Por Catalina Zabala
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La industria musical española siempre apuntó más o menos al mismo camino, y Nacho Vegas eligió otro. Uno que quizás lo dejó por fuera del mainstream aún con varios años de carrera en su haber, pero que, por otro lado, le permitió tomar sus propias decisiones. Algo que señala como difícil de conseguir en el mundo de la música, "impregnado por lógicas de consumo y lógicas capitalistas que a veces lo empañan todo".
Este 2026 lanzó Vidas semipreciosas, su último álbum de estudio. Una propuesta muy introspectiva que se gestó entre las montañas de Asturias, su tierra natal, donde se internó a componerlo. Entre sus canciones destaca "Deslenguarte", en colaboración con Albert Pla. Un discurso cuestionador que con un lenguaje crudo le pierde el miedo a desaprobar lo que tiene en frente.
Para cuidar su autenticidad, optó por el camino largo: aprendió a tocar la guitarra de manera autodidacta. Fundó su propio sello musical, al que llamó Marxophone. Intenta mantenerse en el mundo de la música alternativa española de manera consciente, y obtiene, como resultado, un proyecto que no requiere justificaciones. Se presenta en Montevideo este martes 5 de mayo en el Montevideo Music Box, y las entradas pueden adquirirse aquí.
Te desarrollaste profesionalmente como una figura muy autónoma dentro de la industria, aprendiste a tocar la guitarra de manera autodidacta y fundaste tu propio sello musical, Marxophone. ¿Cuál fue la clave para no separarte de tu camino y mantener la claridad?
Es difícil, porque el mundo de la música es muy caprichoso. Cuando yo empecé a hacer música es verdad que tuve la fortuna de, con mi primer disco, hacer algunas entrevistas que marcaron tendencia y me dieron bastante visibilidad con el Disco del Año en aquel momento. Eso me dio la oportunidad de hacer mi primera gira en solitario. Lo que siempre tuve claro es que cuando tienes esos pequeños momentos en los que puedes trabajar, tienes que aprovecharlos para hacer las cosas, y hacerlas de una manera independiente. Todos tenemos que lidiar con un montón de contradicciones, y hay que ser conscientes de eso. Al final estamos en lo que es el mercado de la música, que no deja de estar muy impregnado por lógicas de consumo y capitalistas que a veces lo empañan todo. Pero tenía la experiencia también por compañeros, compañeras, gente que conocía que había trabajado en multinacionales, tanto en puestos de product managment como artistas que trabajaban con multinacionales. Sabía que era un mundo que no me interesaba, y tampoco es que les interesara yo mucho a ellos.
Fui teniendo muy claro que quería, en la medida de lo posible, tener una carrera en la que la independencia fuera importante. Poder vincular mi música y hacerla llegar a sitios respetando al público, sin las condiciones tan inmateriales en las que se establecen los conciertos. No abusar con el precio de las entradas, aprender también de lo que yo agradecía como público, porque al final uno es público antes que artista. Ir intentando conocer cómo operaban mis compañeros y compañeras que trabajaban al otro lado de las oficinas. Cuando fundé Marxophone quise aprender un poco de la autoedición. Ha sido un camino en el que tuve que tener un poco de suerte para estar en un momento que me permitiera hacer las cosas con cierta soltura. Pagar a la gente de una manera decente, pero teniendo muy en cuenta que el mundo de la cultura es un trabajo y que las condiciones materiales y laborales son importantes, al mismo tiempo que lo son los afectos. Para mí son dos compromisos que van muy de la mano; el compromiso con todo lo que tiene que ver con derechos laborales, y los compromisos afectivos que estableces con tus compañeras y compañeros. Con ellos haces posible que se hagan discos, giras y todo.
Foto: Eneko Caos
Pensando en los músicos jóvenes y en la idea de la música ligada a la industria, ¿qué tan difícil creés que es ser un artista independiente? ¿Qué consejo les darías a ellos?
No sé si me siento con la autoridad para dar ningún consejo. Este año se cumplen 25 años desde que salió mi primer disco, y he podido desarrollar una carrera, entonces he logrado marcar un ritmo propio. Al final estamos en un mundo en el que es muy importante lo de tener visibilidad, crear contenidos, aparecer todo el tiempo en redes sociales y esta locura que hace solo 15 años no era así. No era tan demandante cómo se promocionaba la música, cómo te dejabas ver, pero yo puedo permitirme marcar un poco el ritmo, siempre teniendo que plegarme a algunas dinámicas del mercado.
El consejo que le daría a alguien joven sobre todo, es que no firmara contratos sin revisarlos bien. El mundo parece que ha cambiado, dicen que ha habido una revolución, una manera de escuchar la música que se ha transformado con las plataformas y todo eso. Antes todo giraba en torno a la venta de soportes físicos, pero no deja de ser lo mismo. Al final el poder simplemente ha cambiado de manos generacionalmente, pero las multinacionales participan de las grandes plataformas. Se sigue pagando personal, antes se pagaba con sobres con dinero en comidas, con regalos, mucho vino y mucha cocaína. Ahora se paga a través de campañas que modifican el algoritmo para que te visualicen más, pero sigue existiendo esta cosa tan sucia de cómo opera el mercado.
Yo a alguien joven simplemente le recomendaría que intentara hacer las cosas de la forma más autónoma posible, y sin firmar cosas de las que luego te puedes arrepentir al cabo de poco tiempo. La gente que está del otro lado de la industria al final te la suele meter muy doblada. Ellos saben cómo funciona esto como si fuera un negocio simplemente, y las nuevas generaciones hacen música por amor al arte, con muchas ganas y esa pasión. A veces eso te hace perder un poco de vista el negocio, lo cual es muy bonito y tiene que ser así.
Tu nuevo álbum, Vidas semipreciosas (2026), es bastante variado a nivel de sonido. ¿Cómo llegaste a definir el concepto o la unidad del álbum?
Es algo que no decides. Hay un momento en el que estás con nuevo repertorio, generalmente después de terminar la gira del disco anterior aparecen canciones muy diferentes. Ahí yo voy maquetando en la intimidad de mi casa o yéndome a algún pueblecito que me gusta mucho por Asturias, mi tierra. Con un amigo alquilo una casa y ahí maqueto las canciones. Dejo que otro tipo de sonidos u otro ambiente se cuele en las canciones para acabar de terminarlas. Esas canciones que nacen desde la intimidad y desde la soledad un poco escogida luego las compartes con tus compañeros y compañeras de banda, y entonces es cuando empiezas a dialogar.
Yo siempre digo que, si tengo alguna virtud, es la de saber rodearme de gente muy bonita y sabia y con una gran sensibilidad musical, y estoy muy orgulloso de mis compañeros y compañeras de música. Dejo que haya un gran diálogo y que vayamos decidiendo con una fase de preproducción hacia dónde queremos llevar las canciones. Cómo queremos que suene el disco, cómo queremos grabar para que el disco esté impregnado de algo más orgánico o un poco más sintético. Al final creo que las cosas nunca salen como las planeas, porque las canciones también se adueñan de todo, pero también eso es bonito. Ese momento en el que se comparten las canciones y dejan de pertenecerme del todo a mí, porque ya entra en juego todo lo que tiene que ver con la banda. A pesar de que los discos salen bajo mi nombre, yo siempre he intentado huir de ser un cantautor con una banda de apoyo, y creo que en directo se nota que somos una banda. Para mí la música es un oficio colaborativo en el que tienes que aprender a ser generoso, a saber dar para poder recibir, y eso es lo bonito de esto. Así se decide cómo van sonando los discos.
Foto: Eneko Caos
Sos de Asturias y trabajás mucho allí. Siempre estuvo presente tu tierra en tu carrera, e intentás rescatar la cultura de este lugar. ¿Qué considerás que lo diferencia de otros lugares desde lo cultural? ¿Cómo describirías la cultura asturiana para alguien que quizás no tiene tanto contacto con ella?
Creo que todos los pueblos del mundo tiene su propia cultura y raíces. Su música, sus danzas, su folclore. En el Estado español lo que ocurre es que es un Estado plurinacional en el que conviven lenguas romances muy diferentes, algunas oficiales, otras que no, pero realmente siguen muy vivas sobre todo en la cultura, la literatura, la música. Eso es lo que hace que haya algo único; no mejor ni peor, desde luego, pero permite que haya algo único en tu tierra y que habla mucho de cómo ha sido históricamente, en mi caso, el pueblo asturiano.
Asturias es una tierra que está entre el mar en el norte y unas montañas rocosas bastante difíciles hacia el sur, y eso lo convirtió en un pueblo que ha resistido invasiones a lo largo de la historia. Es un pueblo muy luchador, y es el único pueblo que tuvo una experiencia de independencia del resto de España como fue el Consejo Soberano de Asturias y León en 1977, con su propia moneda y una experiencia socialista que duró muy poco tiempo. Una revolución minera en 1934, que fue algo que marcó mucho también a este pueblo. Luchas obreras que yo creo que han tenido una gran influencia en la forma de vivir y de entender la vida como algo en lo que hay que luchar y pelear por un mundo un poco más bonito. Lo que pasa es que eso ha provocado que sea un pueblo que se ha visto relegado también a depresiones económicas, con el tema del centralismo habría una historia más larga de contar. Somos gente pobre, pero orgullosa de su clase y de sus luchas.
Lanzaste la canción "Deslenguarte" en colaboración con Albert Plá y forma parte del álbum. Plá es un artista que se caracteriza por la crítica social, y se pueden ver algunas similitudes con tu proyecto. ¿Cómo decidiste colaborar con él e incluirlo en tu disco?
Yo soy muy fan de Albert desde hace mucho tiempo, y antes de sacar mi primer álbum él había publicado ya el suyo en catalán y el primero en castellano. Luego tuve la oportunidad de conocerlo y de coincidir con él, es un amor de persona. Él es un gran actor de teatro y de cine, en sus conciertos realmente monta shows en los que interpreta un papel, y eso hace que también como intérprete sea alguien muy especial. Tenía muchas ganas de colaborar con él, pero sabía que tenía que esperar el momento en el que encontrara una canción en la que creyera que tenía cabida, que yo pudiera escuchar la voz de Albert. Y creo que ocurrió en "Deslenguarte", que es un tema que tiene una estructura narrativa que se asemeja también a algunas de sus canciones más narrativas, y escribí una estrofa para él. Le dije que podía cantar lo que le diera la gana, cambiar lo que quisiera, y la verdad es que fue muy fiel a lo que yo escribí. Pero al mismo tiempo, al cantarlo con esa manera que tiene de interpretar, creo que sublimó su estrofa, la hizo suya totalmente. Para mí fue un lujo, un orgullo contar con Albert en esta canción.
Te presentás en Uruguay el 5 de mayo. ¿Cómo es tu relación con el público de América Latina?
Hace 20 años fue mi primera visita a América, y me habían dicho que me iba a fascinar. Me dijeron que intentara volver cada vez que tuviera oportunidad. Gracias a una primera visita a México nos salió la oportunidad de viajar a Argentina por primera vez al año siguiente, y al mismo tiempo tenía que ir a Uruguay al cabo de dos años. Esta ya es la tercera. La verdad es que siempre he recibido mucho cariño, es un público muy apasionado. Más que el público europeo, que parece que está analizando lo que ocurre en el escenario. Le cuesta más dar rienda suelta a sus emociones. Creo que hay algo, hay una paleta de colores en Latinoamérica que es más amplia y que tiene que ver con la cultura popular y con cómo la gente la vive, que está menos homogeneizada en Europa y es algo de lo que siempre procuro aprender mucho. Me siento muy agradecido.
Por Catalina Zabala
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