrafo o lugar, pero al otro día, cuando te levantás, suceden tantas cosas que es casi imposible pretender hacer una fotografía específica. Capaz que solamente el querer hacer un tipo concreto de fotografía te lleva a darte cuenta de que era la foto que no querías tomar. Capaz ahí entrás a buscar otras cosas, o en esa misma búsqueda aparecen cosas nuevas. Y eso es lo lindo, lo dinámico y el no control de la situación hace a la magia. De golpe, con determinadas cosas que sucedieron aparecieron otras que nunca te hubieses imaginado, y eso creo que lo transforma en arte.
"Manifiesto", Nicolás Albano
Has trabajado por contratación para varios eventos relacionados a esta temática. ¿Te gustaría destacar alguno en particular?
Yo tengo 47 años, y a lo largo de mi vida he trabajado en todo tipo de eventos deportivos y relacionados al surf como relacionados a cosas sociales, he hecho todo tipo de fotografía. A la hora de rescatar algo de mi carrera, rescato el tiempo que he estado atrás de esto en la búsqueda. El hecho de estar siempre en la búsqueda hace que uno se sienta que hay cosas por lograr y deja en pausa eso de sentirse que se realizó. Cuando uno se realiza el motor de la vida y de la creatividad se enlentece, y es más difícil conectar con cosas que a uno lo pongan manos a la obra. Me parece que todo lo que he atravesado a lo largo de estos años de fotografía que tengo hacen que siga entendiendo por dónde es el camino al que tengo que ir. No resaltaría nada, porque todo hace a lo que hoy soy. Todo tiene el mismo aporte.
¿Tenés alguna anécdota o aprendizaje concreto que destaques?
He tenido muchas situaciones que me han llamado la atención a lo largo de los años haciendo cosas, pero creo que todas suceden para entender que los niveles de consciencia a los que uno llega son con base en las experiencias y no con base en situaciones brutales o que llamen mucho la atención. Simplemente son cosas que depende de cómo las tomes vos, vas a poder evolucionar o quedarte en la misma.
Hace poco expusiste en el MACA. ¿En qué contexto fue y cómo se dio?
Sí, fue una oportunidad que se me dio a través de unos chicos que se llaman Gauchos del Mar. Ellos vienen haciendo exploraciones desde muchas partes del mundo. En este caso vinieron a presentar una película que se llama Antártida- Dominio Uno acá en Uruguay, y me invitaron a ser parte de su evento con mi fotografía. Por supuesto que les dije que sí, y estuvimos trabajando junto a ellos dentro del Museo de Arte Contemporáneo y fue todo increíble. Se expusieron 10 obras de gran formato a cielo abierto, de 1,80 x 1,20 metros, y la verdad que tener una mirada que va más allá del documental en sí le dio un valor agregado al evento, que obviamente se llevó todos los premios. Lo importante de la noche era el documental, yo estuve ahí acompañando.
Foto: Nicolás Albano
Existe toda una discusión en torno al surf como estilo de vida o como deporte. ¿Cómo te posicionás vos? ¿Lo considerás un deporte como tal?
En realidad lo que es el surfing empezó como un deporte pero también como un estilo de vida. Ahora por ejemplo hay toda una situación en torno a la venida de la piscina con olas. Antes era algo que dependía del conocimiento, de la intuición. A día de hoy lo sigue siendo, por supuesto, y el que tiene ese conocimiento se va a despegar por sobre todas las cosas de todo el resto. No solamente por lo que uno pueda explicar a nivel físico, sino por el entendimiento mental de la situación. Creo que el que conoce y domina esa materia va a poder surfear en cualquier parte del mundo, en todos lados. No creo que sea así con una persona que comienza a aprender la disciplina en una pileta con olas, porque ya es un medio más controlado. El hecho de que sea más controlado hace que tus caminos neuronales para el entendimiento de la situación sean otros. Cuando eso siempre es igual y se repite como una fórmula, el día que salgas de esa situación y te enfrentes a condiciones que nunca en tu vida viste no vas a saber cómo reaccionar. Me parece que la base y la madre del aprendizaje está en la naturaleza y, por lo tanto, en el océano. Después, cómo se mide y cómo se juzga, ya sea por jueces o por situaciones que tienen ciertos tipos de criterio para ser juzgados, eso es otra cosa que se va a ver en relación a lo que se busque analizar. Ver si se hace bien o si se hace mal, como puede ser en la gimnasia olímpica, por ejemplo. Pero eso va a depender mucho de esa situación en particular.
¿Qué opinás sobre la piscina con olas?
No me cae mal. Entiendo que son cosas totalmente diferentes y que, en el punto en el que estamos de la evolución del ser humano y del mundo en sí, no nos queda otra que darle la bienvenida y tratar de adaptarnos para poder disfrutarlas. No deja de ser una parte más del espectro. Si antes se hablaba de la tabla larga o la tabla corta, ahora se habla del control de las olas en una piscina. Me parece que eso suma y le da un plus a todo lo que tiene que ver con la evolución de la disciplina del surf como deporte, por sobre todas las cosas, pero además también como estilo de vida. Entiendo que no viene desde la pureza de la creación y la emancipación del deporte, del estilo de vida, de la tabla, de la ola, de la luna, de las corrientes y las mareas. Pero hoy en día existe, no queda otra. Hay que entenderlo como tal, está buenísimo que suceda, pero no somos todos iguales. Hay gente que está preparada para enfrentar esa situación y gente que no, y creo que en el entendimiento, en la reflexión de que eso existe y un abrirse a eso, está el crecimiento personal de no cerrarse a algo que viene para quedarse.
Creo que ahí es donde está la mayor apertura y lo que hace que uno evolucione como persona. Hay que entender todas las caras de las cosas, el que no ve la otra cara es porque es ciego de alguna manera. Todo tiene varias caras y está buenazo, porque nos está sucediendo. Tenemos que estar abiertos. Después cada uno está en su búsqueda. No tenés por qué ir a surfear sí o sí a la piscina, podés seguir surfeando como quieras y tampoco tenés por qué surfear como siempre si hay una piscina. Todo está bien.
Por Catalina Zabala
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