Por Catalina Zabala
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Los Pericos, Los Cafres, Dread Mar I, La Zimbabwe, Nonpalidece. Al margen del camino recorrido por la locomotora del rock argentino, el reggae siempre estuvo ahí, quizás más silencioso. En forma de bandas o proyectos musicales que le escapaban a las guitarras ruidosas, perseguían otra cosa. Porque no fue una elección alternativa solo en términos musicales; como pasaba hasta cierto punto con el rock, el reggae ofrecía un estilo de vida. Una forma de mirar el mundo. Una cosmovisión traída de Jamaica que encontró en Argentina un terreno bastante fértil para ser desde los 80, y que resiste a pie de cañón.
Según Néstor Ramljak, su líder, Nonpalidece se cautivó con el reggae a través de Bob Marley, el cannabis y las ganas de hacer música. No habrían sido ellos mismos sin alguno de estos tres componentes.
La primera experiencia de Néstor en la música fue en la vereda opuesta, junto a Valium. Una banda juvenil de hard- rock que buscaba saciar sus inquietudes artísticas como varios adolescentes de Tigre, según contó para LatidoBEAT. Hoy, a seis meses de cumplir 30 años, Nonpalidece lanzó la versión en vivo de su álbum Hecho en Jamaica (2024). Un álbum de colaboraciones en el que destacan nombres como Emiliano Brancciari o Fito Páez. Siguen con ganas de más, y se presentan este 17 de abril en Uruguay, en el Montevideo Music Box. Las entradas se encuentran disponibles y pueden adquirirse aquí.
Se mantuvieron durante 30 años de carrera en el reggae, un género lleno de particularidades.
Este 2016 cumplimos 30 años, pero no lo estamos anunciando mucho. Como es una celebración grande y estamos planeando un disco, preferimos informarlo más entrado el año. Oficialmente cumplimos 30 años en septiembre, los 25 los cumplimos saliendo de pandemia y no le pudimos dar el marco que quizás hubiésemos querido darle. Terminamos haciendo el disco Hecho en Jamaica alrededor de los 27 años de banda. Fue la excusa de no haber podido celebrar los 25, que terminó congeniando en grabar este disco. Es un disco de featuring, pero no estaba planeado para eso. El condimento más fuerte era la idea del irse a otro país. Cuando surgió lo de Jamaica cerraba todo, y después empezaron a pasar cosas.
¿Cómo fue elegirlo en sus inicios y qué mutaciones atravesaron?
Nosotros somos amigos del colegio, cuando éramos chicos compartíamos el aula en Secundaria. Entre los 15 y 18 años se dio una particularidad, y es que había muchas banditas. No sé si estaba de moda armar bandas, pero estamos hablando de una época preinternet, donde quizás consumíamos vinilos, CDs y cassettes. Teníamos banditas de rock e intentábamos llevar nuestras influencias a esos ensayos. Pero en un momento, descubrimos el audio del reggae. Ya éramos más grandes; empezamos a salir con Facu, el bajista de la banda, nos chocamos con el género y nos despertó la curiosidad por el audio, porque nos pareció muy diferente a lo que veníamos escuchando o habíamos tocado hasta el momento en estas bandas.
El audio del reggae nos pegó muy fuerte, y empezamos a ensayar a ver si nos salía o qué nos pasaba con eso. En un momento también descubrimos la marihuana; el reggae tuvo una entrada en nosotros con Marley, con el cannabis y con las ganas de hacer música. Lo que siento que mutó quizás fue haber decidido casi de entrada tener una personalidad con respecto al proyecto y corrernos de los clichés del género, que poco tienen que ver con una idiosincrasia porteña ni argentina. En ese sentido, las letras estaban ancladas en nuestros problemas, en nuestra visión de lo que atravesábamos como sociedad o globalmente, pero con una mirada genuina de un grupo de chicos de Tigre.
En cuanto al género, atravesó un momento de mucha exposición; por lo menos acá en Argentina, allá entre el 2006 y el 2011. Creo que eso decantó un poco; actualmente algo que puedo decir yo como músico de Nonpalidece que viaja mucho por el país y por la región, es que hay proyectos buenos en todos lados. En todo el país hay bandas que están arrancando o que están un poco más consolidadas inspeccionando el sonido, dándole su propia identidad. En esa búsqueda creo que puedo asegurar que el reggae goza de buena salud, aunque a mí personalmente me falta la banda sub 30 que me despeine un poquito. La mayoría de los proyectos que voy conociendo ya tienen ocho, 10 o 12 años. Pero creo que hay una renovación también, porque empezó a venir a vernos mucha gente más joven de la que solía venir a vernos. Ahí vamos, transitando ese camino.
Cortesía de producción
Bahiano también suele decir con frecuencia que el reggae goza de buena salud. Tenés un vínculo cercano con él, ¿suelen intercambiar opiniones sobre el género?
Sí, tengo vínculo con él, de colegas. Me convocó para grabar con él en el disco Mucha experiencia (2022), que es donde recorre su obra. Tiene un repertorio conocido más que nada por Los Pericos. Tengo buena onda, nos mandamos algún mensaje. Él es de una generación anterior a Nonpa, una generación que decidió poner al reggae en la mesa. Yo también soy buen amigo de Los Pericos, y nuestro segundo disco lo grabamos en su estudio. El tercero también, pero ahí ya se habían separado, entonces yo conozco esa historia desde adentro. Conocemos a todos los integrantes de la banda. Ellos como proyecto siempre apuntaron a un reggae más bailable y fiestero, casi dicho por ellos de esta manera. Los Pericos cumplen 40 años y él también con la música, así que supongo que siguen tocando y viajando y ven lo mismo que vemos nosotros. Que hay bandas en todos lados y que hay propuestas interesantes en la lírica. Calculo que por eso tenemos este pensamiento similar.
En Argentina el rock pisa muy fuerte y ocupa bastante lugar dentro de la industria desde hace décadas. ¿Han sentido choques con el reggae durante su carrera en ese sentido?
La apreciación que hacés es cierta. Pero desde la década de los 80, bandas como Sumo irrumpieron con reggaes muy bien interpretados y ejecutados. La data que traía Luca Prodan habiendo vivido en Inglaterra y pasado por Europa plantó una semilla del género. Nosotros arrancamos a mediados de los 90 y nos llevó unos cuatro- cinco años llegar al primer disco. Ahí fue cuando más o menos empezamos a salir un poco de esa pequeña burbuja, que era la banda under de barrio tocando en una pizzería, en un barcito, en el patio de cumpleaños de uno de los pibes. Los primeros shows habían sido de ese tipo. Cuando grabamos el primer disco, el género ya tenía otros exponentes y había otra fuercita. Ya habían aparecido Los Cafres con un muy buen primer y segundo disco. La de Los Cafres es una discografía muy prolija en general, pero con ese segundo disco irrumpieron fuerte.
Había bandas como Lumumba, que también salió a mediados de los 90 con una propuesta muy Rasta desde la estética y la lírica. Cuando nosotros empezamos a asomar cabeza ya el género no era tan raro. Éramos un gueto, un nicho, pero también teníamos nuestra convocatoria, que empezó a hacerse cada vez más fuerte. En un momento los festivales tenían un día dedicado al reggae y coincidió mucho con la Tragedia de Cromañón. Post Cromañón los productores empezaron a ver en el reggae algo diferente, algo familiero. Ni mejor ni peor, diferente. Fue en esos años, entre el 2006 y el 2012. El Cosquín Rock tenía un escenario temático en ese momento que proponía un día de punk, uno de metal y otro de reggae. Nos daban bola. Después estaba el Pepsi Music o el Quilmes Rock, que traían bandas internacionales y de repente había un día que era de reggae. Siempre estuvimos ahí, con más o menos luces. Pero siempre venía Nonpa con una propuesta y hoy, 30 años después, vemos que evidentemente una moda no fue.
Cortesía de producción
Sin embargo, tu primera experiencia en la música fue en Valium, una pequeña banda de hard- rock. ¿Cómo fue dar ese salto tan radical entre géneros? ¿Qué te mostró el reggae que el hard- rock no te ofrecía?
El rock tenía que ver con una rebeldía y era un poco lo que consumíamos, lo que nos gustaba. Tigre siempre fue un barrio muy Stone, los Heroicos Sobrevivientes fue una banda que caló muy fuerte en nuestra preadolescencia- adolescencia. Sonaban bien, tenían temazos, iba mucha gente a verlos. Eso generó que quisiéramos tener bandas, entonces había mucha escuela Stone pero también escuchábamos Led Zeppelin, escuchábamos ACDC, rock n´ roll más clásico; Chuck Berry, teníamos esa búsqueda. Cuando apareció el audio del reggae, a mí me interesó mucho el trasfondo. Aprendí de dónde venía, estudié la poca información que conseguía de Marley, de lo que era Kingston, por qué cantaban, y me dio otro sentido de la música.
El rock conservaba cierta rebeldía, pero esa gente estaba cantando de otra cosa. No estaban cantando de chicas, de autos ni con guitarras fuertes. Cantaban de consciencia social, de protesta, de pelear por tus derechos. Me pregunté qué pasaba ahí, y en ese momento también nosotros empezamos a tener una idea más madura del contexto social y político que estábamos viviendo. Se juntaron ciertas puntas que anudaron y me hicieron pensar. Me empecé a dejar el pelo más largo, me hice dreadlocks. Tenía 19 años, necesitaba darle una identidad a todo eso que me pasaba, eso que sentía que el reggae me empezaba a transmitir. Me dio un propósito en la vida, porque 30 años después sigo en un proyecto con quienes grabamos el primer disco, haciendo la misma música, dándole nuestra propia identidad. Sigo teniendo mis dreadlocks, solo que muy largos.
En el caso del reggae es muy difícil separar un simple estilo musical de un estilo de vida, y el legado de Bob Marley influyó mucho en ese sentido. ¿Cómo lo entendés vos?
El proceso implica un despertar, y ante ese despertar ya no volvés atrás. A veces nos cae la ficha y nos damos cuenta de por dónde queremos ir, pero es algo de la vida en general. Más allá de una estética, también tuvo que ver con cambiar ciertos hábitos que a esa edad adopté, como pasar de fumar pucho a tener otra consciencia de lo que comía y cómo lo comía. Me dio una fuerza que me sentó bien. Pasan los años y, si bien no es que seamos una banda Rasta o que hable de Rastafari o repatriación, el grupo tiene otra conexión con el género. Somos una banda en la que todos amamos el reggae porque nos atravesó y nos atraviesa, pero lo vivimos de diferentes maneras también.
Cortesía de producción
Sus letras siempre tuvieron cierta crítica o consciencia social. ¿Consideran que el artista debe pronunciarse sobre problemáticas sociales o es algo personal?
Yo creo que cada artista tiene que hacer lo que le nazca. Que sea libre y que lleve su proyecto como quiera. Públicamente no voy a hacer escarnio de nadie, pero después, tomándonos un café o charlando con la banda podemos ahondar un poquito más en eso. Después lo que siento es que está muy polarizado todo. Le fue muy rentable a la política polarizarse, porque ya no se discuten ideas, no hay proyectos, no hay políticas de Estado, sino más bien unos contra otros y esto de que cuando yo asuma voy a tirar todo lo que hiciste vos abajo lo. Y la discusión se polarizó tanto que a veces las bandas deciden no tomar postura, quizás porque no quieren dividir a su público.
Yo creo que nosotros, a través de nuestra música y de ciertos actos que tenemos con nuestra banda, dejamos muy claro el camino que queremos seguir más allá de ser quizás literales en un concierto o hacer algún comentario, que eventualmente también lo hemos hecho. Pero somos reales en ese sentido, y me parece que es válido que sea así. A nuestros conciertos son bienvenidos todos, pero sí ha pasado en tiempos de Facebook de subir algún flyer o acompañar algún posteo, por ejemplo de Abuelas de Plaza de Mayo. Se generaba un ida y vuelta entre diferentes usuarios y seguidores de la banda acerca de si deberíamos o no adherirnos a ese tipo de campañas, y en aquel entonces recuerdo que nosotros hablábamos mucho de que estaba bueno que hubiera un ida y vuelta siempre que fuera en un ámbito respetuoso, pero en redes sociales siempre se pierde. Cada vez se pierde más rápido el hábito respetuoso de fundar una idea y bancarse que otro la refute o la ponga a discutir. Me parece que es válido y que está bueno, nos merecemos ese trato y esa charla. La música no es ajena a lo político.
Acaban de lanzar la versión en vivo del álbum Hecho en Jamaica. ¿Qué próximos proyectos están preparando y cómo va a ser su show en Uruguay?
Uruguay no es un país al que vayamos seguido. Nos pasa también con Chile, vamos mucho más a Centroamérica y a México. Pero estamos empezando a querer darle más atención, tenemos países limítrofes hermanos que disfrutan el género y no hemos logrado encontrar los aliados indicados. Por eso el show está más basado en lo que consideramos que la gente le gustaría escuchar más, que pasa más por los clásicos de la banda o el repertorio que sentimos nosotros. Tocamos muchas canciones, no somos una banda que se ponga a hablar mucho entre tema y tema. Nuestras listas son de entre 24 y 28 temas compactados en dos horas o un poquito menos, así que hay para todos los gustos. Es un poco lo que es Hecho en Jamaica, desde el primer disco hasta el último. Es un show dinámico, con nostalgia para nosotros, para los que escuchan Nonpa en Uruguay hace rato también, y hay cosas nuevas. Algún cover e invitados tocando con nosotros. Con respecto al año, ya estamos grabando cosas del disco que viene para celebrar los 30 años. Nuestra idea es llegar a lanzarlo en septiembre, que es el mes en el que cumplimos los 30 años. A partir de ahí queremos comenzar una gira en presentación de ese disco y celebrativa de nuestra carrera y amistad. Ese es el gran objetivo de este año.
Por Catalina Zabala
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